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Día: 7 de junio de 2020 (página 1 de 1)

El jazz, una música nacida de la resistencia

El saxofonista de jazz Gilad Atzmon

Gilad Atzmon

Soy un artista de jazz, he dedicado toda mi vida adulta al estudio de la música y la cultura negra americana. El jazz es ciertamente la más importante y probablemente la única contribución americana significativa a la cultura mundial. La pregunta que sigue es: ¿dónde está el jazz negro americano ahora? ¿Por qué los negros americanos han perdido interés en su propia creación fantástica…

Una respuesta es que el jazz nació de la resistencia. Fue impulsado por el desafío al “sueño americano“: en lugar de buscar a Mammon, la riqueza y el poder, nuestros padres fundadores del arte negro americano sacrificaron sus vidas por la belleza. Literalmente se suicidaron en busca de nuevas voces, nuevos sonidos, nuevos colores, nos dejaron un gran legado pero sus hijos se trasladaron a nuevos campos artísticos como el Hip Hop y el Rap.

Para la gente que hizo el jazz y lo convirtió en una forma de arte, la música era un espíritu revolucionario. Para Bird, Now’s the Time significaba que el momento estaba maduro para el cambio social. Para John Coltrane, “Alabama” fue la respuesta apropiada a la bomba KKK de la Iglesia Baptista que mató a cuatro niñas afroamericanas.

Cuando el jazz tenía sentido, no era el lenguaje de la victimización, sino todo lo contrario; el jazz era un mensaje de desafío: todo lo que puedas hacer, nosotros los negros podemos hacerlo mejor. Y esto era cierto, nadie podía hacerlo mejor que Trane, Bird (Charlie Parker), Miles, Elvin, Sonny, Blakey, Duke, Ella y tantos otros. Estos artistas nunca pidieron dinero de Wall Street, nunca pidieron a nadie que se uniera a su lucha: en cambio, nos hicieron rogar por su belleza, su arte y su espíritu para iluminarnos y liberarnos.

La “élite” americana no tardó mucho en entender que el jazz era el mejor embajador de América en el mundo. Y todo esto sucedió en un momento en que los americanos negros estaban siendo sometidos a medidas de apartheid, especialmente en los estados del sur. Sería razonable creer que fue la transformación del jazz en “la voz de América” lo que se convirtió en un factor enorme en la liberación de los negros en el sur.

Tristemente, el jazz perdió su alma hace una década o dos. Pasó de ser la voz de la resistencia a lo que gradualmente se convirtió en un “asunto académico”, un “sistema de conocimiento, de saber”. Hoy en día, muchos jóvenes músicos de jazz son “estudiantes graduados de estudios artísticos”. Pueden ser rápidos, muy técnicos y sofisticados, pero tienen muy poco que decir y, en la mayoría de los casos, incluso prefieren no decir nada en absoluto. Algunos podrían pensar que decir algo desafía sus “objetivos artísticos”, desdibujando la distinción entre el arte y la política… Me temo que se equivocan. Si el jazz va a ser una forma de arte significativa, mejor que sea revolucionario en su núcleo. El jazz es, por encima de todo, el sonido de la libertad.

Durante un tiempo, hemos sido testigos del deterioro del jazz contemporáneo en un ejercicio técnico sin sentido. El jazz nos golpeó en la cara. ¿Esta caída artística anticipó el colapso de la civilización americana y su imagen anunciada como una “sociedad libre“?

¿Por qué murió el jazz? Porque los negros americanos perdieron interés en su forma de arte original. ¿Por qué perdieron el interés? Esencialmente porque su arte, como todos los demás aspectos de la cultura americana, las finanzas, los medios de comunicación, la mente y el sueño, han sido ocupados.

