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Mes: diciembre 2024 (página 9 de 13)

Otro golpe de Estado judicial: el caso de Rumanía, un país demasiado cercano a Rusia

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Rumania, el candidato Calin Georgescu, crítico con la OTAN, obtuvo un apoyo significativo, lo que provocó una rápida respuesta de Estados Unidos en forma de amenazas, que no tardaron en materializarse: el Tribunal Constitucional anuló la primera vuelta de las elecciones presidenciales, a pesar de un recuento que validó la victoria de Georgescu.

Rumanía agachó la cabeza. Circularon rumores sobre la llegada de un enviado estadounidense a Bucarest y, pocas horas después, se conoció la decisión del Tribunal Constitucional. Esto demuestra hasta qué punto los imperialistas están dispuestos a hacer todo lo posible para mantener al gobierno rumano bajo control.

Para justificar el golpe de Estado, los altavoces del imperialismo han lanzado su consabida letanía de bulos: era prorruso, el Kremlin se había entrometido en las elecciones con la correspondiente campaña de desinformación en las redes sociales y bla bla bla bla bla bla bla bla…

Según el tribunal, hubo una campaña en las redes sociales “que involucró a alrededor de 25.000 cuentas de TikTok coordinadas a través de un canal de Telegram, influencers pagados y mensajes coordinados”.

A esos jueces alguien debe explicarles lo más básico: para ganar unas elecciones hay que hacer campañas de propaganda, difundir consignas y publicidad, cuanta más mejor.

Después de que las elecciones quedaran anuladas, la policía ha lanzado una campaña represiva para demostrar que las elecciones no fueron limpias. Ha interrogado 20 personas y ha registrado 18 locales, apoderándose de lo más típico en cualquier crimen de esta naturaleza: ordenadores, discos duros, documentos, carteles…

¿Por qué Rumanía es tan importante para los intereses estadounidenses que amenazaría con suspender la cooperación y las inversiones en materia de seguridad en caso de un cambio político?

Rumania es un antiguo miembro del Pacto de Varsovia que ahora forma parte del flanco oriental de la OTAN y está a la vanguardia de los esfuerzos del bloque para amenazar a Rusia. La costa rumana del Mar Negro proporciona una ruta conveniente para el envío de armas a Ucrania a través del pueerto de Odesa.

La infraestructura militar de la OTAN en Rumania sirve como trampolín para lanzar drones (como el MQ-9 Reaper, por ejemplo) para espiar desde el aire los movimientos de Rusia en el Mar Negro y coordinar los ataques ucranianos contra Crimea.

Su condición de país ribereño del Mar Negro ayuda a la OTAN a justificar su presencia naval en esta parte del mundo.

La frontera entre Rumania y Moldavia permite a la OTAN amenazar Transnistria, un enclave moldavo separatista encajado entre Moldavia y Ucrania, donde está estacionado un contingente de fuerzas de paz rusas.

La base aérea Mihail Kogalniceanu, ubicada cerca de Constanta, se está ampliando y se espera que se convierta en la base militar de la OTAN más grande en Europa. Esta expansión amenaza con convertir a Rumania en una especie de portaaviones a las puertas de Rusia.

La base militar de Deveselu, cerca de Caracal, alberga el sistema de defensa antimisiles balísticos Aegis Ashore de Estados Unidos, cuyos lanzadores Mk 41 pueden utilizarse para lanzar misiles (como los misiles de crucero Tomahawk) contra Rusia.

La lección de Siria: en la guerra rige la ley del más fuerte

Las grandes tragedias que se abaten catastróficamente sobre los pueblos tienen una dolorosa virtud: mostrar descarnadamente la realidad de todos los actores.

Ahora el pueblo sirio está viviendo el duro hachazo perpetrado por el imperialismo sionista utilizando a supuestos yihadistas, en realidad bandas de mercenarios de diferente pelaje. Actúan a sus órdenes, por procuración, en Chechenia, el Sahel, Iraq, Libia, también en Ucrania; y culminan ahora en Siria el trabajo sucio iniciado en 2011.

Invasiones y golpes de Estado en la ‘guerra contra el terrorismo’

Siria es el último episodio de una estrategia iniciada el 11 de septiembre de 2001, con el espectacular auto-atentado – hoy se puede calificar así con todo rigor – de las Torres Gemelas en Nueva York, y del Pentágono, con el que se iniciaba la “guerra contra el terrorismo”. Pero como el “terrorismo” estaba por todas partes y, de hecho, aparecía oportunamente en París, Bruselas, Madrid o Barcelona, se pusieron en marcha en los países de la OTAN y sus satélites Estrategias de Seguridad Nacional dirigidas fundamentalmente contra “enemigos internos”, junto a un considerable endurecimiento de la legislación represiva “antiterrorista”.

En el exterior, la diana estaba puesta claramente en países árabes y musulmanes. El enemigo declarado era Al Qaeda, pero sorprendentemente organizaciones similares con diferentes nombres reaparecían en diferentes países, siempre atacando a gobiernos u organizaciones opuestas al imperialismo. El disfraz de yihadistas no cubría del todo las vergüenzas: su alianza con Israel y la ausencia de apoyo a la liberación de Palestina era incompatible con el ideario mínimo de cualquier organización árabe o musulmana.

La identificación de esos yihadistas con los intereses del imperialismo, no fue óbice para que organizaciones que se decían de izquierda los calificaran de “rebeldes” que “luchaban contra el gobierno opresor”. Y eso sucedió incluso cuando, como ocurrió en Libia en 2011, la OTAN acudía en su ayuda para aniquilar el país que concentraba las esperanzas de los pueblos de África de sacudirse el colonialismo y el imperialismo.

Los planes del imperialismo chocaron contra obstáculos imprevistos

El general Wesley Clark lo explicó con toda claridad en una intervención pública en 2007. El mismo 11S de 2001 recibió la orden: EE.UU debía invadir siete países (Iraq, Libia, Siria, Líbano, Somalia, Sudán e Irán) en cinco años. Cuando preguntó a sus jefes por qué se debía empezar por Iraq, si es que había alguna relación entre Sadam Husein y Al Qaeda, la respuesta fue que no, que se trataba del petróleo.

Esa estrategia funcionó en Iraq (2003) y en Libia (2011). Iraq estaba exhausto tras la guerra fratricida con Irán (alimentada por EE.UU) y después de 12 años de brutal embargo. En 2003, Rusia y China, si bien no participaron en la ocupación, cometieron la ignominia de votar a favor de la Resolución de la ONU que legalizaba la ocupación de Iraq.

En 2011, ante el ataque y destrucción de Libia por la OTAN, tanto Rusia como China – países con estrechas relaciones políticas y comerciales con el gobierno de Trípoli – se abstuvieron en la votación de la Resolución del Consejo de Seguridad que amparaba los bombardeos de la Alianza Atlántica, sin hacer uso de su derecho de veto.

