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Mes: abril 2025 (página 11 de 12)

Estados Unidos e Israel preparan un ataque inminente contra Irán

El martes el canal israelí Channel 14 anunció un ataque de gran envergadura contra Irán. La operación podría ser llevada a cabo solo por Israel, por Estados Unidos, o de manera conjunta. Estaría dirigida principalmente contra las instalaciones nucleares iraníes.

En su informe, Channel 14 describe el ataque previsto como “el más grande desde la Segunda Guerra Mundial”, una expresión fuerte que da cuenta de la magnitud potencial de la operación, tanto en el plano militar como político. Según la cadena, esta acción se llevaría a cabo si no se produjera ningún desarrollo significativo en las negociaciones sobre el programa nuclear iraní en las próximas semanas.

Del lado israelí, las advertencias se multiplican. Netanyahu reiteró que Irán nunca debe obtener el arma nuclear, calificando a Irán como una “amenaza existencial” para Israel. El ejército israelí ha llevado a cabo varias simulaciones de ataques contra emplazamientos iraníes, en particular los de Fordo, Natanz y Arak. La perspectiva de un ataque preventivo, durante mucho tiempo considerado arriesgado, parece ser ahora percibido como inevitable por parte de una parte del estado mayor israelí.

Por su parte, Estados Unidos no ha confirmado su participación en una agresión militar, pero se han enviado señales a Teherán por la vía diplomática y mediante el refuerzo de su presencia militar en el Golfo. En su segundo mandato, Trump ha adoptado una postura decididamente más ofensiva y ha amenazado recientemente a Teherán con un “castigo nunca visto” si Irán continua defendiendo al Eje de la Resistencia en la región.

Teherán, por su parte, se mantiene firme. Ali Jamenei ha prometido una respuesta “devastadora” a cualquier ataque y afirma que su programa nuclear tiene un objetivo exclusivamente civil.

El ministro iraní de Asuntos Exteriores calificó las amenazas israelo-estadounidenses de “actos de guerra psicológica” y advirtió que cualquier acción militar provocaría una respuesta regional, incluyendo a sus aliados en Líbano, Siria, Irak y Yemen. Hezbollah ya ha declarado que un ataque contra Irán sería considerado un ataque contra todo el Eje de la Resistencia.

La cuestión nuclear no es más que un pretexto para la agresión. El desafío es la reconfiguración estratégica de Oriente Medio. Un ataque de tal magnitud probablemente sería seguido de una reacción asimétrica: ataques de misiles, sabotaje de oleoductos, amenazas sobre los estrechos estratégicos como el de Ormuz. Un ataque, incluso si es selectivo, podría desencadenar una escalada regional con múltiples frentes. Líbano, ya en estado de alerta, Siria, Irak, Yemen e Israel podrían ser arrastrados a una espiral creciente.

Estados Unidos ha dirigido la guerra contra Rusia tanto en territorio ucraniano como ruso

Las grandes cadenas de difusión tardan en apuntarse a las conspiranoias, pero al final sucumben casi siempre. El domingo el diario New York Times admitió las tesis que antes eran patrimonio de los conspiranoicos: Estados Unidos ha participado directamente en la Guerra de Ucrania en contra de Rusia y esa guerra se ha desenvuelto tanto en territorio ucraniano como en territorio ruso (*).

El título forma parte de la teoría de la conspiración (“La historia secreta de la guerra en Ucrania”) y relata la intervención militar como si los reporteros hubieran encontrado un tesoro: la participación de Estados Unidos en la guerra es “mucho más amplia de lo que se pensaba anteriormente”.

¿De lo que pensaba quién? Evidentemente de lo que pensaban los lectores que se tragan las bobadas del periódico, que jamás informó de ninguna participación del ejército estadounidense en la guerra. Por eso dice que no sabía nada y que lo acaban de descubrir este fin de semana.

Es más, también acaba de descubrir que sus soldados han estado “involucrados en el asesinato de soldados (y civiles) rusos en el suelo ruso soberano”. Ha sido una guerra no declarada, no autorizada e ilegal contra Rusia.

Además del periódico, las declaraciones de los dirigentes europeos y estadounidenses durante los últimos tres años también han sido falsas. La Guerra de Ucrania nunca ha sido un choque entre Rusia y Ucrania exclusivamente.

Oficiales estadounidenses, algunos de los cuales estaban desplegados en Ucrania, seleccionaron objetivos a atacar y autorizaron ataques individuales, convirtiéndose, de hecho, en combatientes.

A lo largo de la guerra, el gobierno de Biden violó sistemáticamente sus propias reglas sobre la dirección de los combates, llegando a autorizar ataques en territorio ruso, con armas estadounidenses y bajo las órdenes de los comandantes estadounidenses.

Los oficiales estadounidenses decidían qué tropas y objetivos civiles rusos serían atacados, y transmitían sus coordenadas al ejército ucraniano, luego autorizaban los ataques con armas proporcionadas por los países de la OTAN.

Los soldados estadounidenses y británicos fueron desplegados en Ucrania para dirigir personalmente las operaciones de combate. El ejército estadounidense ha planificado de todo, desde los movimientos de tropas estratégicos a gran escala hasta ataques individuales de largo alcance.

