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Día: 4 de junio de 2020 (página 1 de 1)

Los datos oficiales de España sobre la pandemia son inverosímiles según el diario británico ‘Financial Times’

Simón hace magia con los números

El diario británico Financial Times, que elabora una de las series de gráficos más completa sobre la evolución de la pandemia en todo el mundo, ha dejado de utilizar los datos oficiales que proceden de España. “La situación es ridícula”, ha dicho el analista de datos del periódico, John Burn-Murdoch, que este jueves publica un artículo titulado “Los datos defectuosos ensombrecen la estrategia de España”.

Burn-Murdoch se refiere a las incomprensibles cifras de fallecidos que el ministerio de Sanidad reporta a diario, y que durante dos jornadas consecutivas no registraron ningún muerto en España, pese a que las comunidades autónomas informaban al mismo tiempo de decenas. El propio Pedro Sánchez utilizó esa afirmación este miércoles en el Congreso para celebrar su gestión. “Desgraciadamente, es un sinsentido”, denuncia el periodista.

Desde hace días, el ministerio de Sanidad ha cambiado la manera de actualizar sus datos a diario y sólo incluye muertes con fecha de defunción oficial del día anterior, sin hacer caso a todas las demás que reportan las Comunidades Autónomas. “Dado el tiempo que tardan en registrarse las muertes, especialmente en un sistema con Comunidades Autónomas, esto es absurdo”, critica el redactor del Financial Times.

Más allá de eso, el medio critica el aspecto más escandaloso de este cambio de cifras: Sanidad tampoco está incluyendo en el total de fallecidos los que las comunidades reportan de días anteriores. “Simplemente… no las añaden”, subraya Burn-Murdoch. Fernando Simón aseguró la semana pasada que probablemente este miércoles se actualizaría la cifra total, pero eso no ha sucedido todavía. La última actualización de Sanidad elevaba en casi 30 los fallecidos en la última semana, pero sólo en uno el total. También reflejaba una sola muerte en Madrid en los últimos siete días, aunque la Comunidad haya informado de más de 60.

El periodista hace visualizar esta evidente destrucción de la serie histórica con un gráfico. Mientras el 26 de mayo se añadieron al total de fallecidos 283 personas, desde entonces se han añadido uno, uno, dos, cuatro, dos, cero, cero y uno. “Adivinad cuándo introdujeron el cambio en el método de recuento”.

“Para daros una idea de lo que el ‘método’ español provoca: si Inglaterra hiciera lo mismo, ayer se habrían reportado 20 muertes y no 179. Una buena reducción del 90%”, continúa el analista, que no acusa al Gobierno de ocultar muertes, pero le ataca por la credibilidad de los datos: “No conocemos el número real, no tenemos ni idea”.

“No podemos decir que esto sea un movimiento deliberado del Gobierno para reducir las cifras en un momento crítico, pero sí sabemos dos cosas: los responsables conocen el problema con los números diarios y el Gobierno ha presumido de las cero muertes como un éxito”, asegura el periodista, que confirma que el periódico dejó de usar los datos de España hace una semana.

La OMS tampoco está de acuerdo con las cifras presentadas  por el gobierno español, aunque las ha tenido que rectificar para que el PSOE y Podemos no hagan el ridículo.

Los datos son como el escaparate de una pastelería. Los hay para todos los gustos.

https://www.elindependiente.com/politica/2020/06/04/el-financial-times-deja-de-usar-las-cifras-de-muertos-de-espana-la-situacion-es-ridicula/

Las publicaciones científicas se llenan de mierda hasta las cejas para sostener lo insostenible

Excepto en España, el país del trágala, en casi todos los países del mundo la pandemia ha animado un reguero de debates de muy diferente calado. En Francia, por ejemplo, un derivado de la quina y su promotor, el doctor Didier Raoult, han centrado buena parte de las discusiones.

Como Raoult no era dócil a las exigencias del gobierno, fue despedido y desde su feudo en el hospital de Marsella se dedicó a hacer la guerra por su cuenta y Macron se aferró a otros científicos más asequibles, con ganas de hacerse famosos a costa del virus.

La última ocurrencia del gobierno francés ha sido aferrarse a un artículo publicado por la revista de The Lancet el 22 de mayo (1) para aplastar a Raoult y sus partidarios: la hidroxicloroquina no sirve para nada e incluso es contraproducente para la salud.

Es ahora cuando el debate en Francia se pone realmente interesante porque ya no se trata de un virólogo, ni de un remedio médico, sino de uno de los ágoras de medicina moderna desde hace dos siglos: la revista The Lancet (El Bisturí).

A los mequetrefes que se llenan la boca con un fantasmal “consenso científico” hay que decirles que el artículo de The Lancet contra la cloroquina ha sido respondido en una carta abierta por un centenar de científicos de todo el mundo.

El consenso no existe ni siquiera en la ciencia, afortunadamente (cabe añadir).

Como suele ocurrir, los datos del estudio publicado por The Lancet fueron fabricados “ad hoc”, como un traje a medida, y las consecuencias políticas (porque estamos hablando de política, no lo olvidemos) fueron dos. La primera es que la OMS suspendió sus ensayos clínicos del compuesto y la segunda es que en Francia el decreto que autorizaba la hidroxicloroquina fue derogado el 27 de mayo.

