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Día: 24 de mayo de 2020 (página 1 de 1)

Estados Unidos plantea realizar su primera prueba nuclear después de 30 años

El gobierno de Trump ha planteado la posibilidad de llevar a cabo la primera prueba nuclear desde 1992 como una advertencia a Rusia y China, informa el Washington Post (*), lo que supone una ruptura con la estrategia militar que ha venido siguiendo Estados Unidos en las últimas décadas.

La discusión tuvo lugar en una reunión el 15 de mayo y el diario estadounidense cita como fuentes a un alto funcionario del gobierno y a dos ex funcionarios, todos con la condición de mantener el anonimato.

El cambio estratégico tiene como pretexto que Rusia y China están llevando a cabo ensayos. Washington no ha proporcionado ninguna prueba y ambos países lo han negado.

Según el alto funcionario del gobierno citado por el Washington Post, demostrar que Estados Unidos son capaces de realizar un ensayo “rápidamente” es una táctica de negociación útil, ya que Washington busca un acuerdo tripartito con Rusia y China sobre armas nucleares.

La reunión de la Casa Blanca terminó sin que se tomara una decisión y las fuentes estaban divididas sobre si continuar las discusiones al respecto.

Beatrice Fihn, miembro de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), el grupo que ganó el Premio Nobel de la Paz en 2017, advirtió que una prueba nuclear estadounidense podría “sumergirnos en una nueva Guerra Fría”.

“También impediría cualquier posibilidad de evitar una nueva y peligrosa carrera de armas nucleares. Completaría la erosión del marco mundial de control de armas”, dijo en un comunicado.

El gobierno de Estados Unidos está tomando repetidamente decisiones para cambiar la política estratégica y militar seguida hasta ahora.

La reunión se celebró después de que Trump anunciara la retirada de Estados Unidos del Tratado de Cielos Abiertos, que entró en vigor en 2002, acusando a Rusia de violarlo. El tratado permite a los países firmantes realizar vuelos de observación sobre los territorios de otros Estados para verificar los movimientos militares.

Es el tercer acuerdo internacional del que Trump ha decidido derogar, después del pacto sobre el programa nuclear de Irán, que fue denunciado en 2018, y el Tratado INF sobre misiles terrestres de alcance medio, que fue abandonado el año pasado.

(*) https://www.washingtonpost.com/national-security/trump-administration-discussed-conducting-first-us-nuclear-test-in-decades/2020/05/22/a805c904-9c5b-11ea-b60c-3be060a4f8e1_story.html

‘No los llevaron al hospital, los médicos los sedaron para evitarles el dolor y allí murieron. Había instrucciones’

Entre el 25 de marzo y el 2 de abril fallecieron nueve personas por coronavirus que vivían en el centro de mayores Santa Elena [Valencia]. “No los llevaron al hospital. Se quedaron en la residencia. Los médicos los sedaron para evitarles el dolor y allí murieron”. El testimonio, crudo, es de Francisco Nemesio, secretario y portavoz del patronato que rige este centro, referencia en Torrent desde que se creó en 1927 a través de una fundación inspirada en el humanismo cristiano.

Esta semana también se ha conocido un informe interno de la conselleria de Sanidad sobre estadísticas de lugares en los que ha habido víctimas mortales por coronavirus. Indicaba que un 57 por ciento de los residentes en los geriátricos valencianos fallecidos por la pandemia han muerto en sus centros y no en los hospitales. Eso supone que 6 de cada 10 enfermos de Covid-19 de las residencias no fue llevado a un hospital para su tratamiento. En esta pandemia han muerto 525 residentes, dos de ellos se contabilizaron ayer, después de tres días sin ningún fallecido, y ha dejado un rastro de más de 170 geriátricos afectados. Ahora hay 80 con algún caso.

La residencia Santa Elena está intervenida por la conselleria de Sanidad desde el 16 de abril, cuando empezaron a incorporarse sanitarios de la administracion autonómica. La toma de control de esas instalaciones culminó el 19 de marzo. Buena parte de la plantilla del asilo estaba entonces o enferma de coronavirus o en cuarentena. El patronato había lanzado un grito de socorro porque con los medios que tenía no disponía de manos ni medios para atender a sus residentes enfermos. Y pese a la intervención, siguió el goteo de muertes. “Había un protocolo que tenían establecido para no enviar a los mayores de 75 años al hospital. Se quedaban en la residencia, los sedaban y morían. Esa es la verdad”, recalca Nemesio. “Había instrucciones”, reitera.

