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Día: 13 de junio de 2020 (página 1 de 1)

Autodeterminación o ¿su abuela fuma?

Bianchi

En 1904 escribía Stalin sobre la «cuestión nacional» que todo -desde la perspectiva del materialismo histórico, es decir, desde el marxismo- cambia y que en diferentes épocas salen a la escena diferentes clases sociales y cada clase entiende a su manera lo que entonces se denominaba «cuestión nacional», existió, por ejemplo -decía-, en nuestro país (se refiere a Georgia, su país natal) la llamada «cuestión nacional» de la nobleza, cuando -después de la incorporación de Georgia a Rusia- la nobleza georgiana sintió lo desventajoso que era para ella perder los viejos privilegios y el poderío que tenía bajo los reyezuelos georgianos y considerando que la condición de «simples súbditos» era afrentosa para su dignidad, anheló la «liberación de Georgia». Era un «nacionalismo» monarco-feudal dizque reaccionario.

La nobleza georgiana -continúa diciendo este revolucionario profesional que de «terrorista» bajo el zarismo pasó a ser jefe del primer Estado socialista de la historia- se escindió en dos grupos. Uno de ellos renunció a todo «nacionalismo» y tendió la mano a la autocracia rusa a cambio de puestos lucrativos y de que la defendiera de los «revoltosos» del campo (entonces apenas había clase obrera). El otro grupo de la nobleza georgiana, más débil, se alió con los obispos y archimandritas georgianos,  cobijándose bajo el ala del clericalismo. Aquí se acababa su «patriotismo».

¿Estaremos buscando algún paralelismo con la Catalunya -o Euskadi o Galicia- de hoy? No, pero alguna concomitancia es posible encontrar. El georgiano Stalin -de quien Antonio Machado dijera que vio la historia con sus propios ojos y no se la contaron como a otros- nunca ocultó y siempre defendió la unidad de los proletarios al margen de su nacionalidad para hacer la revolución en Rusia (aquí se diría «España», Georgia sería Catalunya o Euskal Herria y Stalin un «mal vasco», desquintaesenciado y sin «volkisch«), pero sin olvidar jamás, como recogía el programa bolchevique, el derecho de autodeterminación de las naciones que integraban y aherrojaban por la fuerza la Rusia zarista e, ítem más, su separación de aquella cárcel de pueblos o naciones (como es la España actual, un Estado fallido).

No hace falta ser «estalinista» para defender estos elementales derechos democráticos, entre otras razones porque Stalin no era «estalinista», sino marxista-leninista. Hoy Stalin -al menos como intelectual revolucionario- defendería la independencia de Euskadi o Catalunya frente al Estado fascista español que impide que los pueblos catalán y vasco se pronuncien políticamente,  en un sentido o en otro,  por la separación o no. Algo que no hará el socialfascismo español ni sus mariachis. ¿Quiénes son aquí los terroristas, los fascistas, y quiénes los amparan?

Los neonazis protegen la estatua de Winston Churchill de los manifestantes antirracistas que intentan derribarla

Londres está conociendo escenas de violencia a primera hora de esta tarde en torno a la estatua de Winston Churchill que los neonazis y policías protegen de los intentos de los manifestantes antiracistas de derribarla.

La estatua de Churchill en la Plaza del Parlamento la custodian no sólo por la policía sino también pequeños grupos de neonazis, mientras una manifestación antiracistas circula por los alrededores.

También se han producido violentos enfrentamientos en el Monumento de Whitehall, donde los manifestantes se enfrentaron a los nazis en presencia de la policía.

La base de la estatua de Churchill ya había quedada rociada con pintadas en los últimos días. Ahora aparece cubierta con un cajón. En las últimas horas se le ha puesto una inscripción: “No abrir, hay un racista en su interior”.

Churchill, el viejo Primer Ministro, uno de los miembros más conspicuos del imperialismo británico, tiene que estar revolcándose en su tumba.

