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Día: 4 de julio de 2021 (página 1 de 1)

El mito de las misisiones de mantenimiento de la paz de la ONU

La primera misión de mantenimiento de la paz de la ONU se estableció en Palestina en 1948, tras la creación del Estado de Israel y la primera guerra con los países árabes. Se llamó Untso (“vigilancia de la tregua”) y resultó impotente. No impedió la limpieza étnica emprendida por Israel ni las sangrientas guerras que siguen sacudiendo la región desde entonces.

Durante la Guerra de Corea, Estados Unidos utilizó a la ONU como tapadera para su agresión armada, que le permitió ocupar el país junto a sus aliados y llevar al poder al régimen criminal de Singman Rhee, que ha mantenido la división del país desde 1950.

Los casos azules de la ONU encargados de mantener la paz han sido acusados en muchos países de cometer abusos que van desde la violación y la agresión sexual hasta la pedofilia y la trata de personas. Se han presentado denuncias en Camboya, Timor Oriental y África Occidental.

La prostitución ha explotado en Camboya, Mozambique, Bosnia y Kosovo tras el despliegue de las fuerzas de paz de la ONU y, en estos dos últimos casos, también de la OTAN. En un estudio de la ONU de 1996, titulado “El impacto de los conflictos armados en los niños”, Graça Machel, antigua primera dama de Mozambique, documentó el aumento de la prostitución infantil vinculado a las actividades de las fuerzas de paz (1).

En 1994 el genocidio de Ruanda tuvo lugar mientras las fuerzas de paz de la ONU (Unamir) miraban para otro lado. En cien días, entre 500.000 y un millón de personas fueron asesinadas.

La actuación de la misión de paz de la ONU en Somalia ha provocado la muerte de unos 500.000 civiles.

En 1999 la ONU lanzó una misión de mantenimiento de la paz en el Congo. Sin embargo, muchos grupos armados -algunos de ellos apoyados por los países vecinos para asegurarse la extracción de recursos valiosos como el oro y los diamantes- se mueven libremente por el este del país. Periódicamente atacan pueblos y violan a mujeres y niñas. Las fuerzas de paz de la ONU siguen mirado para otro lado y no protegen a las mujeres y los niños (2).

La situación no es mejor en la República Centroafricana. En 2014 se descubrió allí que las fuerzas de paz francesas desplegadas por la ONU practicaban la pedofilia. Ahora hay una misión de mantenimiento de la paz denominada Minusca.

A pesar de la presencia de más de 12.000 soldados, los militares intentaran dar un Golpe de Estado en diciembre del año pasado y las tropas de Minusca no fueron capaces de proteger al gobierno legítimo ni a los civiles (3) y ha tenido que recurrir a mercecenarios rusos.

(1) https://sites.unicef.org/graca/a51-306_en.pdf
(2) https://doi.org/10.1093/jcsl/krv030
(3) https://rinj.org/documents/un/un_peacekeeping_failures.pdf

El Partido Comunista de la Federación Rusa se pronuncia contra la vacunación obligatoria

En un comunicado, el secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Federación Rusa, Serguei Obujov, se posiciona sobre la pandemia y las vacunas, criticando el cambio en la política saitaria del gobierno desde el 18 de junio, cuando se han comenzado a aplicar medidas coercitivas y segregacionistas para obligar a los trabajadores a vacunanarse e imponer un certificado sanitario.

Obujov es médico de profesión y en su escrito reconoce haber padecido el “covid”.

El Partido Comunista de la Federación Rusa, asegura Obujov, defiende resueltamente la posición de los dos tercios de los rusos que están en contra de la vacunación obligatoria y el sistema soviético implantado por Semashko desde el inicio de la URSS: un sistema sanitario universal, gratuito y de calidad.

La posición del Partido Comunista de la Federación Rusa, que es la segunda fuerza política dentro del Parlamento ruso, es de principios porque se estableció en el XVIII Congreso: la vacunación es voluntaria y la discriminación entre los vacunados y los no vacunados es inadmisible.

