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Día: 18 de noviembre de 2023 (página 1 de 1)

Estados Unidos y Francia compiten por llenar el vacío de Rusia en el mercado nuclear

Desde el estallido de la Guerra de Ucrania, los países de Europa central y oriental, que tienen reactores nucleares de diseño soviético, tratan de diversificar sus suministros de combustible. El holding ruso Rosatom aún no ha sido sancionado porque, lo miso que el gas, no tiene recambio en ningún país del mundo. Las compras de combustibles rusos por parte de la Unión Europea alcanzaron el año pasado su nivel más alto en tres años.

Casi dos años después del inicio de la guerra en Ucrania, Rosatom sigue desempeñando un papel estratégico en el suministro eléctrico de Europa. Sigue abasteciendo a las centrales nucleares de Europa del este, desde Eslovaquia hasta Bulgaria, pasando por la República Checa, Finlandia y Hungría.

Tarde o temprano el bloqueo económico llegará también a Rosatom y Europa tiene que llenar ese hueco. Por eso han entrado en comptencia el grupo americano Westinghouse y la empresa francesa Framatome, aunque los franceses habían firmado un acuerdo de “cooperación a largo plazo” con Rosatom que le permitiría suministrar centrales nucleares bajo licencia rusa.

Es una oportunidad para apoderarse del mercado nuclear, que ahora controla Rusia de manera casi monopolista.

El ciclo productivo del uranio empieza con el enriquecimieneto de la materia prima y luego hay que ensamblarlo antes de cargarlo en la central eléctrica. Primero se convierte el uranio enriquecido en óxido de uranio, para fabricar pequeños cilindros llamados “pellets” que constituyen el combustible final.

Los “pellets” no funcionan como el petróleo o el gas. No son intercambiables. Cada uno de ellos está dimensionado, diseñado y equilibrado para las características de una determinada central, no pudiendo utilizarse para alimentar una instalación de otro modelo.

Rosatom controla el último ciclo para suministrar los reactores que la empresa ha vendido en el extranjero. Son diseños de origen soviético del modelo llamado “VVER”, que a su vez tiene tres variantes (VVER-440, VVER-1000 y VVER-1200), de los cuales hay diecinueve en Europa.

En los últimos meses los operadores de los países de Europa central han firmado, uno tras otro, contratos con Framatome o Westinghouse para diversificar el suministro de sus VVER-440 y VVER-1000.

Pero Westinghouse lucha por su parte en el pastel que deja Rusia. El año pasado la República Checa y Bulgaria firmaron un contrato con Westinghouse para que suministrara parte de sus centrales nucleares VVER, antes de que Bulgaria haga lo mismo en agosto de este año. Unos meses antes el monopolio estadounidense anunció que había cerrado un acuerdo de colaboración con Enusa para ofrecer “alternativas a Rosatom para la fabricación de combustible”.

Desde la caída del Muro de Berlín en 1989 Westinghouse se interesó por la construcción de las nuevas centrales en Europa. Pero la tecnología soviética era muy superior y el monopolio estadounidense fracasó, dejando el campo abierto a Rosatom.

El Golpe de Estado en Ucrania cambió la situación. Ucrania dispone de reactores VVER-1000 y Westinghouse trabajó para imitar a los reactores nucleares de estilo soviético ampliando su planta en Västerås, Suecia, en 2016.

Francia, sin embargo, tiene una gran ventaja: antes de la guerra, en diciembre de 2021, Framatome firmó un acuerdo de “cooperación a largo plazo” con Rosatom que le permitía suministrar centrales nucleares con licencia rusa.

A finales del año pasado la empresa francesa también firmó con el operador búlgaro para suministrar, junto a Westinghouse, la única central eléctrica del país. En junio de este año Framatome anunció que también suministraría combustible a los reactores eslovacos.

A diferencia de Westinghouse, Framatome aún no ha entregado combustible, pero está empezando a firmar contratos. El grupo francés explica así que ha desarrollado desde hace varios años una solución industrial para alimentar reactores de diseño soviético, con una reorientación de las actividades del lugar.

