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Mes: febrero 2021 (página 1 de 12)

Querido Mario Antiplandemia: hace ya casi un año que no eres el mismo…

Hablas todo el tiempo de que los hospitales se saturaban todos los inviernos pero no te preguntas por qué, no quieres ver que saquearon la sanidad pública en beneficio de la privada. Y siguen haciéndolo.

Pese a lo confuso de la situación tú tienes muy claro que no hay un nuevo virus, o si lo hay, que no es ningún peligro para la salud. Y nos miras con soberbia a los “borregos” que intentamos tener cierto cuidado. Creo que estás viendo sólo un lado, el de tu libertad individual. Y pese a esto, vas de la mano de los que históricamente fueron lo opuesto de la libertad, los de la banderita de españa. Y de un colectivo de funcionarios armados que se dicen por la libertad, pero trabajan obedeciendo órdenes del estado.

Comprendo que en este contexto desolador necesites luchar por tus derechos, y hacer parte de algo, pero creo que no estás teniendo una perspectiva amplia. Te veo pasar horas devorando información de unas fuentes que están propagando una especie de ideología delirante. Y me da miedo a donde nos pueda llevar esto.

Dices que el problema es la partitocracia, pero no parece que te llegue información de otras formas de democracia directa, que existen. Lo explicas todo por la corrupción de individuos que, según tú, son la encarnación misma del mal. No quieres ver que independientemente de quien maneje los hilos, el sistema en el que vivimos nunca benefició a las mayorías. Y mucho menos ahora, en su declive.

Quieren confundirnos, quieren separarnos. Para que no percibamos que antes de todo esto, este modo de vida ya no se sostenía para la gran mayoría. Ya no teníamos para pagar la gasolina ni la hipoteca. Y todos esos “políticos valientes” que dicen que van a salvar la situación, no hacen más que echar mierda para que su lobby coja ventaja.

De verdad que no comprendo por qué de pronto me miras con soberbia… Yo no tengo la culpa de todo esto. Todxs somos capaces de comprender y responsabilizarnos. Unos y otros solo quieren que miremos para otro lado, y aún por encima tenernos maniatadxs. Dividirnos y enfrentarnos. Y lo están consiguiendo.

Ya no puedo más, te lo pido por favor: vuelve a ser tú mismo, dame una mano.

Victoria Abril como Juana de Arco

Demasiado famosa para ningunearla, lo que procedía era lapidarla, crucificarla y enviarla a la hoguera. Sale una voz -cada vez más- discordante con el mantra general y uniforme y unifirme, que pía por sí misma, con criterio, que no habla por boca de ganso, que tiene capacidad crítica y cognitiva, que sabe las negativas consecuencias de sus declaraciones -«nos están utilizando como a cobayas metiéndonos en el cuerpo una cosa que ni ellos saben lo que es», refiriéndose a las vacunas- y no le importa: «ya más no me podéis quitar», que le da igual que la llamen «conspiranoica», que no habla de la implantación de siniestros chips en los cuerpos para «dominar -espectralmente- el mundo», como si fuera un tebeo, y por aquí, por este flanco, la podrían atacar, pero no, no ofrece esta ventaja, que habla del miedo inoculado, esto sí, en las masas, sometidas a estados de alarma, toques de queda, confinamientos, mascarillas (que ella no lleva), que desenmascara las «cepas» que surgen como setas, de los muertos tras ponerse las vacunas, que, en definitiva, no traga con las neolenguas del discurso dominante transmitido a diario por los venales medios de comunicación y desinformación lavando el cerebro de las personas, es, decimos, nuestra heroína, linchada y estigmatizada por las voces mediáticas de su amo. Desde las más burdas a las más refinadas. Todas al servicio del Gran Hermano que obedece, a su vez, al capitalismo: control social, amedentramiento, nuevos ciclos de acumulación de capital y hasta neomalthusianismo con ribetes eugenésicos.