Junto con otros artistas de jazz y humanistas, odio el racismo en todas sus formas, pero soy de los que quieren que las culturas celebren sus síntomas, quiero ver a los alemanes filosofar y componer sinfonías de nuevo. Quiero ver a la gente celebrar su cultura única en la medida en que no lo hagan a expensas de los demás u oprimiéndolos. Más que nada, quiero ver a los negros sentirse orgullosos de lo que son. Quiero que nos guíen una vez más por el camino de la belleza que ellos y tantos otros nos han presentado. Espero de todo corazón que la América negra nos de un joven Coltrane, un pájaro recién afilado (Charlie Parker), la próxima Sarah Vaughn y un nuevo personaje como Miles [Davis].

Quiero ver a los artistas negros americanos hipnotizarnos con su talento, celebrar su grandeza. Quiero volver a verlos como los embajadores americanos que fueron una vez, en lugar de ser las víctimas de los abusos de los Estados Unidos. Creo que en lugar de enviar soldados americanos para supuestamente liberar a otros pueblos en las guerras imperialistas de los nuevos policías americanos, ha llegado el momento de que América se libere a sí misma.

https://gilad.online/writings/2020/6/5/liberating-the-american-people

Gilad Atzmon, Liberating the American People

Juan Carlos I y el círculo vicioso de corrupción de la monarquía

Rebeca Quintáns

Lo peor no es que Juan Carlos I se nos vaya a morir en la cama, como Billy el Niño, como Franco… Porque todo parece indicar que, con todo lo que ha tardado en llegar a los juzgados una ínfima parte de sus delitos, tendría que agradecer un milagro ya si la naturaleza de su decrépito estado actual le da margen para cumplir con los dilatados plazos de la justicia.

Es la justicia Suiza -no la española, por supuesto-, la que se prevé que, una vez termine su investigación, siente en el banquillo a Juan Carlos de Borbón y Battenberg, “Juanito” en la intimidad, también conocido como “El Campechano” entre los cortesanos. Y será con la acusación de blanqueo de capitales, que es una forma de evasión de impuestos, en realidad. Es decir, como el capo di cappi Al Capone, al que nunca pudieron juzgar por sus asesinatos, pero acabó en la cárcel por no pagar a Hacienda.

A Juan Carlos nunca se le ha podido juzgar, ni investigar, a lo largo de sus casi 40 años de reinado… Es que ni siquiera se le pudo llamar como testigo en el juicio del 23F, para que contestara a las declaraciones de los encausados que lo señalaban como organizador y autoridad en la sombra del golpe.

Hoy el sumario y las transcripciones del juicio oral, un espectáculo a cargo de un tribunal militar que decidió pasar por alto todo lo sustancial, son todavía secreto de Estado y no se pueden consultar. Y si lo del 23F, que ya hace 40 años, está así, qué decir de casos más recientes como el cobro de comisiones ilegales en la contrata del AVE de Desierto.

Somos unos cuantos locos los que hacemos seguimiento de las actividades delictivas de los Borbones. El tema da para una dedicación profesional en exclusiva, y sin tiempo para detenerte en historias del pasado, si la actualidad manda e intentas cubrirlo todo. Desgraciadamente la prensa española, casi siempre vasalla, no suele interesarse, y se limita a hacerse eco de lo que publican The Telegraph o Le Monde, sólo cuando no le queda más remedio, echando balones fuera para no tener que asumir la responsabilidad de la información, con un miedo español endémico paralizante en lo que a la monarquía respecta.

Y mucho menos se atreven los políticos, que en cuanto traspasan las puertas parlamentarias se callan y aplauden a la monarquía como si no hubiera un mañana republicano ni allá en el horizonte más lejano. Esperar en este contexto algo de una justicia secuestrada por el conservadurismo político más rancio sería peor que una quimera.

No. La justicia española podría argumentar que la inmunidad constitucional del rey se refiere sólo a sus actos institucionales, refrendados por el gobierno, pero no a sus delitos privados. Sin embargo, en lugar de eso lleva cuatro décadas no aceptando a trámite denuncias, demandas y recursos, por cuestiones tan privadas como una demanda de paternidad, por poner un ejemplo muy real.

