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Día: 8 de noviembre de 2024 (página 1 de 1)

Alemania crea una base de datos para militarizar a la sociedad

Los ejércitos europeos no tienen armas pero, aunque las tuvieran, tampoco tienen quién las dispare. En los ochenta se profesionalizaron, pero los europeos no quieren ir a filas ni aunque les paguen. Se han convertido en fuerzas minúsculas, incapaces de participar una guerra entre iguales.

El ejército alemán envejece y, además, sufre una grave escasez de efectivos. Cada año se ponen a disposición 15.000 plazas y sólo se cubren dos tercios de ellas. Así, quedan vacantes 5.000 plazas. Los jóvenes ni siquiera se animan a alistarse aireando el espantajo de la “amenaza rusa”. El 20 por cien de los reclutas abandona el ejército a los seis meses de alistarse.

En junio el número de soldados no llegaba a 180.000 soldados. El gobierno quiere llegar a los 460.000 pero no sabe cómo. ¿Conscriptos?, ¿voluntarios?, ¿ambos? En caso de guerra, el gobierno de Berlín tampoco sabría siquiera lo que tiene que hacer, ni a quién llamar a filas.

Parece que quieren dar marcha atrás, volver al servicio militar obligatorio. El gobierno alemán lo ha anunciado de una manera críptica, con un proyecto de ley que estipula que todos los hombres que cumplan 18 años a partir del próximo año deberán completar un cuestionario digital para confirmar (o no) su voluntad y su capacidad para participar en el servicio militar.

Es otro censo que, además de controlar la opinión de sus ciudadanos, les debe servir como base de datos para la militarización de la sociedad civil.

Ya que el espantajo de la “amenaza rusa” no cuaja, el gobierno espera despertar el interés de los jóvenes por una posible carrera militar. Intentará identificar a los más motivados para ofrecerles una entrevista con vistas a una posible formación que podría durar entre 6 y 23 meses. La formación se retribuiría en función de los perfiles observados.

Las mujeres también podrán participar en el censo, pero sólo de forma voluntaria. Si se votara la ley, podría marcar el regreso del servicio militar, apenas catorce años después de su desaparición.

Otra opción que ya expusimos en una entrada anterior es la de reclutar extranjeros y como su motivación castrense es nula, el gobierno podría prometerles la nacionalidad, después de varios años en filas.

Lo de alistarse para “viajar por el mundo” no tuvo mucho éxito. El ejército alemán estuvo en Mali hasta el año pasado y llevó a cabo una operación de evacuación en Sudán, pero esos países nunca han sido destinos turísticos apetecibles.

En fin, los intoxicadores alemanes pronostican una guerra con Rusia para dentro de cinco años, pero esta vez no tendrán un ejército de un millón de soldados, como en 1941. Ni siquiera conseguirán llegar a la mitad. Tienen que insistir más en eso de la “amenaza rusa”, crear videojuegos y series de televisión para meterles el miedo en el cuerpo…

Hacen falta más folletos publicitarios del Bunderwehr como éste:

Letonia impone el servicio militar obligatorio a las mujeres

Letonia pretende imponer el servicio militar obligatorio para las mujeres a partir de 2028, anunció Andris Spruds, ministro de Defensa y miembro del partido “Progresistas”. Los motivos son la igualdad de género y la necesidad de reforzar el ejército, que quiere reclutar 4.000 nuevos efectivos.

“La igualdad de género juega un papel importante en el ejército”, explicó Spruds, justificando la idea del alistamiento obligatorio de las mujeres. El servicio militar obligatorio femenino ya está en vigor en Noruega y Suecia, y Dinamarca planea introducirlo pronto. Spruds señaló a estos países como ejemplos de modernización de las tropas a través de una participación “inclusiva”.

El comandante de las Fuerzas Armadas de Letonia, Leonid Kalnins, expresó su apoyo a la medida, subrayando que era esencial para cumplir con los requisitos de reclutamiento. Actualmente el ejército letón depende del reclutamiento parcial y de voluntarios, pero desde la entrada en la OTAN las necesidades de personal son cada vez más apremiantes.

