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Día: 15 de noviembre de 2024 (página 1 de 1)

La Unión Europea reorienta sus presupuestos hacia el rearme y la guerra

La Comisión Europea tiene intención de retirar casi 400.000 millones de euros del presupuesto de la Unión Europea destinado al desarrollo de regiones en dificultades, para dedicarlos al fortalecimiento del complejo militar-industrial de los países miembros y a la asistencia militar a Ucrania (1).

El desvío de fondos será supervisado por el Comisario Europeo de Defensa y Espacio. El lituano Andrius Kubilius fue elegido el 17 de septiembre para ocupar este nuevo cargo creado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que ha prometido reconvertir la Unión Europea en una Unión de Defensa.

La cantidad está –básicamente– prevista en el presupuesto de la Unión Europea para 2021-2027 con el fin de eliminar las desigualdades económicas dentro de la comunidad. El Fondo de Cohesión es uno de los programas presupuestarios más importantes, diseñado para financiar las regiones más atrasadas de los estados de la Unión Europea y acercarlas -en términos de desarrollo económico- a las regiones avanzadas. “El Fondo de Cohesión, creado en 1994, financia proyectos en el ámbito del medio ambiente y de las redes transeuropeas en los Estados miembros cuya renta nacional bruta per cápita es inferior al 90 por cien de la media de la Unión”, dice el sitio web de la Unión Europea (2).

Entre los beneficiarios de este fondo se encuentran los países menos ricos, desde Portugal hasta Bulgaria. Aunque los miembros desarrollados de la Unión Europea pueden reclamar ciertas cantidades. Además, varios países, principalmente los del norte de Europa, creen que los gastos de cohesión están fuertemente sesgados hacia las regiones del sur, centro y este de Europa. Sabemos que Alemania cuenta con 40.000 millones de euros para el actual ciclo de siete años. Sin embargo, de los 400.000 millones, menos del 5 por cien se gastó en los últimos cuatro años.

En los próximos días Bruselas notificará oficialmente a los países miembros de la Unión Europea su derecho a gastar estos fondos para apoyar su industria de defensa y desarrollar su infraestructura de transporte militar.

Pueden invertirse en producción militar, desarrollo de tecnologías de doble uso, incluidos equipos polivalentes y drones, modernización de equipos militares, así como proyectos en el ámbito de la movilidad militar. Al mismo tiempo, la Comisión Europea aún no ha aceptado utilizar el dinero para compras directas de armas.

La iniciativa incluye, además, la creación de un sistema común europeo de defensa aérea, multiplicando por tres el número de agentes de guardacostas y fronteras de Frontex (hasta 30.000 personas) y la creación del puesto de Comisario Europeo de Defensa y Espacio.

Este cargo, que aparecerá por primera vez en la Comisión Europea, será el encargado de incrementar la competitividad de la industria de defensa y la movilidad militar, así como combatir las amenazas híbridas. En particular, tendrá que supervisar la aplicación del programa europeo de industria de defensa, con un presupuesto de 1.500 millones de euros, aprobado en marzo, para proporcionar a Ucrania la asistencia militar oportuna y eficaz en el volumen necesario.

La semana pasada Kubilius habló durante tres horas con miembros de las comisiones pertinentes del Parlamento Europeo, donde repitió su lema favorito: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Según Kubilius, el principal problema de seguridad de la Unión Europea es la falta de financiación para la defensa, que le impide ayudar a Ucrania y prepararse para una guerra con Rusia. “Hoy nos enfrentamos a amenazas existenciales, incluidas la guerra convencional, la ciberguerra, los ataques híbridos y la militarización del espacio. Las últimas evaluaciones de inteligencia sugieren que Rusia podría intentar poner a prueba la determinación de la OTAN y la Unión Europea antes de que finalice esta década. Por eso necesitamos urgentemente fortalecer la Unión Europea”, concluyó.

(1) https://www.ft.com/content/eb0de7f4-5ba1-460a-a83d-1a7302fc1536
(2) https://www.europarl.europa.eu/factsheets/fr/sheet/96/le-fonds-de-cohesion

‘Los aranceles son la palabra más hermosa del diccionario’

La estrategia general de Estados Unidos señala que no está en condiciones enfrentarse a dos enemigos simultáneamente, por lo que mientras el partido demócrata la emprende con Rusia, el republicano pone a China en el punto de mira. Los primeros ponen la política al frente y los segundos prefieren la economía.

En 2018 Trump desató la guerra comercial con China y ahora se trata de averiguar si sigue con el mismo planteamiento. La respuesta la encontramos en un artículo de opinión de Robert Lighthizer para el Financial Times publicado unos días antes de las elecciones.

Lighthizer será el próximo ministro de comercio internacional de Estados Unidos y su artículo es un ataque mordaz contra eso que llamaron “neoliberalismo”. Por lo tanto, es un defensor del proteccionismo y los aranceles. Su enemigo no puede ser otro que China.

Naturalmente, aunque se trate de un gobierno del maldito Trump, los medios de comunicación no van a presentar así el asunto. No pueden admitir la derrota comercial de Estados Unidos. Lo mismo que los caciques de Bruselas, dirán que la competencia de China es desleal.