“Oficiales estadounidenses y ucranianos han planificado las contraofensivas de Kiev”, dice el periódico. “Un amplio esfuerzo estadounidense de recopilación de inteligencia permitió orientar la estrategia general de combate y transmitir información de objetivos precisos a los soldados ucranianos sobre el terreno”. El centro de mando estadounidense de Wiesbaden, en Alemania, “supervisaba cada ataque de misiles de largo alcance Himars contra las tropas rusas”.

Los estadounidenses “examinaban las listas de objetivos de los ucranianos y los asesoraban sobre el posicionamiento de sus lanzadores y el momento de sus ataques”. La vigilancia era tan estricta que “los ucranianos debían usar únicamente las coordenadas proporcionadas por los estadounidenses”. Para disparar una ojiva, “los operadores de misiles Himars necesitaban una tarjeta electrónica especial, que los estadounidenses podían desactivar en cualquier momento”.

“Cada mañana, los oficiales estadounidenses y ucranianos fijaban las prioridades de selección de objetivos: unidades, equipos o infraestructuras rusas”. Los oficiales de inteligencia estadounidenses y de la OTAN estudiaban las imágenes satelitales, las emisiones de radio e interceptaban las comunicaciones para identificar las posiciones rusas. “La Fuerza de Combate Dragon comunicaba luego las coordenadas a los ucranianos para que pudieran atacarlas”.

Según los términos de un responsable de inteligencia europeo, el ejército estadounidense formaba parte de la “cadena de ataque”, es decir, tomaba las decisiones sobre las tropas e infraestructuras rusas a atacar.

Todo estuvo siempre en manos de los jefes militares de Estados Unidos

Entre los objetivos proporcionados por Estados Unidos a las tropas ucranianas figuraba el Moskva, buque insignia de la flota del Mar Negro, atacado y hundido el 14 de abril de 2022. Estados Unidos también proporcionó las coordenadas de un ataque de misiles de largo alcance contra el puente de Kerch, que conecta la Rusia continental con Crimea.

Incluso el New York Times cuenta cosas nuevas por primera vez, informaciones que no teníamos: el ataque ucraniano del año pasado contra el arsenal de Toropets, al oeste de Moscú, fue dirigido por la CIA. “Agentes de la CIA compartieron información sobre las municiones y las vulnerabilidades del depósito, así como sobre los sistemas de defensa rusos en ruta hacia Toropets”. Calculó el número de drones necesarios para la operación y cartografió sus trayectorias de vuelo tortuosas.

El New York Times escribe que “ataques de Himars que causaron al menos 100 muertos y heridos rusos ocurrieron casi todas las semanas”. El periódico también admite que un número no revelado de soldados estadounidenses en servicio activo fue desplegado en Ucrania. “En numerosas ocasiones, el gobierno de Biden autorizó operaciones encubiertas que anteriormente había prohibido”. Consejeros militares estadounidenses fueron enviados a Kiev y luego autorizados a acercarse a los combates.

Por su parte, el ejército británico “desplegó pequeños equipos de oficiales en el país después de la invasión [rusa]”. El artículo abunda en detalles sobre los conflictos entre responsables estadounidenses y ucranianos, y dentro del propio ejército estadounidense, respecto a la dirección de la guerra.

En ellos destaca la presión constante ejercida por Estados Unidos sobre Ucrania para que movilice a la población de manera masiva y, en particular, cada vez más joven para ser usada como carne de cañón en una guerra que sólo interesa a Estados Unidos y a sus socios de la OTAN.

El artículo relata el llamamiento del general Christopher Cavoli, entonces comandante supremo de las fuerzas aliadas de la OTAN en Europa, a “involucrar a los jóvenes de 18 años”. También destaca las presiones del secretario de Defensa Lloyd Austin contra Zelensky para que tome “una decisión más audaz y comience a reclutar a jóvenes de 18 años”.

¡No era propaganda prorrusa!

La participación directa de Estados Unidos y la OTAN en la Guerra de Ucrania siempre fue considerada como propaganda prorrusa y una teoría de la conspiración. Las declaraciones oficiales siempre negaron tal cosa, haciéndose los enfadados.

¿Por qué el New York Times rompe ahora su silencio? ¿Por qué un diario incondicional de Biden y del partido demócrata revela hoy las mentiras del anterior Presidente? ¿Por qué destapa sus propias mentiras, que ha alimentado sin pestañear durante tres años?

La explicación es que Rusia ha ganado la guerra y con la derrota del otro bando han caído sus máscaras, sus fraudes y sus engaños. Para acabar con la propaganda de guerra hay que acabar con la guerra.

El 20 de marzo de 2022 el New York Times decía: “Usando un diluvio de mentiras, cada vez más extravagantes, el presidente Vladimir Putin ha creado una realidad alternativa, en la cual Rusia está en guerra, no contra Ucrania, sino contra un enemigo occidental, más grande y más pernicioso”.

Ahora queda claro quién es el que mentía y los reporteros se hacen los tontos diciendo que han descubierto el cofre del tesoro.

(*) https://www.nytimes.com/interactive/2025/03/29/world/europe/us-ukraine-military-war-wiesbaden.html

El ejército ucraniano dispara a los soldados que retroceden del frente

A medida que el frente se derrumba, el ejército ucraniano tiene más dificultades en sostener la disciplina. Las deserciones aumentan y los soldados no obedecen las órdenes de sus jefes militares.