Sí, con tantos cuidados y contemplaciones se nos va a morir en la cama, y lo digo también metafóricamente, porque aún tendremos que aguantar panegíricos y hagiografías desde los principales periódicos y si no al tiempo. Ya me imagino a la Sexta Columna haciendo su ejercicio de equidistancia, dando un poquito de cal y un poquito de arena, colaborando a la construcción de eso que ahora llaman post-verdad y que no es más que lo que siempre llamamos, con llaneza, una sarta de solemnes mentiras.

Pero lo peor, decía al principio, no es esto. Lo verdaderamente siniestro reside en el círculo vicioso en el que nos tienen atrapados. Con Juan Carlos, tardamos más de 20 años en comenzar a reconocer que, como Jefe de Estado de la democracia, estaba más desnudo que el emperador del cuento; y 20 más en conseguir que sus escándalos salieran a luz hasta poner en jaque a la propia institución monárquica y forzarle a abdicar… Pero desde entonces fue reemplazado por Felipe de Borbón y Grecia, “Flip” en la intimidad, también conocido como “El Preparao” entre sus súbditos. Y todo vuelve a empezar.

Ya hace 7 años que goza de la misma impunidad de su padre, no sólo judicial, sino también en los medios de comunicación. Y el gobierno de progreso formado por PSOE y Unidas Podemos ya ha dado sobradas muestras de que se lo va dejar pasar todo sin ni siquiera detenerse a mirar por si acaso. Dentro de unos años, aparecerá otra Patricia Sverlo que haga balance de cuántos títulos universitarios ha conseguido sin sprobar ni un solo examen oficial, cuántos amigos y ‘compiyoguis’ lleva ya condenados por corrupción, en cuántos millones de euros se calcula su fortuna offshore y cuánto puede tardar en ser investigado y procesado fuera de las protectoras fronteras del reino español.

Luego será cuestión de ir dilatando plazos, de que aguante la silla 20 añitos más, hasta el siguiente reemplazo, que a ser muy campechana y estar muy preparada sumará el ser mujer, lo que sin duda será un aliciente a tener muy en cuenta para la izquierda progre… Y vuelta a empezar.
https://laultimahora.es/juan-carlos-i-y-el-circulo-vicioso-de-corrupcion-de-la-monarquia/

El capitalismo ha transformado la medicina en un negocio sometido a las leyes del mercado, no de la salud

Hacia 1900 se rompió la unidad entre la docencia y la investigación científica que había sido tradicional hasta entonces. Los centros de investigación se superpusieron a las universidades. Ocurrió en Gran Bretaña con la cátedra Balfour, en Francia con el Instituto Pasteur y en Estados Unidos con una red de instituciones y fundaciones privadas como Carnegie, Rockefeller, Ford y otras. El gobierno de Estados Unidos sólo financiaba la enseñanza, no la investigación.

En algunos países eso supuso el desdoblamiento de la ciencia en un terreno público, la enseñanza, y otro privado, la investigación. El Estado se encargaba de la primera y el capital privado de la segunda. A partir de entonces la universidad empieza a desempeñar un papel subordinado, retórico. Deja de ser el lugar en el que se crea nuevo saber para adoptar una función reproductora del que se gesta en los centros especializados dedicados a la innovación científica. El laboratorio impone su propio método a la universidad, que deja de ser universal (universitas); comienza la era de los especialistas, los que saben mucho de un poco y nada de lo demás.

La financiación externa de los laboratorios sólo fue la primera fase; la segunda los convirtió en unidades de producción, en empresas capitalistas por sí mismas. El modelo volvió a ser el Instituto Pasteur. Entre 1857 y 1873, Pasteur registró siete patentes de fermentación de vinagre, cerveza y vino, más otra para el filtrado de bacterias por el procedimiento de Chamberland. Pero no pudo patentar la vacuna contra el carbunco (ántrax) porque la ley francesa de propiedad intelectual de 1844 prohibía los registros de remedios farmacéuticos, incluidos los destinados al uso veterinario.

Para rentabilizar la vacuna del carbunco, Pasteur cometió uno de sus típicos fraudes: burló la prohibición mediante un procedimiento monopolista que mantenía en secreto el procedimiento de elaboración. El negocio lo discutió con Gambetta, el presidente del gobierno, a fin de obtener subvenciones del Ministerio de Agricultura y expandir el negocio.

