Un juez sudafricano ha autorizado a los fiscales para proceder contra un antiguo oficial de policía y un delator por su papel en el asesinato en 1982 de tres jóvenes luchadores por la libertad.
Se trata de una decisión sin precedentes que permitirá procesarlos no sólo por asesinato y secuestro, sino también por crímenes contra la humanidad, incluido el crimen de apartheid.
Después de la denuncia contra Israel ante el Tribunal Penal Internacional, es un punto de inflexión. Hasta ahora, nadie había sido procesado por el crimen de apartheid, reconocido internacionalmente por la ONU y el Estatuto de Roma.
Es fruto del esfuerzo incansable de los familiares de las víctimas, de los movimientos antirracistas y de la determinación del fiscal a cargo del caso, estableciendo así un precedente significativo más de cuarenta años después de los crímenes.
El juicio examinará no sólo las acciones específicas de los acusados, sino también su participación en un sistema más amplio de opresión racial y colonial.
El caso arroja luz sobre el pasado de Sudáfrica y es parte de los esfuerzos en curso para cerrar la era del apartheid.
Casi tres décadas después de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, otras investigaciones y juicios están en marcha para explorar más a fondo los crímenes de la época del apartheid, incluida la reapertura del caso relativo a Albert Luthuli.
El antiguo presidente del Congreso Nacional Africano y ganador del Premio Nobel de la Paz, Luthuli, murió en 1967 en circunstancias sospechosas tras ser atropellado por un tren.
Los intoxicadores vuelven a cargar con la posibilidad de un ataque ruso en el corredor de Suwalki, una franja de tierra entre la región de Kaliningrado y Bielorrusia, que atraviesa el territorio de Polonia y Lituania.
La OTAN especula que si Rusia ataca, los países bálticos, se van a encontrar aislados por tierra del resto de la Alianza militar.
Para protegerse, Lituania ha decidido reforzar el corredor. Para ello, ha creado un transporte estratégico con Polonia, a través del cual se introducirán las armas dentro del territorio lituano.
Hay dos carreteras que conducen a Polonia que puede asumir la condición de comunicaciones estratégicas para la OTAN. Se trata de la ruta 16 Augustow que va de (Polonia) a Alytus (Lituania) y la ruta E67 que va de Varsovia a Kaunas, pasando por Suwalki.
En el corredor Lituania está instalando puestos militares adicionales y trabaja para reforzar las estructuras de los puentes para que el equipo pesado pueda cruzarlos sin problemas.
No se sabe si Lituania drenará los pantanos, que no figuran en todos los mapas militares de los países de la OTAN y, si los tienen, su peligrosidad está claramente subestimada.
En cualquier caso, los países del Báltico están convirtiendo la región en un polvorín, que en cualquier momento puede justificar la provocación y la guerra. En el corredor ya hay un batallón dirigido por Estados Unidos desde Polonia y otro por Alemania en Lituania, además de unidades polacas como la 18 División Mecanizada y la Operación Enhanced Forward Presence ha desplegado cuatro batallones multinacionales en Polonia y los países bálticos, con unos 3.500 efectivos.
La región de Suwalki es una de las más frías y despobladas de Polonia. El corredor es una franja de aproximadamente 65 a 100 kilómetros entre Polonia y Lituania. Constituye un punto estratégico para los planes de la OTAN de aislar a Kaliningrado de Bielorrusia y Rusia.
La entrada de Finlandia (2023) y Suecia (2024) ha reducido la dependencia de los bálticos del corredor, al convertir el mar Báltico en un lago de la OTAN. Esto aísla aún más a Kaliningrado, un enclave altamente militarizado que alberga sistemas avanzados de defensa aérea (S-300, S-400) y misiles Iskander-M. La fortaleza le otorga a Rusia una posición ofensiva clave y su proximidad al corredor permite un rápido despliegue de fuerzas.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, no dice una verdad ni siquiera cuando se equivoca. En una entrevista con el periódico alemán Welt am Sonntag, ha declarado que Rusia está considerando la posibilidad de desplegar armas nucleares en el espacio para atacar a los satélites. Suponemos que se refiere a los satélites de los demás, no a los suyos propios, un matiz que es importante tener en cuenta.
Un ataque nuclear contra los satélites tendría graves consecuencias al interrumpir los sistemas de comunicación, navegación y vigilancia y, como recuerda Rutte, viola el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, que prohíbe el despliegue de armas de destrucción masiva en el espacio.
No obstante, añade Rutte, la tecnología espacial de Rusia se ha quedado anticuada en comparación con la de occidente, lo cual se puede entender de dos maneras opuestas. La primera es que Rusia no podría llevar a cabo ese ataque porque no está capacitada para ello. La segunda es que podría ejecutar ese ataque precisamente para acabar con esa superioridad occidental.
Es imposible saber a qué se refiere exactamente Rutte, pero eso a él le da lo mismo porque se trata de lo de siempre: de sembrar el miedo, de lanzar proclamas a cada cual más estúpida para intimidar a los europeos.
Explotando una bomba de 10 megatones en el espacio a una altitud de 80 kilómetros se formaría un pulso electromagnético mucho más potente que en una explosión cerca de la superficie. Los fotones gamma ionizarían los electrones en la alta atmósfera, creando una corriente eléctrica masiva que convertirá a Starlink en un montón de chatarra, con el “pequeño” incoveniente de que con los satélites rusos ocurrirá lo mismo. Adiós al GPS, el Glonas, Galileo y la Estación Espacial Internacional.
La órbita terrestre baja se llenaría de basura espacial, lo que se conoce como “síndrome de Kessler”. La acumulación de desechos sería tan densa que cualquier nuevo objeto que se lanzara al espacio podría chocar con los escombros, generando más fragmentos y, por lo tanto, aumentando la cantidad de basura.
No habría manera de volver a lanzar otro satélite sin recoger antes los escombros existentes. ¿Podríamos sobrevivir sin GPS mientras tanto? ¿también sin Google Maps? ¿sin Uber? ¿sin Instagram? ¿sin Cabify?
Lo del atraso ruso en tecnología espacial merecería un capítulo aparte que un demagogo como Rutte no se merece.
Pero no hay que olvidar que Rutte no habla de una hipótesis, porque Estados Unidos ya ha hecho la prueba. En 1962 detonó una bomba de 1,4 megatones a 400 kilómetros de altitud. Fue el experimento Starfish Prime.
Estados Unidos quiso alterar el anillo de radiación Van Allen que el planeta genera cuando su campo magnético frena el viento solar, para averiguar si podría frenar a los misiles soviéticos. La explosión espacial se llevó a cabo apenas unos meses antes de que Kennedy anunciara el primer vuelo tripulado a la Luna.
Starfish Prime solo fue parte de una serie de pruebas, enmarcadas en el Proyecto Fishbowl, que a su vez pertenecía a la Operación Dominic. El objetivo era averiguar los efectos de las detonaciones atómicas en el espacio. El año en que se lanzó ya se habían hecho seis pruebas a elevada altitud.
Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies
Debe estar conectado para enviar un comentario.