Un cínico, amoral y criminal como Felipe González, pensando que el género humano es como él, esto es, muñidor, tramposo, tahur, camandulero y felón, preguntaría que qué necesidad tenía una actriz famosa como Victoria Abril de meterse en estos carajales y berenjenales y complicarse la jubilación sabiendo de antemano cómo se las gasta la cloaca y purria mediática. Evidentemente la artista madrileña dice lo que dice segura de sí misma en todos los órdenes, de ahí su desgañitado «ya más no me podéis quitar», otrosí: ya no me podéis joder más, que os den por saco. Ni da el brazo a torcer ni rectifica ni «matiza» sus declaraciones (como Echenique de tan poco aliento ante los tribunales de la Inquisición política que es eso que llaman hoy «opinión pública» perfectamente timbrada y masajeada): una mujer digna. Alcemos la copa.

Vuelven al punto de partida porque todas las medidas absurdas contra la pandemia han fracasado

El pasado año ha dado lugar a algunos métodos extraños y novedosos de contención de enfermedades, incluidos los confinamientos y la obligación de llevar mascarillas. No es de extrañar que el siguiente paso natural en esta progresión haya sido el surgimiento de un movimiento conocido como “ZeroCovid”. Su creciente influencia es, quizás, predecible dado que durante casi un año nos han inundado las opiniones de los llamados expertos que buscan legitimar su visión miope del mundo de que la salud pública está determinada únicamente por la prevención del Covid-19.

En lugar de reconocer a un público cansado que su enfoque ha sido un fracaso, están redoblando sus esfuerzos e intentando salvar su reputación al afirmar que el problema no es que los confinamientos no funcionan, sino que no han ido lo suficientemente lejos.

Aparentemente, existe cierta diversidad de opiniones entre los defensores de ZeroCovid sobre si ese término debe interpretarse literalmente, como sostienen algunos de sus defensores más apasionados y gritones, o si simplemente significa una versión más extrema de la ideología que ha dominado las sociedades de todo el mundo durante el año pasado: la creencia de que la supresión del coronavirus es un objetivo singularmente importante, que reemplaza a todos los demás y que debe perseguirse teniendo una consideración mínima o nula de los efectos que tendría llevarlo a cabo.

Los promotores de ZeroCovid parecen estar de acuerdo en que se necesitan controles fronterizos más estrictos, así como confinamientos y obligaciones de llevar puesta la mascarilla mucho más estrictos que los que existen en la mayoría de los países en la actualidad. Sam Bowman, uno de los ZeroCoviders más destacados, afirma por ejemplo que la única forma de abordar el problema del coronavirus es con “confinamientos, cierres de escuelas, prohibición de viajar, tests masivos, rastreo de contactos y máscarillas”. Del mismo modo, el think tank del ex primer ministro británico Tony Blair ha afirmado que la única forma de evitar otro confinamiento es reducir a cero los casos de coronavirus. Los defensores de ZeroCovid describen a China, Australia y Nueva Zelanda como éxitos que demuestran que el sufrimiento hoy día trae consigo la promesa de una posible libertad.

Si bien se comercializan a sí mismos como teóricamente opuestos a los confinamientos, los seguidores de ZeroCovid en realidad aspiran a poner en marcha un estado de tipo totalitario, que se supone que existirá solo temporalmente. Por ejemplo, Devi Sridhar, uno de las caras más públicas del movimiento en el Reino Unido, ha afirmado que la única forma de salir del confinamiento sin fin es llevar a cabo ahora un “confinamiento crudo, severo y catastrófico”, como primera fase. Dado que la tercera fase del plan de Sridhar implica un “modelo de eliminación del tipo de Asia oriental y el Pacífico” que prohíbe viajar al extranjero, sólo puedo imaginar con precisión qué tipo de pesadilla totalitaria Sridhar imagina durante la fase uno.

Aquellos que siguen esta filosofía no reconocen la verdad obvia de que las tácticas de represión no han tenido éxito porque son contrarias a la naturaleza humana (así como a la biología celular básica) y conllevan graves privaciones de los derechos humanos y libertades. Tampoco reconocen el hecho de que si el Partido Comunista Chino (PCCh) logró eliminar el coronavirus (una suposición cuestionable dada la tenue relación del PCCh con la verdad), lo hizo utilizando tácticas que prima facie (a primera vista, AyR) constituyen violaciones de los derechos humanos.