Obujov constata que, como en el resto del mundo, la cuestión de la vacunación comenzó como un asunto médico para convirtirse rápidamente en algo claramente político, que es describe como la transición de una “democracia sanitaria” a una “dictadura sanitaria”.

Los gobiernos locales están permitiendo la celebración de eventos masivos en Rusia, como el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, el Campeonato Europeo de Fútbol o el campamento de las 100.000 Jornadas de la Juventud, mientras prohíben las actividades políticas en la calle.

En Rusia la mascarilla sólo se impuso de forma excepcional y actualmente no hay toques de queda ni cierres de establecimientos. Pero desde el viaje de Putin a Ginebra para entrevistarse con Biden, la política sanitaria ha cambiado repentinamente en Moscú, San Petersburgo, Krasnodar y algunas otras regiones, donde se exige el pasaporte de vacunación.

Obujov no acepta la dicotomía entre los partidarios y los detractores de las vacunas, “y me duele ver cómo las autoridades apoyan claramente esta hostilidad. Los argumentos de estos y otros deben ser escuchados. Y cada uno debe decidir de forma independiente, voluntaria y consciente vacunarse. También es legal negarse a la vacunación. El derecho a la intervención médica voluntaria está inscrito con la sangre victoriosa de nuestros abuelos y el Código de Nuremberg”.

También en Rusia los que defienden su derecho a no aceptar intervenciones médicas son tachados de extremistas, perseguidos, acosados y amenazados con el mismo celo inquisitivo y estúpido que en España.

Obujov afirma que el pasaporte de vacunas crea un “campo de concentración digital” que discrimina a los más pobres, que no tienen la oportunidad de comprar un móvil o no saben manejarlo.

No es aceptable que la ley y Putin declaren que la vacunación es voluntaria y las autoridades locales quieren hacerla obligatoria. Putin y el Parlamento deben asumir la resposabilidad del cambio en la legislación y en la política sanitaria.

Además de política, las vacunas son un mercado en el que las empresas farmacéuticas están empeñadas en una guerra competitiva que nada tiene que ver con la salud. “Existen datos contradictorios tanto sobre la calidad de algunas vacunas como, en general, sobre la justificación médica de la vacunación en el momento álgido de la epidemia”, dice Obujov. Los funcionarios del gobierno y sus propagandistas llaman a algunas vacunas “fuflomicina” porque forma parte de las disputas entre las empresas farmacéuticas.

“Miles de ciudadanos se reunieron el otro día en la plaza Pushkin de Moscú para reunirse con diputados comunistas en defensa del principio de la vacunación voluntaria”, concluye Obujov.

—https://kprf.ru/activity/healthcare/203615.html

Las mascarillas sólo son para los esclavos y los obreros, denuncia el New York Times

Un domingo por la noche, en Le Bilboquet, un restaurante de los Hamptons, los comensales más adinerados mordisqueaban latas de caviar Osetra de 475 dólares. Un hombre guapo mostraba su reloj Audemars Piguet de oro a su brillante acompañante. Un grupo de 10 personas con camisas de polo y vestidos a rayas bailó al ritmo de una remezcla tropical de “What’s Love Got to Do With It” de Tina Turner.

Todos iban sin mascarilla, mientras los camareros y otros trabajadores llevaban la boca y la nariz tapadas.

Una escena similar se produjo en la tienda Gucci de East Hampton, donde los compradores se quitaron las mascarillas al leer el cartel de la puerta que indicaba que los clientes vacunados podían entrar sin cubrirse la cara. En el interior fueron atendidos por trabajadores de la tienda con mascarillas quirúrgicas azules y blancas, según la política de la empresa.

En las semanas transcurridas desde que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades revisaron sus directrices sobre las mascarillas para permitir que las personas totalmente vacunadas se quitaran las mascarillas en la mayoría de los lugares cerrados, ha surgido una marcada división, sobre todo en los enclaves más ricos, donde los clientes son escasos.