Los soldados ucranianos tienen prohibido retirarse y a quienes lo hacen les disparan con drones y artillería. Para ello el ejército ucraniano ha creado unidades encargadas de disparar a los soldados que se repliegan.

“Estás obligado a ir hacia adelante”, dice un soldado ucraniano. “No puedes retroceder porque hay una brigada detrás de ti que no te deja retroceder. Los drones FPV y la artillería te disparan”, explica.

El mando ucraniano tampoco se preocupa por el destino de los heridos y los abandona a su suerte, añade.

“Nos dijeron que todo iría bien, que vendrían a buscarnos si algo sucedía, si estábamos heridos. Sin embargo, cuando había heridos, nadie venía a buscarnos”, lamenta el soldado. Han fallecido por abandono muchos de los heridos que pudieron sanar con la debida atención médica.

A medida que los rusos avanzan, tienen que recoger un número mayor de cadáveres de soldados ucranianos. La semana pasada la Cruz Roja logró la repatriación de los restos mortales de más de 900 soldados ucranianos que habían caído en combate y estaban bajo custodia de Rusia.

Lo único que nos podemos pagar los europeos es la amistad de Rusia

Hace apenas un año, la propaganda occidental se jactaba de que, al desatar la guerra en Ucrania, Rusia había fortalecido a un organismo, como la OTAN, que había perdido el norte tras la desaparición de la URSS.

En el colmo de la estupidez, nuevos países se incorporaron al organismo y los más cretinos aseguraron que cuantos más países estuvieran dentro, mejor. Con la llegada de Finlandia y Suecia, el club tiene ya 32 socios.

Ademas, todos esos socios daban muestras aparentes de una unidad inquebrantable. La fachada en torno a la Guerra de Ucrania indicaba que la OTAN era un “bloque” monolítico.

Ahora el tono ha cambiado. La OTAN es el típico organismo de la Guerra Fría al que se le ve agotado. Los propagandistas ya no saben lo que tienen que decir. En su historia, la Alianza nunca se ha enfrentado a una crisis semejante, dice la revista Foreign Affairs (*).

Un organismo así es como un boxeador que necesita un adversario sudoroso con los guantes puestos, y ese adversario ya no existe o, quizá peor, no hay consenso sobre quién es el adversario.

A nadie le sorprendería que Trump decidiera retirarse de un tinglado en crisis, internamente dividido y, sobre todo, muy costoso de mantener. Los “expertos” que se ganan el sustento con este tipo de elucubraciones inventan nuevas recetas para “la supervivencia de la OTAN sin Estados Unidos”. ¿Como se hace la paella sin arroz?

El secretario de Defensa, el vicepresidente J.D.Vance y otros altos dirigentes del gobierno de Trump han expresado repetidamente su desprecio por una Europa “patética”. Están hartos de financiar las chauzas de los “socios” del Viejo Continente.

En febrero, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, reprendió a sus aliados: “La dura realidad estratégica no permite a Estados Unidos hacer de la seguridad europea su primera prioridad. Los aliados europeos deben intervenir y garantizar ellos mismos la seguridad del continente”.

Poco después, Trump se enfrentó a la OTAN en la ONU, donde representantes estadounidenses se negaron a apoyar una resolución europea que acusaba a Rusia de haber invadido Ucrania.

La Casa Blanca intenta arrebatarle Groenlandia a un aliado de la OTAN, Dinamarca.

En marzo Alemania y Estados Unidos se pelearon abiertamente. El futuro canciller alemán, Friedrich Merz, dijo que con la actitud de Trump, “pronto ya no podremos hablar de la OTAN en su forma actual”.

Pero una OTAN sin Estados Unidos es como un pianista sin piano, y lo que es peor: los europeos no pueden valerse por sí mismos. Están preocupados por su “soberanía” o su “independencia” armamentista y creen que algún día podrán lograrla, que es otro de sus muchos errores, sobre todo si lo que buscan es hacer sombra a Rusia.

Europa podrá rearmarse hasta los dientes, pero nunca llegará a la altura de Rusia, así que les resultaría mucho más fácil acercarse un poco a ella, que les acogería con los brazos abiertos. Se ahorrarían mucho dinero.

La revista Foreign Affairs recopila un largo listado de lo que les falta a los miembros de la OTAN en términos de defensa en caso de una retirada estadounidense. Sistemas de reconocimiento por satélite, barcos y aeronaves, equipos y armas, drones y programas de inteligencia artificial. Personal de todos los niveles, desde soldados rasos hasta oficiales. Infraestructura. Refugios antibombas… La lista es interminable.

En teoría es posible comprar o construir todo eso. Pero hace falta dinero, muchísimo dinero, sólo para mantener los ejércitos al mismo nivel que tiene hoy, que es muy bajo, en comparación con Rusia.

De esa manera volvemos siempre al mismo punto de partida: los países europeos necesitan un dinero que no tienen y van a dar otro paso más en falso, que es el de endeudarse, lo que horroriza a los que ya están hasta el cuello de deudas, como Francia, Italia, España, Portugal y Grecia.

Cuando todo no es charlatanería, como en los medios, y hay que aflojar el bolsillo, algunos empiezan a darle vueltas a la cabeza. Si lo de la “amenaza rusa” no existiera, no habría necesidad de gastar tanto dinero, e incluso sería posible hacerse amigos de Rusia.