“En el hospital no iban a llevarlos a la UCI ni a ponerles ventiladores. Todos tenían más de 80 años y la instrucción era no mandar al hospital a los mayores de 75 con patologías previas o con enfermedades crónicas”, afirma dolido.

Durante los últimos 15 años la edad media de los mayores que viven en geriátricos se ha situado en 84 años y muchos de ellos presentan patologías y enfermedades crónicas, lo que dificulta un tratamiento exitoso, especialmente la intubación, a los que caen bajo las garras del Covid-19.

“De esta manera, sin llevarlos al hospital, no fallecieron ni uno ni dos ni tres residentes, sino muchos más”, asegura Francisco Nemesio.

Recuerda este directivo del patronato de Santa Elena que entre el 12 y el 16 de marzo murieron tres residentes en el Hospital General ingresados días antes, cuando el virus todavía no había llegado a desbordar a los sanitarios. El 16 y el 18 de marzo murieron dos ancianos en la residencia. Del 21 al 24 de marzo expiraron tres residentes que habían sido hospitalizados tiempo atrás, igual que el 27, cuando finó otro en el General, “y entre el 25 de marzo y el 2 de abril fallecieron nueve residentes que no fueron hospitalizados”, asegura. La conselleria de Sanidad tenía, y aún tiene, el control médico de la residencia Santa Elena. La conselleria ha llegado a medicalizar una treintena de geriátricos durante la parte más dura de la crisis, una de cada 10. Ahora aún hay 28 residencias intervenidas.

“A partir de la segunda semana de abril, cuando bajó la curva de contagio, ya volvieron a enviar a residentes de Santa Elena al hospital”, sostiene Francisco Nemesio.

El secretario del patronato y portavoz de la residencia Santa Elena ya relató cómo procedían los médicos destacados por la conselleria de Sanidad en Santa Elena. “Hemos pedido explicaciones de por qué no se llevan al hospital a los casos graves y nos han contestado que no se les aplican procedimientos extraordinarios”, lamentó Nemesio. “Nos han dicho que se aplica el protocolo y que los mayores de 75 años con coronavirus y otras patologías que se pueden complicar ya no ingresan en la UCI del Hospital General ni se les conecta a un respirador automático. Los médicos hablan con la familia, les cuentan cómo está la situación y les solicitan permiso para aplicarle un tratamiento paliativo”, describía Nemesio en los peores días de la residencia.

En esas fechas de las que habla el dirigente del patronato, el Hospital General, del que depende médicamente Santa Elena, no atravesaba por sus mejores momentos. El sindicato de enfermería Satse realizaba una denuncia pública sobre la saturación de este centro sanitario. Esta organización sindical, el 27 de marzo, aseguraba que la UCI estaba llena, tenía 250 pacientes ingresados en planta por Covid-19 y se estaba empezando a derivar a pacientes de otras patologías a diferentes hospitales. El General se quedaba sin hueco para los pacientes de las residencias.

Por su parte, José Fina Pérez, directora asistencial de las residencias Domus Vi para la Comunitat Valenciana, que regenta los centros de Alicante, Cocentaina y Alcoy, el más afectado con diferencia por la pandemia con 75 mayores fallecidos, cifra dada por los familiares de los finados, también se pronunció sobre cómo se funcionaba en los días más crudos de la pandemia. Pérez afirma que en Alcoy “siempre hemos tenido el soporte del hospital”, el Verge dels Lliris, pero también desliza que se actuó como buenamente se pudo: “Hemos sido muy conscientes de que había que derivar al hospital lo que se podía derivar porque había cierto colapso del sistema”. Y apuntó también que “lo que está claro con esta crisis es que la sanidad no estaba preparada”.

