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Día: 23 de noviembre de 2024 (página 1 de 1)

Los países de la OTAN tienen buenos motivos para estar asustados

El jueves el ejército ruso atacó la fábrica Yuzhmash en la ciudad de Dnepropetrovsk con un misil Oreshnik, inédito hasta la fecha. Es un disparo de advertencia que responde a la imparable escalada de la OTAN en Ucrania.

Según el Pentágono, Rusia les informó del lanzamiento una hora antes. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, matizó que no fue exactamente así: la alerta se activó automáticamente.

El misil no puede ser interceptado por las modernas defensas aéreas. Vuela a una velocidad de 10 mach, es decir diez veces la velocidad del sonido, o tres kilómetros por segundo. Es de mediano alcance y vuela a una distancia de 1.000 a 5.500 kilómetros.

No existe ningún sistema de defensa aérea o antimisiles en el mundo capaz de interceptar estos misiles hipersónicos. El misil podría alcanzar muy rápidamente objetivos clave de la OTAN en Europa. Podría llegar a la base estadounidense de misiles Aegis Ashore en Redzikowo, Polonia, entre ocho y once minutos después del lanzamiento.

La OTAN no tiene misiles que vuelen a tales velocidades, ni tampoco misiles hipersónicos. Aunque Estados Unidos se ha jactado repetidamente de poseer tales misiles, nunca ha demostrado su vuelo. Han mostrado misiles volando a una velocidad supersónica de 5,5 veces la velocidad del sonido, pero en artillería la velocidad hipersónica comienza en 6 ó 7 mach.

El principio de funcionamiento es similar al demostrado por el misil hipersónico Kinjal, lanzado por el avión supersónico MiG-31K, o el vehículo planeador del sistema hipersónico Avangard acelerado por el misil balístico intercontinental UR-100N UТТKh.

El misil está equipado con varias ojivas. Acelera a velocidad hipersónica y los bloques de separación vuelan hacia el objetivo también a velocidad hipersónica.

El nuevo misil ruso podría transportar al menos seis ojivas de reentrada contra objetivos independientes múltiples (MIRV).

Misiles de corto, medio y largo alcance

Los misiles se pueden clasificar según el alcance que son capaces de alcanzar. Los misiles balísticos de corto alcance (SRBM) están diseñados para apuntar a fuerzas enemigas dentro de un radio de aproximadamente 1.000 kilómetros. Normalmente utilizados en escenarios tácticos, permiten una respuesta rápida a amenazas regionales.

Los misiles balísticos de medio alcance (MRBM) amplían su alcance operativo a aproximadamente 3.500 kilómetros. Estos sistemas fortalecen las capacidades de disuasión de un país al permitir atacar objetivos más distantes sin recurrir a sistemas intercontinentales.

Los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) representan la categoría de mayor alcance, con capacidades que superan los 5.500 kilómetros. Estos misiles sirven como elemento de disuasión estratégico, capaces de transportar cargas explosivas de un continente a otro e influir significativamente en el equilibrio internacional de fuerzas.

Estados Unidos, Rusia y China han desarrollado estos tres tipos de armas. A finales de la década de los ochenta, por iniciativa de Gorbachov, Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (Tratado INF) que prohíbe a ambos países todos los misiles balísticos lanzados desde tierra, misiles de crucero y lanzadores de misiles nucleares y convencionales con un alcance entre 500 y 1.000 kilómetros (corto y medio) y entre 1.000 y 5.500 kilómetros (alcance intermedio).

El tratado no se aplicaba a los misiles lanzados por aire o por mar. En mayo de 1991 los países habían eliminado 2.692 misiles, a lo que siguieron diez años de inspecciones in situ para verificarlo.

Si bien se prohibió el despliegue de misiles de cierto alcance, el desarrollo de misiles continuó. Alrededor de 2008, Rusia utilizó el diseño básico del misil intercontinental RS-24 (Yars) para desarrollar una versión más flexible con una carga útil más ligera. El resultado fue el misil RS-26, más fácil de manejar. Aunque pudo alcanzar el alcance necesario para ser clasificado como misil intercontinental, su carga útil era demasiado baja para ser verdaderamente efectivo.

