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Día: 19 de junio de 2021 (página 1 de 1)

La ‘transición energética’ ha fracasado en Alemania

El último informe del Tribunal de Cuentas alemán confirma que el modelo alemán de “transición energética” para que todas las fuentes de energía sean de origen “renovable”, no funciona y tiene un coste muy elevado.

Tras el accidente de Fukushima, la canciller decidió en 2011 renunciar a la generación de energía nuclear en Alemania y luego los planes capitalistas de “transición energética” han promovido las estaciones alternativas, sobre todo solares y eólicas.

En 2000 las energías “renovables” apenas representaban el 6 por ciento del suministro eléctrico en Alemania; en 2019 su cuota de mercado alcanzó el 43 por ciento.

El Tribunal de Cuentas echa por tierra la política energética de Angela Merkel, que no quiere ni energía nuclear ni las convencionales que emiten carbono. Desde los años setenta hay una fuerte oposición en Alemania a ambas fuentes de energía.

La intermitencia de las solares y eólicas y una red eléctrica inadecuada, ha creado inestabilidad en el suministro de electricidad. El riesgo de escasez es cada vez mayor y los precios están fuera de control.

Los hogares alemanes pagan el kilowatio por hora más caro de Europa, 30,9 céntimos. El Tribunal de Cuentas alemán considera que el aumento de los precios de la energía para las empresas es una amenaza para la industria.

Por lo demás, como cabía esperar, la reducción de las emisiones de CO2 no aparece por ninguna parte.

Alemania empieza a desentenderse de las fuentes de energía alternativas y próximamente va a invertir en el hidrógeno.

La expresión “transición energética” apareció por primera vez en 1980 en un informe del centro de investigación alternativa Öko-Institut. Once años más tarde, el Parlamento alemán aprobó una ley que legalizaba el pago de tarifas preferenciales para la electricidad generada a partir de energías “renovables”, financiadas por un impuesto especial sobre el precio de la electricidad.

La aprobación de la Ley de Energías Renovables en 2000 garantiza a los productores de electricidad “limpia” un precio de suministro más alto que el de la electricidad convencional a una tasa fijada por el gobierno durante un periodo de 20 años.

El coste de la “transición energética” a las arcas públicas alemanas será del orden de 8.000 millones de euros este año, una cifra absolutamente disparatada.

La subida de la luz es una expropiación del Estado hacia los bolsillos de los consumidores

Los hogares están pagando unos precios de la luz de récord desde el mes de abril. Una situación que el Estado justifica por dos factores: el gas que se utiliza para la generación y los impuestos por los residuos que genera, mientras que las eléctricas siguen manejando a su antojo la producción de renovables, con parques parados «por razones de mantenimiento». Estos impuestos y el libre albedrío de las eléctricas han sido una bomba para la economía de los hogares. Leer más

El saneamiento de un banco chino que se creó para sanear las finanzas del país acaba en el cadalso

En enero China condenó a muerte y ejecutó a Lai Xiaomin, director del banco Huarong. El gobierno convirtió el proceso en el buque insignia del saneamiento económico de las finanzas públicas.

Huarong es uno de los cuatro bancos creados tras la crisis de 1997, junto con Cinda, Orient y Great Wall, especializados en la absorción de los activos tóxicos de las empresas públicas, una especialidad que en occidente es típica de los fondos buitre.

Lai Xiaomin era miembro del Partido Comunista y, como en cualquier país de capitalismo monopolista de Estado, en China la política y los negocios privados van de la mano. Cuando salen bien, ascienden a los gestores y cuando salen mal les acusan de corrupción.

El banco Huarong ha sido víctima de sí mismo. Se creó para sanear el sistema financiero chino y ha tenido que ser saneado. Debía luchar contra la corrupción y se hundió en el pozo de la corrupción.

La economía china está repleta de deudas imposibles y su volumen crece cada día. El año pasado las deudas tóxicas de los bancos chinos casi llegaban a los 500.000 millones de dólares, pero apareció el pretexto de la pandemia para justificar que este año las deudas incobrables van a superar sus máximos registros.

En 2000, un año después de su creación, Huarong comenzó su tarea comprando préstamos fallidos al Banco Industrial y Comercial por unos 64 millones de dólares, apenas un gota en medio de un pozo negro. Pero el banco empezó muy pronto a devorar enormes cantidades de capital y a expandirse hacia las finanzas, los seguros y el leasing, donde desarrolló sus propios negocios, que funcionaban a nombre de la exmujer y las amantes de Lai Xiaomin.

