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Día: 20 de enero de 2021 (página 1 de 1)

Puigdemont y el exilio republicano y antifascista son fenómenos homogéneos

Y, por descontado, comparables.

Iba a escribir unas pocas líneas sobre las que denominan «desafortunadas» declaraciones de Pablo iglesias en las que compara el exilio del líder independentista catalán con los exiliados españoles al término de la guerra civil española, cuando veo que el asunto está perfectamente zanjado por el magnífico artículo de Alan Herchoren escrito en este blog.

Aquí hemos zurrado de lo lindo a Pablo iglesias desenmascarando su pose artificiosa de «izquierdas», pero no se nos caen los anillos por admitir que lleva razón cuando compara ambos exilios, al menos objetivamente. Porque no más exponer su idea, se apresura, casi se atropella fonológicamente, a decir que no está de acuerdo con la causa de Puigdemont y que él no quiere que Catalunya se vaya de España, o sea, que tranquilícese la tropa, que soy un patriota. Ocurre lo de siempre en la supuesta «izquierda progre», o «caviar», que se quedan varados en las consecuencias de los conflictos sin atender ni analizar las causas de los mismos. O, si las atienden, se quedan a medio camino, en un amagar y no dar. Iglesias piensa que Puigdemont se ha tenido que exiliar por mantener y profesar unas ideas políticas al igual que los exiliados españoles tuvieron que hacer lo propio después de perder una guerra contra el fascismo, dos fenómenos comparables, pues. Pero, si Iglesias fuera consecuente consigo mismo, si llevara su conclusión hasta el extremo lógico, tendría que deducir que la CAUSA, el precipitado, es la misma en ambos casos, esto es, la existencia y pervivencia del fascismo, ayer en su forma más cruda, la guerra, y hoy, con otro ropaje si bien inspirado en la fuerza bruta, que eso es el fascismo:mandando esbirros uniformados a reprimir a los independentistas o, simplemente, demócratas que están por el libre derecho a la autodeterminación de los pueblos aún no siendo, muchos, independentistas. Es esta una conclusión a la que no quiere llegar Iglesias -se queda a medio camino- porque para él vivimos en una democracia, burguesa o formal, pero democracia, y, por lo tanto, según esto, según este imperativo categórico, SE DEBERÍA permitir el ejercicio de ese derecho a decidir, pero ocurre lo contrario, que SE IMPIDE, y ello en «democracia», de modo que una de dos: o esto es una democracia de pacotilla, de cartón piedra, o, sencillamente, no es democracia. A estos corolarios debería llegar Iglesias si estirase su razonamiento dialécticamente, pero se detiene en cuanto ve, barrunta el peligro de ser consecuente, por lo tanto, es mejor vivir (políticamente) en la inconsecuencia y, en adelante, tratar de apurar mejor el arsenal argumental con el que enredar el «conflicto», enmarañarlo, oscurecerlo, obnubilarlo, aunque sea para ganar unos votos en el caladero pequeñoburgués del independentismo catalán.

De otra parte, triste y lamentable el papel -como señala Herchoren- de las asociaciones memorialistas (o el Wyoming) calificando de «desafortunadas» las comparaciones de Iglesias prestándose al juego cínico e hipócrita de la caverna y brunete mediática fingiendo dolerse hipócritamente del exilio republicano, como si les importara una mierda a estos fascistas. Lo que causó su exilio y el exilio de Puigdemont es el fascismo imperante desde abril de 1939, ayer sin disfraz y hoy con vacuna.

‘Las bancarrotas son buenas porque hay demasiados cafés y restaurantes en Bélgica’

“Por supuesto que habrá quiebras […] pero ¿no teníamos demasiados cafés y restaurantes en Bélgica?”, ha dicho el director general del banco y la compañía de seguros belga Belfius, Marc Raisière, en una entrevista concedida al semanario Trends-Tendances sobre las consecuencias económicas de la pandemia.

Las palabras del director general de Belfius, una importante banco y compañía de seguros belga, antes llamado Dexia, han levantado el polvo debajo del felpudo. “Soy consciente de que hablo muy francamente, pero de vez en cuando las economías necesitan una ola de consolidación”, añadió.

