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Día: 12 de mayo de 2020 (página 1 de 1)

Casi un millón de trabajadores dos meses sin cobrar los ERTE, partidos del régimen, monarquía, banca y CEOE responsables

Sindicato de Trabajador@s de Hostelería de Madrid
A día de hoy lunes 11 de mayo hay casi un millón de trabajador@s sin haber cobrado los ERTE que les corresponden por ley por el parón de la actividad económica  debido a la crisis sanitaria y socioeconómica de covid19.

Los datos son tremendos, casi 3,5 millones de ERTE, casi 4 millones de parad@s, casi 1,5 millones de autónom@s tienen que recibir prestaciones del estado por esta maldita crisis en la que los únicos que salen ilesos son los grandes medios de comunicación, los bancos, la CEOE ,la monarquía y los partidos del régimen post-franquista salido del año 78.

Un dato importante de hace 15 días en prensa, hablan de 600.000 familias que no cobran ningún tipo de ayuda ni salario a día de hoy, por eso por eso también queremos denunciar esta situación, y que el estado de alarma no se puede alargar muchísimo en el tiempo y la ley mordaza se ha de derogar cuanto antes, ninguna de estas dos leyes de excepcionalidad, se pueden prolongar mucho mas, ya que solo tendrían un fin represivo, de acallar la contestación social ante el empobrecimiento, sin finalidad alguna de protección a la salud pública.

Llevamos casi dos meses escuchando en las noticias como si de una campaña política electoral permanente pareciese ,buscar responsables ,dependiendo de la terminal mediática  de donde salga la noticia(en su versión progre o derechona), culparan a PP, Vox, etc., o a PSOE, Unidas Podemos… utilizando medias verdades, que solo son mentiras para desvirtuar el debate, para tenernos entretenidas como si de un partido de futbol se tratase, y que así la gente humilde y trabajadora, no cuestione lo que está pasando y lo que lleva pasando en el estado español durante más de 30 años en su turnismo político.

Las actuales muertes en residencias, hospitales, la sangría de desempleo actual, las penosas condiciones de trabajo y de vida del pueblo trabajador, son el resultado de todo un proyecto político heredero de una dictadura, que lleva 4 décadas, saqueando, privatizando, empobreciendo a la mayoría social trabajadora, tanto desde los responsables de las distintas ccaas y el gobierno central del estado.

A día de hoy hay no es solo que casi 1 millón de personas trabajadoras siguen  sin haber cobrado los ertes, esto según sus datos oficiales, sino que además hay gente viviendo de la economía sumergida, o trabajando como falsos autónomos, o en condiciones de miseria, además de los vídeos que se están moviendo por redes,de colas inmensas de trabajador@s en cantidad de barrios y pueblos para poder recoger una cesta de comida y ocultado por las distintas terminales mediáticas, todas al servicio de la casta y la nueva casta política, de la patronal, la banca, la monarquía, y de un régimen al completo que solo está al servicio del modelo neoliberal, de las elites económicas, del capitalismo financiero internacional y del imperialismo angloamericano y franco-alemán.

Aquí hay unos responsables y es una responsabilidad ética señalarlos y denunciarlos.                                                                                                                                                                               

Somos obrer@s pero no idiotas ,y no vivimos del aire por eso denunciamos y exigimos el cobro de el casi 1 millón de ERTE sin cobrar a día de hoy, ya que hay familias y personas trabajadoras que no aguantan más.

Por mucho que quieran seguir mareando con medias verdades para perpetuar el sufrimiento de nuestro pueblo, con el lanzarse la pelota y responsabilidad de un lado a otro, por todo lo que estamos sufriendo, ya no hay otra salida para la gente humilde y trabajadora que la organización obrera, la conquista de derechos robados y la derrota del actual régimen.

Sindicato de Trabajador@s de Hostelería de Madrid

Materialismo, idealismo y teoría del contagio en la medicina clásica

La medicina tiene un recorrido muy largo, mucho más que otro tipo de “artesanías”, y buena parte de sus cambios tienen relación con debates ideológicos milenarios. En definitiva, la medicina trata del ser humano en negativo, no en estado de salud sino de enfermedad. Expresado de manera más clara, en la medicina clásica no hay enfermedades sino enfermos. Siempre fue considerada como parte de lo que antes se llamaban “humanidades” o enseñanzas que versaban sobre el ser humano. Sólo desde hace muy pocos años le dieron un cambio para integrarla como una de esas “ciencias de la naturaleza”, una prolongación de la biología: órganos, tejidos, células, sistema nervioso… No cabe duda que el ser humano es un animal, pero decir que no es otra cosa diferente que un animal es reduccionista y mecanicista.