Enfrentamiento entre los nazis y los policías por proteger a Churchill
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Un cordón policial protege el munumento a Churchill
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Un acto de soberanía alimentaria. Un acto de soberanía

Dario Herchhoren

Hace muy pocos días el gobierno argentino dispuso la intervención y la expropiación de la empresaVicentín, que es la mayor empresa argentina de acopio y exportación de granos, aceites, algodón, vino y miel.

Dicha empresa era de amigos del ex presidente Mauricio Macri, y había conseguido créditos del Banco de la Nación Argentina por una cantidad de alrededor de 18.000 millones de dólares, a pesar de su situación cercana a la cesación de pagos. El nuevo gobierno argentino asumió sus funciones el día 10 de enero de 2020, y un mes antes de esa fecha el Banco de la Nación Argentina otorgó esos créditos a los cuales hay que sumar otros que ya se habían concedido.

Hasta la llegada de la dictadura militar, el mayor exportador de granos era la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias que era una cooperativa de segundo grado, es decir que era una cooperativa de cooperativas, y estaba integrada por varios miles de cooperativistas, que de esa manera podía exportar sus producciones en igualdad de condiciones con los grandes acopiadores y exportadores. Eso no era del gusto de la dictadura cívico militar que hizo cuanto pudo para hundir a la FACA (Federación Argentina de Cooperativas Agrarias), hasta que al fin lo logró.

En su lugar se posicionó Vicentín, que pasó a ocupar el primer lugar, vendiendo al exterior cinco millones de toneladas de granos como promedio anual, y gozando de generosos créditos bancarios tanto de bancos nacionales como extranjeros. Los préstamos de bancos extranjeros eran en realidad operaciones de fuga de capitales, que ingresaban al país con el objeto de hacer importantes inversiones que nunca se materializaban, y esos préstamos se depositaban en cuentas de la empresa a plazo fijo, rindiendo intereses que a veces llegaban al 40 % anual, y una vez cobrados esos intereses el resto pasaba a Vicentín. Ese modus operandi era siempre el mismo, y mientras el capital privado se enriquecía las empresas argentinas se empobrecían al tener que pagar intereses usurarios. Es lo que se llamaba «fuga de capitales».

La familia Nardelli, dueña de Vicentín, era el socio mayoritario de la empresa, pero en la misma participaban empresas multinacionales como Cargill, y Bayer, que ha comprado a Monsanto, y la cesación de pagos por parte de Vicentín, no solo amenazaba a los puestos de trabajo de seis mil trabajadores, sino que estaba en peligro la continuidad de la misma empresa,que seguramente caería en manos de las grandes multinacionales como consecuencia de la subasta de sus bienes.
                                                                                                                                                                                            
Vicentin tiene puertos propios sobre el río Paraná en las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Chaco, además de ser arrendataria de una parte del puerto cerealero de Necochea en la Provincia de Buenos Aires.
                                                                                                                                                                                            
La decisión del gobierno argentino, marca un antes y un después de política soberana del país, y vuelve a la senda de las políticas implementadas por el General Perón, que reclamaba el carácter preeminente del estado en todo aquello que significara un sector estratégico, y la exportación de granos sin duda lo es.

Se trata de un paso en la buena dirección, que seguramente será seguido por otros más. Ya este gobierno que lleva pocos meses al timón del país, nacionalizó Aerolineas Argentinas, y recupero la estatal YPF (Yacimientos petrolíferos fiscales), y ello implica abandonar el neoliberalismo, que ha sido y es nefasto para un país dependiente como Argentina.

‘El daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño del covid-19 que se haya evitado’

El Premio Nobel de Química Michael Levitt

Michael Levitt ha sido una de las voces de la comunidad científica que se ha pronunciado con mayor contundencia contra el aislamiento estricto que algunos países implementaron por el coronavirus.

«Los líderes pareciera que entraron en pánico incluso más que la población», dice Michael Levitt, ganador del Premio Nobel de Química en 2013.

«Estoy seguro de que el confinamiento pudo haber salvado vidas en el corto plazo, pero el daño económico costará vidas”, indica. «El confinamiento estricto es el que es peligroso».

