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Día: 28 de junio de 2022 (página 1 de 1)

Declaración de la contracumbre ‘OTAN no, bases fuera’ sobre la guerra en Ucrania

La Coordinación de Plataformas “OTAN No, Bases Fuera”, constituida por las organizaciones firmantes del Llamamiento a la Movilización Contra la Cumbre de la OTAN en Madrid, convocó a la ciudadanía a celebrar la Contracumbre OTAN No, Bases fuera, Madrid 2022 como respuesta a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN.

Reunidos en la ciudad de Madrid los días 24 y 25 de junio de 2022, los asistentes a esta Contracumbre declaran:

El actual conflicto en Ucrania nos ha hecho sentir el inmenso poder del bloque occidental en el ámbito ideológico-cultural. El complejo mediático del que forman parte los medios de comunicación, las industrias culturales, la clase política, las instituciones y la mayor parte de la academia, ha participado en la construcción de una atmósfera tóxica que criminaliza lo ruso y demoniza a su presidente. Una visión teológica de la propaganda de guerra que incluye la práctica inquisitorial de la censura bajo el control militar de la Dirección de Seguridad Nacional y un estado de excepción de facto, suprimiendo el derecho a la información.

El objetivo de esta campaña es doble: Por un lado, justificar la desvinculación de Europa de Rusia, castigar y debilitar ese país y facilitar el camino para agredir a China, objetivo final de la expansión imperialista occidental. Por otro, construir un culpable al que responsabilizar de los inmensos sacrificios que supondrá el tránsito hacia un nuevo orden mundial necesario para hacer frente a la actual crisis capitalista. Este proceso requerirá, además, el control y el disciplinamiento de la población del imperio, y la guerra es el motivo perfecto para imponer esta estrategia.

Se ha desatado en Occidente una obscena y masiva campaña de desinformación, propaganda y guerra económica orientada a aislar a Rusia del resto del mundo; sin embargo la tensión histriónica e histérica, principalmente europea, no fue seguida por la mayor parte de los países del mundo. No sólo por China, Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua o Corea del Norte, países largamente acosados y agredidos por los mismos que lo hacen contra Rusia, sino tampoco por Brasil, Arabia Saudí, ni por Turquía y la mayor parte de países de Asía, América Latina y África que no se han sumado a la ofensiva de la guerra híbrida contra Rusia.

Rusia se salió del papel que le tenían reservado en una guerra de defensa del Donbás e inició su operación militar especial dirigida a dos objetivos: destruir las capacidades misilísticas, aéreas, antiaéreas y navales de Ucrania para defender los territorios masacrados por las milicias ucronazis (creadas, armadas y entrenadas por el Reino Unido, los propios EE.UU. y otros países de la OTAN) y erradicar los movimientos nazis que controlan el país tras el golpe de estado del 2014.

Todos los analistas militares serios concurren en caracterizar la operación militar rusa como mucho más respetuosa con la población civil y con los propios soldados ucranianos que abandonan las armas que las campañas recientes de EE.UU., la UE y la OTAN en Yugoslavia, Siria, Irak, Libia o Afganistán.

Rusia usa sus armas más destructivas para eliminar los arsenales alimentados continuamente por los países de la OTAN. Por el contrario, el ejército ucronazi sigue una estrategia similar a la puesta en marcha en las operaciones de las milicias terroristas del estado islámico en la guerra de Siria, escenificando ataques falsos para alimentar la propaganda bélica europea. Ha bloqueado a la población civil en las ciudades, las ha usado como escudos humanos y ha utilizado ambulancias para el transporte de armas y soldados, llegando a realizar ataques contra civiles desarmados que intentaban abandonar las áreas de combate.

Ucrania es un peón en la ofensiva de occidente a Rusia; un peón que nunca se convertirá en reina y que será sacrificado en el altar de los intereses de EE.UU. Este camino se inició en la revolución naranja del 2005, dentro del programa de las revoluciones de colores, que culminó con el golpe de estado del 2014, promovido y financiado públicamente por EE.UU., en el que los ucronazis jugaron un papel fundamental en la desestabilización del estado y en la persecución de la población rusa y rusoparlante.

Este golpe consiguió hacerse con el poder, pero no fue seguido por toda la población. La península de Crimea aprobó su integración en Rusia y la región del Donbás no reconoció al régimen ucronazi de Kiev, declarándose repúblicas independientes.

La nazificación impulsada por Kiev integró a las milicias nazis en el ejército regular y las envió para que reprimieran y destruyeran las repúblicas del Donbás. Ocho años de guerra y 14.000 muertos era el saldo en esa región en el momento de iniciarse la operación militar rusa.