Estados Unidos se retira del Tratado INF

A principios de 2018 Rusia decidió detener todo desarrollo del RS-26 e invirtió su dinero en el vehículo de planeo hipersónico Avanguard, más prometedor. Meses después Estados Unidos se retiró del Tratado INF porque, como dijimos entonces, necesitaba contrarrestar el desarrollo de armas chinas en el Océano Pacífico, particularmente en el Mar de China Meridional, ya que China no firmó el Tratado INF.

La retirada de Estados Unidos del INF se alineó con la retirada de 2002 del Tratado de Misiles Antibalísticos, que limitaba las defensas antimisiles. Poco después, Estados Unidos anunció la construcción de “instalaciones antimisiles” en el este de Europa. Estas instalaciones pueden reutilizarse fácilmente para disparar misiles de crucero contra Rusia.

En julio de este año la OTAN anunció que Estados Unidos desplegaría misiles de alcance intermedio con capacidad nuclear en Alemania a partir de 2026. Eso recreaba la situación que experimentó Europa antes de la firma del Tratado INF. Los misiles podrían alcanzar las principales instalaciones militares, industriales y administrativas rusas, así como la infraestructura de defensa.

El tiempo de vuelo de esos misiles, que en el futuro podrían estar equipados con cabezas nucleares, es de unos diez minutos.

Las ‘medidas espejo’ de Putin

Rusia tenía que responder a la amenaza con lo que Putin calificó como “medidas espejo” (*). Estados Unidos ya ha realizado ejercicios para desplegar sistemas de misiles Typhoon desde su territorio hasta Dinamarca y Filipinas, dijo Putin. Esta situación recuerda los acontecimientos de la Guerra Fría relacionados con el despliegue de misiles Pershing estadounidenses de medio alcance en Europa.

Si Estados Unidos implementa esos planes, añadió Putin, “nos consideraremos liberados de la moratoria unilateral previamente asumida sobre el despliegue de armas de ataque de mediano y corto alcance, incluido el aumento de las potencia de fuego de las tropas costeras de nuestra Armada”.

El ataque del jueves a la fábrica Yuzhmash en Dnepropetrovsk es la primera demostración de que Rusia casi ha completado el desarrollo de las “medidas espejo”. Sin recurrir a armas nucleares, Rusia es capaz de destruir cualquier instalación militar o fábrica en Europa con una probabilidad garantizada del 100 por cien, lo cual crea un nuevo escenario militar del que la OTAN va a tomar buena nota.

(*) http://en.kremlin.ru/events/president/news/74651

Algo mucho peor que ‘el opio del pueblo’

A primeros de noviembre el Premio Goncourt, el máximo galardón de la literatura francesa, se adjudicó al escritor argelino Kamel Daoud, columnista del periódico reaccionario Le Point y habitual en las tertulias de las televisiones. El premio indica los derroteros de la ideología dominante en Francia, envuelta en el rechazo virulento del mundo árabe-islámico y, sobre todo, de la “islamización” de Francia.

“No hay peor astilla que la de la propia madera”, dice un refrán y la intelectualidad francesa prefiere que su tarea inquisitorial la lleven a cabo personajes como Daoud. Pero en el mismo saco podría meter también al máximo dirigente de los fascistas franceses, Jordan Bardella, otro renegado del que ya hablamos anteriormente. Los defensores de la “identidad nacional” son personajes así, que llegan de fuera y se identifican tanto con los autóctonos que quieren cerrar la puerta. El cupo se ha agotado. Ya no cabe nadie más.

El argelino es el reverso de Frantz Fanon. En la dialéctica del amo y el esclavo, Daoud se ha puesto del lado del amo y en el “choque de civilizaciones” también. Es un tránsfuga que, además de la cultura árabe-islámica, rechaza a su propio país para ponerse al servicio de la antigua metrópoli. El amo se relaciona con el esclavo a través de este tipo de intermediarios, decía Hegel. Son los “cabos de vara” de la dominación.

Un intérprete tan acabado de la ideología dominante, como Daoud, consigue que sus lectores se identifiquen plenamente con sus escritos y novelas, llenas de tópicos sobre la civilización del otro lado del Mediterráneo, cuyos males no tienen un origen colonial, ni político, ni económico, sino religioso.