Lighthizer ya utilizó el argumento de la competencia desleal para atacar a Japón en la década de los ochenta, cuando era subsecretario de comercio de Reagan. Luego lo reformuló para defender la política proteccionista de Trump y atacar a China.

Los manipulares como Lighthizer ocultan que no sólo se importan mercancías, sino también capitales y que un país endeudado, como estados Unidos, necesita que otros, como China y Japón, le presten dinero para no ir a la quiebra.

Con la boca pequeña Lighthizer reconoce que “el déficit comercial es, por supuesto, igual a la diferencia entre la inversión y el ahorro de un país”, pero luego disculpa la ruina de Estados Unidos al afirmar que “la causalidad va en sentido contrario”. Estados Unidos nunca ataca; siempre es la víctima de los atroces ataques de terceros. La culpa del déficit estadounidense es de las “políticas industriales depredadoras” de países como China.

Por lo demás, cualquiera que entienda lo que es el capitalismo monopolista de Estado sabe que todas las potencias desarrolladas impulsan el desarrollo de sus grandes empresas de manera diversas, empezando por Estados Unidos y los aranceles impuestos por McKinley desde 1890.

Desde que Trump disparó la primera bala en 2018, la guerra comercial se ha convertido rápidamente en una guerra tecnológica, que se ha sumado a la nueva Guerra Fría surgida en 2022 en Ucrania.

Durante su campaña electoral, Trump ha defendido una “solución arancelaria” para salir de la derrota industrial, con un sector manufacturero agotado, una falta de ingresos fiscales y una absoluta incapacidad para hacer frente a sus rivales, tanto en el mercado como en el campo de batalla. Los aranceles son “la palabra más hermosa del diccionario”, dijo Trump en su campaña.

Actualmente dos tercios de las mercancías procedentes de China tienen unos aranceles del 19 por ciento y Trump propone aumentarlos hasta el 60 por cien, lo que tendrá consecuencias obvias: China impondrá represalias y la guerra comercial subirá otro peldaño, más allá del mercado tecnológico.

Como bien dijo en 2017 Jack Ma, presidente de Alibaba, el proteccionismo económico de Trump conduce a la guerra. Al año siguiente el Fondo Monetario Internacional repitió la misma advertencia: el proteccionismo es la antesala de la guerra.

En otras palabras, con la guerra Estados Unidos trata de solucionar por las malas lo que los aranceles no han logrado por las buenas.

Sobre inundaciones y especulaciones

En diciembre del año 2018, la revista Ecologista núm. 98 publicaba un interesante artículo que titulaba “Inundaciones y construcción de viviendas”, del cual, a raíz de lo ocurrido en Valencia hace unos días, vale la pena reproducir algunos extractos.

“Olas que llegan a la quinta planta de un hotel en Tenerife, viviendas, residencias, centros deportivos y de atención a personas con diversidad funcional inundados, calles y carreteras convertidas en ríos en los que la fuerza del agua se lleva todo. Son algunas de las imágenes que hemos visto en los medios de comunicación recientemente donde se presentan las lluvias torrenciales y tormentas como fenómenos con gran capacidad de destrucción. Lo que no suele aparecer en el foco mediático es que esas construcciones afectadas están casi al borde del mar o en medio del cauce de un río o hay una infraestructura que ha desviado el agua hacia las zonas afectadas…

A partir de los años 50 se empezaron a construir miles de viviendas en zonas de alto riesgo de inundación. En 1996 tuvo lugar la tragedia del camping de Biescas, Huesca, murieron 87 personas por una avenida de agua. Un año después, se dio a conocer que más de 25.000 construcciones estaban situadas en los cauces y zonas de alto riesgo de inundación. Tres meses después, tuvo lugar la tragedia del barrio de Cerro de Reyes, en Badajoz, donde una avenida de agua mató a 25 personas… La inundación de un geriátrico situado en la ribera del río Sió (Agramunt, Lleida), donde murieron cuatro personas… En octubre pasado tuvo lugar la tragedia de Sant Llorenç, en Mallorca, en la que murieron trece personas. La zona donde se produjo estaba considerada como de alto riesgo. Estas tragedias volverán a repetirse con seguridad en otros lugares de España. De hecho, en noviembre se han producido varias trombas de agua de intensidad parecida en Girona, Valencia, Lugo y Murcia con más víctimas mortales. Son tormentas propias de nuestro clima.

El propio Ministerio para la Transición Ecológica estima que 710.000 personas tienen sus viviendas en zonas inundables… Y es muy probable que las avenidas de agua, serán más frecuentes, porque las viviendas y otros edificios no han parado de crecer en estas zonas de riesgo… Ante las lluvias torrenciales, lo único útil es mantener cauces y zonas de alto riesgo de inundación libres” (*).

Y, hoy, tras la tragedia debemos recordar los antecedentes, debido a los desastres urbanísticos que, fruto de la especulación histórica, ha permitido realizar construcciones en los cauces naturales de ríos y torrentes, tanto en ciudades como en los litorales marinos.