Incluso Australia y Nueva Zelanda, que antes de 2020 eran considerados faros de la democracia liberal, han sido recientemente objeto de investigaciones o encuestas por parte de Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Los defensores de ZeroCovid no abordan la realidad de que China, Australia y Nueva Zelanda han tenido que llevar a cabo, continuamente, políticas de confinamiento en respuesta a los nuevos casos que surgen incluso después de declarar la victoria sobre el virus, y que las dos últimas son naciones insulares capaces de efectuar controles fronterizos de una manera que no se puede aplicar en naciones que están geográficamente próximas a otras y en las que el virus ya se ha vuelto endémico.

La “Cumbre de Acción Comunitaria de Covid” (Covid Community Action Summit), una conferencia celebrada a fines de enero, dirigida por los principales actores de ZeroCovid a la que asistieron muchos de ellos, no hace falta decir que se llevó a cabo a través de Zoom, ofrece un vistazo a la cosmovisión distorsionada que impregna su ideología.

El arquitecto de ZeroCovid y primer orador en la Cumbre fue Yaneer Bar-Yam, un científico estadounidense que se especializa en sistemas complejos y análisis cuantitativo de pandemias y fundador del Instituto de Sistemas Complejos de Nueva Inglaterra (New England Complex Systems Institute, NECSI). Los participantes tenían diversos trasfondos: además de médicos y científicos, asistieron consultores políticos y especialistas en comunicación. Muchos presentadores tenían intereses económicos relacionados con productos farmacéuticos y de diagnósticos, y los de EEUU tendían a estar en la órbita de la política y las campañas del Partido Demócrata.

Una de las presentaciones más inquietantes fue la de Blake Elias, investigador del NECSI que trabaja directamente bajo la dirección de Bar-Yam. Dada la posición de Elías, es justo asumir que sus puntos de vista, tal como se expresaron en la Cumbre, reflejaron los de su organizador.

Elias, al igual que muchos otros defensores de “ZeroCovid”, cree que la visión “vidas versus economía” del problema es incorrecto (en particular, muchos oponentes de los confinamientos también consideran que esta es la visión equivocada a través de la cual ver el problema, pero por diferentes razones; a saber, que la economía y la vida de las personas están inextricablemente entrelazadas y las políticas de bloqueo no tienen en cuenta consideraciones cruciales como la salud mental y las libertades civiles).

Valorando cada vida -algo arbitrario y sin tener en cuenta la expectativa de vida- en 10 millones de dólares, Elias introdujo un montón de números en una máquina y ¡voilá! extrajo la prueba irrefutable de que imponer un confinamiento duro y rápido es menosucostoso queanorhacerlo. Elias declaró cocoseritdadeque su ecuación hermética demuestra que si estás en contra de la eliminación (ZeroCovid), la única razón concebible podría ser que discutas una de sus premisas, por lo que crees en una de las siguientes: que el costo de las infecciones es menor de lo que es; que el costo de los confinamientos es mayor; que la capacidad hospitalaria es mayor; que la tasa de importación es más alta; o que la vacunación completa se puede lograr en un período de tiempo más corto.

En ningún momento mencionó argumentos relacionados con la psicología, los derechos humanos o las libertades civiles. Si Elias tenía la más mínima comprensión de estos conceptos, hizo un trabajo excepcional al ocultarlos.

Michelle Lukezic y Eric Nixon, al igual que Elias, llevaron a cabo una presentación similar a lo que me imagino sería si viésemos a extraterrestres hablar sobre la psicología y el comportamiento de los seres humanos. Supuestamente una pareja, Lukezic y Nixon fundaron una empresa llamada MakeGoodTogether, y creen que el problema del coronavirus se reduce a una falta de disciplina y responsabilidad individual. Reconocieron que el distanciamiento social extremo que promocionaron como la respuesta a los problemas del mundo es contrario a nuestra naturaleza, pero insistieron en que simplemente debemos esforzarnos más.

Podríamos erradicar el coronavirus, nos explicaron de manera solemne, si insistiéramos en rechazar las invitaciones sociales, y sugirieron que la gente publique promesas en las redes sociales a tal efecto. Al parecer, pasaron poco tiempo considerando la difícil situación de los trabajadores esenciales cuyo empleo no les permite el lujo de distanciarse, aparte de la descripción cómica del malestar psíquico que experimentaron cuando la máscara del rostro de un trabajador en su casa se cayó. Lukezic estaba muy orgulloso de Nixon por negarse a estrechar la mano del hombre cuando se fue. Tuve que volver a verificar el enlace un par de veces para asegurarme de que no me había topado sin darme cuenta con un episodio de Saturday Night Live.