La medicina trata de la vida, que ha sido otro caballo de batalla ideológico desde hace siglos, mucho antes de que en el siglo pasado los biólógos se empezaran a preguntar si los virus son seres vivos o no y si algo ha dejado muy claro esta “pandemia” es que todos esos seudocientíficos que han entrevistado en las cadenas de mayor audiencia no sólo no saben lo que es un virus, sino que tampoco saben definir lo que es la vida, un ser vivo. Ni la más remota idea, lo cual habla muy mal de ellos y de las “enseñanzas” que imparten en las universidades.

En la Antigüedad conocieron más y más graves epidemias que en la actualidad porque el origen de las mismas está en el desarrollo de las fuerzas productivas y el avance en las condiciones de vida y trabajo de los seres humanos. Los médicos siempre fueron conscientes de ello, por lo que nunca atribuyeron las epidemias a los contagios. No conocían la enfermedad por “contactu”, ni la posibilidad de que pudiera transmitirse de ninguna forma de una persona a otra, y muchos menos de un animal.

El nudo filosófico de los clásicos consiste en afirmar que las enfermedades son como la vida misma: “nacen” o “brotan”, pero no se transmiten de unos a otros. Por el contrario, el concepto de propagación es una versión del mito religioso de la reencarnación: el alma pasa de unos cuerpos a otros y la enfermedad también. Equivale a decir que la enfermedad no aparece y desaparece sino que unos seres se la comunican a otros y en consecuencia, es eterna.

Los clásicos tampoco admitieron el concepto de “pandemia”, que es un absurdo. No es posible una enfermedad que alcance a “todos los seres humanos” porque no todos ellos comparten las mismas condiciones de vida y trabajo. En la medicina clásica las epidemias son enfermedades estrictamente locales. No se propagan por contacto sino porque los enfermos han compartido el mismo medio: comen lo mismo, beben lo mismo y respiran lo mismo. Un mismo medio de vida genera las mismas enfermedades.

En su obra sobre la peste en Atenas, en el año 430 a.n.e., el historiador Tucídides atribuyó su origen al envenenamiento de los pozos de agua. Galeno también escribió sobre el contagio como responsable de algunas enfermedades, pero da la impresión de que esa parte de su obra, añadida en el siglo XVI, es una extrapolación y apenas fue citada por los científicos posteriores a él.

Las palabras latinas “contactu” e “infectio” traducen la griega “miasma”, que tiene un sentido diferente en Hipócrates: la miasma es porquería o suciedad. En términos actuales se podría decir que en la medicina clásica una epidemia es la intoxicación colectiva de quienes comparten un mismo ecosistema pútrido. El paludismo es la enfermedad de las “paludes” o lagunas de las tierras bajas y la malaria la del mal aire.

No creo necesario insistir en que no toda la población compartía las mismas condiciones de trabajo y de vida y que, incluso dentro de las mismas ciudades, como la Roma imperial, las epidemias sólo afectaban a los esclavos, a quienes padecían hambre, a quienes ejecutaban los trabajos más duros o vivían en cuadras al lado del ganado.

El cuerpo humano no es capaz de adaptarse de manera instantánea a los cambios ambientales. Por ejemplo, los cambios de temperatura estacionales, la llegada del invierno, propicia las gripes, y un viaje a determinados países remotos requiere un tiempo de adaptación durante el cual el cuerpo enferma. En ocasiones la adaptación a los cambios en el medio no son factibles y sobreviene la muerte.

Una pandemia es lo más estrafalario que un médico podía imaginar en la Antigüedad porque no concebía un ecosistema uniforme y común en las diferentes regiones del planeta, porque el propio cuerpo humano tampoco lo es y porque distintos cuerpos mantienen relaciones distintas con el medio en el que habitan.

La colonización de América complicó bastante el panorama de la medicina. A partir de entonces apareció un fenómeno nuevo en la historia: los viajes interoceánicos, a larga distancia y, en consecuencia, la puesta en “contacto” de ecosistemas diferentes y el propio barco y la travesía como patógenos causantes de nuevas enfermedades y la instalación de lazaretos en los puertos marítimos para recluir a los “contagiosos”.

Los mineros tienen enfermedades específicas, como la silicosis, y los marinos tienen las suyas, como el escorbuto, como consecuencia de un déficit de vitamina C, a su vez consecuencia de la falta de ingesta de frutas.