Como no todos los negocios de hostelería son rentables sin recurrir a la economía sumergida, admite el banquero, lo mejor es que se hundan. El “libre mercado” funciona de esa manera: un bar se puede hundir, pero un banco no. Por eso Raisière no recuerda que su banco fue rescatado con dinero público. Lo mejor es que lo hubieran dejado hundirse hasta el fondo.

Cuatro días después el bocazas tuvo que pedir sus más sinceras disculpas: “Mi intención nunca fue estigmatizar a este sector por el que siento un gran respeto, ni herir a nadie”.

El Viceprimer Ministro Pierre-Yves Dermagne, del Partido Socialista, salió al quite: “Un jefe no debería decir eso, y mucho menos un jefe de un gran banco público. Detrás de las cifras y porcentajes, hay trabajos, familias y vidas que merecen respeto y apoyo, sobre todo en estos tiempos tan difíciles para la industria de la hostelería y la restauración”.

El diputado del Partido Laborista Belga, Marco Van Hees, exigió una audiencia de Raisière en el Comité de Finanzas de la Camara Baja.

El antiguo ministro y diputado Denis Ducarme, del Movimiento Reformador, recordó que fueron los contribuyentes los que salvaron al banco Belfius y que siguen pagando los gastos del rescate.

Suiza convoca un referéndum para decidir sobre el confinamiento

Suiza ha convocado un referéndum para decidir sobre el confinamiento. La votación podría tener lugar en junio y pone a prueba las medidas adoptadas por el gobierno con el pretexto de la pandemia.

Ayer los críticos del confinamiento presentaron una petición con unas 86.000 firmas -más de las 50.000 requeridas- que desencadenó una votación nacional para revocar la ley del confinamiento aprobada en setiembre del año pasado.

El referéndum versará sobre las facultades que tiene el gobierno federal para imponer unilateralmente el confinamiento y otras medidas represivas con propósitos sanitarios.

Se trata de dar a los ciudadanos un medio de control sobre las atribuciones del gobierno federal.

“En nuestra opinión, [el gobierno] está aprovechando la pandemia para introducir más control y menos democracia”, dijo Christoph Pfluger, miembro de la junta de Amigos de la Constitución que encabeza la campaña.

Los sondeos que se llevaron a cabo en setiembre del año pasado muestran que la mayoría está en contra del confinamiento, a pesar de la insistencia de los medios de comunicación en los peligros del contagio.

Como era de esperar, los “expertos” han iniciado una contra campaña porque el asunto es científico y la opinión de las personas cuenta poco, por no decir nada. Para junio la epidemia habrá disminuido considerablemente y, en cualquier caso, la votación llegaría demasiado tarde.

Los críticos argumentan que se trata de evitar que en el futuro el gobierno pueda imponer restricciones a loso derechos fundamentales en situaciones de emergencia.

Hace unos días el gobierno federal volvió a confinar a la población por otras cinco semanas más, con cierre de la hostelería y demás centros de reunión colectiva, la imposición del teletrabajo, la prohibición de juntarse más de cinco personas tanto en exteriores como en interiores.

https://www.wsj.com/articles/switzerland-to-hold-referendum-on-covid-19-lockdown-11610807392

¡Silencio! ¡Estamos vacunando!

Las personas que han fallecido tras la inoculación de las vacunas contra el coronavirus no merecen ni media línea de ningún medio de comunicación español, incluidos los de “contrainformación” y los “alternativos”, es decir, que unos y otros han adoptado la misma actitud lo cual, desde luego, no es ninguna casualidad.

Lo que no aparece en los medios no existe. No sólo no está habiendo muertos sino que tampoco hay efectos adversos, ni graves ni leves. Nada de nada. Todo va bien. El canon se confirma: las vacunas contra el coronavirus están salvando vidas, lo mismo que las demás. Las vacunas han erradicado muchas enfermedades en el pasado y lo mismo harán con ésta.