Algunos datos para recordar y contradecir a los defensores del ecocapitalismo sobre las inundaciones históricas, entre ellas las del año 1962 en Terrassa, cuya cantidad de muertos todavía hoy es desconocida. La cifra oficial de muertos fue de 617 en apenas unas horas, aunque estudios posteriores aseguran que hubo cerca de mil. Barrios enteros desaparecieron por completo. Coches, camiones y autobuses fueron arrastrados por las riadas.

En el triángulo formado por las ciudades de Sabadell, Terrasa y Rubí, la fiebre especulativa construyó en los cauces de ríos y torrentes que se consideraron secos y urbanizables, pero con el paso de la tormenta volvieron a sus cauces originales cuya agua que se tragó todo lo que encontró a su paso: centenares de viviendas, fábricas y personas.

Pero unos años antes, el 14 de octubre de 1957, se produjo una inundación en Valencia, en la cuenca del Turia, arrastrando vehículos, mobiliario y edificios enteros que causaron oficialmente 81 muertos, pero indagaciones posteriores el número real de muertes pudo ser mayor, llegando hasta los 300.​ Se estima que más de 1.700 personas vieron sus viviendas afectadas, muchas de ellas completamente destruidas.​ Comercios anegados, mercancías perdidas y fábricas inutilizadas, los puentes colapsados, las carreteras destrozadas y el suministro de agua y electricidad interrumpido. Fue el inicio del llamado Plan Sur de desvío del río Turia, salvó Valencia capital de inundaciones, pero dejó en la estacada las localidades colindantes con la Horta Sur.

Aunque con anterioridad hay registros de inundaciones desde el siglo XIV con intervalos de 30 ó 40 años unas de otras, lo que tradicionalmente han denominado los habitantes de estas cuencas como “gota fría”. A pesar de ello se siguió construyendo en cauces y zonas inundables.

En el siglo XIX se produjeron dos de las más graves inundaciones de la historia reciente en el sureste español. En 1802 la rotura del embalse de Puentes, en el cauce del Guadalentín, causó 608 muertes. Y el 15 de octubre de 1897 se produjo la riada de Santa Teresa, cuando el río Segura arrasó Murcia, dejando a su paso 761 muertos y destrozando 24.000 hectáreas de cultivo.

Por aquel entonces, los ecocapitalistas no habían inventado todavía su negocio de capitalismo verde y el discurso a su alrededor de su concepto de “cambio climático” a consecuencia de la elevación de CO2 en la atmósfera y de la superpoblación. Dos cuestiones formales detrás de las cuales está la política eugenésica de disminución de la población y el negocio de las llamadas energías alternativas controladas por las mismas multinacionales que durante años han exprimido el subsuelo del mundo.

Si con anterioridad al siglo XIX, los clérigos decían que los fenómenos atmosféricos eran de voluntad divina, como la sequía o las tormentas, y sacaban la imagen de la Virgen de turno para implorar clemencia, hoy los nuevos clérigos llamados “expertos” o “científicos” a sueldo de estas multinacionales, intentan, todo lo que pueden, ocultar el gran negocio especulativo y urbanístico que ha sido el origen de inmensas fortunas, construyendo en lugares que cualquier científico que no estuviera al servicio del capital, hubiera denunciado y luchado para evitar las consecuencias de la depredación del territorio con fines de lucro.

No por casualidad, la llamada “parte alta” de las ciudades es la residencia de las gentes adineradas, dónde no existe peligro de inundaciones u otros fenómenos atmosféricos. Como ocurrió con el huracán Katrina en Nueva Orleans en agosto del 2005, que el llamado “barrio francés”, ubicado sobre el nivel del mar, al igual que otras zonas de la ciudad urbanizadas antes de finales del siglo XIX en terrenos más altos que los diques de Nueva Orleans, el “barrio francés” apenas se inundó tras el huracán. Las personas pobres y pequeños comerciantes que habitaban la hondonada bajo el nivel del mar sucumbieron ante la rotura de los diques.

No es motivo esencial de estas consideraciones, pero no debemos confundir lo que pueden ser exponentes del hecho de que el clima tradicional está manifestando variaciones, como siempre ha sucedido en la historia, con el llamado “cambio climático” el cual va asociado a una imposiciones de cambios estructurales en procesos industriales, energéticos y de conducta social, que en el fondo solo persiguen reestructuraciones de métodos productivos.

Para no cansar. El problema no es el cambio climático, el problema real es la usura, y pretender desviar la atención con excusas… que si no se avisó a tiempo… que si no funcionaron las advertencias… que, no es más que mantener el stato quo y el poder de la industria constructora aliada a los políticos de turno, los cuales, mientras obtengan beneficios, lo mismo le da construir en el lecho de un río o en un arenal de la costa. El problema es de fondo y debe resolverse mediante la lucha de clases que englobe el tema territorial y urbanístico, al lado de todos los demás que afectan al proletariado.

Mientras no se libre una batalla que enfrente la mayoría social proletaria al capital, solamente queda llorar por las víctimas de estas especulaciones.

(*) https://www.ecologistasenaccion.org/112110/inundaciones-y-construccion-de-viviendas/

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