Los navegantes llamaron “tropicales” a ciertas enfermedades que ellos contraían y a las cuales los nativos eran inmunes. El término se mantuvo como sinónimo de epidemias y enfermedades contagiosas hasta hace muy pocos años, a pesar de que el propio nombre denota un origen local.

Los historiadores del “nuevo mundo” escriben que los españoles llevaron sus enfermedades a América. Esto es confuso desde el punto de vista médico porque da la impresión de que embarcaron enfermos o contrajeron enfermedades durante la travesía. El europeo no estaba adaptado al medio ambiente americano. Lo que para un colono europeo era plena salud, para un americano era una enfermedad, incluso letal.

Mientras unas epidemias se convirtieron en una pesadilla mortal para los americanos, que murieron masivamente, otras remitieron en Europa y también las hubo que empezaron a proliferar a partir del siglo XVI.

Es el caso de las enfermedades venéreas, especialmente la sífilis, la enfermedad típica del Renacimiento, en la que no cabe poner en duda el contacto, ya que se transmite por las relaciones sexuales.

La sífilis ya era conocida en Europa antes de 1492, a veces con el nombre de “morbum gallicum” o enfermedad “francesa”, una denominación fraguada de la misma factura con la que el coronavirus adquiere hoy la nacionalidad china por arte de magia.

Hasta 1838 bajo dicha denominación se comprendían los distintos tipos de enfermedades venéreas, si bien a causa de los viajes transoceánicos y del crecimiento de la población urbana, la sífilis y las enfermedades venéreas se convirtieron en una enfermedad preocupante.

El autor del primer estudio sobre la sífilis fue el italiano Jerónimo Fracastoro (1478-1553) y su obra es típica del Renacimiento, una encrucijada en la que se mezclan muy diferentes doctrinas, tanto materialistas como idealistas, entre las cuales la síntesis resulta imposible.

El pensamiento de Fracastoro es irreductible e incoherente porque no es original sino un intento de síntesis de los conocimientos existentes en aquel momento, lo cual explica el éxito que tuvo.

El fundamento de su obra es la teoría humoral. El italiano rinde tributo a la Antigüedad preservando el concepto de miasma en el que introduce un componente claramente materialista al concebirla como una especie de vapor o fluido sutil, invisible y oculto. Al hablar del tifus, por ejemplo, dice que no es una enfermedad contagiosa, que no pasa de un enfermo a otro sino que se adquiere de la contaminación del aire.

No obstante, divide las enfermedades contagiosas en tres categorías: las que se transmiten por contacto directo, las que son transportadas por medio de vehículos materiales (fomites, lo que hoy los científicos llaman “vectores”) y las que actúan “a distancia”. Con esta casuística es evidente que Fracastoro está mezclando enfermedades de etiología diferente, al mismo estilo de lo que hoy leemos en los tratados de medicina.

La confusión sube de grado cuando utiliza indistintamente los términos “contagio”, “miasma” y “virus”, otro batiburrilo de conceptos en el que algunos historiadores han creído encontrar al fundador de la microbiología en sus peores versiones, como las hoy dominantes, que defienden el carácter patológico de los microbios.

Cuando los clásicos utilizan la palabra latina “virus” se refieren a una sustancia, a un veneno o a un tóxico, esto es, a materia inerte. Sin embargo, en el Renacimiento, por influencia del platonismo y, en suma, del idealismo objetivo, se difunde la noción de panespermia, de que la vida está diseminada por todas partes o que todo está dotado de vida, una concepción que llega hasta la actualidad.

La influencia del idealismo transforma a los virus en “contagium vivum” sin acabar con el materialismo antiguo, por lo que junto a las enfermedades causadas por el medio aparecen las causadas por elementos vivos por medio del contacto (“seminaria contagiorum”). Hay un tipo de enfermedades que se generan y otras que se transmiten.

En el Renacimiento el platonismo concibe un mundo lleno de esas “semillas” invisibles, divinas o celestiales (inmateriales), dotadas de la fuerza de su desarrollo posterior (potentia generandi). No es que sean seres vivos sino que se identifican con la vida misma. Son gérmenes que lo mismo engendran vida que enfermedad.

A finales del siglo XIX, en los albores del triunfo de las doctrinas idealistas del contagio, la batalla ideológica todavía era evidente entre los materialistas, que buscaban el origen de las enfermedades contagiosas en el medio “amorfo”, y los idealistas emergentes, que se apoyan en los microbios “formes”.

