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Día: 9 de octubre de 2024 (página 1 de 1)

Burkina Faso nacionaliza la extracción de oro

Burkina Faso se prepara para explotar plenamente su potencial aurífero en un contexto en el que la producción de oro ha experimentado un descenso en los últimos años, en gran parte debido a la inseguridad que ha obligado al cierre de varias minas. Actualmente, la mayoría de las operaciones mineras del país están bajo control de empresas extranjeras, principalmente canadienses y australianas.

La nueva junta militar de Burkina Faso quiere explotar directamente las vastas reservas de oro del país. En una emisión de radio nacional el pasado fin de semana, el capitán Ibrahim Traoré expresó su deseo de reducir el dominio de las multinacionales extranjeras en el sector minero, afirmando que Burkina Faso tenía la capacidad de gestionar la extracción de sus recursos naturales.

Desde que llegó al poder en 2022, ha apoyado especialmente un aumento del control sobre las industrias extractivas, con énfasis en la reapropiación de los recursos del país. “Todas las minas de oro están actualmente en nuestra agenda. No entiendo por qué sabemos cómo explotar el oro y por qué debemos dejar que las multinacionales vengan a explotar nuestro oro. Lo haremos nosotros mismos”, afirmó el capitán Traoré.

Esta ambición es parte del deseo más amplio de Burkina Faso de captar una mayor proporción de los ingresos de la explotación del oro, un recurso crucial para la economía nacional. El reciente acuerdo tripartito con Endeavour Mining y Lilium Mining muestra el compromiso del Estado con la reforma del sector, colaborando con socios y fortaleciendo su papel en la gestión de la riqueza mineral.

La estrategia debería, en última instancia, permitir al país beneficiarse de su sector aurífero y, al mismo tiempo, estimular el desarrollo local y la creación de empleo, dentro de un marco que favorezca la soberanía sobre sus recursos naturales.

Estados Unidos fabrica nuevos núcleos de plutonio para sus bombas nucleares

El rearme experimenta un resurgimiento mundial, impulsado por la Guerra de Ucrania y las crecientes presiones imperialistas. La innovación tecnológica, particularmente en el campo de los drones, está redefiniendo las tácticas militares, aunque la escalada militarista choca con los recortes presupuestarios.

En este contexto, Estados Unidos acaba de relanzar la producción de componentes esenciales para sus armas nucleares. Después de una pausa de tres décadas, la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) anunció la fabricación del primer núcleo de plutonio para el programa de modificación de la W87-1, una versión modernizada de la ojiva W87, que fue diseñada para ser utilizada en misiles balísticos intercontinentales como el LGM-30 Minuteman III.

Los núcleos de plutonio, un elemento crucial de las ojivas nucleares, no se producían desde 1989. Su reintroducción en el arsenal estadounidense tiene como objetivo modernizar los misiles balísticos intercontinentales, el pilar terrestre de la tríada nuclear del país. Este ambicioso proyecto no se limita a la simple producción de un componente; simboliza el deseo de Estados Unidos de mantener y fortalecer su hegermonía en la escena nuclear mundial.

La reanudación de la producción es un desafío técnico considerable. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos tenía capacidad para fabricar cientos de estos núcleos anualmente. Hoy la NNSA se fija el objetivo de restablecer una producción mínima de 80 unidades al año, una tarea que requiere reconstruir las habilidades y la infraestructura perdidas desde el final de la Guerra Fría.

El proyecto ha supuestgo ocho años de estrecha colaboración entre varias instituciones del complejo militar industrial, en particular los laboratorios Lawrence Livermore y Los Alamos. Esta sinergia ha permitido desarrollar procesos de calificación y certificación que cumplen con los cánones de calidad militar, aunque la cuestión va más allá de la simple producción: se trata de garantizar la fiabilidad y eficacia de todo el arsenal nuclear estadounidense.

La decisión de reiniciar esta producción es parte de una estrategia más amplia para modernizar las fuerzas nucleares. Los nuevos núcleos de plutonio están destinados a equipar los futuros misiles balísticos intercontinentales Sentinel, sucesores del obsoleto Minuteman III. Esta mejora tecnológica tiene como objetivo mantener la supremacía de la disuasión nuclear frente a los avances de otras potencias nucleares.