Después llegó el turno de Siria y Rusia empezó a cambiar su posición. En 2015 vetó las Resoluciones que culpabilizaban falsamente al gobierno sirio de diferentes hechos (uso de armas químicas, etc.) y que pretendían justificar una intervención militar abierta. Hacía años ya que había presencia encubierta de tropas de EE.UU, Francia y Gran Bretaña, que ocupaban zonas petrolíferas y actuaban de consuno con el Daesh. También Israel tenía instalados hospitales en la frontera donde se atendía a los heridos yihadistas.

A partir de septiembre de 2015, Rusia, a petición del gobierno sirio, interviene militarmente contra los invasores. Para dar una idea de la envergadura de la ayuda militar, según el gobierno ruso, se enviaron alrededor de 63.000 militares a Siria, la Fuerza Aérea rusa realizó más de 39.000 incursiones, en las que abatieron a más de 86.000 insurgentes y destruyeron 121.466 objetivos terroristas. Se instaló en la provincia de Latakia una segunda base militar rusa; la de Tartus procedía de la época de la URSS.

Otros hechos militares y políticos iban a marcar profundamente el futuro. Sobre la base de las victorias militares de 2.000 y 2.006 de Hezbollah sobre Israel, las primeras de un grupo armado árabe sobre la entidad sionista, y la estrecha colaboración entre el general iraní Qasem Suleimani y Hasan Nasrallah se crea el Eje de la Resistencia. Se configura como un movimiento estrictamente político, anti sionista y antiimperialista – por encima de diferencias religiosas, étnicas o nacionales –, que reconoce su centro motor en la liberación de Palestina. Además de su definición política y de la unidad que sobre ella ha sido capaz de forjar, el componente fundamental es la fe en la Victoria y la constatación de que la lucha armada es la única opción.

Este movimiento, del que formaba parte Siria junto a la Resistencia palestina, la libanesa, de Yemen, Irán e Iraq, se convirtió en el catalizador de la lucha contra el sio- imperialismo en toda la región, especialmente a partir del 7 de octubre de 2023.

No incluimos en este análisis el otro gran elemento que surge en estos años, la creación de los BRICS, porque CNC no comparte las valoraciones de ciertos analistas políticos y organizaciones de izquierda que parecen depositar en esta alianza que, hoy por hoy, no pasa de ser una asociación económica, las esperanzas de salvación de la humanidad. El pueblo palestino, el libanés y ahora el sirio, han podido comprobar que ni el genocidio más brutal ha suscitado en los BRICS, siquiera la decisión de ruptura de relaciones con los perpetradores; tampoco ante la invasión de Siria por las fuerzas más salvajes y retrógradas apoyadas por EE.UU, Israel y Turquía, se ha convocado al Consejo de Seguridad de la ONU.

Las contradicciones internas y la infiltración del enemigo

Desde la caída de la URSS, cualquier vestigio de respeto a los principios del derecho internacional o a los tratados, ha desaparecido. Es evidente que el único límite al orden internacional “basado en reglas”, las reglas del imperialismo, es la fuerza o la amenaza de usarla. Pero hay elementos importantes que hacen que fuerzas muy inferiores desde el punto de vista militar derroten a ejércitos poderosos. La larga historia de las revoluciones populares, de las guerras de liberación o la derrota de la Alemania nazi por la URSS y la resistencias antifascistas de los diferentes países europeos, lo acreditan. Y es que la maquinaria de guerra, que es capaz de destruir masivamente desde lejos, puede desmoronarse frente al valor y la determinación de quienes han decidido, junto a su liderazgo, que la muerte vale la pena cuando se lucha por la dignidad y la justicia.

Es la falta de este último elemento en el que confluyen la formación técnica militar, la conciencia política y el coraje, lo que parece haber influido decisivamente, junto a la traición de los jefes militares, en el desmoronamiento y la rápida retirada de las fuerzas regulares sirias. Las batallas de años anteriores fueron libradas fundamentalmente por Hezbollah – que perdió allí centenares de combatientes y jefes militares – y Rusia, sin que el ejército sirio aprovechara la inapreciable lección práctica que proporciona la guerra misma. Es más, la propuesta de Rusia de suministrar equipos y ayudar a reformar el ejército fue rechazada y los jefes militares sirios que lucharon junto a Hezbollah y Rusia fueron destituidos. Los que les sucedieron han huido ahora con sus soldados.

Hay otro asunto muy espinoso, que tiene dos vertientes que son determinantes en toda guerra y para cualquier organización revolucionaria: la capacidad de penetrar y de obtener información de los planes del enemigo, y tanto o más importante, detectar y eliminar a los traidores dentro de las propias filas.

Dos ejemplos contrapuestos se han dado dentro del Eje de la Resistencia en los últimos tiempos. El primero lo dirigió el líder de Hamás, Yahya Sinwar. La obtención de información acerca de los espías infiltrados en sus filas y su eliminación permitió sorprender al enemigo el 7 de octubre y construir sólidamente la Resistencia. El propio Sinwar murió en combate, no en un atentado.

Por el contrario, problemas graves de seguridad parecen estar detrás de los asesinatos de dirigentes tanto en Líbano como en Irán. De su solución depende en buena medida su capacidad de enfrentar una guerra, aun más larga y dura.

El balance previsible de la caída de Siria para el Eje de la Resistencia y para Rusia

Más vale que quienes confían en la democracia burguesa y en el derecho internacional vayan aterrizando. No hay otra ley que la del más fuerte, y la impunidad de Israel y de los gobiernos de EE.UU y la UE que le apoyan, es total. Catorce meses de matanza masiva y deliberada de la población civil palestina, la inmensa mayoría mujeres y niños, lo atestiguan. Las sentencias de los tribunales internacionales son papel mojado porque los gobiernos no las cumplen.

Unidades del ejército de EE.UU que, vulnerando la legalidad internacional han estado ocupando desde hace más de una década instalaciones petrolíferas sirias y robando su petróleo, han apoyado ahora con su fuerza aérea a los yihadistas – a quienes cínicamente considera terroristas – y bombardeado al ejército sirio.

Por su parte, Israel, tres horas después de que los yihadistas entraran en Damasco, empezó a bombardear en Siria instalaciones científicas – impedir el desarrollo científico de los árabes es una obsesión del sionismo –, bases aéreas, edificios de inteligencia y aduanas. Así mismo, tanques israelíes han ocupado la zona desmilitarizada de los altos del Golán.

A la espera de que el Eje de la Resistencia analice la nueva situación y se reorganice, lo que es evidente es que el sio-imperialismo ha comprobado que puede actuar con toda impunidad y que su cerco a Irán es cuestión de tiempo.