El concepto de “fomites“ de Fracastoro ha pasado al lenguaje médico actual (fómites en castellano), en el que también prevalece su condición inerte, si bien como portadora de un organismo vivo, un microbio. En 1900 a los virus se les calificaba como “filtrables” para destacar su condición de sustancia líquida, soluble. Pero hasta 1935 se utilizaron indistintamente las palabras virus y bacteria. Uno de los primeros microbiólogos, el holandés Beijerink, aún definía a los virus como “contagium vivum fluidum”, una expresión que resume las contradicciones pasadas y presentes de la biología: es a la vez una molécula y un ser vivo.

Eran los últimos estertores de un saber moribundo. A partir de entonces la medicina y la ciencia dejaron de hablar latín y se pasaron al inglés. En el “contagium vivum fluidum” separaron para siempre el fluido (inerte) del ser (vivo). Se olvidaron del primero para centrarse en el segundo. Si ambos eran diferentes, era posible eliminar los virus de cualquier clase de fluidos, crear ecosistemas asépticos, limpios de “gérmenes”.

Es un empeño que lleva fracasando desde hace cien años. Ni los virus son seres vivos ni es posible erradicarlos de ningún sitio. Convivimos con ellos y así seguirá siendo en el futuro. Ni los virus pueden matar a los seres humanos, ni los seres humanos pueden matar a los virus; ya están muertos.

Netanyahu va a implantar microchips de rastreo bajo la piel de los niños antes de levantar el confinamiento

Ayer el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu propuso implantar microchips de rastreo a los niños y jóvenes como condición previa para levantar el confinamiento

En una rueda de prensa Netanyahu anunció que había ordenado al Ministerio de Sanidad realizar implantes subcutáneos antes de levantar el toque de queda, “una tecnología que no se ha usado antes y que estará autorizada por la nueva legislación que vamos a promulgar”, añadió.

“Hablé con nuestros jefes de tecnología para encontrar las medidas en las que Israel es competente, como los sensores. Por ejemplo, cada persona, cada niño -¡lo quiero en los niños primero!- tendría un sensor que haría sonar una alarma cuando te acercas demasiado, como las de los coches”, declaró Netanyahu.

“Será difícil hacerlo para más de un millón de escolares que vuelven a sus instituciones educativas para asegurarse de que un estudiante se siente a una distancia de dos metros de otro. Es ficticio y peligroso”, afirmó Einat Meron, un experto en informática.

“Teóricamente entiendo la idea que hay en esto”, declaró. “Pero aunque tales microchips sensibles a la distancia existen en los vehículos, es diferente en los humanos”. Según Meron, “un pitido que me diga que me acerqué a alguien no es suficiente. ¿Quién dice que cambiará algo? Me habría acercado de cualquier manera”.

El experto añadió que “el verdadero problema es la aplicación de la ley, y aquí todo cambia”. Según Meron, “los niños con microchips no pasarán ningún examen, tanto práctico como legal”.

El informático mostró su preocupación por el uso que el Estado pueda hacer de los datos accesibles de los sensores. “Si los datos de ubicación de los niños se suben a internet, un pedófilo con algunos conocimientos informáticos podría introducirse en el sistema y acosar a los niños fuera de sus escuelas, seguirlos y distribuir la información en otras plataformas”, declaró Meron. “¿Puede el Estado asumir esa responsabilidad?”, pregunta.

La Oficina del Primer Ministro responde diciendo que la propuesta de Netanyahu “no se debe implementar mediante bases de datos, sino con una simple tecnología que notifique [a los ciudadanos] sobre su distancia”. Es una opción voluntaria que “está diseñada para ayudar a los niños a mantener su distancia, como ocurre con los vehículos”.

La propuesta del Primer Ministro es “una idea que puede ayudar a mantener la distancia social y no habrá ninguna violación de la intimidad”.

La semana pasada los medios isarelíes informaron de que todos los vehículos habían sido rastreadas por la policía y que desde hace años las informciones se almacenan en una base de datos no regulada llamada Eagle Eye.

La Asociación de Derechos Civiles de Israel (ACRI) ha exigido que la policía revele el alcance de Eagle Eye, además del tiempo en que se guardan en el sistema los datos sobre los dueños de los vehículos.

La policía de Israel ha respondido a la ACRI diciendo que el sistema no estaba normalizado internamente, independientemente del número de años que lleva en funcionamiento. “De cualquier manera, una vez finalizado, el procedimiento no será divulgado al público”, añadió la policía.