Kalnins mencionó el objetivo de 4.000 reclutas para 2028, una cifra muy ambiciosa en comparación con los 578 actuales. Según él, sin el reclutamiento de mujeres, este objetivo sería difícil de alcanzar.

También destacó que el reclutamiento femenino podría alentar a más hombres a alistarse voluntariamente en el ejército, reduciendo así las salidas al extranjero para evitar el servicio militar.

Si bien el servicio militar obligatorio para las mujeres no gozaba anteriormente de un amplio apoyo entre los ciudadanos letones, la histeria antirrusa está calando en la sociedad y lo justifica casi todo.

Lo mismo que Polonia, Letonia también ha emprendido la construcción de zanjas antitanques a lo largo de sus fronteras con Rusia y Bielorrusia. Estas fortificaciones, destinadas a impedir cualquier movimiento de vehículos blindados en caso de guerra, forman parte de un plan bélico coordinado por la OTAN. Ya se están construyendo las primeras estructuras de defensa en la frontera ruso-letona.

Un símbolo del fracaso europeo de las políticas verdes: Northvolt

Europa es La Meca de las corrientes seudoecologistas, de la Agenda 2030 y la transición energética, cuyo mascarón de proa es el coche eléctrico, un nuevo dispositivo que debería acabar con los viejos motores de combustión para respirar un aire más limpio.

Más allá de la transición energética, el objetivo real era preservar el dominio de las grandes potencias occidentales sobre las nuevas tecnologías que estaban llamadas a ser el futuro corazón industrial de los mercados internacionales. Los países emergentes se quedarían con las energías “sucias” y los europeos con las “limpias”.

Además de su utilidad para un sector como la automoción, las baterías también son fundamentales para los equipamientos militares.

Por eso los suecos crearon Northvolt, una empresa de baterías para abastecer a la nueva industria automotriz europea, aunque los planes se han desplomado. La empresa abandona sus proyectos, despide a los trabajadores y lucha por su supervivencia.

Europa acabó con las energías tradicionales antes de tener las nuevas en marcha. Mientras China y Estados Unidos encabezan la carrera de las baterías, las fallas estratégicas y las ambiciones mal calibradas del Viejo Continente están cada vez más presentes.

A pesar de los 15.000 millones de dólares recaudados desde su fundación en 2016, Northvolt no ha cumplido sus promesas de producción y se encuentra con las arcas vacías. Lo que se suponía que iba a simbolizar a las políticas verdes de Europa, es un fiasco.

Se veía venir. A finales del año pasado Northvolt perdía un contrato fabuloso con BMW y en Suecia los medios de comunicación empezaron a destacar los retrasos preocupantes y un umbral crítico para la empresa verde.

El gobierno sueco proporcionó algunos subsidios, pero no fue suficiente. Como todos los planes seudoecologistas, los sueños era demasiado ambiciosos. Europa ha perdido la partida con China. Las nuevas tecnologías llegrán de Oriente, no de Occidente.

Una vez en ruinas, el primer ministro Ulf Kristersson rechaza categóricamente la nacionalización de Northvolt y la socialdemocracia le acusa de pasividad porque la empresa debía ser estratégica. Está en juego la autonomía industrial y militar europea.

El fantasma del general Curtis LeMay alza el vuelo otra vez

Curtis LeMay fue un general de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, conocido por dirigir las campañas de bombardeos de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, le nombraron jefe del Comando Estratégico de la Fuerza Aérea, el departamento militar responsable de las armas nucleares.

LeMay era un miembro del grupo de generales occidentales del siglo pasado que creían en la doctrina militar imperialista por antonomasia: las guerras se ganan lanzando bombas contra la población civil. Los bombardeos podían imponer la voluntad estadounidense a cualquier enemigo.

Como dijo más tarde: “Los aviones de combate son divertidos… Los bombarderos son importantes”, pero tenía muchas frases para pasar a la historia como el auténtico carnicero que fue: “No hay civiles inocentes. Estás luchando contra un pueblo, su gobierno y su fuerza armada. Matar a civiles o a transeúntes supuestamente inocentes no me molesta”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las ciudades alemanas fueron bombardeadas brutalmente por LeMay en persona, de día y de noche. Quedaron reducidas a cenizas. Las cifras de la carnicería siguen siendo controvertidas hoy en día. Se estima que 300.000 civiles murieron, casi 800.000 resultaron heridos y 7,5 millones quedaron sin hogar.