Queda por ver si habrá suficientes equipos industriales disponibles para sustituir a los rusos a tiempo. Tanto en Framatome como en Westinghouse, las fábricas siguen siendo pequeñas hoy en día y tienen que ampliarlas.

Además, los contratos siguen suspendidos por órdenes políticas. Es necesaria una autorización gubernamental para cambiar de proveedor de combustible, lo que puede tardar varios años. Entre el momento de la firma del acuerdo y la entrega física, un cambio de gobierno puede poner todo patas arriba. En Eslovaquia, por ejemplo, Robert Fico ganó las elecciones a principios de octubre y es posible que mantenga a los rusos como suministradores de la materia prima nuclear.

Por el contrario, Hungría recurre a las empresas occidentales. El 12 de septiembre, Framatome y el gobierno húngaro ratificaron un acuerdo para diversificar el suministro de sus reactores. La empresa francesa deberá suministrar combustible a la central eléctrica de Paks, un modelo VVER-2000. Eso no significa que el Orban vaya a cortar sus vínculos con Rosatom. La empresa rusa seguirá participando en el proyecto de ampliación de la planta, con la construcción de dos nuevos reactores hasta 2030.

A pesar del deseo de los países europeos de encontrar otros proveedores, Rosatom tiene un peso enorme en el mercado atómico y aunque Europa cierra las puertas, los rusos se van a África, Oriente Medio o a Latinoamérica.

Rosatom ocupa el primer lugar en el podio por el número de centrales nucleares planificadas o en construcción en todo el mundo. Desde Egipto hasta Bangladesh, pasando por Turquía, China, India e Irán. El negocio está en auge. En febrero, el director de Rosatom, Alexey Lijachev, afirmó que han iniciado conversaciones con una decena de países, entre los cuales tres o cuatro estarían a punto de firmar acuerdos.

La empresa rusa va a obtener suculentos contratos y, al mismo tiempo, va a fortalecer la influencia de Rusia durante las próximas décadas sobre una nueva generación de compradores de centrales nucleares.

Arrecian las presiones sobre X/Twitter para que censure las críticas al sionismo

En la guerra actual Israel ha perdido la batalla de la información. X/Twitter se encuentra sometido a fuertes presiones por parte de las grandes potencias para censurar la información independiente sobre la masacre contra Gaza. Los organismos de la Unión Europea han dejado de publicar mensajes en la red y la Casa Blanca acusa a Elon Musk de promover el antisemitismo.

A medida que se intensificaba la agresión militar de Israel contra la población de Gaza, y después del corte de la conexión a internet al comienzo de los bombrdeos israelíes, los palestinos hicieron un llamamiento a Musk para que su red de satélites Starlink restableciera las comunicaciones.

La etiqueta #starlinkforgaza ganó popularidad rápidamente en X/Twitter. A través de su plataforma, Musk anunció que Starlink restablecería la conexión a internet de las organizaciones humanitarias en Gaza.

La iniciativa no agradó en absoluto a los sionistas que acusaron a Musk de apoyar a los “terroristas”. La cascada de improperios fue la misma de siempre: antisemitas, negacionistas, conspiranoicos…

El portavoz de la Casa Blanca, Andrew Bates, condenó las declaraciones de Musk, calificándolas de “mentira atroz” y recordando que van en contra de los principios fundamentales de Estados Unidos. Destacó la importancia de rechazar cualquier forma de expresión que dañe la dignidad y la seguridad de los ciudadanos estadounidenses.

Musk decidió responder atacando a la Liga Antidifamación (ADL), una organización que quiere censurar la lucha contra el sionismo. Denunció que las potencias occidentales apoyan al Estado de Israel y sus colonos.

La polémica ha desatado un amplio debate sobre las políticas cada vez más estrictas de censura que las grandes potencias quieren introducir en los medios independientes y las redes sociales para continuar sosteniendo a un Estado de apartheid, como Israel.

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