A finales de marzo, el periódico Yediot Aharonot informó de que una base de datos del Shin Bet, el espionaje israelí, almacenaba datos sobre toda la población israelí y la mayoría de los palestinos de la orilla occidental de Cisjordania. Los datos almacenados incluyen desplazamientos, llamadas telefónicas y mensajes de texto.

https://newsclicks.in/benjamin-netanyahu-suggests-microchipping-kids-slammed-by-experts/

¡¡¡Tengo el antídoto!!! ¡¡¡El socialismo¡¡¡

Darío Herchhoren

En estos días de confinamiento y pandemia he escuchado con atención diversísimas opiniones sobre la peste que nos está azotando. Jamás sospeché que entre nosotros había tantos expertos en pandemias ni tantos virólogos.

Luego oí con la misma atención unos eructos y rebuznos, pero me equivoqué claramente. No eran tales, eran las recetas tan oportunas y precisas del virólogo Donald Trump. Y eso me hizo pensar en lo errado que  estaba al desdeñar esas recetas, y sobre todo una de ellas tan sencilla que está al alcance de cualquiera que pueda aplicarse una buena dosis de lejía en vena.
                                                                                                                                                                                            
Bueno, ya basta de tonterías. Esta pandemia nos deja experiencias importantes, y sobre todo pone sobre la mesa las miserias y grandezas de mucha gente.                                                                                                                                                                                
                                                                                                                                                                                            
En situaciones como esta quedan al desnudo el pensamiento y la sensibilidad humana de cada uno de nosotros. La humanidad ha pasado ya algunas veces por situaciones parecidas. Así pasó con la epidemia de «gripe española» de 1919, con la gripe A, con la gripe aviar, con la gripe porcina, y con la gran epidemia de fiebre aftosa que llevó a la muerte a millones de bovinos, por no mencionar al ébola y al sida.

Me ha llamado mucho la atención como ciertos comentaristas y periodistas nos hablan de que después de esta pandemia el mundo ya no podrá ser como ahora, y que todo va a cambiar, pero no nos dice como ni cuando lo va a hacer, ni en qué sentido, ni cómo va a cambiar.

Algunos se animan un poco más, y nos dicen que el capitalismo salvaje es el culpable de todo este desastre, y algunos denuncian a los grandes capitales y a las grandes corporaciones que están deforestando la Amazonía y dejando sin hogar y sin defensas a los pueblos originarios.

Se oye decir también que habrá que humanizar el capital, y que habrá que hacer un reparto más equitativo de la riqueza, y que hay que hacer que los ricos paguen un impuesto extraordinario como contribución a la salud de todos.

Pero ¿no sería mejor expropiar a los ricos? ¿No sería mejor nacionalizar los medios de producción y pasarlos a un estado que reparta los beneficios? ¿No sería mejor que el estado invierta la cantidad que haga falta para investigación y desarrollo de vacunas, que cuide a los ciudadanos, que se ocupe de que todos vivamos en casas higiénicas, que haya agua corriente en todos los domicilios, electricidad, teléfonos e internet?

Mientras estas medidas no se implementen totalmente estaremos expuestos a que nuevas pandemias nos acechen y que causen una enorme mortandad, llevándose la vida de cientos de miles de seres humanos, animales, especies vegetales, la destrucción de la industria.

Según estadísticas realizadas por organismos internacionales insospechables, el uno por ciento de la población mundial, es dueña de más del noventa por ciento de la riqueza, y ante cifras lamentables como estas nos cabe la pregunta ¿no sería más sencillo pasar a manos de los estados toda esa riqueza y acabar con estas desgracias?

                                                                                                                                                                                            
Queda en manos de la clase trabajadora, la clase obrera, los humildes, que son miles de millones, y lograr un mundo más justo, más humano. Aquí se debe elegir entre civilización o barbarie. Ya sabemos como es la barbarie. Elijamos la civilización, elijamos el socialismo. Esa es la solución.

El Reino Unido admite que no va a existir nunca una vacuna contra el coronavirus

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El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, advirtió que «un tratamiento o vacuna contra el coronavirus puede estar a más de un año de distancia, y de hecho, puede que nunca llegue» (como ha ocurrido con las otras influenzas), según un documento de 60 páginas titulado Estrategia de recuperación Covid-19 que detalla cómo el Reino Unido planea emerger del encierro.

Según ha publicado The Independent, Johnson
admitió que los protocolos de seguridad aprobados en marzo «no brindan
una solución duradera» debido al alto precio en la vida social y
económica que ha llevado a muchos la «soledad y el miedo».