Otro colaborador notable de la Cumbre ZeroCovid fue Michael Baker, el arquitecto de la estrategia de coronavirus de Nueva Zelanda. Baker insistió en que “hacer caso a la ciencia” conduce indiscutiblemente a la estrategia ZeroCovid, como si la ciencia por sí sola definiera la política a seguir. Hizo varias admisiones sorprendentes, entre las que se encuentran que la contención también debe ser la estrategia para la gripe, y que la pandemia de coronavirus nos ha dado la oportunidad de reiniciar y así abordar las desigualdades en la sociedad y las amenazas que plantea el cambio climático. En otras palabras, Baker no prevé un regreso a la vida normal.

Como lo demostraron sus presentadores en la Cumbre, ZeroCovid es el desafortunado resultado final de la inexplicable creencia de demasiadas personas de que tiene sentido concentrarse en un problema y excluir todos los demás. Nadie en la Cumbre, o en cualquier otro contexto relacionado con el tema, ha presentado alguna vez una argumentación convincente para poner la pandemia de coronavirus por encima de todas las demás consideraciones. Hay una razón para esto: los hechos y la lógica apuntan en la dirección opuesta.

Ciertamente, se podría argumentar que un virus u otra amenaza calculada para acabar con la humanidad o una parte significativa de ella, que afecte a todas las edades, justifica un enfoque exclusivo en esa amenaza mientras dure. Como yo y otros hemos escrito antes, el coronavirus simplemente no constituye tal peligro. Ahora disponemos de los datos de un año a partir de los cuales podemos concluir más allá de toda duda que la exposición al virus solo presenta un riesgo significativo, más allá de los que estamos acostumbrados a tomar en la vida cotidiana, para los muy mayores. La inmensa mayoría de los infectados con el virus no sufren en absoluto, o sufren mínimamente, y se recuperan al cabo de días o semanas. Esto no significa que el problema deba ser ignorado, sino que debe abordarse utilizando la misma metodología con la que abordamos todos los asuntos de salud pública: teniendo en cuenta los efectos de las políticas que se dicten para aplicar una respuesta.

Los seguidores de ZeroCovid no son cualitativamente diferentes de los epidemiólogos y políticos que han defendido e impuesto confinamientos y la obligatoriedad de llevar la mascarilla en todo el mundo. Todos creen que pueden obligar a miles de millones de personas a comportarse, durante un período de tiempo indefinido, de maneras que son contrarias a nuestra naturaleza y perjudiciales para nuestro bienestar. No ven nada de malo en asumir el control de todas las facetas de nuestras vidas.

Están enfocados de manera maniática en teorías y modelos, y no están interesados ​​en lo quedfunciona en la práctica. No tienen ningún concepto de la libertadlo la dignidad humanas. En lugar de reconocer que los confinamientos, la separación humana forzada y las máscarillas son ineficaces para impedir la propagación del coronavirus, al tiempo que conllevan enormes costos, entre ellos eliminar la democracia liberal, los más fervientes partidarios de esta ideología creen que la respuesta es imponer más restricciones y más duras. Eso significa la privación de nuestros derechos y libertades, y la negación de nuestras necesidades humanas básicas, hasta que el coronavirus sea erradicado del mundo. Si se salen con la suya, bien podría ser hasta el fin de los tiempos.

https://noticiasayr.blogspot.com/2021/02/el-movimiento-zerocovid-una-religion.html

África: el último gran supermercado de drogas

África se está convirtiendo en una de las principales regiones consumidoras de drogas del mundo. En 2016 el Continente Negro tenía 1,8 millones de adictos a la cocaína y 10 millones de consumidores de otras drogas (metanfetaminas, cannabis, heroína, opiáceos).