EE.UU. y el Reino Unido, reconvertido de nuevo en imperio británico, llevan intentando desde 1917 apropiarse de Rusia por todos los medios a su alcance; lo han intentado durante toda la existencia de la URSS y lo continúan intentando hoy día.

A través de la OTAN, han integrado a 14 países del este de Europa como fuerzas aliadas imperialistas, teniendo como objetivo el cerco a Rusia. Ucrania es un punto decisivo en esta estrategia. Su proximidad al corazón de Rusia, el control del Mar Negro y su importante papel en la nazificación de Europa, la otorgan un protagonismo esencial en la estrategia imperial occidental.

Si Rusia cae, caerán detrás China, Brasil, India, Irán…. Independientemente de su organización política y de sus bases ideológicas, los países con un mínimo sentido de la soberanía en los cinco continentes han declinado participar en la campaña de sanciones a Rusia; mientras tanto Europa, que se humilla y se somete sin ninguna resistencia, está pagando un alto precio económico y político del que tardará décadas en recuperarse, si es que llega a hacerlo.

Es precisamente Europa, más que los EE.UU., la que sostiene esta guerra multifuncional contra Rusia en Ucrania; y es la socialdemocracia, los progresistas liberales, los que lo hacen con más entusiasmo, siendo mucho más agresivos, al menos en lo verbal, que los líderes más conservadores. No hay ningún reparo en aniquilar a un país entero para tratar de debilitar a Rusia, ningún reparo en seguir alimentando al monstruo para que sostenga la guerra hasta el último ucraniano.

En la próxima Cumbre de la OTAN, Rusia y China serán declarados oficialmente enemigos, se aumentarán los presupuestos de la Alianza, se abrirá la puerta a la guerra en el espacio y al uso de las armas nucleares. Se intensificará la propaganda de guerra y la militarización de la sociedad y la OTAN será una organización disciplinaria, ofensiva y global. La cumbre definirá su rol en la reconfiguración del nuevo orden mundial.

Europa lo sabe, pero quebrada económicamente, política e ideológicamente se pone en manos del eje anglo-sajón, poniendo en peligro su propia existencia.

El problema no es Ucrania; es el imperialismo, es el militarismo, es la OTAN, que amenaza a la Federación Rusa a través de Ucrania. Hoy Rusia está librando esta batalla en defensa de la soberanía e independencia de todos los países. Rusia debe ganar esta guerra por su propio país y por los nuestros. Rusia derrotará el nazismo y, para ello, está pagando un alto precio en vidas y en su propio bienestar.

¡No pasarán!

Estados Unidos está en guerra con Rusia, Ucrania sólo pone la carne de cañón

En Ucrania abundan las fuerzas especiales y los espías de Estados Unidos y sus aliados, asegura el New York Times en un artículo titulado “Commando Network Coordinates Arms Flow in Ukraine” (Una red de comandos coordina el flujo de armas en Ucrania).

“A medida que las tropas rusas continúan su implacable campaña para tomar el este de Ucrania, la capacidad de la nación para resistir el ataque depende más que nunca de la ayuda de Estados Unidos y sus aliados, incluida una red sigilosa de comandos y espías que se apresuran a proporcionar armas, inteligencia y entrenamiento”, afirma el New York Times (*).

“Gran parte de este trabajo se realiza fuera de Ucrania, en bases de Alemania, Francia y Gran Bretaña”, añade. Aunque el gobierno de Biden ha dicho que no desplegará tropas estadounidenses, “algunos miembros de la CIA han seguido operando de forma encubierta en el país, principalmente en la capital, Kiev, dirigiendo gran parte de la enorme cantidad de inteligencia que Estados Unidos comparte con las fuerzas ucranianas”.

Al mismo tiempo, algunas docenas de comandos de otros países de la OTAN, como Gran Bretaña, Francia, Canadá y Lituania, también operan en Ucrania.

La revelación de que la CIA y las fuerzas especiales estadounidenses están llevando a cabo operaciones militares en Ucrania desmiente efectivamente la insistencia del gobierno Biden al comienzo de la guerra de que no habría tropas estadounidenses sobre el terreno.

Esta noticia no debería sorprender a quienes están familiarizados con el comportamiento habitual de la central estadounidense de inteligencia, pero es interesante observar que contradice lo que el mismo New York Times nos dijo hace menos de tres semanas.

“Las agencias de inteligencia estadounidenses tienen menos información de la que les gustaría sobre las operaciones de Ucrania y tienen una imagen mucho mejor del ejército ruso, de sus operaciones planificadas y de sus éxitos y fracasos”, decía el periódico a principios de este mes. “Los funcionarios estadounidenses dijeron que el gobierno ucraniano les dio pocos informes clasificados o detalles sobre sus planes operativos, y los funcionarios ucranianos reconocieron que no les dijeron todo a los estadounidenses”, añadía.