La consellera de Sanidad, Ana Barceló, negó el pasado martes que no se atendiera en los hospitales a los mayores con coronavirus procedentes de las residencias, pero tampoco negó que seis de cada 10 residentes murieran en la cama de su geriátrico. “No comparto que no se hospitalizaran los casos más graves. Siempre se hizo siguiendo el criterio clínico, fuera cual fuera la circunstancia”, dijo. Barceló afirmó que a mediados de abril, en la fase más grave de la pandemia, “estuvimos a un 71  por ciento de camas críticas, nunca se dio saturación” en los hospitales.

También dijo la consellera que “se trasladó a los departamentos de salud que el objetivo era cuidar de los mayores” y afirmó que “siempre ha primado la atención y la asistencia a las personas. Se ha seguido el criterio médico: ante la gravedad, hospitalización”.

Aunque los datos y los testimonios de quienes han sufrido esta situación, como el de Francisco Nemesio o el del presidente de Aerte, la patronal de las residencias, José María Toro, no parecen dar la razón a la consellera.

José María Toro también ha manifestado que considera que hubo internos de los geriátricos, enfermos de Covid-19, que fallecieron por no ser trasladados a un hospital. Cree que posiblemente por la saturación del sistema sanitario “los hospitales no fueron capaces de dar respuesta”, con lo que “hubo residentes que acabaron falleciendo en la residencia por no haber podido recibir esa atención”.

Y en un informe de finales del pasado mes de abril, elaborado por la profesora de Psicología Social y doctora Sacramento Pinazo, afirmaba que durante la crisis “ha habido protocolos de triaje y se ha incluido la edad para la no realización de determinados procedimientos terapéuticos”. El estudio de Pinazo, presidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, se redactó para la Universitat de València y el Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local.

Pinazo incidió en la discriminación. “El estado de cuarentena en el que nos encontramos desde el 14 marzo condiciona la elaboración de protocolos de triaje para facilitar la toma de decisiones clínicas en un marco de recursos insuficientes. Y se incluye la edad para la (no) realización de determinados procedimientos terapéuticos”, indicó en el informe.

https://www.lasprovincias.es/comunitat/quedaban-residencia-sedaban-20200524002722-ntvo.html

Más información:
– No han muerto miles de ancianos en los asilos por coronavirus: los ha matado el capitalismo
– La fiscalía archiva la investigación por las muertes de los ancianos en las residencias
– Los ancianos son una mercancía y si además tienen coronavirus el negocio es redondo
– Los bomberos de Madrid encuentran los cadáveres de 62 ancianos muertos y abandonados en sus domicilios

La Junta de Castilla y León también prohibió el traslado de ancianos
desde las residencias a los hospitales durante el apogeo de la pandemia


La Comunidad de Madrid ha destituido al alto cargo que dio la orden de
no trasladar a los hospitales a los ancianos de las residencias

– “A mi padre le sedaron en lugar de llevarle al hospital” desde el asilo, dice el familiar de un anciano fallecido

Las muertes por suicidio superan con creces a las imputadas al coronavirus en San Francisco

El doctor  Deboisblanc habla a la cadena ABC7
Las muertes por suicidio superan con creces las imputadas al coronavirus durante la pandemia, según el hospital John Muir de Walnut Creek, cerca de San Francisco (*).

El jefe de personal del departamento de trauma del hospital, el Dr. Mike Deboisblanc, ha dicho a ABC7 que la salud mental se ha convertido en un problema importante durante el confinamiento:

“Creo que estas medidas de confinamiento se impusieron originalmente para suavizar la curva y asegurar que los hospitales tengan los recursos para manejar a los pacientes de coronavirus. Ahora tenemos los recursos para hacerlo, pero son otros servicios de salud los que están sufriendo”.

Los números no tienen precedentes: “Nunca habíamos visto nada como esto antes, y en tan poco tiempo”, dice Deboisblanc. “En las últimas cuatro semanas hemos registrado el equivalente a un año de intentos de suicidio”.

Kacey Hansen, enfermera de trauma del hospital durante más de 30 años, dice que el número de intentos de suicidio ha aumentado dramáticamente durante el confinamiento, añadiendo que la pandemia ha agotado los recursos, lo que significa que hay menos herramientas para salvar al mismo número de pacientes que de costumbre.

“Lo que he visto recientemente, nunca lo había visto antes”, dijo Hansen. “Nunca he visto tantas lesiones intencionales”.