La propaganda sobre el éxito de la vacuna fue tan fulminante que Pasteur tuvo que crear otro laboratorio anexo para fabricarla que ya no era experimental sino industrial, capaz de suministrar 200.000 dosis mensuales mediante un complejo entramado burocrático, que incluía un departamento comercial (1). Con el tiempo, el Instituto Pasteur se transformó en un laboratorio industrial, una de las mayores multinacionales farmacéuticas.

Sólo hubo una excepción al desdoblamiento entre la docencia y la investigación, que fue la medicina, un fenómeno que queda ilustrado en el informe Flexner, que dio un giro completo a la teoría y la práctica de la medicina en Estados Unidos y, a partir de allí, en el mundo entero. Abraham Flexner era un oscuro pedagogo cuando en 1908 el Instituto Carnegie le encargó un informe sobre la capacitación de los médicos en Estados Unidos y Canadá. El encargo le llegó por recomendación de su hermano mayor, Simon, que había sido uno de los pioneros en la creación de la Fundación Rockefeller, director del Instituto Rockefeller de Investigación Médica, además de patólogo en la Universidad Johns Hopkins y en la de Pensilvania.

En 1902 John D. Rockefeller había creado el General Education Board, la primera gran fundación educativa de Estados Unidos. Flexner entró a formar parte de su personal. Su tarea aparente consistía en evaluar el estado de las universidades en norteamérica, y el de la educación médica en particular.

Flexner era una marioneta y su informe un plagio. Es esencialmente el mismo que había elaborado la Asociación Médica Americana dos años antes y que nunca se había publicado. En su tarea Flexner fue guiado por N.P. Colwell, miembro de dicha Asociación, quien quería asegurarse de que Flexner llegaba a las conclusiones previstas. Incluso el pedagogo acabó la redacción de su informe (2) en las oficinas centrales que la Asociación tenía en Chicago.

La coalición de esa Asociación con Carnegie y Rockefeller llevó unas determinadas tesis sobre la práctica uniforme de la medicina a todo el mundo. Los médicos pasaron a ser clones unos eran de otros: como los remedios, los médicos también se fabricaban en serie y la medicina se acaba codificando en protocolos de actuación, diagnósticos, definiciones y vademécums compilados en gruesos volúmenes. El canon llegó impuesto por el dictado de una Asociación Médica que ni tenía carácter oficial, ni tampoco representaba al conjunto de la profesión. Por ejemplo, ni las mujeres ni los negros podían formar parte de ella.

Con su informe, Flexner se limitó a dar aire al desembarco del capital monopolista en la medicina y la farmacopea norteamericana, a la creación de la industria de la salud, un sector económico emergente a cuyas normas debía someterse de manera uniforme el ejercicio de la medicina. En 1910 en Estados Unidos ejercían más de 60.000 profesionales dispersos por un vasto territorio, uno de los porcentajes de profesionales por habitante más altos del mundo. Como consecuencia de ello, la atención sanitaria se acercaba al ideal: médicos por todas partes y precios asequibles de la atención sanitaria. Esa abundancia de médicos se debía a que no se necesitaba un permiso oficial del Estado para ejercer, de modo que cualquiera podía poner una consulta, y también a las facilidades de matriculación en las escuelas de medicina, que eran muchas y de propiedad privada.

Estados Unidos pasó de disponer de 166 escuelas de medicina en 1910 a sólo 77 en 1940. Fue un cierre selectivo que afectó a la mayoría de las pequeñas escuelas rurales; sólo permitieron la apertura de dos escuelas para negros. En 1963 Estados Unidos mantenía el mismo porcentaje de médicos por habitante que en 1910, a pesar de un incremento enorme de la demanda. De los 375.000 médicos en activo en 1977, sólo 6.300, el 1,7 por ciento, eran negros.

