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Día: 4 de octubre de 2020 (página 1 de 1)

‘Covid-19 no es una pandemia’, admite por fin la revista médica The Lancet

A medida que el mundo se acerca al millón de muertes por Covid-19, debemos afrontar el hecho de que estamos adoptando un enfoque demasiado estrecho para gestionar este brote de un nuevo coronavirus. Hemos visto la causa de esta crisis como una enfermedad infecciosa. Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las líneas de transmisión viral, controlando así la propagación del patógeno.

La “ciencia” que ha guiado a los gobiernos ha sido impulsada principalmente por los modeladores de epidemias y los especialistas en enfermedades infecciosas, que comprensiblemente enmarcan la actual emergencia sanitaria en términos de plaga centenaria.

Pero lo que hemos aprendido hasta ahora nos dice que la historia de Covid-19 no es tan simple. Dos categorías de enfermedades están interactuando dentro de poblaciones específicas: la infección por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo (Sars-CoV-2) y una serie de enfermedades no transmisibles (ENT). Estas condiciones se están agrupando dentro de grupos sociales según patrones de desigualdad profundamente arraigados en nuestras sociedades. La agregación de estas enfermedades en un contexto de disparidad social y económica exacerba los efectos adversos de cada una de ellas.

Covid-19 no es una pandemia. Es una sindemia. La naturaleza sindémica de la amenaza que enfrentamos significa que se necesita un enfoque más matizado si queremos proteger la salud de nuestras comunidades.

La noción de sindicación fue concebida por primera vez por Merrill Singer, un antropólogo médico estadounidense, en el decenio de 1990. Escribiendo en The Lancet en 2017, junto con Emily Mendenhall y sus colegas, Singer argumentó que un enfoque sindémico revela interacciones biológicas y sociales que son importantes para el pronóstico, el tratamiento y la política de salud.

Limitar el daño causado por el Sars-CoV-2 exigirá prestar mucha más atención a las enfermedades no transmisibles y a la desigualdad socioeconómica de la que se ha admitido hasta ahora.

Una sindemia no es simplemente una comorbilidad. Los síndemias se caracterizan por las interacciones biológicas y sociales entre las afecciones y los estados, interacciones que aumentan la susceptibilidad de una persona a sufrir daños o empeoran sus resultados en materia de salud.

En el caso de Covid-19, atacar las ENT será un requisito previo para una contención exitosa. Como mostró nuestra recientemente publicada Cuenta atrás de las ENT 2030, aunque la mortalidad prematura por ENT está disminuyendo, el ritmo de cambio es demasiado lento.

El número total de personas que viven con enfermedades crónicas está creciendo. Abordar Covid-19 significa abordar la hipertensión, la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas, y el cáncer. Prestar mayor atención a las enfermedades no transmisibles no es una agenda sólo para las naciones más ricas. Las enfermedades no transmisibles son también una causa descuidada de mala salud en los países más pobres.

En su Comisión Lancet, publicada la semana pasada, Gene Bukhman y Ana Mocumbi describieron una entidad a la que llamaron Pobreza ENTI, agregando lesiones a una gama de condiciones ENT como mordeduras de serpientes, epilepsia, enfermedad renal y anemia drepanocítica.

Para los mil millones de personas más pobres del mundo de hoy, las enfermedades no transmisibles constituyen más de un tercio de su carga de morbilidad. La Comisión describió cómo la disponibilidad de intervenciones asequibles y eficaces en función de los costos durante el próximo decenio podría evitar casi 5 millones de muertes entre las personas más pobres del mundo. Y eso sin considerar la reducción de los riesgos de morir por Covid-19.

La consecuencia más importante de ver a Covid-19 como una sindicación es subrayar sus orígenes sociales. La vulnerabilidad de los ciudadanos de más edad, las comunidades negras, asiáticas y de minorías étnicas, y los trabajadores clave, que suelen estar mal pagados y cuentan con menos protección social, apunta a una verdad que hasta ahora apenas se ha reconocido, a saber, que por muy eficaz que sea un tratamiento o una vacuna protectora, la búsqueda de una solución puramente biomédica para Covid-19 fracasará.

A menos que los gobiernos conciban políticas y programas para invertir las profundas disparidades, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras con Covid-19. Como escribieron Singer y sus colegas en 2017, “un enfoque sindémico proporciona una orientación muy diferente a la medicina clínica y a la salud pública al mostrar cómo un enfoque integrado para comprender y tratar las enfermedades puede tener mucho más éxito que el simple control de las enfermedades epidémicas o el tratamiento de pacientes individuales”.

Yo añadiría una ventaja más. Nuestras sociedades necesitan esperanza. La crisis económica que avanza hacia nosotros no se resolverá con una droga o una vacuna. Se necesita nada menos que un renacimiento nacional. Acercarse a Covid-19 como una sindemia invitará a una visión más amplia, una que abarque la educación, el empleo, la vivienda, la alimentación y el medio ambiente. Ver Covid-19 sólo como una pandemia excluye un prospecto más amplio pero necesario.

https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)32000-6/fulltext

Más información:
– El nuevo formato del consultorio radiofónico franquista: Maldita y su interpretación auténtica de la pandemia

Un ejercicio militar con enfermedades ficticias y pandemias ficticias, pero que matan una barbaridad

En 2018 la Universidad John Hopkins se inventó una enfermedad y una pandemia, y realizó uno de esos simulacros de estilo militar. La enfermedad se llamaba “Clade X” y se contagiaba por la tos, con consecuencias parecidas a la gripe (1).

