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Día: 11 de agosto de 2025 (página 1 de 1)

Estados Unidos dejará de financiar varias vacunas de ARNm

El martas de la semana pasada el secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert Kennedy, anunció el martes que el gobierno de Trump suspenderá la financiación de varios programas de investigación sobre vacunas de ARNm.

“Hemos revisado la ciencia, escuchado a los expertos y estamos tomando medidas”, declaró en un comunicado, anunciando el fin de 22 subvenciones por un total de aproximadamente 500 millones de dólares.

La financiación se centró en el desarrollo de tratamientos para la gripe aviar y porcina y se otorgó o está en proceso de otorgarse a varias empresas farmacéuticas, como Moderna, Pfizer y Sanofi.

“Los datos muestran que estas vacunas no protegen eficazmente contra infecciones de las vías respiratorias superiores como el covid-19 y la gripe”, afirmó el ministro, sin dar más detalles.

También cuestionó su seguridad y anunció que redirigiría los fondos hacia tecnologías más seguras.

Los fondos afectados se asignaron a Barda, el instituto estadounidense responsable de proporcionar al país los medios para afrontar las crisis sanitarias. La financiación de otras instituciones afiliadas al Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos no se vio afectada.

Kennedy ha iniciado una profunda reforma de la política de vacunación estadounidense desde que asumió el cargo. Aunque las grandes agencias mundiales de noticias siempre le ponen la etiqueta de “antivacunas”, Kennedy ha manifestado que sólo pone en cuestión la seguridad de las mismas.

Asesinados 5 periodistas de Al Jazira en un ataque selectivo de Israel

El ejército israelí ha asesinado a Anas Al Sharif, de 28 años, una de las caras más conocidas entre los corresponsales que cubren la Guerra de Gaza a diario. Lo acompañaba otro corresponsal de Al Jazira y tres camarógrafos. Según el canal, el crimen eleva a 10 el número de sus periodistas asesinados por el ejército israelí desde el comienzo de la guerra entre Israel y Hamas el 7 de octubre de 2023.

El objetivo del ataque israelí era una carpa utilizada por los periodistas en la ciudad de Gaza, frente al hospital de Al Shifa. Después de 22 meses de guerra cerca de 200 periodistas han muerto y al menos 46 han sido blanco de ataques deliberados, según Reporteros sin Fronteras, que acusa al ejército israelí de crímenes de guerra contra periodistas en Gaza. Las autoridades de Gaza informan de 237 periodistas muertos en el enclave palestino.

La tendencia de Israel a etiquetar a los periodistas como activistas sin proporcionar pruebas creíbles plantea serios interrogantes sobre sus intenciones y respeto a la libertad de prensa, dijo Sara Qudah, directora regional del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York. Los periodistas son civiles y nunca deben ser atacados. Los responsables de estos asesinatos deben rendir cuentas, agregó.

En julio el CPJ acusó al ejército israelí de llevar a cabo una campaña de difamación contra el periodista presentándolo en mensajes en línea como miembro de Hamas. El ejército israelí dijo que tenía información y muchos documentos encontrados en la Franja de Gaza atestiguan la afiliación militar de Anas Al Sharif con Hamas. En un comunicado emitido anoche, el CPJ declaró que Israel no había proporcionado pruebas que respaldaran sus acusaciones.

En sus mensajes Anas Al Sharif informó de bombardeos israelíes en territorio palestino y publicó un breve vídeo que mostraba ataques en la ciudad de Gaza. Un texto póstumo que el periodista había escrito en abril en caso de muerte fue publicado esta mañana, donde pide que nadie olvide a Gaza.

Los enfrentamientos de larga data entre Israel y Al Jazira ha empeorado desde el comienzo de la guerra. En mayo del año pasado el gobierno israelí decidió prohibir la circulación de Al Jazira en el país y cerrar sus oficinas. Netanyahu, acusó a los medios de Doha en 1996 de ser un “órgano de propaganda de Hamas y de haber participado activamente” en el sangriento ataque del 7 de octubre. Desde entonces, el ejército israelí ha acusado repetidamente a sus periodistas en Gaza de ser “terroristas”.

Desde el comienzo de la guerra Israel no ha permitido a la prensa internacional trabajar libremente en el territorio palestino. Sólo unos pocos medios de comunicación elegidos a dedo entraron formando parte del ejército israelí a bordo, quedando sometidos a una estricta censura militar. La prensa internacional trabaja sobre la base de periodistas y corresponsales locales, que hasta ahora han pagado un alto precio en la guerra.

Ayer Netanyahu afirmó haber ordenado al ejército que permitiera a más periodistas trabajar bajo su control en la Franja de Gaza. “Hay un problema para garantizar la seguridad, pero creo que se puede hacer responsable y prudentemente para preservar su propia seguridad”, dijo. La orden es válida para dos días.

Se cumplen 30 años de la limpieza étnica que la OTAN llevó a cabo en los Balcanes

La limpieza étnica de cientos de miles de serbios por parte de un dirigente croata respaldado por Estados Unidos fue premeditada, según documentos recientemente desclasificados que revelan la planificación de la operación. Cuando el derramamiento de sangre se apaciguó, Richard Holbrooke, un alto diplomático estadounidense, aseguró: “Declaramos públicamente […] que estábamos preocupados, pero en privado, usted sabía lo que queríamos”.