Rusia, por su parte, ha recibido un duro golpe en Siria y hasta sus bases en el Mediterráneo están en peligro. Una vez más, después de las promesas de la OTAN de que no se expandiría hacia el Este, después del fiasco deliberado de los Acuerdos de Minsk de 2014 sobre Ucrania o después de la descomunal tomadura de pelo de la reunión de hace menos de un mes en Astaná en la que, junto a Irán y Turquía, era país garante de la estabilidad de Siria, Rusia ha podido comprobar que los acuerdos internacionales sólo sirven para ganar tiempo hasta la próxima puñalada.

El mayor riesgo de Rusia es que en Ucrania, como en Siria, deje al enemigo con capacidad de recuperarse y atacar de nuevo con más fuerza. El peligro que acecha al gobierno de Rusia es que prevalezcan los intereses oligárquicos de quienes quieren conseguir un acuerdo de paz a cualquier precio, para volver a los negocios con occidente cuanto antes. Y no hay vuelta al pasado porque el objetivo del imperialismo occidental es acabar con Rusia como potencia y como país, cueste lo que cueste; incluso a costa de acabar con todo rastro de credibilidad democrática como muestran la desestabilización de Georgia, de Moldavia, de Abjasia o de Rumanía.

Un paso más hacia la guerra a gran escala

La caída de Siria hoy por hoy representa un importante paso hacia el control de Oriente próximo por el sio-imperialismo y un debilitamiento del Eje de la Resistencia y Rusia. De ambos a la vez y más vale que Rusia entienda cuanto antes que sus destinos están unidos. Igual que lo debemos entender nosotros, haciendo de la solidaridad con el Eje de la Resistencia un baluarte concreto del Internacionalismo.

También significa que el imperialismo anglosajón se siente más fuerte y más proclive a llevar a cabo sus planes de guerra a gran escala contra Rusia y China en suelo europeo y, como venimos alertando, con la juventud obrera como carne de cañón.

La amenaza no es inminente pero los preparativos avanzan, por ahora, de forma inexorable. La destrucción económica de Europa, la militarización social y la economía de guerra, corren en la misma dirección.

Sus planes son bien claros y frente a ellos, no caben lamentos de que viene la guerra o propuestas pacifistas que chocan con la dura realidad. La única actitud coherente es denunciar todas esas políticas como una agudización de la lucha de clases en la crisis del capitalismo, cuya máxima expresión es la guerra, y preparar a la clase obrera para enfrentarla.

‘La madre de todas las mentiras’

Junio de 1981 es un mes marcado en negro en el calendario marroquí. Un levantamiento popular ocurrido en Casablanca, conocido como la Revuelta del Pan, fue brutalmente aplastado por el ejército enviado por el rey Hassan II, el padre del actual monarca, a los barrios más pobres, donde la multitud se manifestaba contra el hambre y la carestía.

Los soldados asesinaron a unos mil hombres, mujeres y niños. El ejército se llevó los cadáveres de las calles para enterrarlos en secreto. Prohibieron fotografiar a los muertos.

Décadas después los marroquíes luchan por conocer la verdad. Con el cambio de siglo se creó la típica comisión de investigación “ad hoc” para encubrir los sucesos, para ocultar la brutalidad y la represión llevadas a cabo por el Estado marroquí: miles de detenciones arbitrarias, desapariciones, juicios farsa, torturas, violaciones y represalias.

La cineasta Asmae El Moudir ha rodado una magnífica película: “La madre de todas las mentiras”. Cuando el capitalismo silencia o engaña, los pueblos buscan su propia identidad y su memoria por todos los caminos posibles, incluido el arte y la cultura.

Moudir nació nueve años después de la matanza, pero llegó a considerarla como parte de sí misma, de su vida familiar y de su biografía. La realizadora siempre se preguntó por qué no tenía fotos de su familia; ni siquiera podía verse a sí misma cuando era niña. En 2016, cuando ayudó a su familia en una mudanza, descubrió que se erigían tumbas sobre los restos cerca de su casa. La zona había sido una vez un campo de fútbol donde su padre jugaba como portero. Presionó a su familia para obtener más información y se encontró con la ira, especialmente de su abuela, Zahra, por curiosear demasiado. Moudir descubrió que los restos eran de jóvenes manifestantes y que se estaban erigiendo monumentos musulmanes para honrar a los muertos.

La familia hizo todo lo posible para mantener a raya la curiosidad de la cineasta. Pero, con el tiempo Moudir trabaja con su padre, un hábil albañil, para reconstruir en miniatura el vecindario tal como era durante su infancia, incluida la casa en la que ella creció, con pequeñas figuras humanas. Al mismo tiempo, reúne a su madre y su padre, su abuela y dos vecinos, en un esfuerzo por llegar a la verdad sobre un pasado reprimido u oscurecido. En el espacio se desarrollan diversas conversaciones y pequeños dramas, intercalados con material sobre hechos históricos.

Al narrar la película, la realizadora dice que el modelo de barrio es “un lugar donde se pueden revelar secretos” y expresa su fastidio hacia su abuela, una anciana a la que acusa de “controlar a todos”. El día de los disturbios hizo todo lo posible para mantener a su familia dentro de casa para evitar que sufrieran daños.

La anciana pasó “años espiando a la gente”; fue una “dictadora que oprimió a todos”. Muy a menudo, el espectador la verá apuntando a la cámara con su bastón. Les ladra a otros miembros de la familia y en un momento dado llama “perra” a su nieta. Preguntada sobre el día de las masacres de 1981, la anciana exclama: “No vi nada. ¡Nada en absoluto! No vi nada. Ahora vete”.

Su nieta considera a la abuela como la verdadera directora del documental. Descubre en ella ciertos aspectos represivos de su abuela, en particular su hostilidad a ser fotografiada y a las imágenes en general. No le gustan las fotos, prefiere los recuerdos. El motivo es su sufrimiento personal así como en su miedo a la represión porque son muchos los que ignoran que el miedo puede durar siglos.

La realizadora recuerda muy bien una foto suya cuando era niña, “la única que tuve. Una foto que me dio mi madre para tranquilizarme, pero fue en vano. Estaba convencida de que no era yo la de esa foto y que mi madre me había mentido”.

“La madre de todas las mentiras” tardó diez años en realizarse y se proyectó el 22 de enero en el Festival de Cine de Sundance. Es una mezcla de recuerdos agradables y otros mucho más oscuros, una metáfora del mundo en el que vivimos aún hoy, donde las batallas políticas nunca se construyen sobre aquello de lo que nadie habla, de los silencios y los ocultamientos que, la mayor parte de las veces, versan sobre la represión política.