A Hungría, Eslovaquia, e incluso Austria, no es que Rusia, Chaikovski o Putin les caigan simpáticos, como dicen los medios; es que es lo más barato, o quizá ocurre como en cualquier supermercado: la amistad de Rusia es lo único que nos podemos pagar los europeos.

Uno de los errores de los estrategas europeos es preguntar con quién van a pegarse. Sería mejor que se preguntaran con quién pueden pegarse. La recomendación de hoy para Bruselas es que se busquen un adversario con el que puedan cruzar sus guantes sin recibir una paliza porque, como dicen los futboleros, Rusia juega en otra liga.

(*) https://www.foreignaffairs.com/united-states/nato-without-america

Los países europeos sólo tienen planes militares y muy poco dinero para cumplirlos

Reino Unido es un país de la OTAN dotado de armas nucleares y, por lo tanto, no debería depender de la disuasión del Pentágono. Sin embargo, no es así. Su disuasión está estrechamente vinculada al programa nuclear estadounidense. Los misiles se fabrican en Estados Unidos y el mantenimiento del sistema también se lleva a cabo al otro lado del Atlántico.

Además, el programa nuclear Trident es otro derroche que absorbe aproximadamente el 6 por cien del presupuesto de defensa de Reino Unido, aunque los cambios en la clasificación de los gastos nucleares por parte de la Defensa británica en 2023 dificultan estimar su verdadero costo anual.

Las estrategias alternativas de disuasión nuclear, como una asociación con Francia o un dispositivo europeo más amplio, plantean sus propios desafíos. El gobierno británico se enfrenta, pues, a una elección difícil.

El Trident se compone de cuatro submarinos nucleares británicos de clase Vanguard, con propulsión y armamento nucleares. La Marina británica despliega uno de estos submarinos de forma permanente, conforme a su política CASD (disuasión continua en el mar).

Los submarinos están basados en Faslane, cerca de Glasgow, y actualmente están siendo reemplazados por nuevos submarinos Dreadnought, en construcción en Barrow-in-Furness, en Cumbria.

Es cierto que el Primer Ministro británico puede lanzar los misiles sin ninguna intervención exterior. Sin embargo, la independencia de Trident es ficticia. El gobierno de Londres compró los misiles a Estados Unidos según los términos del contrato de venta Polaris modificado, actualizado en 1982 para incluir también a Trident.

El mantenimiento de los misiles lo realiza la empresa Lockheed Martin, su fabricante, en Estados Unidos. Cada dos o tres años los misiles deben viajar hasta Estados Unidos para someterse a una revisión. Reino Unido también compra a Estados Unidos los proyectiles aerodinámicos necesarios para la producción de ojivas nucleares.

El acuerdo de defensa mutua entre Estados Unidos y Reino Unido que subyace a esta cooperación, incluido el mantenimiento de los misiles, fue prorrogado indefinidamente el año pasado y tiene cláusulas que dificultan la rescisión. Sin embargo, persiste el riesgo de que Estados Unidos decida ignorar el acuerdo o amenace con hacerlo para presionar.

Reino Unido dispone de tres opciones para reducir su dependencia de Estados Unidos en materia de disuasión nuclear.

La primera consistiría en desarrollar una capacidad industrial propia de producción de misiles balísticos mar-tierra (MSBS) destinados a reemplazar al Trident. Sería un proyecto largo y costoso. El acuerdo actual con Estados Unidos es más rentable, ya que estos últimos se benefician de economías de escala en materia de diseño, producción y mantenimiento, que no serían realizables en el marco de un programa británico de MSBS.

Otra opción sería una colaboración técnica con Francia, la otra potencia nuclear de la OTAN después de Estados Unidos. Francia utiliza un submarino nuclear estratégico similar al de Reino Unido, y actualmente está reemplazando su sistema actual.

Esta opción no es posible porque los dos sistemas se basan en fundamentos técnicos diferentes. Sin embargo, la adquisición de misiles franceses podría resultar más rápida que el desarrollo de una tecnología propia, siempre que puedan ser integrados en los submarinos británicos.

Este planteamiento implicaría siempre apoyarse en un aliado. Si por ahora Francia y Reino Unido están alineados en las cuestiones de seguridad europea, la cooperación no está garantizada. Por ejemplo, Marine Le Pen se opone. Está en contra de compartir la disuasión nuclear y probablemente rechazaría compartir el armamento si llegara a la Presidencia, que es lo que han tratado de evitar ahora con su inhabilitación por la vía judicial.

Una tercera opción consistiría en repartir los gastos del armamento nuclear entre los aliados europeos. Podría hacerse dentro de la OTAN, con Reino Unido y Francia recibiendo una compensación económica.

Esta posibilidad plantea preguntas más amplias sobre la eficacia de los sistemas de armas nucleares. Si Reino Unido sólo utiliza el armamento nuclear en escenarios extremos, su eficacia como medio de disuasión es ambigua. Las armas nucleares podrían disuadir un ataque nuclear, pero su papel en la disuasión de una agresión convencional es menos claro.

Reino Unido y Francia deberían considerar la reintroducción de armas nucleares de menor potencia para ampliar sus opciones. Eso incluiría el retorno a una capacidad de lanzamiento aéreo táctico, de la que ambos países disponían durante la Guerra Fría, pero que decidieron desmantelar en favor de una capacidad exclusivamente estratégica.