El 4 de agosto se ha conmemorado el 30 aniversario de la Operación Tormenta. Poco conocida fuera de la antigua Yugoslavia, esta campaña militar desencadenó un cataclismo genocida que expulsó violentamente a toda la población serbia de Croacia. Calificada por el político sueco Carl Bildt como “la limpieza étnica más eficaz que hemos visto en los Balcanes”, las fuerzas croatas arrasaron las zonas protegidas por la ONU de la autoproclamada República de la Krajina Serbia, saqueando, incendiando, violando y asesinando a medida que avanzaban por la provincia. Hasta 350.000 residentes huyeron, a menudo a pie, para no regresar jamás. Paralelamente, miles fueron ejecutados de manera sumaria.

Mientras se desarrollaban estas horribles escenas, las fuerzas de paz de la ONU encargadas de proteger Krajina observaban sin intervenir. Los dirigentes estadounidenses negaron que estas masacres y desplazamientos masivos constituyeran una limpieza étnica, y mucho menos crímenes de guerra. Los gobiernos de los países miembros de la OTAN estaban mucho más interesados en la sofisticación de las tácticas militares de Zagreb. Un coronel británico al frente de una misión de observación de la ONU en la región exclamó: “Quienquiera que haya escrito este plan de ataque podría haber ido a cualquier escuela militar de la OTAN en Norteamérica o Europa Occidental y haber obtenido una calificación de sobresaliente”.

Las fuerzas croatas obtuvieron altas calificaciones. La Operación Tormenta fue, según todos los informes, un ataque de la OTAN, llevado a cabo por soldados armados y entrenados por Estados Unidos y coordinado directamente con otras potencias occidentales. Aunque públicamente respaldaba una paz negociada, Washington alentó en privado a Zagreb a mostrar la máxima beligerancia, incluso mientras sus fascistas aliados croatas conspiraban para atacar con tal ferocidad que toda la población serbia del país prácticamente desaparecería.

En medio de las negociaciones para un acuerdo político en Ginebra, altos funcionarios croatas discutieron en privado métodos para justificar su inminente guerra relámpago, incluyendo ataques de falsa bandera. Con la seguridad del continuo apoyo de sus aliados occidentales a pesar del derramamiento de sangre, los dirigentes croatas se jactaron de que solo necesitaban informar a sus aliados de la OTAN con antelación sobre sus planes. Una vez que la situación se calmó y la población serbia de Croacia fue completamente eliminada, funcionarios croatas se reunieron en secreto con funcionarios estadounidenses para celebrar su triunfo.

Richard Holbrooke, veterano diplomático estadounidense que entonces ejercía de subsecretario de Estado en el gobierno Clinton, le dijo al presidente croata que, si bien Estados Unidos “había declarado públicamente […] que estaba preocupado” por la situación, “en privado, usted sabía lo que queríamos”. Como escribió uno de los asesores de Holbrooke en un memorando que el diplomático censuró posteriormente, las fuerzas croatas habían sido contratadas como guardianes de Washington para destruir Yugoslavia.

Tras expulsar a la población serbia del país recién independizado, el recién formado régimen croata podía contar con ella para ejercer la dominación estadounidense no solo sobre los Balcanes, sino también sobre toda Europa. Las tensiones étnicas alimentadas por la OTAN en la región siguen latentes y se han aprovechado para justificar una ocupación perpetua.

La antigua Yugoslavia sigue profundamente marcada por la Operación Tormenta. Sin embargo, desde la perspectiva de la OTAN, esta campaña militar sirvió de modelo para posteriores guerras indirectas y ataques militares. Washington replicó la estrategia de utilizar combatientes extranjeros extremistas como tropas de choque en diversos teatros de operaciones, desde Siria hasta Ucrania.

Los fascistas quieren una Croacia étnicamente pura

A lo largo de la década de los ochenta, las potencias occidentales —en particular Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos— apoyaron encubiertamente el auge del nacionalismo en Yugoslavia, con la esperanza de impulsar la desintegración de la federación multiétnica. Su representante en Croacia, Franjo Tudjman, era un fundamentalista católico y miembro de grupos secesionistas extremistas. Las facciones se embarcaron en una campaña terrorista a principios de la década de los setenta, secuestrando y haciendo estallar aviones comerciales, atacando sedes diplomáticas yugoslavas en el extranjero y asesinando a Vladimir Rolovic, embajador de Belgrado en Suecia, en 1971.

Tras el resurgimiento de la violencia separatista croata en Yugoslavia, Tudjman fue encarcelado en marzo de 1972 junto con su estrecho colaborador Stepjan Mesic por sus ideas fascistas. Dieciocho años después, cuando Zagreb celebró sus primeras elecciones multipartidistas desde la Segunda Guerra Mundial, la Unión Democrática Croata (HDZ) de ambos obtuvo la mayoría de los votos y escaños en el parlamento. En el proceso, Tudjman se convirtió en presidente y Mesic en primer ministro. Con el auge del fascismo croata, los serbios fueron expulsados masivamente de las instituciones públicas.

Durante la campaña electoral, Tudjman veneró fervientemente al “Estado Independiente de Croacia”, una entidad títere creada por los nazis y brutalmente gobernada por colaboradores locales desde abril de 1941 hasta mayo de 1945, describiendo esta construcción fascista como “una expresión de las aspiraciones históricas del pueblo croata”. En otro lugar, declaró abiertamente: “Gracias a Dios, mi esposa no es ni serbia ni judía”.