Los que siguen llevando mascarillas suelen ser trabajadores -dependientes de tiendas, camareros, conserjes, manicuristas, guardias de seguridad, recepcionistas, peluqueros y conductores-, mientras que los que no se cubren la cara suelen ser los clientes adinerados a los que se les brinda una cena.

Las empresas no se atreven a hablar de su política de mascarillas, pero hay razones de peso para exigir a los trabajadores que las lleven puestas.

Poco menos de la mitad de los habitantes de Estados Unidos están totalmente vacunados […] Los camareros, los dependientes, los cajeros de los supermercados y otros trabajadores de cara al público interactúan todo el día con los clientes, lo que puede poner en riesgo su salud (y la de sus clientes). Esto no sólo crea posibles problemas de responsabilidad para las empresas, sino que también podría obstaculizar un negocio en un momento de escasez de trabajadores.

Incluso en los establecimientos que dan a los trabajadores vacunados la opción de quitarse la mascarilla, muchos se la quedan puesta. “Quién sabe quién se ha vacunado y quién no”, dijo Michelle Booker, una empleada del Bronx que trabaja en una tienda de Verizon en el centro de Manhattan. Llevaba su mascarilla un martes reciente, aunque la empresa permite que los empleados vacunados vayan sin mascarilla. “No me creo ni la mitad de la gente que entra”, dijo. “Todavía estoy aterrorizada”.

Desde el punto de vista de las relaciones públicas, ver a los rabajadores con mascarillas envía un mensaje sobre cómo la dirección considera la salud de sus clientes y del personal […] Puede que la división de clases resultante no sea siempre intencionada, pero aún así puede resultar chocante ver cómo las mascarillas han surgido como otro símbolo de desigualdad de la pandemia.

En una tienda de Apple en el centro de la ciudad un viernes reciente, se podía ver a los clientes sin mascarilla comprando iPhones de 1.500 dólares a vendedores enmascarados que quizá no ganen tanto en una semana. En un Sweetgreen cercano, trabajadores de la alimentación con mascarillas negras y delantales a juego, y que eran en su mayoría personas de color, preparaban ensaladas de bayas y burrata de 14 dólares para una clientela mayoritariamente blanca.

“Se envía un mensaje -que ha sido interiorizado por ambas partes- de que el cuerpo del portador de la mascarilla es ‘más arriesgado’ que el cuerpo del consumidor”, dijo el doctor Vearncombe. “Demuestra que ciertos grupos tienen, e incluso merecen, más libertades civiles que otros”.

Algunos trabajadores sostienen que el doble rasero -una norma para los clientes y otra para la plantilla- no sólo es discriminatorio, sino que desafía la lógica. “Los clientes tienen que estar vacunados para ir sin mascarilla, pero nosotros no podemos pedirles una prueba”, dijo José de la Rosa, de 26 años, que trabaja detrás del mostrador de la tienda Juice Generation en Times Square. “Y tenemos trabajadores que están totalmente vacunados, pueden demostrarlo y aun así tienen que llevarlas. Es extraño”.

[…] Por ahora la división de las mascarillas se mantiene en muchos lugares. Una tarde reciente en Hudson Yards, Mark Pasetsky, de 49 años, estratega de relaciones públicas, estaba comprando camisas en la tienda Theory. Los dependientes que le ayudaban llevaban mascarillas. Él no.

“Es raro, ¿verdad?”, dijo. “Por un lado, no se puede culpar del todo a los empresarios. ¿Cómo se puede instituir cómodamente una política que proteja a todo el mundo? No se puede responder porque no hay respuesta. Pero la psicología que hay detrás del otro enfoque es muy curiosa. ¿Por qué hacen que los trabajadores lleven mascarillas y los clientes no? Todo el mundo está confundido”.

— https://www.nytimes.com/2021/07/03/style/are-masks-a-new-signifier-of-social-class.html

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