Es falso que la central estadounidense de inteligencia tenga problemas para obtener información sobre lo que ocurre en un país en el que ellas mismas se encuentran físicamente. La ridícula retórica de que “no sabemos lo que está pasando en nuestra propia guerra por delegación” pretendía dar a Estados Unidos la oportunidad de negar los fracasos de Ucrania en el campo de batalla, que no han hecho más que empeorar desde entonces.

¿Por qué han cambiado de discurso?, ¿por qué cuentan esto ahora? Porque el papel de Estados Unidos y sus aliados en Ucrania es cada vez más activo.

En abril, Biden declaró a la prensa que la idea de que se trataba de una guerra por delegación entre Estados Unidos y Rusia era “falsa”, y el Secretario de Defensa, Lloyd Austin, respondió: “No, ésta es claramente la lucha de Ucrania”. Los principales medios de comunicación siguieron presentando esto como “propaganda rusa”. Ucrania es un país soberano que toma sus propias decisiones…

Llegó mayo y, de repente, el New Yorker dijo que, por delegación, Estados Unidos estaba en guerra con Rusia. El congresista estadounidense Seth Moulton dijo que “no estamos en la guerra sólo para apoyar a los ucranianos”. Fundamentalmente estamos en guerra con Rusia, aunque por delegación, “y es importante que ganemos”.

En junio el periodista Max Boot repitió lo mismo: “ésta es nuestra guerra” y es necesario que Estados Unidos la intensifique para infligir “pérdidas devastadoras” a los rusos.

Que Estados Unidos está en guerra con Rusia es algo que se ha ido normalizando poco a poco; Ucrania sólo pone la carne de cañón.

(*) www.nytimes.com/2022/06/25/us/politics/commandos-russia-ukraine.html

Rusia no está en suspensión de pagos

Ayer los medios de comunicación mundiales se regocijaron de alegría por la noticia difundida por la agencia Bloomberg (1), reproducida por periódicos como el ABC (2) y El Economista (3). Rusia estaba en suspensión de pagos al no haber pagado su deuda exterior dentro del plazo. Es el primer impago de la deuda externa desde 1918, o sea, desde la Revolución socialista.

Es otro bulo. Para cualquier país una cantidad de 100 millones de dólares es insignificante, tanto como declarar en bancarrota al Banco de Santander porque debe 20 céntimos.

Un país se declara en suspensión de pagos cuando lo piden sus acreedores, no cuando lo dice un periódico, ni las agencias de calificación, a las cuales las sanciones impiden informar sobre Rusia.

Quien declara la suspensión es el Comité de Determinación de Derivados Crediticios, un grupo de especuladores que decide sobre el pago de valores relacionados con el impago. Los acreedores no han pedido un acuerdo sobre el supuesto impago de Rusia, hasta la fecha.

¿Por qué? Porque Rusia pagó los intereses el 24 de junio. El National Settlement Depository (NSD), encargado abonar la deuda soberana de Rusia recibió 8.500 millones de rublos, equivalentes a 159,4 millones de dólares, para el pago de los intereses (2).

El 23 de junio el Ministerio ruso de Economía dijo que había cumplido con sus obligaciones de servicio de bonos soberanos en su totalidad.

El día anterior Putin había firmado el decreto sobre la nueva forma de pago de las deudas en rublos, después de que los países occidentales se negaran a recibir el dinero en euros.

“El hecho de que Euroclear retuviera este dinero, no lo transfiriera a los destinatarios, no es nuestro problema”, dijo Peskov, el portavoz del Kremlin, a lo que el New York Times apostilla: “No hay razón para llamar a esta situación un incumplimiento”.

Los acreedores pueden obtener fácilmente su dinero en la moneda que deseen. Tendrán que abrir dos cuentas en Gazprombank en Zúrich, una en rublos y otra en euros. A continuación, pueden solicitar al Depósito Nacional de Liquidación de Rusia que envíe sus rublos a su cuenta en rublos en Gazprombank, que estará encantado de comprar esos rublos y transferir el valor correspondiente en euros a la cuenta en euros del inversor.

Se trata simplemente del proceso inverso al que utilizan los compradores europeos para pagar el gas ruso en rublos.

(1) https://www.nytimes.com/2022/06/26/business/russia-default.html
(2) https://www.abc.es/economia/abci-rusia-entra-suspension-pagos-primera-100-anos-202206270928_noticia.html
(3) https://www.eleconomista.es/economia/noticias/11838977/06/22/Rusia-cae-en-default-por-primera-vez-desde-1918-en-divisa-extranjera-tras-cumplirse-el-periodo-de-gracia.html
(4) https://interfax.com/newsroom/top-stories/80609/

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