Con ese punto de partida, en Francia la ideología dominante es tan cutre como en los demás países europeos. Parece que el islam no es una religión como las demás, que tiene algo distinto, mucho peor que el “opio del pueblo”: atavismo, ocurantismo, machismo, odio la modernidad, a occidente…

El Premio Goncourt ha llegado en el momento político más oportuno. La simbiosis del colonizado con su metrópoli es tan estrecha que alcanza a la defensa de Israel frente a unos vecinos árabes muy belicosos. Los argumentos de Daoud son otra colección de tópicos de amplio espectro para consumo de los tertulianos de las televisiones: Israel tiene derecho a defenderse, Hamas es una organización teocrática…

En su última novela, Houris, el autor relata la historia de Aube, una joven argelina cuyo cuerpo lleva las cicatrices del “terrorismo islamista” que asoló Argelia en los años noventa. Sueña con recuperar su voz para contar su historia, especialmente al niño que espera. Daoud critica a los yihadistas de su país, pero también al gobierno que acabó con ellos después de una década de guerra brutal.

Actualmente se celebra la Feria Internacional del Libro de Argel, que acoge a más de 1.000 editores de 40 países, con 300.000 títulos. Pero Daoud no tendrá la oportunidad de exponer su novela porque si el Premio Goncourt es política, la Feria también: Argelia insiste en mostrar la lucha anticolonial, no la defensa de la colonización.

Un pie en oriente y otro en occidente: Turquía

Rusia, que actualmente preside los Brics, invitó a la cumbre de Kazan a los dirigentes de los Estados que describe como “socios”, incluida Turquía, un país marginado en los círculos occidentales, sobre todo desde el intento de Golpe de Estado de 2016. Aunque es un país miembro de la OTAN y candidato desde hace mucho tiempo a entrar en la Unión Europea, Turquía no se limita a sus alianzas occidentales.

La cumbre de Kazán era una oportunidad para desarrollar la cooperación económica y Turquía parece estar alejándose de ellos socios. Su interés por los Brics, expresado en la cumbre, demuestra algo que caracteriza a todos los demás miembros: una diversificación de sus asociaciones internacionales. La incorporación a los Brics no supone una ruptura con el bando occidental sino un complemento.

Turquía ha afirmado durante años su deseo de integrarse en los Brics para equilibrar sus relaciones internacionales. Bajo la férula de Erdogan y el Partido Justicia y Desarrollo, en el gobierno desde 2002, Turquía está acostumbrada a los reveses diplomáticos.

En los últimos años Erdogan ha saldado cuentas con viejos adversarios, como el príncipe saudí Mohammed bin Salman, el presidente emiratí Mohammed bin Zayed Al Nahyan y el presidente egipcio Abdel Fattah Al-Sisi. Erdogan ha visitado Riad, Dubai y El Cairo, marcando un punto de inflexión en sus relaciones con esos países. Al mismo tiempo, su deseo de integrar a Turquía en los Brics, un bloque económico que reúne a estos antiguos adversarios, atestigua el giro estratégico turco en Oriente Medio.

Sin embargo, las declaraciones del gobierno a menudo siguen siendo equívocas. Por un lado, al participar en la cumbre de los Brics y solicitar su incorporación, el gobierno turco demuestra que está buscando nuevas alianzas, mientras que, por otro lado, repite que eso no significa abandonar la OTAN. Turquía insiste en que su colaboración con los Brics se suma a su asociación aduanera con la Unión Europea, pero no la sustituye.

El discurso de Erdogan pronunciado apenas cuatro días después de la cumbre ilustra la dirección que está tomando Turquía: “Estamos fortaleciendo nuestra cooperación con Alemania de una manera digna de dos viejos amigos y aliados de la OTAN. Nuestro objetivo es alcanzar los 60.000 millones de dólares en comercio bilateral, que actualmente asciende a 50 millones de dólares […] Las crecientes relaciones de Turquía con los Brics no son de ninguna manera una alternativa a sus compromisos existentes. Turquía participa en todas estas plataformas como aliado de la OTAN y negociando su incorporación plena en la Unión Europea”. Por ello, Erdogan sigue dando prioridad a la cooperación con Occidente.

En cualquier caso, desde septiembre de este año, Moscú ha moderado las expectativas sobre la adhesión de Turquía a los Brics. La organización necesita consolidar la integración de los nuevos miembros que recibió a comienzos de año. En lugar de una incorporación inmediata, se ha ofrecido un “estatuto de asociación” a varios países candidatos, lo que demuestra un enfoque más gradual.