«Yo podría decir que un niño que es golpeado por su padre que está enojado por perder su trabajo es una pérdida terrible, es algo que puede afectar a una persona de por vida. Y eso quizás es una perdida mayor que la muerte de alguien de 85 años».

A lo largo de la entrevista, el profesor de biología estructural de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, insiste en que no quiere ser irrespetuoso con las personas que han muerto por el coronavirus, lo cual es una «tragedia”, pero plantea cuán importante hubiese sido discutir y balancear más las medidas tomadas.

«No soy un epidemiólogo, pero me gustan los números», aclara al comienzo de la entrevista que ofreció desde Israel.

Levitt nació en Sudáfrica y ganó el Premio Nobel de Química junto a Martin Karplus y Arieh Warshel por desarrollar los programas computacionales de gran alcance que se utilizan para entender y predecir complejos procesos químicos.

Cuando empezó a surgir información sobre el SARS-Cov-2, el doctor en biofísica decidió analizar el desarrollo de su predecesor: el SARS-Cov, que emergió en 2003 en China. «Lo importante era empezar a entender cuán peligroso es» el nuevo coronavirus, señala evocando el mes de enero.

El investigador inició la recopilación de datos sobre los casos y las muertes que se estaban produciendo en la nación asiática, donde también se desencadenó el nuevo brote, y registró lo que encontraba. Se dio cuenta de que, aunque el nuevo coronavirus avanzaba mucho más rápido que su antecesor, la tasa de letalidad parecía ser menor que la del SARS-Cov.

«Vi muy rápidamente, quizás en mi primer reporte del 2 de febrero, que de hecho el virus se estaba desacelerando», explica.

Desde el 1 de febrero, Levitt revisa «todos los días» las cifras de casos de coronavirus.

«En mi corazón soy una persona muy global, creo que todo el planeta es un solo lugar. Por eso no estoy estudiando únicamente Reino Unido, Estados Unidos o Israel (Levitt posee esas tres nacionalidades), estoy estudiando lo que sucede en todas partes».

Y es que, indica, es mucho lo que se puede aprender al comparar lo que pasa en diferentes países. Por eso, su manejo de las estadísticas sobre el coronavirus es impresionante.

«Todos los días, estoy viendo lugares como Chile, Perú, Brasil. Quizás dos veces al día. Sólo para ver (si hay) una señal de que (el avance del virus) se está desacelerando».

Levitt ha utilizado modelos matemáticos y métodos informáticos para analizar las curvas de contagio en distintos países del mundo y, aunque advierte que no hay certeza absoluta, se ha observado que pasan entre «tres a cuatro semanas hasta que (el virus) empieza a desacelerarse».

Así ha sucedido en varios lugares. Pareciera que es un patrón, pero no se aventura a dar nada por hecho, pues hay otras variables que intervienen como por ejemplo el tamaño de los países.

«La conclusión es que aún es muy pronto para saber (qué pasará en Sudamérica). Es difícil saberlo».

Para el físico, «el daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño del covid-19 que se haya evitado» con la medida.

«Estoy seguro de que el confinamiento pudo haber salvado vidas en el corto plazo pero el daño económico costará vidas», indica. Y es que para el nobel es importante ver todas las distintas implicaciones de esa medida.

«Los confinamientos pueden ser efectivos, pero son una medida medieval». En esa época, explica el profesor, cuando llegaba una plaga, le decían a la población que no podía abandonar sus viviendas.

«Esta situación es como esa. Ellos no entendían lo suficiente sobre la enfermedad. Por lo tanto a la gente no se le permitía desplazarse. Con frecuencia no era lo correcto. Las investigaciones han mostrado que cuando se fuerza a la gente a quedarse junta probablemente causará una tasa más alta de infecciones».

Y es que alejar a la gente es una reacción muy natural, dice.

«Parece obvio, pero hay que ser muy cuidadosos y no creo que los epidemiólogos recomienden los confinamientos. Ellos no recomiendan cerrar las fronteras, porque su idea es que si la enfermedad se va a propagar, hay que dejarla».