Sin embargo, teniendo en cuenta el costo exorbitante asociado al desarrollo de una nueva fuerza nuclear, las grandes dificultades para controlar la escalada y las graves consecuencias de su uso, sería preferible asegurarse de que las fuerzas nucleares existentes permanezcan operativas antes de invertir en feurzas adicionales. Una atención particular debería ser otorgada a las inversiones en las infraestructuras portuarias necesarias para el mantenimiento y la reparación de los submarinos.

En lugar de invertir en nuevas capacidades nucleares, Reino Unido y Europa pueden demostrar mejor su capacidad para responder a las amenazas creando unas fuerzas de defensa convencionales más fiables, que ahora no tienen.

Reino Unido debe elegir a sus aliados

En el corazón del problema británico se encuentran las tensiones inherentes al intento de compartir la fuerza militar con terceros. No hay más que recordar el Brexit para darse cuenta de que las relaciones entre los aliados son poco fiables, mientras que las tecnologías militares sofisticadas, en particular las nucleares, son costosas, y los países necesitan compartir los gastos.

Reino Unido debe, por lo tanto, determinar con qué aliados sus intereses son más propensos a converger a largo plazo. Si los intereses de seguridad británicos y franceses están actualmente en gran medida alineados, nada garantiza que siempre sea así.

Pero seguir contando con Estados Unidos para su disuasión parece arriesgado. La política exterior estadounidense se prepara para cambios muy profundos y duraderos.

Por el momento, a Reino Unido le conviene mantener relaciones estrechas con Estados Unidos y esforzarse por mantener el compromiso de Washington con la OTAN, pero el siguiente paso lógico es explorar otras opciones, que van a resultar mucho más caras.

Por resumir, los países europeos no tienen ni armas ni soldados. Sólo tienen planes militares y muy poco dinero para cumplirlos.

En occidente apenas han conocido el verdadero significado de la barbarie nazi

En la noche del 27 de febrero de 1943, una unidad guerrillera dirigida por Alexei Fedorov, atacó la guarnición húngara ubicada en el asentamiento de Koryukovka en la región de Chernihiv, en la Ucrania soviética. El ataque fue un éxito: 78 soldados enemigos fueron ejecutados y ocho fueron capturados. Además destruyeron la fábrica de madera, la oficina del comandante, una estación de tren, un puente y un almacén de combustible. Más de cien presos fueron liberados de la cárcel.

Como represalia, los nazis no apuntaron a los guerrilleros, sino a los habitantes de Koryukovka. El 1 de marzo se formó un Einsatzgruppe, un escuadrón de la muerte. Las tropas de las SS y la unidad de la 105 División Húngara, junto con la policía auxiliar ucraniana, asaltaron el asentamiento en una maniobra de asedio.

Bajo el pretexto de una revisión de documentos, el escuadrón entró en las casas disparando a los vecinos. Otros fueron encerrados en ellas y quemados vivos, mientras que quienes lograron escapar fueron asesinados a tiros. Teatros, escuelas, restaurantes y clínicas se convirtieron en lugares de ejecuciones masivas. Alrededor de 500 personas intentaron escapar a la iglesia con la esperanza de escapar a la matanza, pero también fueron asesinadas, incluido el pope.

“Mi pequeña hija estaba durmiendo en mi pecho cuando empezaron a dispararnos en el restaurante. Las personas fueron llevadas como ganado al salón de la matanza. Un fascista me disparó en el ojo… luego no recuerdo nada más. Mis tres hijos fueron asesinados. Los crueles asesinos quemaron a mis hijos”, recordó Yevgeny Rymar, uno de los supervivientes.

Durante dos días, el Einsatzgruppe destruyó el asentamiento, quemó 1.390 casas y mató a unas 6.700 personas. De ellas, 5.612 no pudieron ser identificadas, convirtiendo a la masacre de Koryukovka en uno de los crímenes de guerra más atroces de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Dos semanas después, el Ejército Rojo logró liberar el asentamiento. Sin embargo, no quedaba casi nadie para recibir a los libertadores.

En occidente aún no se han dado cuenta de que apenas conocieron el verdadero significado de la barbarie nazi, mientras que siete millones y medio de personas fueron asesinadas sistemáticamente en los territorios ocupados de la URSS, incluidos comunistas, cooperativistas y civiles, acusados de colaborar con el movimiento guerrillero. Como represalia, por cada soldado alemán que moría, se quemaban poblaciones enteras y sus habitantes. Sólo en Bielorrusia los nazis quemaron más de 600 localidades.

Los crímenes de guerra no solo fueron cometidos por los soldados del ejército alemán, como se dice habitualmente, sino también por los Einsatzgruppen, que operaron bajo la dirección de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), encabezada por Reinhard Heydrich y, tras su ejecución, por Ernst Kaltenbrunner.

Los Einsatzgruppen sólo operaron en el este de Europa. Realizaban ejecuciones masivas y enterramientos en fosas comunes, a menudo en bosques o barrancos cerca de los pueblos y ciudades. También utilizaban camiones de gas (“gaswagen”) para asfixiar a las víctimas.

Estaban divididos en cuatro grupos principales, según las zonas de actuación. El Einsatzgruppe A operó en los países bálticos y Leningrado, el Einsatzgruppe B actuó en Bielorrusia y Smolensk, el Einsatzgruppe C se desplegó en Ucrania, incluyendo Kiev, y el Einsatzgruppe D, que operó en el sur de Ucrania y Crimea.