En enero de 1945 pasó de Europa al frente del Pacífico para hacer lo mismo, pero los primeros bombardeos a gran altura fueron un fracaso, por lo que LeMay inventó una solución: si las fortalezas volantes no pueden bombardear a gran altura a plena luz del día, lo harán a baja altura durante la noche, cuando no hay fuertes vientos ni cazas enemigos. Las municiones serán bombas de fósforo M47 y bombas de napalm M69.

Para las viviendas tradicionales japonesas, hechas de madera y bambú, rodeadas de mamparas de papel y cubiertas con techo de paja, esas municiones eran una lluvia de fuego. “Vamos a matar a muchos civiles. Miles. Pero estamos en guerra con Japón. Fuimos atacados por Japón. ¿Quieren matar a los japoneses o prefiere que maten a más estadounidenses?”, dijo LeMay, que no se caracterizaba por su sutileza.

El 9 de marzo de 1945, desde la pista de Guam, despegó el primero al frente de sus 300 bombarderos para un ataque a medianoche contra Tokio, a unos 2.500 kilómetros de distancia. El objetivo era lanzar napalm en los barrios del centro de Tokio, una de las ciudades más densas del mundo.

Las grandes fortalezas volantes arrojaron 2.000 toneladas de municiones incendiarias. Las primeras formaron un anillo de fuego alrededor del centro de la ciudad. A día de hoy, aquel bombardeo sigue siendo el ataque aéreo más devastador de la historia. Se necesitaron tres semanas para limpiar la ciudad de cadáveres civiles.

El descubrimiento del napalm

En los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, incluidos los de Hiroshima y Nagasaki, las víctimas civiles no eran “daños colaterales”: lo mismo que en Gaza y Líbano, ellos eran el objetivo directo e inmediato de los ataques aéreos, y no los ejércitos o las instalaciones militares.

En Europa los aviadores creyeron que el nuevo visor de precisión de Norden permitiría a los bombarderos centrarse en eliminar objetivos militares precisos que podrían paralizar las líneas de producción del enemigo en lugar a dedicarse a tirar bombas indiscriminadamente. Con el visor los bombarderos podían acertar a un barril desde 5.000 metros de altura, decía la prensa, que no hacía más repetir las falsedades de la empresa fabricante (*). A esa altitud el artillero disparaba a ciegas porque no distinguía nada.

Mientras, en la Universidad de Harvard habían descubierto la posibilidad de reutilizar un producto químico fallido de la empresa Dupont para fabricar bombas de napalm. No hacía falta apuntar. En lugar de centrarse en objetivos industriales o militares, las bombas incendiarias se esparcieron por todas las ciudades, destruyendo viviendas y matando civiles de la manera más devastadora,como está ocurriendo ahora mismo en Gaza y Líbano.

Las estimaciones del número de víctimas en Tokio varían entre 80.000 y más de 200.000 muertes, más que los bombardeos atómicos de Hiroshima o Nagasaki. Todas las víctimas eran mujeres, niños y ancianos.

Incluso un patán como LeMay se reconocía al mirarse al espejo años después: “Supongo que si hubiésemos perdido la guerra me juzgarían como criminal de guerra. Por suerte estamos del lado ganador. Todas las guerras son inmorales y si dejas que eso te moleste, no eres un buen soldado”.

Una tras otra, las ciudades japonesas fueron arrasadas en 1945 y el carnicero LeMay consideró que no eran necesario lanzar bombas atómicas contra Hiroshuma y Nagasaki: “Nuestros bombardeos han sido muy eficaces, Japón colapsará antes de nuestra invasión”.

Al final de la guerra, LeMay comandaba más de 1.000 bombarderos, la fuerza aérea más mortífera del mundo, y sobre sus espaldas tenía los cadáveres de al menos 220.000 civiles japoneses y, probablemente, más de medio millón.

(*) https://warfarehistorynetwork.com/article/the-norden-bombsight-was-it-truly-accurate-beyond-belief/

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