El plan de 1910 consistía en fomentar el mercado de la enfermedad, la medicina debía convertirse en un negocio y el médico debía modificar su posición en la pirámide social: de un profesional muy cercano al paciente, se conviritió en parte integrante de una élite selecta cuyos honorarios muy pocos podían satisfacer, lo cual abrió un fantástico mercado secundario: el de los seguros médicos. Las relaciones entre ambas partes, médico y paciente, cambiaron radicalmente. Antes el médico visitaba al paciente; ahora el paciente visita al médico.

Para imponer un canon uniforme, el Estado comienza a intervenir: cuál es la auténtica medicina y cuál se debe vilipendiar, quién es médico y quién es sólo un curandero, qué conocimientos médicos se deben impartir, cómo se deben impartir y en dónde se deben impartir. Ni cualquiera puede fundar una facultad de medicina, ni cualquiera puede ejercer la medicina. Para que alguien se pueda llamar médico primero debe disponer de un título académico que sólo el Estado puede otorgar; para que alguien pueda ejercer la medicina primero debe disponer de una autorización que sólo el Estado puede otorgar, todo lo cual va cuidadosamente reglamentado y supervisado, además, por corporaciones profesionales del tipo de la Asociación Médica Americana, al servicio de los intereses de grandes empresas capitalistas de la farmacia, del equipamiento médico, de los seguros médicos, etc.

Los herbolarios también desaparecieron o fueron marginados. La formación médica, como las demás enseñanzas codificadas, son un instrumento de dominio sobre la ciencia sancionado por el Estado, que le proporciona al mecanismo una apariencia de objetividad y neutralidad.

A partir del informe de Flexner los hospitales se vinculan a las facultades de medicina y a la investigación médica. No ha sucedido con ninguna otra profesión. Las facultades de derecho no comparten la misma sede que los tribunales, ni las escuelas de ingeniería están en los talleres, ni la enseñanza de la economía en la bolsa. Había que abandonar la medicina tradicional, el saber empírico y lo que Flexner calificaba como “dogmas históricos” que impiden la “libre búsqueda de la verdad”.

En la industria farmacéutica, la dinastía Rockefeller había comenzado con William Avery Rockefeller, quien acumuló su fortuna engañando a los incautos con elixires compuestos por alcohol, cocaína y opiáceos que embotellaba como pócima milagrosa para cualquier clase imaginable de patología (3). Era un tráfico de drogas en una época en la que cualquier clase de droga era aún de venta legal y libre.

En 1910, junto con algunos conglomerados farmacéuticos, Rockefeller controlaba hospitales, universidades e investigación. La medicina y sus áreas afines se convirtieron en un modelo de control y regulación monopolista, bajo la cobertura oficial de instituciones públicas como la FDA (Food and Drug Administration), un departamento del gobierno de Estados Unidos que hoy dicta la política sanitaria, alimentaria y farmacéutica en el mundo entero.

No obstante, la naturaleza pública de la FDA es engañosa ya que el 75 por ciento de su presupuesto lo cubren las empresas farmacéuticas, es decir, que son éstas las que realmente controlan a un organismo aparentemente público, y no al revés.

Los abigarrados protocolos de la FDA imponen lo que es una droga que hay que prohibir, lo que es un alimento que se puede ingerir y lo que es un fármaco que se debe prescribir. Dicen lo que es sano y lo que es pernicioso; lo que deben hacer y lo que no, tanto los médicos y pacientes como los gobiernos; lo que es salud y lo que es enfermedad, siempre basándose en criterios que sólo son realmente científicos si coinciden con los intereses económicos de las empresas farmacéuticas.

(1) Maurice Cassier: Appropriation and commercialization of the Pasteur anthrax vaccine, Studies in History and Philosophy of Biological and Biomedical Sciences, vol.36, 2005, pgs.722 y stes.; del mismo autor: Producing, controlling and stabilizing Pasteur’s anthrax vaccine. Creating a new industry and a health market, en Science Context, vol.21, 2008, pgs.253 y stes.

(2) Abraham Flexner: Medical education in the United States and Canada. A report to the Carnegie Foundation for the advancement of teaching, en Bulletin num.4, Boston, Massachusetts, 1910 (http://www.carnegiefoundation.org/files/elibrary/flexner_report.pdf).