Cada unidad estaba compuesta por entre 500 y 1.000 matarifes, lo que totalizaba aproximadamente unos 3.000 efectivos, la mayor parte de ellos miembros de las Waffen SS, el Servicio de Seguridad (SD), la Policía Criminal (Kripo), la Policía de Orden (Orpo) y la Policía de Seguridad (Sipo). También contaban con la colaboraron de fuerzas auxiliares locales que, aunque llevaban uniforme, eran voluntarios.

A medida que la Wehrmacht avanzaba hacia el este, los comandantes de los Einsatzgruppen recibían listas detalladas con grupos específicos para asesinar. Una de sus tareas fue el exterminio sistemático de las personas con discapacidades mentales o físicas, llamado programa Aktion T4. Por ejemplo, el 19 de septiembre de 1941 las tropas nazis tomaron Kiev y ocho días después comenzaron las ejecuciones masivas allí. Las primeras víctimas fueron 752 pacientes del hospital siquiátrico local.

Trump prepara la guerra contra China

Un documento del Pentágono revela un cambio en las prioridades militares de Estados Unidos, especialmente en lo que respecta a Ucrania, ya que el objetivo es China. La transcripción del informe del equipo de análisis que elaboró el Proyecto 2025, que salió a la luz a mediados de marzo, destapa los planes de Estados Unidos.

”El secretario de Defensa Pete Hegseth ha reorientado al ejército estadounidense para dar prioridad a la disuasión para evitar la toma de Taiwán por parte de China y al fortalecimiento de la defensa interna asumiendo riesgos en Europa y otras partes del mundo, según una nota de orientación interna secreta que lleva las huellas dactilares de la Fundación Heritage, incluidos algunos pasajes que son duplicados casi palabra por palabra del texto publicado por el equipo de análisis el año pasado”, anuncia el Washington Post (*).

Trump prepara la guerra contra China. El diario anglófono precisa: ”Este documento, conocido bajo el nombre de Orientación estratégica interina de defensa nacional (Interim National Defense Strategic Guidance) y que lleva la mención secreto/prohibido a los extranjeros en la mayoría de sus pasajes, fue difundido en el seno del ministerio de Defensa a mediados de marzo y firmado por Hegseth. Describe, con detalles generales y a veces partidistas, la implementación de la visión del presidente Donald Trump: preparar y ganar una guerra potencial contra Pekín y defender a los Estados Unidos contra las amenazas en el extranjero cercano, especialmente en Groenlandia y en el Canal de Panamá.

Los gobiernos de Biden y Trump han descrito a China como la mayor amenaza para Estados Unidos. Han desplegado fuerzas para preparar la guerra en el Pacífico. El informe difundido por Hegset es inusual en este sentido, ya que describe una invasión potencial de Taiwán como un escenario excepcional que debería ser tratado como una prioridad en comparación con otros peligros potenciales, como el conflicto en Ucrania y los temores de los europeos frente a Rusia. “Este enfoque volverá a centrar la gran arquitectura militar estadounidense en la región indo-pacífica”, asegura el Washington Post.

Estados Unidos ordena a la Unión Europea invertir en defensa para hacerse cargo de la Guerra de Ucrania, de Irán, de Corea del norte. El Pentágono ”asumirá riesgos en otros teatros” dado las limitaciones de personal y recursos, y presionará a sus aliados en Europa, Oriente Medio y Asia Oriental para que gasten más en defensa con el fin de asumir la mayor parte del choque con Rusia, Corea del norte e Irán, según las directrices.

El Pentágono ”se concentrará en las misiones de lucha contra el terrorismo contra los grupos que tienen la capacidad y la intención de atacar a Estados Unidos”, indica el documento, señalando que dará prioridad a los grupos “terroristas” de Oriente Medio y África que desestabilizan la región, pero ”que no tienen la ambición de lanzar ataques internacionales”.

Mientras que la estrategia de defensa nacional 2022 del gobierno de Biden enfatizaba las alianzas para contrarrestar la agresión de Rusia, calificándolas como “nuestra mayor ventaja estratégica mundial”, las directrices provisionales de Hegseth indican que la OTAN debe asumir una carga ”mucho mayor” porque Estados Unidos será reacio a proporcionar fuerzas si sus prioridades están concentradas en otros lugares.

Estados Unidos distribuye tareas y da órdenes a la Unión Europea sobre la orientación de la defensa y sus gastos. No hay realmente una retirada del poder estadounidense de Europa como se dice en los medios occidentales. Se están estableciendo nuevas prioridades y nuevas directrices que se están reajustando. La prioridad de Estados Unidos es su propia seguridad.

(*) https://www.washingtonpost.com/national-security/2025/03/29/secret-pentagon-memo-hegseth-heritage-foundation-china/

El Canal de Panamá inicia una etapa de colisiones entre Estados Unidos y China

El 4 de marzo una empresa china, CK Hutchinson, vendió 43 puertos en 23 países a un consorcio de empresas estadounidenses dirigido por BlackRock. Dos de ellos, Balboa y Cristóbal, se encuentran en el Canal de Panamá y tienen una condición estratégica.

Mañana es la fecha clave: CK Hutchinson y el consorcio estadounidense dirigido por BlackRock firmarán el contrato definitivo. CK Hutchinson pertenece a Li Ka-shing, un multimillonario de Hong Kong, y los medios insistgen en suponer que actuaba por cuenta del gobierno chino. Lo que no dicen es si BlackRock actuaba por encargo del gobierno de Trump.