La reacción de los médicos y profesores no se hizo esperar y su caballo de batalla pasó de la hidroxicoloroquina al artículo publicado por The Lancet, que fue sometido a una crítica feroz que, en buena parte, pone sobre el tapete algunas de las servidumbres de la investigación científica en la época actual.

De todas las críticas vertidas, nos interesa especialmente una que fue admitida y rectificada por The Lancet.

En la primera versión del estudio publicado, los críticos descubrieron que en los pocos hospitales australianos que participaron se produjeron más muertes que en toda Australia durante el período analizado, lo cual reúne todas las características de un fraude científico de grandes proporciones.

The Lancet se disculpó diciendo que era “una errata”. Un hospital asiático se había equivocado al rellenar los cuestionarios. Había indicado que era australiano en vez de asiático.

Como nosotros somos unos ingenuos y creemos en la buena fe de revistas científicas como The Lancet, aceptamos las disculpas y agradecemos a los críticos sus agudas observaciones.

Entonces queremos saber los datos que están en el origen de las conclusiones. La revista responde diciendo que están en poder de una empresa privada, Surgisphere, que no los puede compartir porque tiene acuerdos con diferentes gobiernos, países y hospitales.

Entonces, la desconfianza sube de grado y emerge nuestro Yo Conspiranoico: si no hay transparencia, no hay ciencia porque los estudios científicos deben ser reproducibles y revisables de la primera a la última línea.

Entra en escena Peter Ellis, un estadístico australiano especializado en el análisis de datos. En un largo artículo publicado el 30 de mayo pone de relieve que Surgisphere es demasiado pequeña para mantener programas en 671 hospitales del mundo (2). Es una empresa con 4 ó 5 trabajadores que no tiene ni los recursos financieros, ni los equipos necesarios para realizar el estudio publicado por The Lancet.

Si los hospitales confiaron sus datos clínicos a una empresa de esas características, añade Ellis, el asunto es aún más preocupante. “Es espantoso pensar que la explicación más probable de lo que estamos viendo es simplemente que los datos se fabrican, en lo que puede ser una conspiración criminal, y que el proceso de publicación científica se ha… quebrado”.

La empresa estadounidense Surgisphere está dirigida por Sapan Desai, un cirujano cardiovascular al que le han metido tres demandas por “mala praxis” (3).

Así está la ciencia y así están las publicaciones científicas en la que nos piden que confiemos en medio de una pandemia mundial de pura desvergüenza.

(1) https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lancet/PIIS0140-6736(20)31180-6.pdf
(2) http://freerangestats.info/blog/2020/05/30/implausible-health-data-firm

(3) https://www.theguardian.com/world/2020/jun/03/covid-19-surgisphere-who-world-health-organization-hydroxychloroquine

Más información:
– Todo lo que Usted siempre quiso saber sobre la hidroxicloroquina, el brebaje favorito de Trump
– El remedio africano contra el coronavirus es un mal trago para la Organización Mundial de la Salud
– Una actriz porno y datos inexistentes: el lío del estudio que ‘enterró’ la hidroxicloroquina

En Turkmenistán multan a quien lleve mascarilla y guantes en público

Turkmenistán no autoriza la entrada a los representantes de la OMS y declara que en el país no hay coronavirus. Lo que parece preocuparles es que la entrada de la OMS pueda iniciar el brote de una epidemia.

El gobierno ha frenado la histeria, eludiendo el distanciamiento social, el uso de mascarillas y guantes, o incluso los debates en los medios de comunicación sobre el virus.

La delegación de la OMS, que debía visitar Turkmenistán hace un mes, nunca ha podido entrar. La visita aún está en fase de proyecto.

Pero parece ser un juego de espera por parte de Turkmenistán, que ha decidido no participar en la actuación en vivo del Evento 201. Por esta razón, no informará de las infecciones de coronavirus.

“Estamos en contacto permanente con los ministerios de este país, con los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Salud. Dentro de unas semanas, nuestro grupo visitará Turkmenistán, todo está ya organizado”, dijo Hans Kluge, Director de la Oficina Regional de la OMS para Europa.

Turkmenistán sigue siendo uno de los pocos países del mundo en que todavía no se han detectado oficialmente casos de coronavirus. Según los informes de los medios de comunicación, se están produciendo grandes acontecimientos en el país, no se permite a los periodistas mencionar el virus y las personas que llevan máscaras y guantes son multadas.

Pero todo esto no impide que el gobierno acepte ayuda humanitaria contra una pandemia que no existe. Estados Unidos ya han proporcionado al país 1,4 millones de dólares.

El gobierno ha utilizado esta suma simbólica para difundir información sobre salud pública en la televisión, lo que probablemente hace por la obligación de utilizar el dinero de esta manera. Los mensajes de información pública instan a las mujeres embarazadas a seguir su dieta prenatal y se alienta a las personas a tomar vitaminas C y D, sin referencia al coronavirus.

Durante mucho tiempo la vecina Tayikistán también negó la presencia de personas infectadas de coronavirus. Después de que permitieran a la OMS entrar en el país, les pusieron a la cabeza de la región en cuanto al número de muertes debidas a la pandemia, lo que les ha permitido obtener importantes ayuda y fondos.

La autorización se llevó a cabo en medio de una importante controversia política.

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