(3) En 1900 la mayor parte de los fármacos patentados se componían de alcohol y derivados del opio y la cocaína; en otros casos contenían productos tóxicos organofosforados. El fraude fue denunciado por el periodista Samuel Adams en una serie de artículos publicados por la revista Collier’s Weekly entre octubre de 1905 y febrero del año siguiente, luego recopilados en un libro titulado “The great american fraud: Articles on the nostrum evil and quacks”, que sigue siendo una referencia del periodismo de investigación.

Hoy no hablamos del coronavirus

Bianchi

Es imposible vivir en paz si no hay justicia, se suele decir y, sin embargo, se vive, al menos en el sentido existencial como vive una ameba que nace, se reproduce y muere. Se vive, se sobrevive, se malvive, pero se vive. El instinto de conservación es un gran aliado del capitalismo (siempre que se sea potencialmente productivo y no haya que matar ancianos o diseñar prácticas eugenésicas) en las sociedades occidentales.

El suicidio, por ejemplo, es un tema filosófico en las sociedades opulentas que resultaría impensable en las subdesarrolladas económicamente. Es sabido que para Albert Camus es el único asunto -el suicidio- del que cabe filosofar, mientras que para Camilo Torres, un cura guerrillero latinoamericano (colombiano) que murió con las armas en la mano, el busilis residía en que mientras unos se la pasaban discutiendo sobre la existencia o inexistencia de Dios, o el sexo de los ángeles, lo cierto y real era que la gente se moría de inanición. Las cuestiones bizantinas sólo surgen en las sociedades ociosas y satisfechas y/o esclavistas, como la filosofía helénica.

Ocurre que en la llamada civilización occidental que, en realidad, proviene de la oriental, ya no se filosofa sino que, simplemente, se miente. Podremos estar de acuerdo o no con Platón, Aristóteles, Pitágoras, Parménides, Heráclito, Epicuro, Zenón, Pirrón, Demócrito o Diógenes, filósofos «gandules» en el sentido de que no la hincaron nunca y despreciaban el trabajo como algo vil y propio de esclavos, pero jamás mintieron a sabiendas, es decir, fundaron maravillosas escuelas y construyeron sistemas filosóficos en los cuales creían firmemente y que aún siguen sin estar periclitados (Whitehead decía que filosofar es volver una y otra vez a Platón). En plena descomposición del capitalismo como el que vivimos, no hay filósofos. Sólo charlatanes (y no digamos en el mundo científico) y acaso ingeniosos sofistas. Ni siquiera voces que claman en sáharas y gobis (y, caso de haberlas, se ningunean) como areopagitas o estilitas, pues que están espléndidamente remunerados y medran para estarlo vendiendo (y vendiéndose) crecepelos dizque reforzando el discurso dominante, léase lo políticamente correcto.

La oligarquía ya no es «discutidora», como lo quería Habermas. El fascismo posmoderno se desenmascara y viene a decir: «sabemos de sobra que tenéis razón, joputas, pero va en nuestra naturaleza, como le dijo el escorpión a la rana que le pasaba de una orilla a otra del río, hincar el aguijón, aniquilaros. Si persistís en mantener en alto la bandera de la justicia, caerá sobre vosotros el tópico y la mentira en forma de posverdad o cruda, es decir, el Estado de Derecho y el peso de la ley convertida en una forma de las bellas artes».

Si dijéramos la verdad, seríamos filósofos, amantes de la sabiduría, y vosotros esclavos. Pero los tiempos cambian, ahora sois «ciudadanos».

Israel entra en el tirabuzón final

Darío Herchhoren

Lo que conocemos como estado de Israel, o Israel a secas, es un engendro anglosajón, y no proviene de los judíos de la diáspora como pretende el sionismo.

La diáspora judía, es decir la expulsión de los judíos que vivían en Palestina en tiempos de la colonización romana fue obra del emperador Tito, que como castigo contra los judíos por haberse levantado contra el estado romano, los expulsa de sus tierras y produce lo que se llamó la diáspora, o sea la dispersión de los judíos por todo el mundo. De ahí proviene la idea del judío errante, y sobre todo la instalación de los judíos por Turquía, España, Dalmacia, la actual Croacia , Bosnia y Portugal.