Estas declaraciones reflejaban una estrategia monstruosa que Tudjman había esbozado en febrero de 1990 en una reunión pública en Cleveland, Ohio, para cuando el HDZ tomara el poder. Nuestro “objetivo fundamental […] es separar a Croacia de Yugoslavia”, explicó Tudjman. “Si llegamos al poder, entonces en las primeras 48 horas, mientras aún reina la euforia, es esencial que ajustemos cuentas con todos aquellos que están en contra de Croacia”.

“Ya se han elaborado listas de estas personas”, continuó. Los serbios de Croacia deben ser declarados ciudadanos croatas y llamados croatas ortodoxos. El nombre ‘serbio ortodoxo’ será prohibido. La Iglesia Ortodoxa Serbia será abolida […] Se declarará croata a quienes no se trasladen a Serbia”.

La Unión Europea, entonces llamada CEE (Comunidad Económica Europea), conocía estas declaraciones, a pesar de lo cual reconoció a la Croacia de Tujman dos años después.

Muchos de los partidarios de Tudjman idolatraban a los “ustachas”, los fascistas que gobernaron el “Estado Independiente de Croacia” durante la Segunda Guerra Mundial. Sus crímenes abarcaron desde la ejecución de cientos de mujeres y ancianos por decapitación o ahogamiento, entre otras cosas, hasta la gestión de una red de campos de exterminio en la Yugoslavia ocupada por el Eje, con unidades especializadas para niños. Su despiadada barbarie hacia serbios, gitanos y judíos repelió incluso a sus patrones nazis. Cientos de miles fueron asesinados por los “ustachas”, entre cuyos oficiales se encontraban el hermano y el padre del ministro de defensa de Tudjman, Gojko Susak.

Estos horribles sucesos quedaron grabados en la memoria de los habitantes del histórico territorio serbio de Krajina, asignado administrativamente a la República Socialista Yugoslava de Croacia tras la Segunda Guerra Mundial. El HDZ recibió financiación de exiliados “ustachas” en países occidentales y, al llegar al poder, rebautizó la icónica Plaza de las Víctimas Fascistas de Zagreb como “Plaza de los Nobles Croatas”, mientras que unidades paramilitares croatas ondeaban con orgullo lemas y símbolos “ustachas”. El gobierno encabezado por Tudjman avivó abiertamente el odio étnico y los serbios del naciente país comenzaron a prepararse para la guerra civil.

Tras el estallido de los enfrentamientos interétnicos en Croacia en marzo de 1991, se desplegaron unidades del Ejército Popular Yugoslavo para proteger Krajina, donde los residentes proclamaron la creación de una República Serbia autónoma hasta que se alcanzara un acuerdo internacional de paz. El entonces presidente yugoslavo, Borislav Jovic, declaró antes de su muerte que el objetivo era “proteger los territorios serbios hasta que se encontrara una solución política”.

Los fascistas croatas planearon acabar con los serbios

Para agosto de 1995 la “solución política” parecía estar a punto de concretarse. Un Grupo de Contacto especial de la ONU mantenía negociaciones de paz en Ginebra entre las autoridades de Krajina y Zagreb. La Unión Europea, Rusia y Estados Unidos elaboraron una propuesta para poner fin al conflicto croata, conocida como Zagreb 4 ó Z-4. El embajador de Washington en Zagreb, Peter Galbraith, desempeñó un papel clave en la negociación con los dirigentes serbios de Krajina.

Aprobado el 3 de agosto de 1995, el Z-4 establecía que las zonas de Croacia de mayoría serbia seguirían formando parte del país, pero con cierto grado de autonomía. Ese mismo día Galbraith confirmó en la televisión local que se había acordado la reintegración de las zonas serbias de Croacia. Al mismo tiempo, los mediadores estadounidenses en Ginebra declararon que, dadas las importantes concesiones realizadas por los serbios, “no había razón para que Croacia entrara en guerra”. Finalmente, se creó el escenario para una paz negociada.

Los optimistas dirigentes serbios de Krajina anunciaron haber recibido garantías de Washington de que intervendría para evitar cualquier acción militar croata contra Krajina si aceptaban los términos del plan Z-4. Pero antes de que terminara el día, los dirigentes croatas rechazaron el plan Z-4 y abandonaron las negociaciones. La Operación Tormenta comenzó a la mañana siguiente.

‘Asestar golpes a los serbios hasta que prácticamente desaparezcan’

Tudjman nunca tuvo la intención de garantizar la paz en la conferencia. Al contrario, los archivos muestran que la participación de Croacia en Ginebra fue una artimaña diseñada para crear la ilusión de que Zagreb buscaba un acuerdo diplomático, mientras desarrollaba en secreto planes para “derrotar completamente al enemigo”. Este plan se reveló en las actas de una reunión del 31 de julio de 1995 entre Tudjman y sus altos mandos militares en el palacio presidencial de las islas Brioni. Durante la conversación, Tudjman informó a los presentes: “Debemos asestar golpes tales que los serbios prácticamente desaparezcan”. “Voy a Ginebra a ocultar esto, no a hablar […] Quiero ocultar lo que planeamos para mañana. Y podremos refutar todos los argumentos del mundo de que no queríamos hablar”.