Para saber algo del asunto hay que acudir, lo mismo que en el franquismo, a fuentes extranjeras, y entonces nos encontramos con que, en efecto, hay personas que están muriendo inmediatamente después de ser vacunadas. Algo es algo.

Ahora bien, su muerte no tiene relación con las vacunas, nos dicen las fuentes oficiales (que son casi todas), lo cual nos alivia enormemente. Esa falta de relación sólo aparece cuando se trata de muertes. Si hablamos de efectos secundarios no letales, entonces el discurso cambia: los efectos secundarios sí están causados por las vacunas.

No obstante, a veces las explicaciones oficiales sobre las vacunas y las muertes no se sostienen y entonces el argumento retrocede a la siguiente trinchera: el número de casos es insignificante con respecto al total de vacunados. Es preferible el remedio a la enfermedad. Luego las vacunas salvan vidas, “quod erat demonstrandum”.

Con la muerte de 33 ancianos en Noruega, los responsables de salud dicen que el porcentaje está por debajo del uno por mil. Es muy poquito. Casi nada. Pero eso es algo que se lo deben decir a los familiares de los fallecidos y, si es posible, a la cara.

No podemos olvidar que la disparatada pretensión de la mayor parte de los gobiernos del mundo es vacunar a millones de personas, por lo que esos “pequeños porcentajes” van a multiplicar el número de cadáveres. Si en España vacunan a 20 millones de personas, tendremos 20.000 muertos y el sistema de “salud” seguirá mirando para otro lado. Como si la cosa no fuera con ellos.

Si la vacuna es un instrumento de prevención de la salud, como reza el canon, hasta el más reacio puede comprender que esos 20.000 fallecidos son personas sanas.

La vacuna contra el coronavirus es voluntaria. Para poder inocular a una persona, debe prestar su consentimiento expreso y el médico le debe informar cabalmente acerca -entre otras cosas- de los riesgos, lo cual no se está haciendo en absoluto por muchas razones, entre otras porque la única preocupación es hacerlo rápido, e incluso que lo haga quien sea, aunque no sea médico.

Es una chapuza aunque, bien visto, no cambiaría mucho si el informador es un médico, porque la mayor parte de ellos se atienen al canon. Ninguno de ellos admitirá en presencia del candidato que el riesgo es mínimo y que él puede estar dentro del uno por mil que va a caer en el hoyo. Los médicos están haciendo lo mismo que los medios de comunicación: callar. El plan de vacunación masivo y acelerado sería impensable sin ese silencio.

Por su propia naturaleza, un problema de salud pública adquiere inmediatamente una dimensión política y social. Cuando se están produciendo miles de muertes, la primera obligación es la determinar su causa, investigar y poner remedio. Sin embargo, la directora de salud pública de Noruega, Camilla Stoltenberg, ha confesado públicamente en rueda de prensa que no han analizado las causas del fallecimiento de 33 ancianos después de recibir la vacuna porque todos los días mueren 45 ancianos en los asilos del país escandinavo y porque eran personas muy enfermas, terminales. Se hubieran muerto de todas maneras, tarde o temprano.

La intervención de la responsable noruega no pudo ser más vergonzosa, a la altura del cúmulo de declaraciones oficiales de todo tipo que llevamos escuchando desde que apareció la pandemia hace un año. No hay relación de causa a efecto, dice Stoltemberg, aunque quizá sí: los efectos secundarios “pudieron haber coadyuvado en un desenlace fatal en algunos enfermos frágiles”.

La respuesta oficial es, pues, un “no” pero “sí”. Es posible. Puede ser, y en consecuencia Noruega ha cambiado el protocolo médico y ahora exige realizar una evaluación médica previa antes de la inoculación. Si los muertos no han tenido relación con la vacuna, ¿por qué cambian ahora los procedimientos médicos?

Si los efectos adversos más inmediatos, a corto plazo, de las vacunas no se admiten de ninguna manera, ¿qué ocurrirá con los efectos a largo plazo? Es algo que no interesa a nadie y mucho menos interesará cuanto más tiempo transcurra. La atención estará centrada entonces en otros asuntos. Nadie se acordará de los muertos y nadie preguntará nada.

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