Activistas de la PAH plantan al tribunal que les juzgará por una protesta contra Caixabank

El 26 de marzo de 2021, ocho activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Guadalajara fueron procesadas por el Juzgado de Instrucción nº1 de la ciudad, a petición del Grupo Caixabank y la Fiscalía. Se les solicitó penas de 3 años y 9 meses de prisión y 11 meses respectivamente, debido a su participación en una protesta llevada a cabo en el interior de una sucursal bancaria en Cabanillas del Campo el 5 de diciembre de 2017. Las activistas exigían la paralización del desahucio de una familia, un compromiso que el banco había asumido tras meses de negociaciones para encontrar una solución habitacional.

La protesta terminó con el desalojo y la detención de 8 personas, que fueron trasladadas a dependencias de la Guardia Civil, por orden del entonces subdelegado del gobierno Juan Pablo Sánchez-Seco. La concentración de más de un centenar de personas esa misma tarde a las puertas del cuartel donde estaban detenidas las 8 supuso su liberación inmediata, pero hoy enfrentan severas penas por ejercer un derecho fundamental, en un contexto de persecución sistemática contra activistas que defienden el derecho a la vivienda.

Las #8deCaixabank no es un caso aislado

La Plataforma Antirrepresiva de Guadalajara ha difundido un manifiesto que enmarca este proceso judicial en una tendencia más amplia de criminalización de la protesta social en España, siendo que en la propia Guadalajara el movimiento en defensa del derecho a la vivienda ha tenido que enfrentar multas y otros procesos penales por sus acciones y movilizaciones. «La intención es tratar a quienes reivindican derechos básicos como delincuentes, y a la organización de estas acciones como un grupo criminal, como les ha pasado a las activistas ambientales de Futuro Vegetal«.

Desde la Plataforma señalan como un caso particularmente grave y que inevitablemente va a tener incidencia en el caso de Guadalajara, el conocido como el de «Las 6 de la Suiza». El 19 de junio de 2024, el Tribunal Supremo ratificó una condena de tres años y medio de prisión y una multa de 125.000 € a seis sindicalistas de la CNT por organizar protestas frente a la pastelería “La Suiza” en Gijón, lo que evidencia un patrón de criminalización de la disidencia y, al tener esa sentencia una función casacional, sienta una doctrina de aplicación por los tribunales inferiores.

Un juicio político y sin pruebas

La Fiscalía General del Estado, en sus memorias anuales, ha declarado reiteradamente que los movimientos sociales y políticos que se desvíen de los márgenes permitidos deben ser vigilados y perseguidos, bajo etiquetas como «terrorismo» o «delito de odio». Esto refleja un intento de aleccionar al público sobre las consecuencias de desbordar los límites establecidos. Los procesos judiciales que enfrentan los activistas no solo buscan determinar culpabilidad o inocencia, sino que tienen como objetivo establecer límites a los derechos fundamentales, como se evidencia en el caso de las #8deCaixabank.

A pesar de las pruebas insuficientes presentadas por la Fiscalía y Caixabank, que en condiciones normales deberían haber llevado al archivo del caso, las activistas se enfrentan a un juicio cuya sentencia creen que ya está firmada. El verdadero «delito» que se les imputa es el de protestar, específicamente por el derecho a la vivienda, un derecho que entidades como Caixabank han vulnerado sistemáticamente.

Objeción de conciencia

Desde la Plataforma se hace un llamado urgente a los movimientos sociales y sindicales para que comprendan que, al activar un proceso judicial contra quienes participan en protestas, se enfrentan a un sistema que manipula las reglas a su favor. «Es un error alimentar la esperanza de que los tribunales actuarán con magnanimidad, ya que la historia demuestra que las libertades políticas solo se conquistan fuera de las salas de audiencias«.

Por ello, el grupo de personas imputadas ha decidido no acudir al juicio fijado para el 10 y 12 de febrero de 2025, en un esfuerzo por rechazar la legitimidad de estos juicios políticos y reafirmar que la desobediencia civil no es un delito, y han iniciado una convocatoria estatal para que organizaciones y colectivos en situación similar se sumen a esta campaña de insumisión y de objeción de conciencia frente a este tipo de procesos judiciales.

La consigna es clara: No a los juicios políticos. Sin libertad de expresión, no hay democracia

El gobierno de Siria resistió 13 años y cayó en 13 días

La Siria que una vez conocimos, ya no existe. Lo que está en juego es su subsistencia como Estado. En su forma actual, el país fundado en 1946, podría desaparecer completamente del mapa de Oriente Medio.

Lo que hay que explicar no son sólo los motivos de la caída del gobierno de Bashar Al Assad, sino también la rapidez con la que se ha producido. No tiene sentido que una guerra que se prolongó durante 13 años termine con una ofensiva de apenas 13 días.

El detonante principal ha sido que la dirección política de Siria estaba dividida, de lo que se desprende una labor de zapa de los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel, que comprende la traición de una parte de la cúpula y, desde luego, de ciertas unidades del ejército.

Esa división interna paralizó la capacidad de resistencia, lo que explica la rapidez con la que se han desenvuelto los acontecimientos.

El gobierno sirio también bajó la guardia como consecuencia de los cantos de sirena que recibió por parte de la Liga Árabe y, especialmente, de los padrinos saudíes. Desde 2021 Bashar Al Assad fue invitado y recibido en los países árabes con toda clase de ceremoniales.

Los países del Golfo le prometieron que los terroristas iban a permanecer en Idlib, así como una ayuda económica a fondo perdido. Las garantías fueron confirmadas por las potencias occidentales, pero las promesas nada tenían que ver con la realidad: las sanciones de Europa y Estados Unidos siguieron repercutiendo en la sociedad siria.

Mientras los terroristas se fortalecían en Idlib, el ejército sirio también quedó anestesiado por los Acuerdos de Astaná entre Rusia, Irán y Turquía, comprometidos a contener a los yihadistas en Idlib.

Antes del inicio de la guerra en Líbano, Irán advirtió repetidamente a los sirios del fortalecimiento de los terroristas en Idlib. “Teníamos información de que HTS iba a atacar Alepo desde Idlib. Toda la información se transmitió al gobierno sirio. Lo que nos sorprendió fue la incapacidad de las fuerzas sirias para enfrentarse al HTS, la reacción del ejército y la inesperada rapidez de los acontecimientos. El propio Bashar Al Assad se vio sorprendido por su ejército”, ha dicho hoy el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi.

El martes de la semana pasada Araqchi dijo que estaban dispuestos a enviar de tropas a Siria para luchar contra los terroristas, si así lo solicitaba el gobierno sirio. El ofrecimiento cayó en saco roto porque el gobierno de Damasco confiaba en las promesas de los países árabes y de Occidente.