Estas declaraciones, que constituyen una prueba clara e inequívoca de la intención genocida, no se limitaron al presidente. La inevitabilidad de la limpieza étnica fue reconocida por Ante Gotovina, un general de alto rango que regresó a Yugoslavia para dirigir la Operación Tormenta tras huir a principios de la década de los setenta. Un ataque decisivo y sostenido contra Krajina significaría que, posteriormente, “no habría tantos civiles, solo aquellos que debían quedarse, aquellos que no tenían posibilidad de irse”, declaró Gotovina. El excomandante de la Legión Extranjera Francesa, quien en su momento trabajó como escolta del fascista francés Jean Marie Le Pen y como rompehuelgas para reprimir a los trabajadores sindicalizados de la CGT, fue posteriormente absuelto de su papel principal en la Operación Tormenta por un tribunal internacional dominado por Occidente. Para los serbios, ahora atrapados en un enclave étnico hostil, Tudjman sugirió una campaña masiva de propaganda dirigida a ellos, con panfletos que proclamaban “la victoria del ejército croata, apoyado por la comunidad internacional” y llamaban a los serbios a no huir, en un aparente intento de dar un toque inclusivo a su propuesta de reubicar forzosamente a la población civil. “Esto significa proporcionarles una salida, mientras se pretende garantizar los derechos civiles… Usar la radio y la televisión, pero también panfletos”.

Los generales analizaron otras estrategias de propaganda para justificar el inminente ataque, incluyendo operaciones de falsa bandera. Dado que “toda operación militar debe tener una justificación política”, Tudjman afirmó que los serbios “tenían que darnos un pretexto y provocarnos” antes de que comenzara el ataque. Un funcionario sugirió “acusarlos de lanzar un ataque de sabotaje contra nosotros… por eso nos vimos obligados a intervenir”. Otro general sugirió provocar “una explosión como si hubieran atacado con su fuerza aérea”.

Bill Clinton dio luz verde a la masacre

A finales de 1990, la inteligencia yugoslava filmó en secreto al ministro de Defensa croata, Martin Spegelj, planeando expulsar a la población serbia de la república. En una grabación, le dijo a un colega que cualquiera que se opusiera a la independencia de Zagreb debía ser asesinado “in situ, en la calle, en el recinto, en el cuartel, en cualquier lugar” con “una pistola… en el estómago”. Predijo “una guerra civil sin piedad para nadie, ni mujeres ni niños”, y que los hogares serbios serían destruidos con “simples granadas”.

Spegelj procedió a abogar abiertamente por una “masacre” para “resolver” el problema de Knin, la capital de la Krajina, haciendo que la ciudad “desapareciera”. Se jactó: “Tenemos reconocimiento internacional por esto”. Estados Unidos ya había “ofrecido toda la ayuda posible”, incluyendo “miles de vehículos de combate” y “el armamento completo” de 100.000 soldados croatas “gratuitamente”. ¿El resultado final deseado? “Los serbios nunca volverán a estar en Croacia”. Spegelj concluyó: “Crearemos un Estado a toda costa, si es necesario, incluso con sangre”.

El apoyo occidental a los horrores planeados y perpetrados durante la Operación Tormenta también se expresó claramente en la reunión del 31 de julio de 1995. Tudjman dijo a sus generales: “Tenemos un amigo, Alemania, que nos apoya incondicionalmente”. Los croatas simplemente debían “mantenerlos informados con antelación” de sus objetivos. “Nuestras opiniones también son comprendidas dentro de la OTAN”, explicó, y añadió: “Gozamos de la simpatía de Estados Unidos”. En 2006, la revista alemana Der Spiegel confirmó que las masacres llevaban el sello de Washington, citando fuentes militares croatas que afirmaban haber recibido “apoyo directo, aunque secreto, del Pentágono y la CIA en la planificación y ejecución de la ofensiva ‘Tormenta’”.

Para preparar la ofensiva, los soldados croatas recibieron entrenamiento en Fort Irwin, California, y el Pentágono ayudó a planificar la operación, informó la revista. El apoyo estadounidense fue mucho más allá de lo que se reconoció públicamente, concretamente, que las fuerzas croatas simplemente habían participado en ejercicios de entrenamiento realizados por la empresa militar privada estadounidense MPRI, reveló Der Spiegel. “Justo antes de la ofensiva, el subdirector de la CIA, George Tenet, se reunió con Gotovina y el hijo de Tudjman, entonces jefe de la inteligencia croata, para consultas de última hora. Durante la operación, aviones estadounidenses destruyeron los centros de comunicaciones y defensa aérea serbios, y el Pentágono transmitió información recopilada vía satélite a las fuerzas croatas”.

En una reunión de gabinete el 7 de agosto de 1995, Tudjman se jactó de que Washington “debería estar satisfecho” con la gestión de la Operación Tormenta por parte del ejército croata. Su primer ministro, Ivo Sanader, abordó entonces la coordinación de esfuerzos con funcionarios estadounidenses, que “trabajaban en nombre” del vicepresidente Al Gore. Aseguró a los asistentes que “todas las autorizaciones […] habían sido aprobadas sin reservas” por el presidente estadounidense Bill Clinton y que, por lo tanto, Croacia podía “contar con el apoyo continuo” de Washington mientras se desarrollaban las masacres.

