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Día: 8 de julio de 2021 (página 1 de 1)

El expresidente hondureño Manuel Zelaya indica que la CIA está detrás del asesinato del Presidente haitiano

Ayer el expresidente de Honduras José Manuel Zelaya Rosales (2006-2009) denunció el asesinato del jefe de Estado de Haití, Jovenel Moise, a manos de un grupo de hombres armados desconocidos que irrumpió en su residencia privada en el barrio de Pelerin, Puerto Príncipe.

Zelaya equiparó lo ocurrido con Moise con el golpe de Estado en su contra en 2009, vinculando ambos hechos con la CIA.

“La modalidad de asesinar se intentó en Honduras en 2009 […] El deseo de sangre del golpismo CIA hoy lo saciaron en Haití”, hizo hincapié Zelaya, a través de un mensaje en Twitter.

El asesinato del mandatario haitiano resultará en una nueva “intervención” de Estados Unidos en los asuntos internos del país caribeño. No obstante, a diferencia de lo ocurrido en Haití, los militares hondureños no llevaron a cabo un magnicidio en su contra, ni usaron mercenarios.

En su lugar lo expatriaron a Costa Rica. “La falsa renuncia, ya muerto no podría desmentirla”, denunció el expresidente centroamericano.

El periódico estadounidense Miami Herald declaró que los hombres armados que asesinaron al mandatario haitiano se habían identificado como agentes de la DEA. El diario indicó que, en los videos tomados por personas cerca de la casa del presidente, se puede escuchar a alguien con acento estadounidense, gritando por un altavoz: “¡Operación de la DEA! ¡Retírense todos! ¡Operación de la DEA! ¡Retrocedan, retírense todos!”.

La policía haitiana ha informado hoy de la muerte de cuatro mercenarios y la captura de otros 17, entre ellos un estadounidense, acusados del asesinato de Jovenel Moise.

La policía bloqueó la carretera para impedir la huida de los mercenarios. Algunos de ellos se habían refugiado en Pelerin y tres policías tomados como rehenes fueron liberados.

Por su parte, el ministro de Comunicación y Cultura de Haití, Pradel Henríquez indicó que a partir de jueves es efectivo el estado de sitio y un toque de queda.

Moise fue elegido presidente de Haití en la primera vuelta de las elecciones de octubre de 2015; no obstante, dichos comicios fueron anulados debido a unas denuncias de fraude electoral. Más tarde, en 2016, fue declarado ganador de nuevo y asumió la Presidencia el 7 de febrero de 2017, por lo que debería gobernar hasta el próximo año.

Sin embargo, el Presidente dijo que debía gobernar hasta 2022 y denunció a la oposición por un intento de golpe de Estado, por lo que a mediados de 2018 comenzó una fuerte crisis política. El Consejo Superior del Poder Judicial de Haití consideraba que el 7 de febrero finalizaba el mandato de Moise.

El asesinato se produce a poco más de dos meses de las elecciones presidenciales y legislativas, convocadas para el próximo 26 de septiembre, unos comicios en los que Moise no podía ser candidato, pero el mandatario había convocado para la misma fecha un referéndum a fin de aprobar una nueva Constitución, un proyecto que no contaba con el apoyo de la oposición ni de Estados Unidos.

Sobre la ley (del más fuerte)

Los individuos se encuentran sometidos a las arbitrariedades del aparato represivo del Estado, y la separación de los poderes ejecutivo y judicial sigue constituyendo todavía un problema no resuelto en la práctica de los procesos y, en particular, de los procesos políticos” (1).

¡Han indultado a unos presos políticos independentistas! Esta ha sido la noticia que ha llenado las páginas de los periódicos y los noticieros televisivos y radiofónicos durante unas semanas. Algunos han aludido al “derecho”, a la “ley”, esta toma de decisiones. Otros aludiendo a lo mismo han rechazado el indulto. Otros han aludido a una decisión política oportunista. Otros han reclamando una amnistía para los presos independentistas, que no para el resto de presos políticos. En fin para todos los gustos.

Sentencias, alegatos, apelaciones, más sentencias, recursos a distintos tribunales autóctonos o extranjeros, y un sinfín de argumentaciones que si es delito haber convocado un referéndum, que si es sedición, que si es un derecho amparado internacionalmente… cuando la cosa no fue a mayores y, pienso que a estas alturas se puede afirmar que nunca pasó por la cabeza de los convocantes ir más allá de un amago, arrastrando tras de sí una parte de la población de Catalunya que creyó a pies juntillas los discursos emanados, cuyo objetivo real no era otro que el tira y afloja para el reparto del pastel presupuestario.

Pero el peligro real consistía en la activación de una inmensa masa de población que se organizó con el deseo de ser sujeto de la política, que hubiera podido ser un ejemplo para futuros propósitos emancipatorios, los cuales podían apuntar más allá de los discursos meramente territoriales de los convocantes y sobrepasarlos. Esta “disfunción” entre la élite política y un considerable movimiento de masas activado, provocó el temor suficiente para dejar las cosas como en un ensayo pero sin llegar a la finalización de la obra.

En dicho ensayo, la élite política catalana no tuvo en cuenta que había otros políticos que también deseaban un pedazo mayor de tarta. Y tampoco tuvieron en cuenta que desde hace muchísimos años no existe la denominada división de poderes. El poder es único y engloba la economía, la política, la justicia y las fuerzas armadas, de lo contrario no existiría el poder. Y para existir, además, hay que ejercerlo, y en este ejercicio es equivalente la pena y el perdón, la cárcel y el indulto.

El Derecho es un sistema de relaciones sociales en total sintonía con los intereses de la clase dominante y puesto en práctica por el poder de dicha clase para asegurar su hegemonía, pero al mismo tiempo es también utilizado para dirimir conflictos entre fracciones de la propia clase dominante, como ha sido todo el entramado legal relativo al “conflicto catalán”.

“Quisiera, en particular, que, al igual que en todos los campos del conocimiento y de la consciencia, en el campo del Derecho, que no nos limitáramos a “cambiar el nombre de las calles” o a “poner los letreros del revés” sino que trabajáramos con afán en una demolición y en una reorganización radicales… Todavía está muy de moda limitarse a cambiar el nombre de las calles en vez de rehacer el empedrado, o pintar de rojo las viejas paredes que se derrumban en vez de rehacerlas radicalmente” (2).

(1) Juan Antonio Delval. Introducción al libro “De los delitos y las penas” de Cesare Beccaria. Alianza Editorial. 1982
(2) Pëtr Ivanovic Stucka. La función revolucionaria del derecho y del estado. 1921

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