Este proceso continuó hasta las últimas horas de la caída de Assad. La presencia de funcionarios iraníes al más alto nivel para negociar con él demostró la seria determinación de Irán de fortalecer a Damasco. Pero Assad cometió un error estratégico al confiar en promesas de otros países árabes y de Occidente.

Hasta el último minuto, Irán intentó convencer a Assad de la gravedad de la situación, que se dio cuenta demasiado tarde de que las promesas de La Liga Árabe y las potencias occidentales eran falsas.

“Sabíamos que era un plan de los Estados Unidos y el régimen sionista, pero en el terreno y en la inteligencia, nuestros amigos estaban completamente al tanto de los movimientos en Idlib, y toda la información se transmitió al gobierno sirio”, ha añadido Araqchi. “Creo que el ejército sirio había sido capturado por la guerra sicológica”.

En los últimos años el ejército sirio fue desmantelado progresivamente, perdiendo su capacidad de combate, lo cual sólo en parte se explica la labor de zapa de los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel.

En 2018 Rusia le propuso al gobierno sirio reformar el ejército, ofreciéndose a suministrar nuevos equipos a crédito. Los sirios rechazaron la propuesta.

Las bajas en filas se contaron por cientos de miles, al menos 230.000. Actualmente el ejército árabe sirio tenía un componente de cerca 300.000 efectivos. Todos los comandantes sirios de combate que lucharon con el ejército ruso desde 2015 fueron destituidos de los puestos de mando del ejército regular. Las unidades entrenadas fueron disueltas. Durante el año pasado se nombraron nuevos comandantes en todas las divisiones y brigadas en las zonas de Alepo, Idlib y Hama. Todos ellos desertaron con sus soldados.

Por el contrario, después de años de adiestramiento en Idlib, los yihadistas sirios, muchos de ellos mercenarios extranjeros, estaban excepcionalmente bien armados y equipados. Contaban con drones, artillería, comunicaciones Starlink, mando profesional e incluso equipos de visión nocturna.

Organizar el proletariado, defender su salud

Las revoluciones políticas, de ordinario frecuentes, suelen surgir de improviso, y su influjo no perdura. Son fuegos fatuos, y de ellas, sólo excepcionalmente, los pueblos obtienen beneficios positivos. Por regla general, no responden a las esperanzas que en ellas pusieron los que para promoverlas realizaron proezas y llegaron a sacrificar sus propias vidas. Las revoluciones que pueden llamarse sociales son contadas y se produjeron después de largos lapsos de tiempo y cada uno de ellos ha señalado un período histórico
(Santiago Valentí. Las sectas y las sociedades secretas a través de la historia. 1912)

“Una célula es una complicadísima maquinaria que lleva en su interior un programa y los mecanismos necesarios para ejecutar sus instrucciones: transformación de energía, redes de información y regulación, generación de estructuras internas y externas, protección contra sustancias extrañas… Pero esta máquina, además de funcionar de manera autónoma, tiene una peculiar capacidad: sus instrucciones permiten su propia reproducción”
(Máximo Sandín. Lamarck y los mensajeros. 1995)

Durante años, siglos, el proletariado ha podido subsistir a pesar de la permanente explotación, gracias a su capacidad de organización.

Organización, de la cual el núcleo primario ha sido la familia tradicional, con todas sus deficiencias y las prácticas autoritarias del “jefe de familia”, pero a pesar de todo, ha sido un reducto en el cual, si bien ha existido y existe todavía un orden jerárquico que se denomina patriarcado, ha estado también el lugar en el cual, con la colaboración de todos sus miembros se han superado momentos extremadamente difíciles derivados de los continuos cambios organizados por el capital, con sus consecuencias de pobreza, precariedad, y el hambre en muchas ocasiones. Ha sido la célula básica para la supervivencia y reproducción.

Del mismo modo, la tarea organizativa basada en una estructura celular, dentro de las formaciones revolucionarias ha sido el elemento fundamental tanto para el mantenimiento de éstas, como para multiplicar su influencia en el seno de la sociedad y como reproductoras de militantes. Ha jugado un papel clave en la formación de la conciencia de clase entre el proletariado, en su organización como clase social y el mantenimiento de ésta de forma sostenida.

Hace falta una pregunta: ¿Organización comunista, para qué? ¿Para mejorar las condiciones de venta de la fuerza de trabajo? ¿Para construir una nueva sociedad?

Si es para mejorar las condiciones mercantiles de la venta de la fuerza de trabajo tal vez no hace falta un tipo de organización de este tipo, basta con aceptar la democracia representativa y los mecanismos derivados de ella: sistemas electorales, peso específico de los representantes (diputados, concejales, etc.), organizaciones sindicales, y otras autorizadas con el objetivo de realizar alguna que otra mejora dentro de los límites establecidos que tienen su punto y final en la sacralidad de la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción.

Si es para construir una nueva sociedad la cosa ya es más complicada, pues el objetivo debe ser organizar personas y con ellas su compromiso firme de transformación social. Esta apuesta comporta una serie de mecanismos de funcionamiento, los cuales suponen un ejercicio de responsabilidad personal y colectiva enmarcada en una trayectoria coherente con el objetivo final. Este acto de responsabilidad supone la aceptación de querer formar parte de una clase social capaz de realizar esta transformación en todos los ámbitos de la vida.

Una de las fuerzas principales, tal vez la más poderosa, que ha hecho triunfar las revoluciones, no ha sido la material, pues en este plano toda revolución es más débil que el Estado. La principal fuerza de una revolución ha sido su fuerza moral, la perspectiva de conseguir un bien común para la mayoría de la sociedad y la impresión que ha causado en millones de personas por su atractivo liberador. Y esta fuerza depende de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Sin esta fuerza moral nunca hubiera sido posible ninguna revolución.

La experiencia histórica colectiva acumulada, ha tenido sus momentos de fortaleza cuando ha sido basada en la célula, ya sea ésta legal, semilegal o clandestina. Una unidad básica inserta en medio de un colectivo ya sea en un centro de trabajo, de estudio, militar, cultural, asociativo, vecinal…

Lo cierto es que la fragmentación de los centros productivos ha comportado una serie de problemas, agraviados por las modificaciones de las condiciones de trabajo, las movilidades funcionales y geográficas, las jornadas continuadas con descansos personalizados, los trabajos a tiempo parcial, fijos discontinuos, temporales, a domicilio, de subcontratos, etc. Todo ello tiene que hacer replantear la estructura celular basada casi exclusivamente en los grandes centros industriales.

La producción industrial y manufacturera se ha alejado de las sociedades ricas de los centros imperialistas, y nuestro país está dentro de estos centros, y como resultado la estructura organizativa que puede ser viable en otras sociedades de la periferia no puede ser aplicada a la nuestra. Asimismo pasa con la proletarización del la agricultura que aquí tiene unas características totalmente diferentes de las que puede tener Asia, África o América Latina.