El diplomático estadounidense celebra el triunfo de los genocidas

El 18 de agosto, se convocó una cumbre de alto nivel con el diplomático estadounidense Richard Holbrooke en el palacio presidencial de Zagreb. Pilar de la cúpula de la política exterior de Washington, obsesionado con el intervencionismo, Holbrooke tenía la vista puesta en puestos prestigiosos durante el gobierno de Bill Clinton y posteriormente, quizás durante una futura administración de Hillary Clinton. El desmantelamiento exitoso de Yugoslavia alimentaría sus ambiciones.

En una transcripción revisada por The Grayzone, Holbrooke describe halagadoramente a Tudjman como el “padre de la Croacia moderna”, su “liberador” y su “creador”. Tras señalar con aprobación que el dictador había “recuperado el 98% de su territorio” —sin mencionar que había sido purgado de serbios—, el diplomático estadounidense se describió como “amigo” del recién independizado Estado, cuya conducta violenta calificó de legítima.

“Tenían razones válidas para su acción militar en Eslavonia Oriental”, declaró Holbrooke a Tudjman, “y siempre la defendí en Washington”. Cuando algunos en Estados Unidos sugirieron frenar a Zagreb, Holbrooke respondió que los croatas debían “seguir adelante” pase lo que pasara, afirmó.

Respecto a la Operación Tormenta, Holbrooke admitió: “Declaramos públicamente, como saben, que estábamos preocupados, pero en privado, ustedes sabían lo que queríamos”. Describió esta terrible guerra relámpago como un “triunfo” desde un “punto de vista político y militar”, que dejaba solo “el problema de los refugiados” desde la perspectiva de Zagreb. En un intento de elogiar al presidente croata, Holbrooke aconsejó a Tudjman que pronunciara un discurso declarando que la guerra había terminado y que [los serbios] debían regresar. Aunque predijo que “la mayoría no regresaría”, Holbrooke aparentemente consideró importante, al menos, mantener esta oferta abierta al público.

Las autoridades croatas abordaron este “problema” aprobando leyes discriminatorias que prácticamente imposibilitaban el regreso de los serbios desplazados, al tiempo que confiscaban sus bienes. A pesar de la abrumadora evidencia de graves crímenes de guerra, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, financiado por la OTAN, no acusó a ningún responsable de la Operación Tormenta hasta 2008. Muchos oficiales culpables, incluido Tudjman, han fallecido desde entonces. Tres comandantes militares supervivientes fueron finalmente procesados en 2011. Uno fue absuelto y dos condenados, pero esta decisión fue revocada en apelación en 2012.

Esta sentencia llegó a otras conclusiones extraordinarias. Si bien reconoció que Zagreb había recurrido a medidas discriminatorias y restrictivas para impedir el regreso de los serbios desplazados, sostuvo que esto no significaba que su salida fuera forzada. Si bien muchos civiles fueron asesinados, incluidos ancianos y enfermos que no pudieron huir, la Operación Tormenta no habría tenido como objetivo deliberado a no combatientes. Y a pesar del deseo explícito de Spegelj y Tudjman de “desaparecer” a los serbios, ni el gobierno ni los militares fueron declarados culpables de intentar específicamente expulsar a toda la minoría serbia de Croacia.

El aniversario de la Operación Tormenta se celebra ahora como el “Día de la Victoria” en Croacia. El éxito de este ataque es venerado en los círculos militares occidentales, y esta iniciativa podría haber influido en operaciones similares en otros escenarios de conflicto. En septiembre de 2022 el periódico ucraniano Kyiv Post elogió la inesperada contraofensiva de Ucrania en Jarkov como la “Operación Tormenta 2.0”, sugiriendo que anunciaba la “inminente capitulación de Rusia”.

Casi tres años después, las fuerzas de Kiev se desmoronan en todo el Donbas. A diferencia de Croacia, parece improbable que la última oleada de los fascistas aliados de Estados Unidos prevalezca.

Kit Klarenberg https://thegrayzone.com/2025/08/04/us-ethnic-cleansing-serbs-croat/

De Hiroshima a la actualidad la carrera armamentista la ha promovido el imperialismo estadounidense

La bomba atómica que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, fue responsable de la proliferación nuclear en todo el mundo, y el imperialismo estadounidense fue responsable de ello. Los puntos calientes nucleares de hoy en día, como Irán, muestran que Estados Unidos continúa utilizando el chantaje nuclear para fortalecer su dominio.

El 6 de agosto de 1945, Estados Unidos lanzó una bomba atómica de uranio contra Hiroshima, quemando instantáneamente a la mayor parte de la ciudad. La explosión nuclear, la radiación y los incendios posteriores mataron a 90.000 personas en el lugar, y la cifra de muertos superó las 100.000 a finales de 1945.

Tres días después, el 9 de agosto, Estados Unidos volvió a atacar, destruyendo Nagasaki con una bomba de plutonio. La explosión mató a 40.000 personas en el acto, mientras que otras 70.000 perecieron antes de fin de año como consecuencia de quemaduras, heridos y envenenamiento por radiación. Decenas de miles de otros más sucumbieron a las radiaciones, con lo que el número total de muertes asciende a casi 200.000.

Incluso 80 años después, los supervivivientes y sus descendientes siguen sufriendo las terribles secuelas de los bombardeos, cánceres, defectos congénitos y traumas generacionales. Sin embargo, los gobiernos japonés y estadounidense les negaron la plena compensación pública y la atención médica adecuada y abandonaron a las víctimas de esta barbarie imperialista.