En 2050, unos 24 millones de personas consumirán drogas, la mitad de ellas en el oeste del continente. La ruptura con el pasado se remonta a la década de 1990, cuando África dejó de ser sólo una tierra de cultivo y tránsito, papel que sigue desempeñando, especialmente para la heroína, que pasa por el continente africano en su camino hacia Estados Unidos.

Varios cárteles dividen el territorio en grandes zonas de influencia. Por ejemplo, los italianos (la Ndrangheta) están presentes en Nigeria, Costa de Marfil y Sudáfrica; los sicilianos de la Cosa Nostra en Zimbabue, Namibia y la República Democrática del Congo. Los mexicanos del cártel de Sinaloa se encuentran principalmente en África Occidental. Además, hay locales, como los Black Axe, un grupo criminal nigeriano cuyo símbolo es un hacha negra que parte una cadena atada a dos muñecas sobre un fondo amarillo.

El aumento del consumo de drogas en África se debe, por un lado, al crecimiento demográfico, a las dificultades de integración económica, especialmente de los jóvenes, y a la pobreza. La porosidad de las fronteras y la corrupción explican la prosperidad de los distintos cárteles.

Por otro lado, la debilidad de las respuestas políticas y la complicidad de los miembros del aparato estatal son factores clave. En algunos casos, la lucha contra las redes se lleva a cabo de forma violenta y conduce a un aumento de la corrupción.

En Nigeria, donde en 2018 el 14,4 por ciento de la población consumía drogas, según la ONU, frente a la media mundial del 5,6 por ciento, el Estado utiliza principalmente la represión contra los consumidores, pero hace poco contra los traficantes.

Las redes aprovechan la complicidad de los altos funcionarios para prosperar. En Guinea-Bissau, los militares participan en el tráfico internacional. El Jefe del Estado Mayor, Antonio Indjai, apoyó a una red mundial de tráfico actuando como intermediario, aceptando almacenar cocaína procedente de Sudamérica en el país en 2012. La droga se reexporta a otros países, incluido Estados Unidos. En 2013, Antonio Indjai fue detenido por narcoterrorismo.

La radiactividad de las pruebas nucleares francesas en el Sáhara sigue llegando a Europa

Cuando el viento mueve las arenas del desierto del Sáhara, también desplaza los rastros de las pruebas nucleares francesas a principios de la década de los sesenta.

Un laboratorio de Rouen, en Normandía, ha analizado la arena recogida en el macizo del Jura y ha obtenido muestras de cesio 137. Ha transcurrido más de medio siglo, pero los elementos radiactivos están presentes en los dos continentes, tanto en África como en Europa, a miles de kilómetros de distancia.

El laboratorio Acro se fundó hace 30 años, tras la catástrofe de Chernóbil y detecta el cesio 137 en los restos de las arenas del desierto que llegan hasta el norte de Francia.

El cesio 137 es un radioelemento artificial. Es un producto de la fisión nuclear que se produce en una explosión nuclear y, por lo tanto, no está presente de forma natural en la arena del desierto.

Los vientos del desierto reparten los restos de cesio 137 por todos los lugares de Europa por los que pasa.

Según Pierre Barbey, miembro del laboratorio que ha analizado las muestras, el cesio 137 tiene una vida útil de 30 años. Cada 30 años, pierde la mitad de su contenido radiactivo. Después de siete ciclos de 30 años, se supone que sólo queda el 1 por ciento del material radiactivo.

Cerca de Reggane, en el sur de Argelia, Francia realizó la primera prueba nuclear el 13 de febrero de 1960. La bomba tenía un potencia de 70 kilotones, una explosión tres o cuatro veces más potente que la de la bomba de Hiroshima de 1945.

Entre 1960 y 1966, Francia detonó 17 bombas nucleares en el desierto del Sáhara. Tras la independencia de Argelia, siguió realilzando pruebas nucleares en la Polonesia.

https://france3-regions.francetvinfo.fr/bourgogne-franche-comte/jura/les-poussieres-de-sable-du-sahara-etaient-porteuses-de-cesium-137-residu-d-anciens-essais-nucleaires-francais-1973641.html

El gobierno compra la paz social con CCOO y UGT con un incremento del 56% en subvenciones

El Gobierno ha aprobado una subida de las subvenciones a los sindicatos entre la larga lista de normativas que se aprobaron en el Consejo de Ministros del martes, de más del doble de lo que percibían. El gobierno del PSOE y Podemos ha acordado subvenciones por importe de 13.883.890 euros «destinadas a las organizaciones sindicales en función de su representatividad por la realización de actividades de carácter sindical en 2021».