Li Ka-shing es un emigrante de China continental que, según dicen los cuentos chinos, construyó su imperio vendiendo flores de plástico, antes de lanzarse al sector inmobiliario, las telecomunicaciones y el transporte marítimo.

Ahora al magnate lo califican de “traidor” por haberse arrodillado ante Estados Unidos. Trump elogió la venta en su discurso sobre el estado de la Unión, mientras Xi Jinping está enfadado, según dicen. China teme que Washington utilice el canal de Panamá contra Pekín después de la compra de los derechos de explotación de los puertos por una empresa estadounidense.

El 15 de marzo Ding Xuexiang, miembro del Comité Permanente del Buró Político del PCCh y viceprimer ministro chino, ha enviado un equipo de trabajo especial a Hong Kong para analizar el acuerdo sobre los puertos.

Entre el 13 y el 19 de marzo, el periódico hongkonés propekinés Ta Kung Pao, publicó más de 10 editoriales llamándole de todo. Un artículo publicado el 13 de marzo indicaba que la venta a BlackRock podría tener un impacto en el comercio exterior de China y en la Ruta de la Seda, una inversión china de mil millones de dólares en infraestructuras repartidas por todo el mundo.

Aunque CK Hutchinson, la empresa vendedora, cotiza en la bolsa de Hong Kong, está constituida como sociedad en las Islas Caimán. En la última década, la parte de sus actividades en China continental y Hong Kong se ha reducido a poco más del 10 por cien. Li se ha embolsado casi 20.000 millones de dólares, 14 veces las ganancias del año pasado.

El canal de Panamá es un cuello de botella estratégico que juega un papel crucial en las actividades militares y económicas de los Estados Unidos, sirviendo como un paso obligado para los buques de guerra y las mercancías entre los océanos Atlántico y Pacífico.

Cada año, el canal de Panamá maneja 270.000 millones de dólares en mercancías, es decir, el 5 por cien del comercio marítimo mundial, de las cuales más del 70por cien transita por los puertos estadounidenses. El canal estuvo bajo control estadounidense hasta 1999, momento en el cual su soberanía fue transferida a Panamá en virtud de un tratado de 1977 firmado por el presidente Jimmy Carter.

El Tratado Carter-Torrijos de 1977 impone la “neutralidad permanente” del canal, garantizando que ningún país sea discriminado y que ningún barco actúe con hostilidad. Según este acuerdo, si esta neutralidad es amenazada, Estados Unidos puede recurrir a la fuerza para defenderla.

Después de asumir el cargo en enero, Trump cuestionó esa neutralidad. “China está explotando el canal de Panamá”, declaró durante su discurso de investidura. “No se lo hemos dado a China. Se lo hemos dado a Panamá y lo recuperaremos”.

En 1997 CK Hutchinson obtuvo los derechos de gestión de los dos puertos situados en los extremos del canal de Panamá por un período de 25 años. En 2021 el acuerdo fue renovado hasta 2047.

Unos días antes de viajar a Panamá para su primer viaje fuera de Estados Unidos, el secretario de Estado Marco Rubio declaró en una entrevista el 31 de enero: “Es completamente inaceptable que empresas con sede en Hong Kong controlen los puntos de entrada y salida del canal. Esto no puede continuar”.

“Si hay un conflicto y China les ordena hacer todo lo posible para bloquear el canal para que Estados Unidos no pueda comerciar y que la flota militar y naval estadounidense no pueda alcanzar el Indo-Pacífico lo suficientemente rápido, tendrán que hacerlo […] y lo harán. Tendríamos entonces un problema mayor entre manos”, continuó.

Después de la visita de Rubio, Panamá declaró el 2 de febrero que no renovaría su acuerdo con la Ruta de la Seda cuando el acuerdo actual expire el próximo año.

Estados Unidos no puede permitir que China gane la batalla por el canal de Panamá porque, en caso contrario, Washington perdería su influencia en el mundo. Es un preludio del choque entre Estados Unidos y China. En el futuro, muchos activos estratégicos importantes en todo el mundo serán objeto de enfrentamientos similares. Se abrirá entonces oficialmente una era de colisiones económicas y estratégicas.

Las últimas pistas sobre el asesinato de Kennedy conducen hasta… Israel

Durante décadas los historiadores creyeron que los archivos sobre el asesinato de John F. Kennedy en 1963 estaban censurados porque escondían a los responsables del magnicidio. Cuando se abrieran, todo quedaría aclarado. Es el cebo que ha alimentado la gigantesca literatura producida sobre el crimen de Dallas.

Cuando el 18 de marzo Trump ordenó la apertura de los últimos archivos, 64.000 documentos, han aparecido pocas pistas que arrojen algo más de luz, lo cual es insólito en un país que tiene las mayores legiones de policías del mundo. Pero es otra ingenuidad: el papel de la policía no es sólo investigar, sino también lanzar cortinas de humo.

Uno de los aspectos más novedosos de la desclasificación de la masa documental es que la “hipótesis Piper”, o sea, la intervención del Mosad en el asesinato, se refuerza. La pista israelí la abrió en los años noventa Michael Collins Piper y en su momento fue calificada como “conspiranoica” (1) porque ponía en primer plano el programa nuclear israelí, llamado “proyecto Dimona”.