Huarong cotizaba en la bolsa de Hong Kong y en 2014 estaba en pleno vértigo bursátil con la llegada de siete empresas chinas y estadounidenses, que vieron una oportunidad en la recuperación de las deudas chinas. Sin embargo, el Ministerio de Finanzas, a través de su compañía de seguros de vida China Life, seguía siendo ampliamente mayoritario en el capital.

En 2015 Huarong puso en el mercado 6 millones de acciones y consiguió recaudar 2.000 millones de dólares en la bolsa de Hong Kong. Era dinero fresco para tapar agujeros.

Sólo tres años después, los bonos de Huarong habían perdido más del 60 por ciento de su valor. El banco que compraba deudas no podía pagar las suyas y el gobierno salió al rescate. A Lai Xiaomin le acusaron de bigamia y de aceptar 310 millones de dólares en sobornos, que en China habría que calificar más bien de “malversación de caudales públicos” porque es dinero de origen público que procede de empresas estatales, organismos municipales e incluso del propio Partido Comunista.

Como suele ocurrir, el rescate público de lo público fracasó, la cotización de las acciones de hundió en la bolsa de Hong Kong y el banco volvió a dejar de pagar sus deudas. Cuando los rumores de quiebra empezaron a circular, los capitales extranjeros salieron de los mercados financieros chinos, que son extremadamente frágiles a pesar del apoyo público.

Empezó un segundo rescate. Los bancos públicos salieron en apoyo de uno de los suyos, el gobierno “nacionalizó” 20.000 millones de dólares de deudas incobrables, empezó el saneamiento contable y la liquidación de chiringuitos: una filial, un holding financiero, un fondo de inversiones y un instituto de préstamos al consumo.

“Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…” Los otros tres bancos públicos que gestionaban deudas incobrables hicieron lo mismo: limpiar sus propios activos tóxicos a marchas forzadas. Pero aún quedan en pie 126.000 millones de dólares de cobro más que dudoso, lo que supone un aumento de casi 30.000 millones en comparación con el año pasado.

El capital financiero es una burbuja de papeles: acciones, deudas, billetes, obligaciones… Cuando la pinchas no queda apenas nada (excepto buites).

La OTAN tiene un programa que resume la ideología típica de la posmodernidad: B3M

En su última reunión, celebrada en Bruselas, la OTAN ha acuñado el término B3W (Build Back Better World, reconstruir un mundo mejor) con varios significados. Aparentemente es una respuesta simétrica a la nueva Ruta de la Seda que trata de llevar a cabo China y, en consecuencia, de seguir acosándola en sus fronteras occidentales.

Pero también se refiere a la “amenaza rusa”, que aparece mencionada 63 veces en el comunicado final, para que no queden dudas. El remedio a estos males es siempre el mismo: rearme y aumento del gasto militar, que deberá alcanzar una cifra fabulosa, por encima de los 1.000 millones de dólares.

Pero si a los programas de la OTAN se les borra la palabrería típica sobre los países del Eje del Mal, parece una organización posmoderna, del estilo de la de Errejón, BNG o cualquier otra “ecosocialista”. No es posible diferenciar el lenguaje de unos y otros.

La OTAN califica el proyecto B3M como “verde” e “inclusivo”. Incluso Boris Johnson fue un poco más allá en su infinita estulticia: la construcción de infraestructuras debe ser más “neutral” o “femenina”.

La Casa Blanca caracteriza a B3M como una “asociación de infraestructuras transparente, de alto nivel y basada en valores” que “movilizará el capital del sector privado en cuatro áreas de interés -clima, salud y seguridad sanitaria, tecnología digital e igualdad de género- con inversiones catalizadoras de nuestras respectivas instituciones de desarrollo”.

Son los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, la síntesis del recetario que inculcan a los niños antes de que vayan a la universidad a culminar el lavado de cerebro: pandemias, móviles, CO2 y queer. En torno a esta receta, el imperialismo ha creado en todo el mundo otros tantos movimientos dopados de subvenciones que se dedican a darle un carácter reivindicativo a su propio programa.

La OTAN promete un diluvio de dinero para implementar el programa BW3: 100.000 millones de dólares, una parte del cual irá a parar a ese reformismo posmoderno y sus medios “alternativos”, como Contexto, que lo mismo defiende el toque de queda que al bielorruso Protasevitch, porque todo forma parte del mismo paquete ideológico.

Ya lo dijo Lenin hace un siglo: no hay manera alguna de diferenciar al imperialismo de lo que él calificaba como “socialimperialismo”, que entonces era la socialdemocracia casi exclusivamente y hoy esa constelación de oportunistas de la misma receta. Los países de la OTAN quieren que en la calle les exijan cumplir el programa que quieren implementar de antemano. No es que se les haya ocurrido a ellos, sino que cumplen con la “voluntad popular”. En eso consiste la democracia.

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