Esta cuantía supone disparar un 56% las subvenciones que se le otorgaron a CCOO o UGT un año antes: 8.878.123,74 euros. Desde el año 2013, año en el que el Gobierno de Mariano Rajoy recortaba casi un 20% a estas partidas, las subvenciones a los sindicatos no se habían movido del entorno de los 8.900.000 euros.

Todavía falta la publicación en el BOE de esta medida y determinar las cuantías que le tocan a cada sindicato, pero serán CCOO y UGT las centrales más beneficiadas.

En las manifestaciones los disturbios los provocan los antidisturbios

Cuando las personas salen a la calle a manifestarse ejercen un derecho fundamental.

Los policías que acuden a ellas no sólo no ejercen ningún derecho sino que tratan de impedir u obstaculizar que lo ejerzan los demás.

La presencia de la policía durante una manifestación no se justifica en nigún caso. La policía acude a las manifestaciones porque es su profesión: cobra un dinero todos los meses y se entrena para impedir las manifestaciones y el ejercicio de los demás derechos por la fuerza y la violencia.

La mayor parte de las veces la policía llega al lugar de la convocatoria antes que nadie, pide la documentación y registra las pertenencias personales, lo cual tiene un carácter disuasorio: tratan de impedir que las personas acudan y logran que quienes lo hacen tengan miedo.

De esa manera, las manifestaciones se han convertido en una acción de riesgo personal que la mayoría de las personas no puede soportar, aunque quisiera.

Si en una jornada de votaciones la policía estuviera presente en los colegios electorales de la misma manera en que está presente en las manifestaciones, no votaría nadie.

Si la policía no tiene una presencia intimidante en los colegios electorales, a diferencia de las manifestaciones, es porque el Estado quiere una sociedad castrada, de tal manera que la única participación política de las personas sea de tipo electoral.

La presencia de la policía en las manifestaciones es terrorismo de Estado y no se puede admitir como un hecho normal y corriente, sobre todo cuando la misma se rodea de una parafernalia violenta que el equipamiento represivo denota: cascos, porras, escudos…

La policía desata los episodios de violencia típicos de algunas manifestaciones para crear una cortina de humo sobre las reivindicaciones y los motivos de las mismas. Al día siguiente la noticia no es la protesta sino los adoquines, las barricadas y los incendios.

Los medios de comunicación, que son una prolongación de la policía, nunca analizan las causas de las manifestaciones y de los disturbios sino sólo las consecuencias. El objetivo es arrojar a la población contra los manifestantes y sus legítimas reivindicaciones.

A la prensa las manifestaciones no le interesan en absoluto, prueba de lo cual es que la mayor parte de ellas no son noticia. Los reporteros sólo salen a la calle con las barricadas y los incendios, de manera que quienes quieren airear sus reivindicaciones están obligados a dar un paso al frente y pasar de las procesiones festivas a las medidas de fuerza.

Las personas convocan manifestaciones cuando han agotado las demás formas de protesta. Una manifestación no es más que una oleada de personas indignadas y vilipendiadas que la presencia intimidante de los antidisturbios no contribuye a apaciguar, sino todo lo contrario.

Por eso, si los gobiernos no quieren violencia en las manifestaciones, es mejor que no envíen a unos policías armados hasta los dientes, y si no quieren manifestaciones en las calles es mejor que atiendan las reivindicaciones en los despachos oficiales.

Ocho niños esclavos denuncian a las grandes multinacionales del chocolate

Ocho niños que trabajaron como esclavos en las plantaciones de cacao de Costa de Marfil han presentado demanda contra las mayores empresas chocolateras del mundo. Las acusan de complicidad en la esclavitud ilegal de miles de niños en las plantaciones de cacao de sus cadenas de suministros.

Nestlé, Cargill, Barry Callebaut, Mars, Olam, Hershey y Mondelēz han sido citados como demandados en un pleito presentado en Washington por una empresa de derechos humanos en representación de ocho niños esclavos que afirman haber sido obligados a trabajar sin remuneración en plantaciones de cacao en el país de África Occidental.