Los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki no fueron actos de guerra, sino experimentos de asesinatos masivos cometidos a sangre fría. Estados Unidos atacó deliberadamente estas ciudades, relativamente intactas por bombardeos anteriores, para poner a prueba el poder destructivo de su nueva arma sobre la población civil.

Este sigue siendo uno de los ataques bélicos más violentos de la historia, un ejemplo evidente de la barbarie imperialista de Estados Unidos.

El arsenal nuclear como medio de intimidación

Desde 1945, el principal motor de la proliferación nuclear ha sido el propio imperialismo estadounidense. Desde la carrera armamentística de la Guerra Fría con la Unión Soviética hasta sus tres frentes bélicos actuales, Estados Unidos ha utilizado repetidamente su arsenal nuclear como medio de intimidación para contrarrestar a sus adversarios.

Esta estrategia no ha hecho más que reforzar la idea de que la disuasión nuclear es quizás la única manera fiable de protegerse de la agresión estadounidense.

La historia reciente parece abundar en esta dirección, desde la destrucción de Libia por parte de Estados Unidos y la OTAN en 2011, un país que abandonó su programa nuclear en 2003, hasta los recientes ataques contra instalaciones nucleares civiles iraníes por parte de Estados Unidos e Israel.

Las numerosas pruebas nucleares estadounidenses también han afectado la salud de las poblaciones y el medio ambiente en muchas islas y atolones del Pacífico, mientras que las pruebas médicas en sus laboratorios clandestinos también han dañado la salud de muchos conejillos de indias humanos, tanto voluntarios como involuntarios.

Los actuales focos de armas nucleares reflejan la estrategia militar más amplia de Estados Unidos y su lucha por ser la única potencia imperialista hegemónica en el mundo.

Los tres frentes: Europa del este contra Rusia; la alianza entre Estados Unidos y Israel-países del Golfo-Turquía contra Irán; y una fuerte red de alianzas en el Pacífico, incluyendo Australia, Estados Unidos y Reino Unido (AUKUS), Japón-Corea del Sur (JAKUS), Japón-Filipinas-Estados Unidos (JAPHUS) y Japón-Australia-India-Estados Unidos (JAPHUS) y Japón-Australia-India-Estados Unidos (QUAD).

Estados Unidos está recurriendo al chantaje nuclear contra sus rivales en la región, presentándolos como dictaduras autoritarias o terroristas, mientras arrastra abiertamente a las personas afectadas por una catástrofe nuclear a guerras que nunca han solicitado.

Esta agresión estadounidense sólo alimentará aún más el sentimiento antimperialista de las poblaciones de la región y las empujará a unirse contra las amenazas nucleares de Estados Unidos.

Estados Unidos e Israel contra Irán

En ninguna parte esta estrategia es más descarada que en la campaña de Estados Unidos e Israel contra Irán. A pesar del respeto de Irán por los acuerdos nucleares internacionales, Washington y Tel Aviv han saboteado repetidamente su programa nuclear civil con asesinatos selectivos de científicos y ataques militares abiertos, al tiempo que han retratado falsamente a Irán como el agresor.

Estas acciones revelan el verdadero propósito de aplastar a cualquier país que desafíe la hegemonía estadounidense y sionista en Asia Occidental.

La hambruna generalizada y las crisis médicas afligen a los palestinos en Gaza, situación que es consecuencia directa del bloqueo en curso y del asedio estadounidense y sionista.

Estados Unidos e Israel justifican este control invocando su propio programa nuclear de Irán y su papel central en el apoyo al Eje de la Resistencia, incluyendo a los luchadores por la libertad de Hamas.

El bloqueo y bombardeo de palestinos por parte de Estados Unidos e Israel, que conducen al hambre y a la muerte de niños, se justifican por el argumento de que el mundo considera inhumano, que la ayuda humanitaria se desviaría de otro modo con fines militares y financieros.

Los últimos ataques a Irán

En los ataques más recientes contra la República Islámica de Irán durante la guerra de 12 días, como principal partidario de Israel, Estados Unidos podrían haber puesto fin a cualquier agresión directa de la entidad sionista, pero en cambio vuela ignorando para escapar de la responsabilidad mientras explota los ataques para presionar a Irán en las negociaciones nucleares.

Después de que Irán afirmara su independencia y llevara a cabo ataques de autodefensa contra Tel Aviv, Estados Unidos atacó directamente tres instalaciones nucleares iraníes: Fordow, Natanz e Isfahan.

Las negociaciones nucleares entre Irán y las potencias occidentales nunca han logrado corregir el desequilibrio fundamental en la aplicación de la política nuclear. Si bien Irán ha cumplido sus compromisos en virtud del Tratado de No proliferación Nuclear (TNP), incluso cooperando plenamente con las inspecciones de la OIEA, las negociaciones se han centrado principalmente en restringir el programa nuclear civil de Irán en lugar de establecer obligaciones recíprocas.

Las pruebas reunidas por Irán ponen en duda la vigilancia del OIEA y la llamada “imparcialidad”, incluido el supuesto intercambio de datos de inspección con Israel y la aplicación incoherente de salvaguardias, lo que probablemente ha ayudado a Israel en su campaña de asesinatos ilegales de científicos nucleares iraníes durante muchos años.

Si bien las actividades nucleares con fines pacíficos del Irán están bajo una intensa vigilancia, el arsenal nuclear de Israel sigue estando fuera de cualquier marco de vigilancia internacional, a pesar de las consecuencias para la seguridad regional.