El sistema hospitalario impide que los médicos y las enfermeras hablen de los problemas internos y de lo que ocurre en su distrito, a menos que tengan la aprobación de la autoridad. Al parecer, los intentos del personal de atención de la salud por ponerse en contacto con la prensa local tienen por objeto desafiar a las autoridades acerca de la crisis sanitaria que el confinamiento han causado en la región. El hospital ha emitido esta declaración:

“El Hospital John Muir siempre ha apoyado, y sigue apoyando, las medidas de confinamiento establecidas por los Servicios de Salud del Condado de Contra Costa para prevenir la propagación del coronavirus. Reconocemos que hay opiniones diferentes sobre este tema, incluso dentro de nuestros servicios de atención médica, y nuestro hospital alienta a nuestros médicos y personal de atención médica a participar de manera constructiva en estas discusiones. Todos nos preocupamos por la salud de los miembros de nuestra comunidad, ya sea coronavirus, salud mental, violencia intencional u otros temas. Seguimos trabajando estrechamente con nuestro Centro de Salud del Comportamiento, el departamento de salud del condado y las organizaciones locales para concienciar sobre los problemas de salud mental y proporcionar recursos a todos los que los necesitan”.

Además de las 90.000 muertes relacionadas con el virus, Well Being Trust señaló recientemente que 75.000 personas pueden morir por abuso de drogas o alcohol o suicidio durante la pandemia.

En épocas de recesión o depresión, el alto desempleo lleva a serios problemas de salud mental. En las últimas nueve semanas, casi 40 millones de trabajadores han sido despedidos y se han visto brutalmente sumidos en la pobreza. No sólo no tienen ingresos sio que tienen deudas que no pueden pagar.

La crisis capitalista de 2008 tuvo como resultado más de 10.000 suicidios. La Gran Depresión de 1929 causó decenas de miles de suicidios.

(*) https://abc7news.com/amp/suicide-coronavirus-coronavirus-rates-during-pandemic-death-by/6201962/

‘El odio contra la policía tiene que acabar’ (crónica de cuatro noches de furia en París)

Un joven de 18 años murió en un accidente de moto y París vuelve a ser una capital envuelta en los enfrentamintos y escaramuzas con los vecinos de los barrios, a los que la prensa identifica como “migrantes enfadados”.

La policía sólo consigue imponer el confinamieto durante el día. En cuanto el sol se pone, la calle se llena de rabia, y no sólo en París sino también en otras ciudades.

Los disturbios comenzaron en Argenteuil y otros suburbios del norte de París el sábado por la noche, después de que Sabri Choubi, de 18 años, muriera tras chocar contra un poste, sin llevar casco.

Las pruebas de la participación de la policía en el accidente de moto son escasas pero los vecinos están hartos de la policía y los motivos para ello abundan.

El periódico Le Figaro titula: “Es necesario que el odio contra policía acabe”.

A los partidos de la izquierda caviar la boca se les llena de sociología barata: inserción, multiculturalismo, ghettos, hacinamiento, drogas…

Por la noche la policía no se atreve a salir de las furgonetas blindadas. A veces ni siquiera entra en los barrios. Las redadas quedan para la mañana siguiente cuando, fuertemente equipados, los antidisturbios buscan los morteros caseros desde los que les han disparado.

Aprovechando la oscuridad, las comisarías de policía son atacadas regularmente. La de
Les Ulis el fin de semana pasado, el de Plaisir unos días antes o el de
Champigny-sur-Marne el mes pasado.

Desde el aire, los helicópteros sobrevuelan los barrios para orientar las pesquisas.

En el suburbio de Bezons los periódicos hablan de “docenas de detenidos” desde el inicio de las protestas.

Los portavoces de la policía afirman que no tuvieron nada que ver con la muerte de Choubi y que ni siquiera había un coche de policía en las inmediaciones.

El padre de Choubi ha llamado a la calma en los medios de comunicación, pero en el funeral el odio de los jóvenes era palpable.