Sin embargo, la iniciativa plantea interrogantes sobre sus repercusiones a escala internacional. Es una señal de intensificación de la carrera armamentista nuclear, que impulsará a otros países a seguir el mismo camino. Las implicaciones diplomáticas y estratégicas de la decisión estadounidense corren el riesgo de remodelar las discusiones sobre desarme y no proliferación nuclear en los años venideros… si se reanudan, lo cual está por ver.

La munición del ejército estadounidense no penetra en los chalecos antibalas rusos

Un cambio en el calibre de los rifles es un acontecimiento histórico para cualquier ejército y cuanto más grande sea, más importante será el acontecimiento. El ejército de Estaos Unidos va a realizar ese cambio. Quiere equipar a unos 100.000 soldados con el nuevo rifle que actualmente está probando la 101 División Aerotransportada en Fort Campbell, Kentucky.

Hasta ahora la bala de calibre 5,56 mm ha sido la munición de las armas M4 actuales del ejército de Estados Unidos y de las que anteriormente utilizaron las M16, de los años sesenta y durante la Guerra de Vietnam.

Pero la era de las balas M4 y 5,56 mm está llegando a su fin. En Afganistán, por ejemplo, uno de los problemas fue que esa munición disparada con un M4 no siempre penetraba en los parabrisas de los vehículos.

“La última vez que usamos un rifle fue en 1967, cuando pasamos del M14 al M16”, dice el coronel Jason Bohannon, quien dirige el programa de armas Next General Squad del Ejército, creado en 2017 específicamente para reemplazar la carabina M4. “Creo que es un momento histórico para los militares”.

Al Pentágono le preocupa el efecto que causa una bala de ese calibre cuando alcanza a un soldado ruso que lleva un chaleco antibalas. En 2017 el general Mick Bednarek testificó sobre el tema en una audiencia del Comité de Servicios Armados del Senado. Señaló que Estados Unidos se enfrenta a adversarios en el campo de batalla que “se están acercando a los niveles dos y tres de chalecos antibalas que eliminan la letalidad con la que alguna vez dominamos el campo de batalla de infantería, sea cual sea la distancia”.

Debido a ese nivel de protección, añadió el general, “nuestra capacidad para atacar tales objetivos a medio y largo alcance está esencialmente agotada, por lo que debemos tener sistemas de armas pequeñas capaces de detener y penetrar estas defensas reforzadas de los enemigos”.

En la misma audiencia el general Robert Scales apoyó a su colega: “Creo que todos en el ejército entienden que una bala de 5,56 mm no puede penetrar el nuevo chaleco antibalas ruso y que en términos de alcance de disparo, es fácilmente inferior a la última armas pequeñas rusas”.

Su recomendación fue pasar al uso de balas de calibre medio: más de 5,56 mm y menos de 12,7 mm; alternativamente, de 7 a 62 mm, aproximadamente.

Poco más de una semana después, en otra audiencia, el general J. Mark Milley repitió los mismos comentarios. “Hay tipos de chalecos antibalas en los que las balas no penetran. También tenemos chalecos de ese tipo, pero […] los estados adversarios venden sus modelos en internet por unos 250 dólares”.

La bala de calibre medio que Scales mencionaba es la de 6,8 mm que dispararán el XM7 y el XM250, un calibre que el ejército espera que sea un intermedio entre el 5,56 mm y el 7,62 mm de la OTAN. Los calibres se encuentran en armas como la ametralladora M240 o el rifle militar M14, que precedió al M16.

Pero los chalecos antibalas son sólo una parte de la ecuación a la hora de determinar el tamaño de la munición más eficaz para matar a un soldado ruso. Al disparar balas de 5,56 mm con un rifle como el M4, el gran problema es el alcance. El cartucho es liviano y tiene una velocidad bastante alta, pero a distancias más largas no es tan efectivo. La mejor tasa de acierto es entre 300 y 400 metros.

Los cartuchos de las nuevas armas no sólo son más grandes, sino que también tienen una mayor velocidad de salida. En general, un proyectil de mayor calibre es más eficaz para alcanzar objetivos a distancias más largas. Por lo tanto, una bala de mayor calibre tendrá mayor poder destructivo. No será tan importante si los oponentes usan chalecos antibalas o no. Debe ser efectiva en cualquier situación.

También hay que tener en cuenta que cuanto mayor sea el campo de tiro, más difícil será para un proyectil penetrar blindajes importantes. El proyectil y la armadura son como los misiles y la defensa antiaérea. Toda medida siempre tiene su contramedida.