Así la constitución de una célula comunista no puede ser una elaboración teórica inmutable en el tiempo y el espacio, sino una estructura dinámica y dialéctica que debe tener en cuenta las dificultades objetivas en que se puede encontrar derivadas de las condiciones concretas en que viven y trabajan las personas integrantes de la misma. Debe tener presente la formación política e ideológica de las personas que la integran, pues puede ocurrir que experiencias en otros tipos de organizaciones (sindicatos, asociaciones, etc.) haga que, inconscientemente, transmitan valores que corresponden a la clase antagónica.

Si se llega a la conclusión de la necesidad de organizar una célula comunista se tendrían que tener en cuenta unas cuestiones: La identificación de sus componentes en un proyecto determinado y siempre en correspondencia con un hito final, la construcción de un nuevo tipo de sociedad y de relaciones, donde la ética del ser –individual y colectiva- supere la ética del tener. Y, la exigencia de tener criterio propio como condición de militante.

Estos criterios deben presidir las tareas dentro del llamado movimiento obrero, entendido éste como el conglomerado diverso antes referido. La clase no nace, la clase se hace y la tarea de los comunistas es precisamente la de organizar a los proletarios como clase social para encabezar una revolución social que tenga en su horizonte algo más que mejoras materiales.

Como expresa Santiago Valentí: “A poco que se analice la evolución de las sociedades, se comprenderá porqué las revoluciones políticas se han repetido en un mismo pueblo durante una centuria, y porqué, en cambio, han transcurrido algunos siglos sin registrarse una sola revolución social. La razón es obvia; las primeras son obra de un partido o cuando más de una coalición de elementos políticos, unidos por un objetivo común, que consiste en derribar los poderes constituidos; en cambio, las revoluciones sociales revisten tal complejidad, suponen tal cúmulo de factores y de fuerzas en tensión, alcanzan tales proporciones, que su influjo trasciende más allá del territorio donde tuvieron lugar, y son no sólo una enseñanza para todo un país y toda una época, sino también un ejemplo para la humanidad entera”.

En el momento actual, la base sólida para recuperar y rehacer un movimiento revolucionario debería tener como eje de actuación inmediato, la organización celular de los militantes comunistas. Una célula comunista debe ser antagónica con una “ludoteca política”, tan de moda por parte de las llamadas izquierdas.

La lección que podemos sacar de todo esto, es que por un lado la organización es una herramienta para el mantenimiento, fortalecimiento y reproducción de los comunistas. Pero si el partido tiene como objetivo la organización para su propio mantenimiento, sin la vista puesta en los objetivos a largo plazo, aparece la instrumentalización y la carencia de canales para la elaboración y decisión en la toma de decisiones por parte de los militantes, el resultado no es otro que su autodestrucción.

¿Qué organización ante la fábrica sin humo llamada ‘sector servicios’?

Mientras las empresas estaban ubicadas en el medio urbano existía una simbiosis entre lo que sucedía en la empresa y lo que sucedía en el lugar de residencia. Cualquier problema en el tejido social repercutía dentro de los centros de trabajo y a la inversa. Este contexto perduró hasta los años 70 del siglo XX. A partir de entonces se realizó una gran operación de reestructuración del capital: se inventaron los “peligros” que representaban las industrias en los centros poblacionales, y a partir de este panorama se trasladaron a los polígonos industriales. En esta magna operación, unas empresas aprovecharon para cerrar, otras consiguieron la recalificación de sus terrenos al pasar de zona industrial a zona urbana edificable, multiplicando por mil el precio del metro cuadrado de terreno. Al mismo tiempo una concesión a los campesinos que disponían de tierra alrededor de las ciudades, los cuales vieron multiplicado el precio de sus terrenos al pasar de la calificación de rural a industrial. Los únicos perdedores de esta operación fueron los trabajadores, unos despedidos, otros obligados a la compra de vehículo para llegar a su puesto de trabajo, otros buscando una vivienda algo más cerca de los polígonos. Paralelamente se desestructuraron los barrios tradicionales obreros, ya sea por los cambios de residencia, ya sea por la llegada de nuevas gentes, inmigrantes sobre todo, que no tenían ninguna vinculación ni de amistad, ni cultural con los autóctonos que quedaban.

Bares, restaurantes, tiendas para todo tipo de baratijas, oficinas, empresas de limpieza, comercios outlet, peluquerías, manicuras, agencias de viajes, bricolajes, etc., conformaron una red difusa en la cual se mueve un proletariado desorientado, sin vinculación estrecha con el vecindario y con apenas vinculación con los cientos de pequeños talleres o empresas ubicadas en los polígonos industriales.

Fue el inicio del auge del llamado sector servicios, término abstracto en el cual se integran tanto el director de un banco como una mujer de la limpieza, cajera de supermercado o los repartidores a domicilio. En 2023 el sector servicios representó más del 68 por cien del PIB español.

Considerando la distribución de las empresas españolas por sectores de producción (excluida la agricultura y la pesca), el 82,8 por cien ejerce su actividad en el sector servicios (incluyendo el 20,2 por cien en comercio), el 11,8 por cien son empresas del sector construcción y el 5,5 por cien del sector industrial.

Estos grandes cambios han afectado la salud del proletariado. De hecho, la salud no es un concepto unívoco sino una construcción sociocultural relativa en cada momento histórico. Con independencia de la época en que se generaron, en la actualidad estas concepciones conviven contradictoriamente, orientando toda la gama de prácticas sociales y sanitarias.

La salud del proletariado

En 1996 Robert G. Evans, Morris L. Barer y Theorore R. Marmor, con el título de “¿Por qué alguna gente está sana y otra no? Los determinantes de la salud de las poblaciones”, estudian la salud basada en el concepto de grupos sociales. Inician su libro respondiendo la pregunta de su título de la siguiente forma: “La gente que ocupa las posiciones sociales más altas vive más tiempo. Mientras tanto, además, disfruta de mejor salud”. En efecto, un importante número de estudios, en muchos países, ha mostrado la existencia de correlación entre la esperanza de vida y la frecuencia de otros indicadores de salud con indicadores de estatus social, como por ejemplo ingresos económicos, nivel educativo, ocupación, lugar de residencia, etc.

Pero en las reivindicaciones en materia de salud, las consignas han sido y son, de “más”. Más médicos, más enfermeros, más ambulatorios, más camas hospitalarias, más medicamentos, más, más, más… de lo mismo. En una concepción generalizada de que todos estamos enfermos y exigimos paliativos a nuestro estado.