Pero el objeto del estudio, que se publicó en Youtube (2) como si fuera un videojuego, no era la pandemia sino la reacción política del mundo ante ella.

Naturalmente, no se ensayan simulacros con enfermedades leves de las que uno se cura quedándose en la cama y tomando infusiones de tomillo. Clade X era catastrófica porque no había vacuna para remediarlo. Era una de esas enfermedades “emergentes”, nuevas, de las que se desconoce casi todo.

No obstante, el modelo no era tan nuevo, ya que se basaba en el SARS de 2003, aunque llevado al paroxismo. Si al SARS sólo le imputaron 765 muertos, por lo que pasó muy desapercibido, salvo entre los especialistas, Clade X tenía que causar la muerte del 10 por ciento de la población mundial: 900 millones de personas.

“Los peores escenarios presentados en la ficción científica pueden quedarse cortos”, dijo El Confidencial entonces. Ante la magnitud de la catástrofe, el ejército estadounidense quedaba encargado de “reaccionar frente a la expansión de Clade X por todo el mundo”. Pero, ¿qué hará si Venezuela les pide ayuda?, preguntaba el periódico (3).

Este tipo de previsiones biopolíticas muestran, una vez más, que las universidades que llevan a cabo estas simulaciones no son otra cosa que fachadas del Pentágono e institutos de seguridad militar, por lo que todo el simulacro era una paranoia total, empezando por un virus fabricado por un grupo terrorista (4). ¿Se referían los universitarios a sí mismos?

Una simulación es mejor cuanto más se aproxima a la realidad y a veces son tan buenas que parecen reales. Ni siquiera los “expertos” de pacotilla son capaces de diferenciar la realidad de la ficción. Por eso Eric Toner, que trabajó en el ejercicio, dijo: “Va a suceder, pero no sé cuándo” (5).

Son palabras difíciles de interpretar. Es posible que, tratándose de un “experto”, sean una gilipollez. ¿Cómo podría expandirse una enfermedad ficticia? No obstante, es posible que hiciera alusión a otra enfermedad real, parecida al SARS, como el covid, por poner un ejemplo.

De esa manera los “expertos” demuestran sus dotes proféticas. Los sueños se hacen realidad. La vida es sueño. No hay diferencia entre la realidad y la ficción porque hay quien es capaz de hacer realidad sus sueños, e incluso sus peores pesadillas. “No han exagerado ni un pelo”, advirtió El Confidencial.

Desde hace al menos dos años ya se sabía que el mundo no estaba preparado para una pandemia parecida al SARS que estaba destinada inexorablemente a llevarse por delante a 900 millones de personas y, sin embargo, nadie se quiso dar por enterado. No sabe, no contesta.

Ante las mortíferas previsiones, los autores de la simulación recomendaron fortalecer los sistemas de salud, a pesar de lo cual todos los países siguieron haciendo lo contrario: imponer recortes presupuestarios en sanidad.

Por lo tanto, los gobiernos no siguen el consejo de los “expertos”, o sólo lo hacen cuando les conviene. En cualquier caso, la salud no les preocupa nada. Si han adoptado medidas draconianas durante esta pandemia no habrá sido por motivos de salud. Entonces, ¿cuál es el verdadero motivo?

(1) http://www.centerforhealthsecurity.org/our-work/events/2018_clade_x_exercise/index.html
(2) https://www.youtube.com/watch?time_continue=15&v=sJ1x8SlNxj0
(3) https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-08-02/pandemia-virus-muertes-clade-x_1600676/
(4) https://www.businessinsider.com/pandemic-virus-simulation-johns-hopkins-shows-vulnerability-2018-7
(5) https://www.publimetro.cl/cl/social/2018/08/01/cladex-enfermedad-epidemia-gripe.html

Lo que vende no es la ‘conspiranoia’ ni la ‘ciencia’ televisada sino las cifras de muertos y de infectados

Los titulares estos días siguen anunciando positivos por doquier. Donald y Melania Trump también «dieron positivo». Otra noticia fustiga a estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia que «se contagiaron» el covid-19 por irse «de fiesta». Todas estas pseudohistorias están activando otro absurdo frenesí mediático, que ha empujado a muchas personas a evitar enfrentar lo que es una evidencia, para evitar ser asociados al fascismo, o peor, al «terraplanismo». Leer más

El maccarthismo posmoderno ya no dice el nombre de sus enemigos

El Parlamento Europeo ha creado un “comité especial” encargado de destapar las “influencias extranjeras” que amenazan la integridad democrática de la Unión Europea y los fundamentos de nuestras sociedades libres.