«Obviamente no hay muerte que sea buena, cada muerte es una tragedia terrible para la familia, pero 400 muertes por millón de personas es muy típico de lo que una mala temporada de gripe provoca», señala.

«La gente que está muriendo de covid y de influenza son las mismas personas que morirían normalmente. En el caso del covid-19, cerca de la mitad de las muertes son de  personas mayores de 85 años, menos del 10% de las muertes son menores de 65 años».

«Básicamente yo diría que todos sabemos que las personas mayores tendrán una probabilidad más alta de morir».

El impacto de las medidas de cierre que varios países implementaron para blindarse frente al SARS-Cov-2 es algo que le preocupa al nobel.

«No sabemos cuánto daño ha causado el confinamiento a la economía mundial o a la sociedad. Sé que muchos países que están saliendo del confinamiento han visto un aumento grande en la tasa de suicidios y de violencia doméstica, quizás hay un incremento en los divorcios», reflexiona.

«Ha habido mucho estrés. Los niños han sufrido mucho, es un trauma. No sabemos [los daños causados por el confinamiento] y, dado que conocemos aproximadamente cuántas vidas se han salvado, una cantidad pequeña, se ve con mucha claridad que el daño final del confinamiento sería más grande».

Levitt plantea que hay gente que está diciendo, por ejemplo, que debido al confinamiento los pacientes que necesitan tratamiento para el cáncer no lo han recibido o que personas que necesitan ver al doctor por sus problemas de corazón no han ido a los médicos.

Para el físico existen otras alternativas eficaces diferentes al aislamiento drástico: el distanciamiento social, la higiene, lavarse las manos contantemente, usar mascarillas.

«El confinamiento estricto es: cerrar las escuelas, frenar los trabajos, parar las tiendas, cerrar todo. El confinamiento estricto es el que es peligroso».

El nobel reflexiona sobre el hecho de que en unos pocos países de Europa en donde se ha implementado un confinamiento más permisivo, el número de muertes no ha sido más alto […] si se compara con un país con un confinamiento más estricto.

Por ejemplo, dice, en Suecia y en Reino Unido, las muertes por millón de habitantes son muy similares. En el país nórdico, el confinamiento ha sido mucho “más suave” que en Reino Unido.

Adicionalmente, explica el profesor, no se ve que haya un cambio grande en el aumento de casos cuando el confinamiento se levanta, no se observa un salto en los casos.

«Ahora mismo, no lo sabemos y creo que mucha gente seguirá diciendo en los años venideros que el confinamiento fue importante pero [lo cierto es que] no lo sabemos».

La lectura que Levitt hace de lo que ha pasado en países como Suecia, Suiza, «quizás hasta cierto punto Alemania», es que el confinamiento no significó «una gran diferencia». Sin embargo, aclara: «Creo que es difícil decir que el confinamiento no causa ninguna diferencia».

Y profundiza: «Ciertamente algunos países tuvieron niveles muy bajos de infección como Austria, Israel o Australia, donde el número de infecciones no fue de unos cientos por millón (de habitantes), sino solo de unos 20 o poco más por millón. Esos países podrían estar expuestos a segundas olas».

«Si ha habido un proceso de saturación en los países que han tenido unos cientos de muertos por millón de habitantes, es probable que sean más resilientes en el futuro. Pero no sabemos eso todavía».

La forma en la que algunas autoridades han reaccionado frente al coronavirus es algo que cuestiona el profesor.

«Cuando la gripe viene en el invierno, nosotros no paramos todo, no implementamos un confinamiento por la gripe. Y si no nos confinamos por la gripe ¿por qué nos confinamos por el coronavirus?», pregunta.

En esa reacción, dice el científico, hubo un factor que tuvo una influencia.

«Normalmente la gente entra en pánico cuando se desata un guerra o se propaga una enfermedad, pero normalmente los líderes tratan de decirles que hay que pasar por esa situación».