Al arsenal de los manifestantes, los adoquines y los cócteles Molotov, se le añaden nuevas armas caseras, como los morteros. Hace un mes, en Amiens varios policías resultaron heridos por el lanzamiento de estos proyectiles. La policía registra las tiendas en busca de polvora, detonantes y cartuchos. La Prefectura de Policía ha prohibido la compra y posesión de fuegos artificiales en París y en los tres departamentos de los suburbios.

La prensa gala ya ha acuñado la expresión “fuego de mortero” para referirse a la escalada en los barrios. Los jóvenes fabrican tubos de cartón, metal o plástico y los sujetan a la altura del estómago para disparar. La bomba es una esfera de explosivo que porta una mecha.

Se proyecta a muy altas temperaturas, sin mencionar el impacto que puede causar a una velocidad de 80 a 100 kilómetros por hora, con un alcance de 150 metros.

Cuando Orwell convirtió la verdad en un Ministerio

En 2005 se publicó un libro sobre Orwell bajo el seudónimo de “Emma Larkin” que relata los primeros años de la vida del conocido escritor, cuando trabajaba como torturador al servicio de la policía colonial britanica en Birmania, la moderna Myanmar.

Para escribir la biografía, “Larkin” viajó por el país asiático durante la dictadura militar, quizá la mejor manera de ambientar los años de Orwell al servicio del Imperio Británico, que el propio propio escritor dibujó en “Los días de Birmania”, una novela autobiográfica, y en su clásico ensayo “Disparar a un elefante”.

Los supervivientes que habían conocido a Orwell (Eric Blair entonces) lo describen como un joven oficial de policía eficaz que conocía muy bien los ambientes coloniales del hampa, donde quienes dominan son los matones, las bandas… Es imposible diferenciar si le policía se ha infiltrado entre los criminales o si son los criminales los que se han unido a la policía.

La policía es parte integrante del mundo corrupto que dice combatir, lo que le permitió a Orwell introducir una de las escenas de “1984” como si fuera en primera persona: el policía O’Brien detiene al protagonista Winston Smith y le tortura introduciendo su rostro en una jaula en la que una rata hambrienta está dispuesta a devorarlo en cuanto le abran la puerta.

Orwell no inventó la escena. Era una técnica de interrogatorio de la policía colonial en Birmania. Pura rutina para él y sus colegas. Por eso el Imperio Británico funcionó tan bien durante tanto tiempo. Su policía era eficaz.

Lo mismo que O’Brien, también Orwell torturaba a los detenidos. Era su deber. Formaba parte de su trabajo, del día a día. De ahí esas descripciones tan precisas de los medios de interrogatorio que hoy la CIA califica como “reforzados” y de los eficaces interrogadores que los aplican.

Orwell era plenamente consciente de su papel como verdugo, capaz de recrear desde dentro el papel de la tiranía y la mentira. Hay muchos relatos, más o menos literarios, sobre la tortura. La mayor parte de ellos muestran el punto de vista de las víctimas. Orwell es de los pocos que expone el punto de vista del torturador.

Fuera de aquel podrido universo colonial, Orwell dejó de ser Eric Blair. Se convirtió en un lumpen, un nuevo protagonista del relato “En la miseria de París y Londres”. Dentro lo era todo, una autoridad pública, fuera no era nada, un vagabundo.

Le quedaba por vivir el otro costado de su producción literaria, la mentira, de la que también fue protagonista cuando logró que la BBC le pusiera un micrófono delante.

La obra de Orwell no se inspira en la guerra civil española. Cuando se pasea por Barcelona, ya tiene en la cabeza los dos eslabones de sus relatos: la policía y la BBC, el imperio de la tortura y el de la mentira.

En el policía colonial, como en todo policía, la verdad no es la fidelidad a la realidad sino al poder. A ningún otro escritor se le hubiera ocurrido crear un “Ministerio de la Verdad”, es decir, en convertir a la verdad en un Ministerio.

El paso siguiente consiste en suponer que las declaraciones del Ministerio son verdad y la imposibilidad de separar una cosa de otra. Es como si no fuéramos capaces de diferenciar el Ministerio de Trabajo del trabajo, el Ministerio de la Vivienda de la vivienda, el Ministerio de la Igualdad de la igualdad, etc.

Más información:
– George Orwell: un policía colonial en Birmania
– Orwell: homenaje al delator

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