Hace tiempo que la caza de brujas campea a sus anchas por el Viejo Continente, otra de esas olas de histeria de la que se encargará el eurodiputado Raphaël Glucksmann. Se buscan bichos raros, herejes incómodos, de esos que a cada paso sacan los pies del tiesto.

“La era de la ingenuidad europea ha terminado”, dice Glucksmann y él es el mejor ejemplo. Las audiencias comenzaron el 23 de setiembre.

En tiempos del senador MacCarthy eran los comunistas, pero ahora no nos dicen los nombres, aunque tampoco es necesario si recordamos que Glucksmann fue consejero del Presidente georgiano Mijail Saakachvili.

Sí, en efecto, hablamos de Rusia y de sus redes de injerencia, su RT, su novichok y sus numerosos agentes esparcidos por las redes sociales. Una quinta columna que busca la destrucción de la democracia europea.

La misión del nuevo maccarthismo se expresa en el lenguaje de la OTAN. Consiste en “evaluar el nivel de las amenazas, ya sean campañas de desinformación, financiación de partidos políticos o campañas, o ataques híbridos”.

También estudiarán “la transparencia de la financiación de los partidos y las campañas, comprobando las acciones y normas nacionales en este ámbito, así como las influencias externas a través de las empresas, las ONG o la tecnología”.

¿Se refieren a los terroristas kosovares?, ¿a los Cascos Blancos?, ¿a los yihadistas moderados?, ¿a los nazis ucranianos?, ¿a los bielorrusos quizá? No. La Unión Europea no investigará sus propias redes de influencia porque trabajan en pro de una buena causa.

El Comité Glucksmann se centrará en perseguir al Eje del Mal, sus ciberataques y su desinformación, así como a la Quinta Columna, los cómplices, el enemigo interior, que son aún más peligrosos que el otro. El objetivo es identificar las campañas “dirigidas por organizaciones y actores europeos […] que podrían perjudicar los objetivos de la Unión Europea, o influir en la opinión pública para complicar la elaboración de posiciones comunes”.

Glucksmann y sus inquisidores publicarán un informe. El nombre del editor ya circula por los mentideros de Bruselas: la letona Sandra Kalniete, que fue sucesivamente Ministra de Asuntos Exteriores de su país, y luego Comisaria Europea, antes de aterrizar en Estrasburgo. Es hija única por lo que explica en un libro autobiográfico: “Mis padres no querían ofrecer otros esclavos al poder soviético, no tenía hermanos ni hermanas”.

Así están las cosas por Bruselas.

Un carabinero arroja a un joven al río en medio de una manifestación en Santiago de Chile

Un joven de 16 años que se manifestaba anoche en Santiago de Chile fue arrojado desde siete metros de altura desde un puente al río Mapocho, el principal de la capital chilena, por un carabinero.

El joven se encuentra ingresado en la clínica Santa María de Santiago. Tuvo un tec cerrado, fractura en muñecas, corte en cuero cabelludo. Se encuentra consciente, estable y en observación, tras una intervención quirúrgica en sus manos.

Por las redes sociales chilenas, ayer circulaban decenas de convocatorias de protesta, a pesar del estado de excepción, que prohíbe  las reuniones de más de 50 personas.

Como todos los viernes, por la noche los manifestantes se reúnen en el epicentro urbano de las movilizaciones sociales de Santiago y, como también suele suceder, los carabineros cargaron y detuvieron a 21 personas.

El joven de 16 años escapaba junto a una multitud de un grupo de antidisturbios cuando uno de ellos lo alcanzó y lo lanzó al río. El adolescente quedó tendido boca abajo sin movimiento. Los carabineros no hicieron nada por sacarlo del río y fueron otros manifestantes los que bajaron a rescatarlo.

Los Carabineros han ido variando su versión de los hechos a cada minuto y, por su parte, el ministro del Interior dice que los antidisturbios han empezado a utilizar “nuevos protocolos” para actuar contra las manifestaciones.

Este incidente pone en aprietos nuevamente al ministro de Interior, el tercero que ha tenido el gobierno en menos de un año.

A dos semanas de que se cumpla un año del estallido social del 18 de octubre de 2019, una fecha que el gobierno chileno tienen marcada por la probabilidad de un resurgimiento de las protestas, Carabineros sigue en el ojo del huracán.

En el marco de las revueltas sociales de hace un año, fue el aparato represivo más destacado por su recurso a la brutalidad. Según un informe de la Fiscalía con datos actualizados hasta marzo, de las 493 personas denunciadas por diversos delitos cometidos por funcionarios del Estado, 444 pertenecen a Carabineros, 30 a la Policía de Investigaciones, 13 al Ejército, cuatro a la Armada y dos a otras instituciones.

La pandemia salvó al gobierno de Piñera. Cuando el 18 de marzo el gobierno impuso el estado de excepción, el movimiento popular chileno mostraba su fuerza en las calles. El 8 de marzo dos millones de mujeres salieron a protestar.

No obstante, en Chile la declaración de estado de excepción el 18 de marzo no ha podido impedir las protestas por completo. No han mostrado miedo a los carabineros y mucho menos al virus. Se han registrado 1.405 manifestaciones desde el 19 de marzo al 6 de septiembre, con casi 2.000 personas detenidas.

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