El enfoque de Estados Unidos en estas negociaciones ha dado prioridad a las restricciones unilaterales y no a medidas mutuas. La retirada de Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) en 2018 y el posterior régimen de sanciones demuestran que los cuadros diplomáticos encabezados por el imperialismo están siendo utilizados con fines políticos egoístas en lugar de servir como un verdadero mecanismo de no proliferación.

Esta aplicación asimétrica de las normas de no proliferación socava la credibilidad de las instituciones internacionales y refuerza la impresión de aplicación selectiva basada en la alineación geopolítica.

Por lo tanto, el Irán tiene todo el derecho a desarrollar la energía nuclear, o incluso las armas, en su defensa. Las advertencias hipócritas sobre la proliferación nuclear son huecas cuando apuntan a Irán en lugar de a Estados Unidos, que crearon y extendieron estas armas para enraizar su dominio global.

Estados Unidos y la OTAN contra Rusia

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos siguieron una estrategia de superioridad nuclear, especialmente después de que la Unión Soviética puso fin al monopolio nuclear de Estados Unidos. Esto incluyó el despliegue de sistemas de armas nucleares tácticos que desdibujaron las fronteras entre la guerra convencional y la guerra nuclear.

En el apogeo de la guerra fría, Estados Unidos y la URSS firmaron el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) en 1987, seguidos por el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Start I) en 1991, reduciendo significativamente la proliferación de las armas nucleares de Estados Unidos y la URSS.

Hoy, en el frente de Europa oriental, la situación es tan preocupante como lo era en la época de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

Estados Unidos despliega unas 200 armas nucleares tácticas en Italia, Alemania, Turquía, Bélgica y Holanda, mientras que Rusia tiene unas 2.000 ojivas nucleares, aumentando en gran medida el riesgo de escalar el conflicto actual en Ucrania hacia una guerra nuclear.

Estas armas nucleares tácticas están diseñadas para su uso a corto plazo con un rendimiento menos explosivo, sin dejar de ser extremadamente destructivas.

Durante décadas, Washington temió al arsenal nuclear soviético, luego ruso, pero en lugar de buscar estabilidad, eligió el enfrentamiento.

Estados Unidos y la Unión Europea han impuesto sanciones radicales y guerras de poder para debilitar a Rusia política y económicamente. Gracias al Golpe de Estado orquestado por Estados Unidos, Ucrania fue manipulada para servir de peón y se convirtió en el campo de batalla de esta guerra indirecta, lo que llevó a Moscú a poner sus armas nucleares en alerta máxima.

A pesar de las repetidas advertencias de Rusia a través del Consejo OTAN-Rusia, la alianza encabezada por Estados Unidos persiguió agresivamente la integración de facto de Ucrania en la OTAN, violando los Acuerdos de Minsk y otros compromisos.

Estados Unidos y la OTAN han integrado al ejército ucraniano en su estructura de mando, utilizando sus aeródromos y bases cerca de las fronteras rusa y bielorrusa para ejercicios avanzados, vigilancia y despliegues.

El gobierno de Trump se retiró unilateralmente del Tratado INF en 2017, poniendo fin a una importante medida de control de armas que ayudó a ralentizar la carrera armamentista. Incluso cuando Putin propuso nuevos acuerdos de seguridad para limitar la expansión militar, Estados Unidos retrató obstinadamente a Rusia como un adversario.

En diciembre de 2021, Moscú presentó proyectos de garantías de seguridad mutuas a Estados Unidos y a la OTAN, que fueron ignorados.

Hoy Trump amenaza con no renovar el Nuevo Tratado Start cuando expire en 2026, dejando a Estados Unidos y Rusia sin control de armas para frenar la agresión nuclear estadounidense por primera vez desde la Guerra Fría.

El estancamiento actual y la carrera armamentista entre los imperialistas nucleares de Estados Unidos y los rusos sólo pueden resolverse por el fin de las provocaciones estadounidenses que conducen a guerras regionales y a la expansión de la OTAN hacia el este de Europa.

Las alianzas estadounidenses contra Corea del norte

El programa nuclear de Corea del norte es una respuesta directa a décadas de hostilidad estadounidense, una disuasión forjada en el fuego de amenazas y guerra directa contra su pueblo.

Durante la Guerra de Corea (1950-1953) los bombardeos estadounidenses mataron al 20 por cien de la población y arrasaron más ciudades que en Japón o Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, hasta el punto de que los generales estadounidenses admitieron que no había más objetivos en Corea.

La guerra en sí terminó con un armisticio, pero hasta la fecha no se ha firmado ningún acuerdo de paz, dejando a Estados Unidos técnicamente todavía en estado de guerra con Corea del norte. Esto ha obligado al país a buscar todas las formas posibles de defensa contra nuevos ataques extranjeros contra su pueblo.

Hoy en día Estados Unidos está exacerbando las tensiones al realizar ejercicios militares imprudentes cerca de la frontera de Corea del norte, incluso desplegando bombarderos B-1B capaces de realizar ataques nucleares.

Pyongyang ha propuesto repetidamente poner fin a sus pruebas de misiles, que se han intensificado desde 2022, a cambio de poner fin a estas provocaciones, pero ha sido ignorada y recibida con más amenazas, como cuando Trump prometió desatar una campaña de “fuego y furia” contra Corea del norte como el mundo nunca ha conocido.

