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Día: 31 de diciembre de 2022 (página 1 de 1)

De la operación militar especial a la guerra

Los eufemismos se han acabado. En su conferencia de prensa de la semana pasada Putin cambió el discurso oficial ruso: la Operación Militar Especial se ha convertido en una guerra. Los ministros del gobierno y los medios de comunicación han hecho lo mismo, porque se trata del reconocimiento abierto de la verdadera estrategia rusa (1).

Es la señal más clara hasta ahora, en más de 10 meses de combates, de que las hostilidades en Ucrania podrían prolongarse durante años (2). “Nuestro objetivo no es cambiar el curso de esta operación militar, sino, por el contrario, poner fin a la guerra”, añadió Putin en medio de la visita de Zelenski a Washington.

En su visita, Zelenski exaltó la continuación de la guerra, y en Estados Unidos, que tiene que poner las armas, se preocupan por la capacidad de su industria para hacer frente a una batalla prolongada. Pero los informes de Estados Unidos y los países de la OTAN apuntan unánimemente en la misma dirección: el estado de debilidad de la industria de guerra.

El viernes el Washington Post reconocía que la Guerra de Ucrania ha “puesto al descubierto fallos en la planificación estratégica estadounidense” y “revelado importantes lagunas” en la base industrial militar de Estados Unidos y la OTAN (3). El ejército ucraniano consume más munición de la que Occidente puede producir.

“Los arsenales de muchas armas y municiones clave están casi agotados, y la espera para la producción de nuevos misiles se prolonga durante meses y, en algunos casos, años”, señala el Washington Post. Estados Unidos ha canalizado unos 20.000 millones de dólares en ayuda militar a Kiev sólo este año. De esa cantidad, sólo 6.000 millones se han destinado a nuevos contratos de armamento y el resto procede de las existencias del Pentágono.

“El complejo militar-industrial estadounidense puede fabricar unos 14.000 cartuchos de munición para obuses de 155 milímetros”, asegura la secretaria del Ejército estadounidense, Christine Wormuth, mientras que los ucranianos consumen unos 6.000 al día en combates intensos.

La industria de guerra estadounidense está “en muy mal estado en estos momentos”, comenta el Washington Post. “Estamos realmente bajos […] y ni siquiera estamos luchando”. Si Estados Unidos se tuviera que enfrentar a China o Rusia en una guerra convencional, “no pasamos de cuatro o cinco días en un juego de guerra antes de quedarnos sin misiles de precisión”.

“Los aliados de Washington en Europa se encuentran en una situación similar”, escribía por su parte el Wall Street Journal (4). Ucrania consume 40.000 cartuchos al mes, mientras que todos los miembros europeos de la OTAN juntos pueden producir 300.000 al año.

“La capacidad de producción europea es claramente insuficiente” y tardarían hasta 15 años en reponer las reservas al ritmo de producción actual si la guerra acabara mañana. “Aunque los funcionarios occidentales llevan meses pidiendo que se acelere la producción [de armamento], la reciente legislación de la UE ha bloqueado muchas inversiones en fabricación de armas”, calificándolas de “insostenibles”, añade el Wall Street Journal. Alemania financia una fábrica en Rumanía que podría producir munición de calibre OTAN y soviético para Ucrania.

(1) https://www.military.com/video/aircraft/attack-and-fighter-aircraft/fords-b-24-liberator-bomber-factory/2849404120001
(2) https://www.zerohedge.com/geopolitical/putin-references-war-ukraine-1st-time-response-zelenskys-dc-visit
(3) https://www.washingtonpost.com/national-security/2022/12/23/ukraine-weapons-biden/
(4) https://www.wsj.com/amp/articles/europe-is-rushing-arms-to-ukraine-but-running-out-of-ammo-11671707775

La injerencia de Marruecos se extiende a varias instituciones europeas

Marruecos ha interferido en varias instituciones europeas recurriendo a la corrupción para sobornar a personalidades influyentes. “También se ha interferido en otras instituciones europeas a través de una red de personajes influyentes, entre ellos el ex eurodiputado Antonio Panzeri, la ex vicepresidenta del Parlamento Europeo Eva Kaili y Francesco Giorgi, su compañero y asistente parlamentario -todos ellos detenidos-, que representan sólo unos pocos eslabones”, afirmó la semana pasada el diario italiano Corriere della Sera.

El juez belga Michel Claise explicó que la investigación, que comenzó con una operación de los servicios secretos belgas y otros servicios de seguridad europeos, se refiere a “acciones de injerencia en el seno de las instituciones de la Unión Europea” llevadas a cabo por Marruecos “a través de la corrupción de personas de la cúpula del mundo institucional europeo” en general.

Sin embargo, los tribunales belgas se están centrando principalmente en lo ocurrido en el Parlamento Europeo, donde “la política del grupo Socialista y Demócrata (S&D) habría sido influenciada en favor de Marruecos por un equipo de tres italianos” cuyos nombres se citan por este orden: Pier Antonio Panzeri, Andrea Cozzolino y Francesco Giorgi.

Marruecos habría recurrido a este grupo parlamentario para “cultivar sus múltiples intereses haciéndose guiar en sus operaciones por Mohamed Belahrache, funcionario de la DGED (Dirección General de Estudios y Documentación), el servicio secreto de Rabat”.

Este oficial marroquí actuó por mediación del embajador marroquí en Polonia, Abderrahim Atmoun, que “trabajaba en estrecha colaboración con los servicios secretos marroquíes” y que se reunió varias veces con Panzeri y Cozzolino en Bruselas y Varsovia.

Marruecos se apoyó en un grupo de ‘amigos’ del Parlamento Europeo

Para llevar a cabo sus operaciones, los tres italianos habrían contado “con la colaboración de un grupo de eurodiputados -todos miembros del grupo parlamentario S&D- calificados de amigos, los más cercanos de los cuales serían Eva Kaili, Arena Maria, Moretti Alessandra y Benifei Brando Maria”.

El exdiputado Antonio Panzeri, el actual diputado Andrea Cozzolino y su asesor Francesco Giorgi “recibían órdenes la mayor parte del tiempo de Atmoun Abderrahim”, pero “también se decía que estaban en contacto directo con Mansouri Yassine, director general de la DGED”, a quien Cozzolino “supuestamente conoció personalmente […] en Marruecos en 2019”.

Las órdenes de detención emitidas contra estos acusados mencionan vuelos de ida y vuelta reservados en otoño de 2019 por la DGED para Cozzolino.

Para el juez Claise, existe una fuerte sospecha de que Cozzolino y Panzeri “concluyeron en 2019 un acuerdo con los servicios secretos marroquíes a través de Atmoun para interferir a favor de Marruecos en el Parlamento Europeo a cambio de dinero”.

El diario Il Fatto quotidiano, citando a investigadores belgas que interceptaron conversaciones entre Antonio Panzeri y su familia, relata que el antiguo eurodiputado y su esposa “aprovecharon un viaje a Marruecos en junio de 2022 para informar de posibles recompensas por actividades injerencistas para Marruecos”.

Los regalos del régimen marroquí también vuelven a mencionarse en otra interceptación casi dos meses después. Se refiere a una discusión que tuvo lugar en el piso del matrimonio Panzeri-Colleni.

Los investigadores escriben en los documentos: “En el marco de nuestra asistencia técnica […], se ha llamado nuestra atención sobre informaciones que podrían indicar la presencia de bienes adquiridos ilegalmente en la residencia italiana del matrimonio Panzeri-Colleni.

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