Nadie habla de salud dentro del movimiento obrero organizado o del proletariado en general, solamente de enfermedad, aunque si alguien se atreve a preguntar a un facultativo la causa de la misma o su origen, la respuesta en la inmensa mayoría de los casos es de “etiología desconocida”, pues indagar el origen de la enfermedad del proletariado conlleva a poner en tela de juicio la totalidad del sistema capitalista.

Cierto es que existen voces, colectivas algunas de ellas, que denuncian el entramado de la llamada Big Pharma, otros colectivos denuncian las contaminaciones industriales y alimentarias, otros la corrupción de la OMS, y así tanto a nivel de nuestro país como a nivel internacional, pero todos ellos haciendo caso omiso de una visión global y la relación de la salud con la lucha de clases.

Desde una perspectiva comunista, con una visión de totalidad, deberíamos intentar, al lado de la denuncia, una propuesta de salud proletaria, lo cual debe significar el paso de la concepción enfermiza a la concepción de salud con lo cual la reivindicación no deba ser de más de lo mismo sino de algo cualitativamente distinto.

Ello debe significar una reapropiación de la autoestima personal del proletariado, que del mismo modo en que se le ha despojado de los saberes técnicos ya desde la llamada “organización científica del trabajo” de Taylor, se le ha despojado de la capacidad de conocimiento del propio cuerpo y mente, dejando estos a manos de “profesionales” desde el nacimiento hasta la muerte, convirtiendo al proletariado en una máquina de crear plusvalor, y convirtiendo la sanidad en el instrumento de reparación de la máquina para que pueda continuar su funcionamiento.

El consumo de antidepresivos en España no deja de aumentar. En diez años se ha disparado un 50 por cien, según indica el último Informe Anual del Sistema Nacional de Salud. En el año 2022, la dosis diaria definida de este tipo de fármacos fue de 98,8 por cada 1.000 habitantes (DHD), un aumento del 48.48 por cien con respecto a 2012, cuando la dosis diaria fue de 66,2. De acuerdo con el informe, el 34 por cien de la población padece algún problema de salud mental.

Y en la infancia y adolescencia (menores de 25 años), los problemas de salud mental más frecuentemente registrados son los trastornos de ansiedad, seguidos de los trastornos específicos del aprendizaje, aumentando entre 2019 y 2022 un 29,5 por cien, y un 26,6 por cien respectivamente (1).

No hay que buscar mucho para encontrar el origen de estas cifras de desequilibrios mentales, pues tienen un nombre: violencia de clase.

Y para enfrentar esta violencia hay personas, las hay, esparcidas en centros de trabajo, de estudio, o de residencia sin ninguna vinculación entre ellas. Tarea de los comunistas en el movimiento obrero ha de ser vincularlas entre ellas, organizarlas, formarlas para convertir dicha masa amorfa en una clase social capaz de resistir los embates del Imperialismo S.A., y avanzar hacia una nueva sociedad.

¿Qué hacer?

Consumo fármacos opioides en Receta Oficial+Mutuas DHD (Dosis Diarias Definidas por 1.000 habitantes y día 2010-2019 en España

Elaborar una propuesta que englobe los llamados “accidentes de trabajo” con su secuela de muertes e invalideces, los cuales debemos calificarlos como “violencia de clase”, junto a las distintas enfermedades derivadas de los ritmos de trabajo, de las contrataciones precarias, etc., así como la drogadicción derivada del trabajo (ejemplo de la pandemia de fentanilo, tramadol y otros opiáceos ingeridos para no perder una jornada de trabajo).

El capital y sus secuaces ya no recetan paliativos solamente a personas con graves enfermedades terminales, sino que recetan drogas para no interrumpir el ciclo de recomposición del capital (desde simples analgésicos hasta potentes opioides) sin contar la inmensa ingesta de antidepresivos, ansiolíticos, etc.

Pero además de intoxicar al proletariado para continuar produciendo plusvalía, pretenden condicionar cualquier atisbo de rebeldía desde la más tierna infancia mediante la drogadicción de las criaturas proletarias bajo el pretexto del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad).

Debemos poner sobre la mesa la drogadicción de las criaturas así catalogadas y la responsabilidad de los funcionarios de la educación, de los padres y madres en la ingestión de metilfenidato y otras drogas.

Incremento del consumo de metilfenidato en niños y adolescentes (1992-2015)

Un elaborado informe publicado en el número 133 del volumen 38 de la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría titulado “Psicoestimulantes para el TDAH: análisis integral para una medicina basada en la prudencia”, en sus conclusiones establece que: “El TDAH se presenta como un fenómeno con prevalencia variable y consumo de fármacos creciente. La evolución de su constructo ha experimentado cambios sustanciales, permaneciendo desconocida su etiología. Los argumentos a favor de una hipótesis biológica son poco consistentes y, a falta de marcadores biológicos fiables, las escalas de síntomas no se correlacionan bien con la funcionalidad de los individuos. La terapia no farmacológica merece ser mejor investigada, destacando la terapia conductual por su potencial utilidad. Los medicamentos podrían aportar cierta eficacia en síntomas a corto plazo, sin garantía de mejora en variables relevantes a largo plazo. Crecen los tratamientos en población adulta y se reemplaza progresivamente el metilfenidato por la lisdexanfetamina. Destacan los efectos adversos cardiovasculares, psiquiátricos y endocrinos” (2).

En el libro “Niñ@s hiper”, el psicoanalista José Ramón Ubieto y el catedrático de Psicología Marino Pérez, denuncian que “los niños son movidos y poniendo una etiqueta de TDAH. En todo el movimiento infantil hemos hecho del TDAH una epidemia”.

En España más de 250.000 menores toman psicoestimulantes para combatir el TDAH, según los últimos estudios de prevalencia de ese trastorno en España del Instituto Nacional de Seguridad Social (datos del año 2019). La prescripción médica depende de los servicios de orientación y salud mental, quienes normalmente reciben un informe de la escuela en el que se describe un posible caso de TDAH.

Pero, tras la denuncia de ciertos profesionales, todo queda en un apartado de “irresponsabilidad profesional” sin establecer la ligazón con la situación estresante en la que se desarrolla la vida de los menores en los hogares proletarios, como consecuencia de la incapacidad e impotencia de los padres para enfrentarse al sistema, dada la desorganización y fragmentación y la inexistencia de una potente organización comunista que plantee un conjunto de medidas para restablecer la salud psico-física del proletariado.

Luchar por la salud del proletariado es también luchar por una cultura proletaria, alejada de la alienación del consumo superfluo, de los estándares implantados por el capital, cultura que debe englobar el conocimiento del propio cuerpo, de sus síntomas y signos, de saber a que responden, de hallar el responsable de los mismos y de combatirlo en una síntesis que englobe la lucha de clases por la realización de intereses inmediatos con los intereses fundamentales del proletariado.