Los demandantes, todos ellos de Malí y ahora adultos, solicitan una indemnizació por los daños y perjuicios causados por los trabajos forzados.

Es la primera vez que se presenta una demanda colectiva de este tipo contra la industria del cacao en un tribunal estadounidense.

Costa de Marfil produce cerca del 45 por ciento del suministro mundial de cacao, ingrediente esencial del chocolate. La producción de cacao en África Occidental está vinculada desde hace tiempo a la esclavitud, la pobreza estructural, los bajos salarios y el trabajo infantil.

Una de las principales alegaciones de la demanda es que, a pesar de no ser propietarios de las explotaciones de cacao, las multinacionales se beneficiaron a sabiendas del trabajo infantil ilegal. Los proveedores contratados por los demandados pudieron ofrecer precios más bajos que si hubieran empleado a trabajadores adultos con equipos de protección adecuados.

Los ocho explotados denuncian haber sido reclutados en Malí mediante engaños, antes de ser transportados a través de la frontera a las explotaciones de cacao de Costa de Marfil. Allí se les obligaba a trabajar -a menudo durante varios años- sin sueldo, sin documentos de viaje y sin saber claramente dónde estaban o cómo llegar a sus familias.

Los demandantes, todos ellos menores de 16 años en el momento de su contratación, trabajaban en campos situados en las principales regiones productoras de cacao del país.

Uno de los demandantes tenía sólo 11 años cuando un hombre de su ciudad natal, Kouroussandougou (Mali), le prometió un trabajo en Costa de Marfil por 25.000 francos CFA (38 euros) al mes. El niño trabajó durante dos años sin cobrar nunca, a menudo aplicando pesticidas y herbicidas sin ropa protectora.

Otro niño tenía cortes visibles en las manos y los brazos debido a los accidentes con el machete. Refiriéndose a su experiencia de trabajo forzado entre 2009 y 2011, recuerda que le picaban constantemente los insectos. Como la mayoría de los demandantes, afirma en la demanda que se le prometió un pago posterior a la cosecha, pero que nunca le pagaron.

Muchos de los demandantes denuncian que estaban mal alimentados y que trabajaban muchas horas. A menudo afirman haber estado solos o aislados de otros niños trabajadores, que hablaban dialectos diferentes.

Alemania mantendrá a sus tropas en Afganistán

El gobierno alemán está preparando el terreno para que sus tropas en Afganistán -el segundo mayor contingente de una fuerza de la OTAN- permanezcan en el lugar hasta el próximo año si es necesario.

El gabinete de Merkel aprobó el miércoles un nuevo proyecto de mandato que permitiría la permanencia de las tropas alemanas hasta el 31 de enero, dijo el portavoz del gobierno Steffen Seibert.

El despliegue de tropas alemanas en el extranjero requiere la aprobación del Parlamento, que suele concederse anualmente. El actual mandato para Afganistán expira a finales de marzo.

La OTAN tiene algo menos de 10.000 soldados en este país devastado por la guerra, que ayudan a entrenar y asesorar a las fuerzas de seguridad afganas. El contingente alemán, de casi 1.100 efectivos, es el segundo más numeroso en la misión, después de Estados Unidos.

Biden está revisando el acuerdo de Trump con los talibanes, que fija el 1 de mayo como fecha límite para la retirada definitiva de las tropas estadounidenses. En Washington, cada vez hay más peticiones para que Estados Unidos retrase la retirada definitiva o renegocie el acuerdo para permitir una fuerza estadounidense más pequeña y basada en la inteligencia.

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, afirmó que la retirada de las tropas extranjeras de Afganistán debería estar vinculada a los avances en las lentas conversaciones de paz entre el gobierno de Kabul y sus talibanes, en lugar de estar atada a la fecha límite del 1 de mayo.

Seibert dijo que el nivel máximo de 1.300 soldados alemanas no cambia en el nuevo mandato. Dijo que la fecha de caducidad propuesta tiene en cuenta adecuadamente la compleja situación en Afganistán y también permite la flexibilidad para reaccionar si cambia la inestable situación de seguridad y amenazas en ese país.

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