«Si piensas en la Segunda Guerra Mundial, (el primer ministro británico Winston) Churchill estaba tratando con mucho empeño de evitar que la gente entrara en pánico. Y habían muchas buenas razones para sentirlo».

En su opinión, en el contexto del coronavirus, los medios de comunicación estaban muy determinados a «contar las muertes todo el tiempo, en lugar de simplemente asumir que había muertes».

«Y por la razón que sea en esta ocasión los líderes pareciera que entraron en pánico incluso más que la población».

«Por ejemplo» -dice- «con frecuencia le pregunto a la gente: ‘¿saben cuántas personas mueren en el mundo normalmente?’ La mayoría no sabe».

En un día promedio mueren 150.000 personas en todo el planeta, explica. «Y esas personas en su mayoría no mueren por una guerra o por hambre, mueren por vejez, y ese es un número grande».

Levitt cree que los medios de comunicación pudieron haber explicado mejor lo que estaba pasando al público: «Que la mitad de la gente que está muriendo tiene más de 85 años».

«Y, repito, nadie quiere ser irrespetuoso con las personas que han muerto». El científico me dice que su madre tiene 105 años «y quiero que viva por mucho tiempo».

«Yo tengo 73 años y tengo una probabilidad más alta de morir que mi nieto. Y eso es muy bueno porque quiero que mi nieto viva».

«Nosotros, las personas mayores, tenemos una probabilidad más alta de morir que los jóvenes, esa es la naturaleza de las cosas. Eso no fue explicado».

El nobel cuenta que la mayor parte de la pandemia la ha pasado en Israel. «Aquí, los noticieros informaban que alguien había muerto y hablaban sobre los nietos, los hijos, y yo pensaba que no era justo, porque cada día en Israel tenemos 120 muertes naturales y quizás tuvimos cinco muertes diarias por coronavirus», dice.

«¿Por qué glorificamos las muertes por coronavirus y no glorificamos las muertes de todos los demás? Quizás no deberíamos glorificar la muerte de nadie», reflexiona.

Pero, destaca, que eso sucedió en muchas partes del mundo. «La intención fue contar los números, los números grandes», indica.

«La otra cuestión […] es que la gente que estaba muriendo por coronavirus también tenía problemas de corazón, cáncer, muchos otros problemas. Quizás tenían neumonía y todavía los contaban como que estaban muriendo de coronavirus».

«Tal vez el 10% murió por coronavirus en medio de muchas otras condiciones».

El físico cree que varios países vieron las medidas que estaban tomando China y otros países, que implementaron confinamientos estrictos, como un referente.

Pero, recuerda, no todos los países lo hicieron: Corea del Sur, Hong Kong y Singapur pusieron en práctica el distanciamiento social y el uso de mascarillas y desinfectantes, entre otras medidas. «Fueron confinamientos suaves, como el de Japón».

Cualquier virus, explica el doctor, nos genera frustración y ante la pregunta sobre ¿qué podemos hacer?, la respuesta probablemente es que «quizás no puedas hacer nada».

«Sólo tener esperanza de que [la situación] estará bien: lavarte las manos, mantenerte saludable, no preocuparte porque cuando lo haces es malo para el sistema inmune».

«Pero la gente sintió que al confinarse estaba haciendo algo, frenando el virus, estábamos deteniendo a la gente de que irresponsablemente infectara a otras personas».

«Se les dio la sensación de poder, lo cual quizás es algo bueno, no lo sé».

Una de las lecciones que Levitt cree que la pandemia está dejando es que «la gente está cada vez más dándose cuenta de que [el confinamiento estricto] no era tan buena idea».

«Pero nadie puede culpar a nadie, porque ya está hecho», dice.

«No puedes culpar a los epidemiólogos, no puedes culpar a los científicos, los líderes son los responsables de esto y espero que aprendamos la lección para el futuro, debería haber más discusión y más ideas en una etapa más temprana».

De hecho, dice que le sorprende que haya habido tan poca reflexión y debate. «En la ciencia la discusión es muy importante: ‘Entiendo lo que dices pero está mal por esa y esta otra razón. O quizás estás en lo correcto, vamos a discutirlo'».