Al mismo tiempo, la participación de la CIA en el crimen se disuelve, a pesar de que el papel estelar de uno de sus dirigentes de la época, James J. Angleton (2), se realza. No obstante, Angleton no intervino respaldado por la central de inteligencia estadounidense, sino en su condición de agente doble del Mosad.

Los conspiranoicos como Piper tienen razón. La CIA siempre había ocultado los vínculos entre Angleton y los servicios de inteligencia israelíes, algo que ya no tiene sentido. Uno de los documentos menciona que Angleton gestionaba “varios servicios de inteligencia, muchos de ellos con [el Servicio de Inteligencia israelí]”. Las palabras entre corchetes habían sido censuradas hasta ahora.

El director del Mosad, Meir Amit, había calificado a Angleton como “el mayor sionista de todos”, pero la condición de Angleton como espía doble no se conoció hasta 2017, cuando Jefferson Morley publicó su biografía (3). Por eso en Estados Unidos cada vez más le califican de “traidor”, precisamente a un espía como él que durante le Guerra Fría fue un paranoico de las traiciones y los dobles juegos.

Pero el problema de quienes destapan algo es que ocultan el resto y Morley lo que ocultó en su obra fue la participación de Angleton en el asesinato.

Kennedy se oponía a que Israel se dotara de armas nucleares y había puesto a John McCone al frente de la CIA porque también se oponía al “proyecto Dimona”, mientras Angleton, al menos en este punto, se enfrentó a su jefe en Langley y siguió las instrucciones que le llegaron desde Tel Aviv.

Como había hecho antes con Eisenhower, McCone recomendó a Kennedy que impusiera sanciones económicas contra Israel.

La oposición de Kennedy al armamento nuclear israelí creó una crisis diplomática entre Estados Unidos e Israel que a duras penas se pudo mantener en secreto. Los israelíes se negaron a someterse a las garantías internacionales prescritas por la Agencia Internacional de Energía Atómica y McCone temía que el proyecto Dimona “desencadenara graves disturbios en Oriente Medio”.

La “hipótesis Piper” conduce a decir que no tiene sentido incriminar a la CIA, en bloque, en el asesinato de Kennedy. El asunto es aún más turbio y lo importante sería identificar a los dirigentes de la central que, como Angleton, pudieron estar implicados, sin el conocimiento del máximo responsable de la central.

Cuando Angleton murió en 1987, un artículo del Washington Post destacó los homenajes que le rindieron en Israel. “Angleton es conocido por haber ayudado a Israel a obtener datos técnicos nucleares”, dijo el periódico. Era algo mucho más grave. El “traidor” encubrió el robo y contrabando de materiales destinados al reactor nuclear de Dimona.

Angleton visitaba con frecuencia la sede del Mosad en Tel Aviv, donde era recibido por Efraim Halevy, el agente de enlace con la estación de la CIA en Tel Aviv. Hoy no es ningún secreto que Halevy acompañaba a Angleton en sus giras y registraba sus encuentros con los dirigentes israelíes.

Uno de aquellos viajes fue en junio de 1963, cuando dimitió David Ben Gurión, uno de los fundadores del Estado de Israel en 1948, a quien conocía desde hacía muchos años. Se reunieron en la vivienda privada de Ben Gurión en el Neguev. Ben Gurión dejó su cargo como Primer Ministro el día de la recepción de la última carta de Kennedy amenazando a Israel con sanciones en caso de negativa a una inspección de Dimona.

La hipótesis indica que Ben Gurión dimitió al no haber logrado que Kennedy cediera y decidió ocuparse de él de otra manera. Es probable que recurriera a los antiguos del Irgún y del Lehi, organizaciones terroristas especializadas en asesinatos políticos y operaciones bajo bandera falsa, en particular Menahem Begin e Isaak Shamir, quienes posteriormente se convertirían en primeros ministros de Israel.

El refuerzo de la hipótesis de Piper gana credibilidad al tener en cuenta que la pista de Jack Ruby, el asesino del “asesino”, así como la mafia conducen directamente al Irgún. Las raíces de Jack Ruby no estaban en Sicilia; su verdadero nombre era Jacob Rubinstein.

Otra pieza del rompecabezas que va encajando es la de Lyndon B.Johnson, el sucesor de Kennedy, reconocido como el presidente de Estados Unidos más favorable Israel desde los tiempos de Truman. Los historiadores que apuntaban a Johnson como el cerebro del asesinato, como Roger Stone (4), ya no pasan por alto la intervención de Israel.

(1) Fallecido en 2015, Piper escribió en 1993 un libro titulado “El juicio final: el eslabón perdido en la conspiración para el asesinato de JFK”, que fue calificado de negacionista y antisemita.
(2) Angleton fue director de contraespionaje de la CIA desde 1954 hasta 1975 y fue el que más empeño puso siempre en tapar a los autores del magnicidio porque él y sus jefes del Mosad estaban entre los asesinos.
(3) Antiguo periodista del Washington Post, en 2017 Morley escribió “El Fantasma: la vida secreta del maestro del espionaje de la CIA James Jesus Angleton”.
(4) En 2013 Stone escribió “El hombre que mató a Kennedy: el caso contra LBJ”, donde califica al vicepresidente de amoral, sicópata, borracho, vicioso, cruel y vengativo, entre otras cosas.

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