En el siglo XVII, el protector de Inglaterra Oliverio Cromwell, comenzó a hablar de fundar un estado para los judíos, que comenzaban a molestar en Inglaterra, al intervenir en actividades económicas que distorsionaban los precios de ciertas mercancías. Pero a la muerte de Cromwell, el proyecto quedó olvidado, hasta que el primer ministro inglés Disaraeli, un judío practicante, se interesa por el tema, y la idea primigenia se vuelve a poner en circulación.

No es hasta el estallido del famoso caso Dreyfus en Francia que la idea comienza a fructificar en la cabeza de un periodista judío austríaco de nombre Teodoro Herzl, que es en realidad el fundador del sionismo, que se crea todo un movimiento sionista mundial, del cual forman parte algunos capitalistas ingleses y norteamericanos como el barón Hirsch, que compra grandes extensiones de tierra en Argentina a precios muy bajos y los vende a la Jewisch Colonization Asosiation, que luego vende a judíos rusos que huían de Rusia ante los pogromos (matanzas) del zarismo, y del multimillonario estadounidense John Rockefeller.

Recomiendo la lectura del libro Mis Gloriosos Hermanos del escritor Howard Fast, que explica en forma épica el levantamiento de los judíos contra el imperio romano.

Al finalizar la primera guerra mundial, el presidente de los EEUU Woodrow Wilson, un puritano, se retoma la idea de un «hogar judío en Palestina», y es en ese momento en que comienzan a llegar ante esa perspectiva, judíos de todo el mundo a tierras palestinas.

Es obvio que el estado de Israel es un proyecto anglosajón imperialista, introducido en Medio Oriente ante la disolución del imperio otomano, y la aparición en el mapa de nuevos estados árabes, como un elemento de control, vigilancia y finalmente de agresión contra esos países.

Pero la creación del estado de Israel, que fue el origen del conflicto árabe israelí, se funda en una serie de falsos mitos que el sionismo aprovecha a fondo.

Uno de ellos es la utilización de una lengua muerta como el hebreo como idioma nacional israelí, para lo cual utilizan caracteres arameos, otra lengua muerta, y obligan al uso de esa lengua totalmente artificial. La lengua de los judíos de la diáspora, es la lengua de los países de donde venían, y sobre todo del yidisch, que es una deformación del alemán, y era el idioma que hablaban los judíos rusos, polacos y alemanes, y hay una profusa literatura en esa lengua. Escritores judíos en yidisch como Sholem Aleijem o Sholem Asch o Javel Katz escribieron toda su obra en yidisch.

Otro de los mitos que se utilizaron por los sionistas es el del holocausto en los campos de concentración. Los campos existieron y fueron exterminados millones de judíos, gitanos y comunistas de toda clase de nacionalidades, como así también prisioneros soviéticos. Esto se oculta por los sionistas, que negociaron con los nazis quien moría y quien se salvaba porque pagando lo que los nazis pedían los judíos ricos podían salir airosos. También ocultan qu el estado sionista se quedó con las indemnizaciones que Alemania pagó por los judíos exterminados, y que los judíos etíopes (falachas) que son negros son tratados como lo hacen los EEUU con «sus» negros.

En este momento la entidad sionista se ha propuesto incorporar toda Cisjordania a su territorio usurpado a los palestinos, lo que incluye el valle del río Jordán y el mismo río, dejando a los palestinos el sobrante, que es un territorio discontinuo, al estilo de los bantustanes del apartheid sudafricano, y esto es sin duda para los países árabes del entorno de la entidad sionista un «casus belli».

El movimiento Hamás, el partido Hezbollah y su milicia y sobre todo Irán no permitirán tamaño atropello, y el llamado estado de Israel entrará en el ocaso definitivo pasando a la historia. Es el final de 75 años de opresión contra el pueblo palestino.

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