El deseo de Turquía de unirse a los Brics responde sobre todo al deseo de evitar el aislamiento en la escena internacional. Los estrechos vínculos históricos, económicos e institucionales de Turquía con Europa, en particular con la Unión Europea, su mayor socio comercial, y el Consejo de Europa del que es miembro fundador, crean una interdependencia compleja que es difícil de romper.

Ante una delicada situación económica marcada por la hiperinflación, Turquía claramente busca nuevas vías para estimular su crecimiento y acceder a nuevas fuentes de financiación. La integración con los Brics y el Nuevo Banco de Desarrollo podría abrir nuevos horizontes. La materialización de las oportunidades que ofrecen los Brics también dependerá de la capacidad del grupo para estructurarse en una organización formal verdaderamente efectiva que ofrezca una alternativa creíble a las instituciones financieras internacionales que existen.

La fragmentación de Google pone en riesgo la hegemonía tecnológica de Estados Unidos

Antes de ceder el asiento, el gobierno de Biden ha asestado un golpe a Google por prácticas monopolistas y propone sacar al navegador Chrome, que posee el 67 pr cien de la cuota de mercado, del holding.

La venta está valorada en 20.000 millones de dólares y marcaría un punto de inflexión en internet. El Departamento de Justicia también menciona una posible venta de Android, el sistema operativo para móviles, si Google no respeta la obligación de dejar de promocionar allí sus propios servicios.

Pero el Ministerio de Justicia va aún más allá: “Es esencial que cualquier medida correctiva tenga en cuenta cuidadosamente las realidades pasadas, presentes y de los mercados emergentes para garantizar una competencia sólida”, decía un documento publicado en agosto pasado.

Bajo el escrutinio está, pues, el mercado de la inteligencia artificial generativa. De hecho, esta tecnología se está convirtiendo en una característica importante en el campo de búsqueda tradicional. Así, Google ha integrado en su motor de búsqueda en un centenar de países una función denominada “AI Overviews”, que permite generar resúmenes de consultas. Bing de Microsoft ha emprendido un cambio similar al integrar el modelo OpenAI.

“El daño causado por el comportamiento de Google también se extiende a la generación y visualización de nuevas funciones de búsqueda, como la inteligencia artificial generativa. Estas funciones a menudo dependen de sitios web y otros contenidos creados por terceros, que tienen poco o ningún poder de negociación contra el monopolio de Google y no pueden correr el riesgo de sufrir represalias o exclusión”.

Para el Departamento de Justicia, la capacidad de Google de aprovechar su posición monopolista para potenciar las funcionalidades de inteligencia artificial constituye un nuevo obstáculo a la competencia y corre el riesgo de consolidar aún más su posición dominante en el mercado.

Con el fin de evitar el abuso de la inteligencia artificial, el Departamento de Justicia pidió al tribunal que permitiera a los editores de sitios web negarse a que sus datos se utilizaran para entrenar los modelos de inteligencia artificial de Google.

El gigante de las búsquedas también podría verse obligado a pagar a los editores por utilizar sus datos. Además, el Departamento de Justicia quiere obligar a Google a poner sus datos de indexación web, es decir, la gran biblioteca de páginas web clasificadas en categorías que impulsa su motor de búsqueda, a disposición de sus competidores a un coste menor.

Otro medida más: obligar a Google a pagar a los editores por el uso de sus datos. Esta medida garantizaría una compensación a los creadores de contenidos cuyo trabajo contribuya al desarrollo de la inteligencia artificial.

La respuesta de Google ha consistido en enfundarse en la bandera y asimilarse a Estados Unidos. Las medidas amenzan “la supremacía mundial de Estados Unidos en tecnología”, ha dicho Kent Walker, uno de los cabecillas de Google.

La batalla legal está lejos de terminar. En abril se abrirá un nuevo juicio para decidir las sanciones contra el abuso de posición dominante de Google. Se espera que la decisión se tome en agosto de 2025, pero Google podría apelar.

Queda por ver qué dirección dará Trump en el futuro. En su primer gobierno, fue Trump quien inició en 2020 el juicio contra Google. Sin embargo, hace un mes dijo en una entrevista con Bloomberg que temía que la fragmentación destruyera a Google… en beneficio de China.

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