Al preguntarle si los confinamientos cambiaron el curso de la pandemia, Levitt pone un ejemplo: «Imagínate que en Londres, tras detectarse el primer caso, no se le permite a nadie viajar a Mánchester».

Al hacer eso, el virus no llegará a Mánchester tan rápidamente. Las probabilidades de conseguir eso son altas. Se puede frenar su propagación a otros lugares, se puede desacelerar su transmisión, explica el especialista.

Pero una vez que el virus llegó a Londres, es muy difícil impedir que infecte a la población de esa ciudad.

«Desacelerar el esparcimiento es una buena idea porque te da tiempo a tomar medidas para proteger el sistema sanitario». Sin embargo, surge un dilema: «Si tomas un determinado lugar y lo aíslas ¿por cuánto tiempo lo harás? El simple hecho de cerrar el mundo tiene un precio económico grande incluso si eres una isla pequeña».

«Hoy en día es muy difícil cerrar un país».

Levitt explica que cada cierto tiempo surge una epidemia de gripe que se detiene en el invierno. «Se para por sí sola porque, esencialmente, la mayoría de las personas que van a morir, generalmente la gente mayor, lo hacen».

«Lo mismo es probable que pase con el covid», explica el experto en biología computacional.

«El covid-19 se agotará a sí mismo y probablemente en el proceso le dará al resto de las personas algo de inmunidad, pero eso no lo sabemos todavía», advierte.

Y es que aún hay muchas incógnitas sobre la forma en que se ha desarrollado la pandemia: «No sabemos por qué las tasas de muerte en Inglaterra, Italia y todos los países donde se ha acabado ahora es tan similar», dice.

«Se podría pensar que en Bélgica se confinaron muy bien, pero no tan bien en Francia, pero el resultado final es el mismo. Esa es la razón por la que pienso que el confinamiento quizás no fue efectivo en prevenir la propagación».

De hecho, afirma: “No creo que el confinamiento realmente afecte el resultado final en la mayoría de los lugares”.

Y es que se trata de una enfermedad altamente infecciosa: «Para que el confinamiento sea muy efectivo, hay que hacerlo muy temprano. (Así) puede tener un efecto». Pero Levitt confiesa: «Es complicado».

«Pienso que si se hace un balance, el confinamiento es una medida tan severa que es algo que sólo deberías usar para enfermedades mucho más peligrosas».

Y explica que si el covid-19 estuviese matando al mismo ritmo a veinteañeros, «sería una enfermedad mucho más peligrosa, porque la gente de 20 años no muere naturalmente».

«En cambio, está matando a gente que estaba enferma, a personas mayores o personas con altas probabilidades de morir naturalmente», señala.

El nobel cuenta que en una oportunidad habló con la prensa en Israel sobre el concepto de años de vida perdidos:

«Si mueres a la edad cero, perdiste toda tu vida. Si mueres a la edad de 80, perdiste una pequeña cantidad de vida», explica. «Y la gente quedó en shock porque hablé de esa manera», dice.

«Me dijeron que no tenía respeto, y lo que les traté de decir es que sí tengo respeto porque las dificultades económicas recaen en los jóvenes. Ellos necesitan construir el futuro», apunta.

«Me parece que al hablar tanto sobre la glorificación de la muerte le damos mucha atención a las personas mayores y no suficiente a los jóvenes».

«Yo podría decir que un niño que es golpeado por su padre que está enojado por perder su trabajo es una pérdida terrible, es algo que puede afectar a una persona de por vida».

«Eso quizás es una perdida mayor que la muerte de alguien de 85 años. Hay que hacer esos balances. Una cosa lleva a la otra», dice. Y cree que ese balance no se hizo.

«Me sorprende porque estoy seguro de que los gobiernos toman estas decisiones todo el tiempo cuando quieren hacer alguna mejora, determinan cuál será el costo-beneficio». «Pero eso no se hizo», concluye.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-52998830

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