El XM7 es más pesado que el M4 al que reemplazará. Es posible que eso no agrade a una cierta parte de quienes tendrán que llevarlo.

También es normal que un cartucho de mayor calibre tenga más retroceso. Si además aparece una versión abreviada del rifle (como el M4 en comparación con el M16), el retroceso aumentará aún más.

Israel está bombardeando Beirut con bombas radiactivas

El domingo el presidente de la Asociación Libanesa de Medicina Forense, Raif Reda, pidió “recoger muestras de los lugares de los bombardeos [en Beirut] y enviarlas a las Naciones Unidas para que el mundo pueda ser testigo de la historia sangrienta y criminal del enemigo sionista”, según declaraciones recogidas por la Agencia Nacional de Noticias (NNA).

Las ojivas fabricadas con uranio empobrecido están diseñadas para perforar estructuras blindadas fortificadas, causando una enorme destrucción y liberando gases tóxicos. También son radiactivas y se han relacionado con un aumento masivo de las tasas de cáncer en Irak después de las guerras desatadas por Estados Unidos en 1991 y 2003.

Las fuerzas aéreas israelíes probablemente utilizaron bombas de uranio empobrecido cuando lanzaron 80 bombas de una tonelada sobre al menos cuatro edificios residenciales en los suburbios del sur de Beirut el 27 de septiembre para asesinar a Hassan Nasrallah, el dirigente de Hezbollah.

Un vídeo publicado por el ejército israelí muestra que los aviones de combate que llevaron a cabo la misión de matar a Nasrallah estaban equipados cada uno con seis misiles BLU-109 de fabricación estadounidense.

El tipo de explosivos más común dentro de estos misiles son bombas clasificadas como GBU-31. Estas municiones guiadas son conocidas por su capacidad para perforar estructuras de hormigón o de acero fuertemente blindadas gracias a un proyectil de uranio empobrecido (DU), utilizado por su alta densidad, que refuerza la resistencia de las bombas al impacto en el suelo.

La Fuerza Aérea Israelí ya ha utilizado estas bombas en Gaza. Según la Comisión de Derechos Humanos de la ONU se trata de bombas GBU-31, GBU-32 y GBU-39 lanzadas durante ataques aéreos de la Fuerza Aérea Israelí contra edificios residenciales, una escuela, campos de refugiados y un mercado entre el 9 de octubre y el 2 de diciembre del año pasado.

Las municiones de uranio empobrecido representan un riesgo para los civiles años después de que un sitio sea bombardeado, porque liberan partículas radiactivas al impactar y contaminan el suelo.

La Fuerza Aérea de Estados Unidos utilizó ojivas de uranio empobrecido durante sus dos guerras en Irak.

El investigador Souad Al Azzawi, profesor asociado de ingeniería ambiental en la Universidad de Dubai en Canadá, cita estudios que muestran un aumento del 60 por cien en los casos de leucemia en niños entre 1990 y 1997, y que los defectos de nacimiento se triplicaron entre 1990 y 1998 en Basora, Irak.

La Fuerza Aérea de Estados Unidos bombardeó Basora en respuesta a la invasión de Kuwait por Saddam Hussein en 1990. Al-Azzawi dice que el uranio utilizado en esas guerras es responsable del aumento de cánceres y malformaciones congénitas en la zona.

El uranio empobrecido es uno de los contaminantes más estudiados relacionados con defectos de nacimiento. La Organización Mundial de la Salud publicó un informe en 2003 titulado “Impacto potencial del conflicto en Irak en la salud”, que sugería que el uranio puede ser responsable del aumento de cánceres, defectos de nacimiento, salud reproductiva y enfermedades renales entre la población irakí desde 2003.

El Proyecto de Investigación e Información de Oriente Medio (MERIP) dice que las bombas de uranio pueden ser una de las causas del aumento masivo de malformaciones congénitas entre los niños en Faluya, que las fuerzas estadounidenses bombardearon intensamente durante las batallas con los insurgentes en abril y noviembre de 2004.

La página de Facebook del Hospital de Faluya sobre defectos de nacimiento, donde el personal médico cataloga los casos, reveló varios defectos de nacimiento. Los bebés en Faluya nacen habitualmente con hidrocefalia, paladar hendido, tumores, cráneos alargados, extremidades demasiado grandes, demasiado cortas, orejas, narices y columna vertebral malformadas.

—https://thecradle.co/articles/israel-drops-depleted-uranium-bombs-inside-beirut-official

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