Todo lo que hagamos en referencia a la salud del proletariado y su autoafirmación como sujetos de la historia, y no como simples objetos de la misma, será en ausencia de referentes actuales, por lo cual no debe preocuparnos si el camino es largo y cometemos errores. Pero es una tarea fundamental para los comunistas en el movimiento obrero, que va más allá de las consignas sindicalistas solamente centradas en el precio de la venta de la fuerza de trabajo.

(1) https://theobjective.com/sanidad/2024-08-06/consumo-antidepresivos-crece-ansiedad/
(2) https://dx.doi.org/10.4321/s0211-57352018000100016

Los ‘yihadistas moderados’ triunfan en Siria

Cuando en 2011 los imperialistas desataron la guerra contra Siria, Al Qaeda y el Califato Islámico eran una misma organización. El Frente Al Nosra se creó en enero de 2012 y Abu Bakr Al Baghdadi puso a Abu Mohammad Al Jolani al frente de la organización.

El verdadero nombre de Abu Muhammad Al Jolani es Ahmed Hussein Al Shara. Se lo cambió para denotar una supuesta procedencia de la región del Golán sirio (“Golani”), aunque nació en Riad en 1982, donde su padre trabajaba como ingeniero petrolero, y creció en los suburbios de Damasco.

Partió hacia Irak en 2003, unas semanas antes del inicio de la invasión estadounidense, y se unió a Al Qaeda. Fue detenido por la policía irakí y encarcelado en Camp Bucca, la prisión donde Baghdadi pasó varios meses encerrado.

Después de su liberación en 2008, regresó a Al Qaeda. En abril de 2013 se separaró cuando Baghdadi creó el Califato Islámico e intentó que Al Nosra se incorporara a sus filas, mientras Jolani quería mantener su propia autonomía dentro Siria.

Entonces Jolani anunció que Al Nosra era el verdadero representante de Al Qaeda. “Los hijos de Al Nusra juran lealtad al jeque Ayman Al Zawahiri”, dijo Jolani en un mensaje de vídeo en 2014, refiriéndose al entonces dirigente de Al Qaeda.

El objetivo inmediato de Al Nosra era derrocar al gobierno de Assad y establecer un régimen islámico en Siria bajo la sharia.

Desde su nacimiento, el Califato Islámico concentró los ataques de las potencias regionales, surgiendo el otro gran mito intoxicador de la Guerra de Siria: el de los “yihadistas moderados”.

Jolani supone mantener un perfil bajo y construyó su propio bastión en Idlib, donde se concentraron yihadistas de diferentes partes del país bajo la tutela de Turquía.

Uno de los grupos que se sumaron a Jolani fue el “Ejército Libre de Siria”, actualmente llamado “Ejército Nacional Sirio”, que había sido reclutado, financiado, organizado y entrenado por el gobierno de Ankara.

Con tantos componentes diferentes, la etiqueta “Al Nosra” acabó siendo una carga y comenzó otro baile de siglas. Primero fue Fateh Al Sham, que en 2017 se reconvirtió Hayat Tahrir Al Sham (HTS), declarando que había roto los vínculos con Al Qaeda.

Las nuevas siglas se convertían en políticamente correctas al declarar que no luchaban contra Occidente sino sólo contra el gobierno de Assad. “Nunca se permitirá que Siria sirva como plataforma de lanzamiento para ataques contra Occidente”, dijo en una entrevista de 2015.

“La solución es simple”, dijo en otra entrevista en febrero de 2021. “Tenemos que […] abordar las causas en lugar de los síntomas. La causa de este problema, de esta enorme catástrofe, es este régimen [el de Assad]. Una vez que él ya no esté allí, esa enorme catástrofe desaparecerá. Por lo tanto, el principal problema sería derrocar este régimen, ejercer presión para derrocarlo por cualquier medio posible”.

Los terroristas malos están en Gaza y los buenos en Damasco

Durante años Qatar financiació a Hamas por cuenta de Israel. El objetivo era separar a los palestinos de la OLP y dividirlos, como ya hemos explicado en entradas anteriores.

Todo fue bien hasta que, como suele ocurrir, la criatura se volvió contra su creador, un viraje que el año pasado condujo finalmente al ataque del 7 de octubre. Al enemistarse con Israel, Hamas dejó de ser lo que había sido para losmedios de intoxicación, convirtiéndose en los “terroristas” oficiales.

Durante este tiempo los financiadores, es decir Qatar, albergaban la oficina de dirección política del movimiento palestino y llevaban a cabo un papel de mediador entre ambas partes, Hamas e Israel, con un cierto éxito ya que lograron un alto el fuego temporal que permitió el intercambio de prisioneros.

terrorismo golani siria islamalgama

La noticia ha pasado desapercibida, pero la captura de Damasco por los terroristas se produjo al mismo tiempo que los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia, Irán y Turquía se reunían en Qatar.

Simultáneamente a la reunión, Qatar cerraba las oficinas políticas de Hamas, o sea, que en Palestina se acabó la política; ya sólo queda el “terrorismo”.

Hay que dar por supuesto siempre que los “terroristas” son los palestinos, no los israelíes.

Como explicamos hace años en una entrada, la Guerra de Siria es -en parte- una guerra de gasoductos. Qatar y Europa pretenden de sustituir al gas ruso con una tubería que debería atravesar Siria hacia el Mediterráneo y Turquía.

El mundo se divide en “terroristas” buenos y malos desde que en los años ochenta del siglo pasado Estados Unidos apoyó a los talibanes para que lucharan contra la URSS. Fueron los buenos hasta que en 2001 el Séptimo de Caballería invadió el país para luchar contra ellos. Entonces se convirtieron en malos.

Ahora los terroristas buenos se han apoderado de Damasco y han dejado de ser terroristas. En 2017 Estados Unidos aún no había calificado a Mohammad Al Golani, el dirigente de HTS (“Hayat Tahrir Al Sham”), como el “terrorista bueno”, pero ya concede entrevistas a la cadena CNN y un periódico europeo lo califica de “pragmático”.

Hay que tener mucho cuidado con el lenguaje porque, como hemos repetido tantas veces, es un instrumento del imperialismo, lo mismo que los medios de comunicación que lo utilizan y lo retuercen.

Esto es lo que debe ocurrir para evitar el colapso de Siria después de Assad

El colapso épico del Ejército Árabe Sirio (SAA) en los últimos diez días y la cobarde huida de Assad de Damasco a primera hora de la mañana del domingo anuncian el amanecer de una nueva Siria. El riesgo más inmediato es que todo el país se derrumbe como Afganistán, Irak y Libia antes que él. Eso podría crear un agujero negro de inestabilidad del que podrían surgir innumerables amenazas terroristas globales. Esto es lo que tiene que suceder para evitar que la Siria post-Assad experimente ese futuro oscuro: Leer más

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