Desde el armisticio de la Guerra de Corea de 1953, Estados Unidos se ha negado a firmar un tratado de paz o a normalizar su relación con Corea del norte. Decenas de miles de soldados estadounidenses, misiles con capacidad nuclear y armas de destrucción en masa permanecen en 15 bases surcoreanas, lo que supone una amenaza permanente para Pyongyang.

Es evidente que la República Popular Democrática de Corea no reducirá su capacidad para fabricar y utilizar armas nucleares sin una concesión seria de Estados Unidos. Su arsenal nuclear está considerado como una de las armas más poderosas contra ataques directos e intervenciones de Estados Unidos.

La ocupación militar de facto de Corea del sur, donde están estacionadas bases, sistemas de armas y tropas estadounidenses, mantiene a Corea del Sur bajo el paraguas nuclear de Estados Unidos

Como ha declarado repetidamente Pyongyang, las tensiones sólo pueden resolverse mediante la conclusión de un tratado de paz entre Corea del norte y Corea del sur, el fin inmediato de las sanciones económicas y los ejercicios militares en sus fronteras y aguas territoriales, la retirada de las tropas estadounidenses estacionadas en Corea del sur y, como resultado de todas estas medidas, un acuerdo bilateral e igualitario sobre la reunificación de la península sin la intervención de Estados Unidos.

El ‘giro hacia el Pacífico’

Mientras continúa atacando el sistema socialista de Corea del norte, con su “giro hacia el Pacífico” anunciado por Obama en 2012, Estados Unidos está atacando a China, cuyo crecimiento económico y militar llama “agresivo”, alimentando una nueva Guerra Fría que amenaza con llevar a un conflicto nuclear catastrófico.

Al armar a Taiwán con el pretexto de proteger el suministro de semiconductores, expandir sus alianzas militares en Japón, Corea del sur, Australia y Filipinas, y realizar provocativos ejercicios militares en el Mar de China Meridional, Washington intensifica sistemáticamente las tensiones con su principal rival y potencia nuclear.

Estas acciones, que van desde el despliegue de tropas hasta ejercicios conjuntos cerca de las fronteras de China, no son defensivas sino incendiarias, y empujan al mundo hacia una potencial guerra mundial.

Armas para dominar y armas para defenderse

Estados Unidos fabricó armas nucleares, luego decidió armar a sus aliados y usarlas para imponer su voluntad donde les pareciera. La historia de las armas nucleares, desde Hiroshima y Nagasaki hasta los tres frentes actuales de la guerra encabezada por Estados Unidos, revela la contradicción fundamental de la guerra nuclear: mientras las potencias imperialistas utilizan armas atómicas para amenazar y dominar, los Estados antimperialistas los han desarrollado para prevenir ataques contra sus pueblos.

Miles de personas se han dedicado a la defensa para reducir la triada nuclear de Estados Unidos, exigir limpieza e indemnización por daños, y bloquear el programa de modernización nuclear estadounidense de 1,7 billones de dólares.

Aunque el Tratado de las Naciones Unidas sobre la Prohibición de las Armas Nucleares ha sido firmado por 94 Estados desde su entrada en vigor en 2021, haciendo ilegales las armas nucleares a escala internacional, Estados Unidos no tiene intención de desmantelar su arsenal nuclear ni de adherirse al tratado.

La máquina de guerra dirigida por Estados Unidos ha sido la punta de lanza del sistema imperialista durante décadas, convirtiéndola principalmente responsable de la proliferación nuclear.

Debemos darnos cuenta de que Estados Unidos no quiere renunciar a su arsenal y se precipitan de cabeza en una posible catástrofe nuclear, debido a su programa imperialista.

Desde la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo estadounidense ha utilizado su sector militar para estimular el crecimiento económico, una estrategia que siempre ha llevado a una dislocación de los recursos económicos y a crisis sistémicas periódicas.

El complejo militar-industrial estadounidense sirve así para prolongar y sostener el ciclo económico capitalista, especialmente durante los períodos de crisis del capitalismo monopolista.

Como consecuencia, a menudo los conflictos mundiales provienen directamente de la inmensa rentabilidad de la producción de armas de Estados Unidos. La expansión actual de la maquinaria de guerra de Estados Unidos en varios frentes se ilustra con la acumulación de basura, el saqueo de la tierra, los recursos y la naturaleza, así como la devastación y el debilitamiento de vidas humanas.

Esta economía de guerra mundial permite al imperialismo estadounidense despojar y desplazar a las poblaciones, inflando el ejército mundial de reservas laborales, reduciendo salarios y debilitando físicamente a los trabajadores.

La maquinaria de guerra dirigida por Estados Unidos ha sido la punta de lanza del sistema imperialista durante décadas, convirtiéndola en la principal responsable de la proliferación nuclear.

La solución no es imponer el desarme a los países oprimidos, sino desmantelar completamente la maquinaria de guerra imperialista y su aparato de terror nuclear, que debe comenzar por Estados Unidos.

Como Estados Unidos nunca renunciará voluntariamente a sus armas más poderosas, la verdadera paz sólo puede venir de la derrota total del imperialismo estadounidense y sus vasallos, una victoria que requerirá una solidaridad internacional inquebrantable y la lucha por una paz justa.

Rhonda Ramiro y Sarah Raymundo https://mondoweiss.net/2025/08/how-u-s-imperialism-blackmails-the-world-with-nuclear-weapons-from-hiroshima-to-today/

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