Johnson hizo una proclama pseudopatriótica apelando al «espíritu indomable de Gran Bretaña» al responder a las
preguntas de los parlamentarios sobre el plan en la Cámara de los
Comunes, pero advirtió que la administración «regulará» la libertad de los
ciudadanos para hacer frente a la pandemia.
 

«Nuestro desafío es encontrar un camino a seguir que conserve nuestras ganancias obtenidas con tanto esfuerzo mientras alivia la carga del
bloqueo y, seré sincero con la Cámara, este es un equilibrio sumamente
difícil de alcanzar», dijo.
 

«Debo pedirle al país que sea paciente con una interrupción continua en
nuestra forma de vida normal, pero que sea implacable en la búsqueda de
nuestra misión de construir los sistemas que necesitamos», agregó
Johnson, señalando que la relajación de las pautas de distanciamiento
social requerirá un importante seguimiento de contactos para monitorear la propagación de la enfermedad , así como el rediseño de espacios públicos para hacerlos «seguros frente al Covid-19».

El panóptico medicalizado se puede utilizar para cazar a los homosexuales en su propio ambiente

Lo venimos denunciando desde el primer minuto: la pandemia es un pretexto para ejecutar planes que nada tienen que ver con la sanidad sino con el refuerzo de la dominación por medio del control y la vigilancia. Ni las cámaras de videovigilancia, ni el ejército, ni los drones, ni el pasaporte sanitario, responden en absoluto a un problema de salud pública.

Así se ha confirmado en Seúl este fin de semana. Un hombre de 29 años de Yongin, un barrio del sur de Seúl, se fue “de marcha” a los clubes del barrio de Itaewon y al día siguiente amaneció con fiebre alta y diarrea.

El ayuntamiento de Seúl y el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Corea (KCDC) empezaron a rastrear cada uno de sus pasos y reconstruyeron su biografía.

El hombre trabaja para una empresa de informática en Seongnam, al sur de Seúl, y el jueves estuvo recorriendo junto con otros tres amigos varias zonas de la capital coreana.

Entraron en un club de baile, en el que los sabuesos sanitarios han comprobado que cerró cuando un hombre de 20 años dio positivo al coronavirus el día anterior. Unas 500 personas estaban allí en aquel momento.

Al día siguiente estuvo deambulando por los clubes de Itaewon con otro amigo, que luego dio positivo y fue uno de los tres con los que había viajado el día anterior. Los dos pasaron tiempo en cinco clubes en Itaewon hasta la madrugada del sábado.

El hombre tomó un taxi alrededor de las 4:40 a.m. del sábado para llegar a su casa en Yongin. A las 4 p.m., salió a cenar y volvió a casa en el coche de su amigo. El domingo, visitó un hospital y una farmacia, y el lunes se quedó en casa todo el día. El miércoles por la mañana, dio positivo al coronavirus y fue admitido en un hospital en Suwon, al sur de Seúl.

El King Club, un local gay, confirmó en las redes sociales la visita de estas dos personas, que quedaron estigmatizadas públicamente por sus prácticas sexuales. El club se justifica diciendo que lleva un registro de entrada de sus clientes, que verifica su temperatura en cumplimiento del toque de queda, que sólo permite la entrada de quienes porten mascarilla y que ofrece desinfectante para las manos.

A partir del apestado, el ayuntamiento la burocracia sanitaria del KCDC extienden la investigación a los demás apestados con el pretexto conocido: detener la propagación del virus. Llegaron a identificar a 43 contactos cercanos a la víctima de la vigilancia, sometiendo a pruebas de detección del virus a todos ellos.

Las pruebas “demuestran” que los cinco apestados más cercanos a la víctima no estaban apestados, como creían, que el virus no se ha propagado como también creían y el único positivo, la víctima inicial, es asintomático, es decir, está sano.

Todo para nada; ninguna de las previsiones “científicas” se cumplen, pero eso es lo de menos porque los tiros apuntan en otra dirección.

Aparece en los medios coreanos uno de esos tarados de la salud, que no da su nombre, expresando una preocupación: los asiduos de un club gay podrían ser reacios a revelar sus identidades y presentarse para hacerse la prueba, permitiendo que el virus se propague “silenciosamente”.

Como ven, es algo que ya se conoció en los ochenta durante la paranoia de Sida que, además, de cambiar el comportamiento sexual de millones de personas (“póntelo, pónselo”) condujo a los homosexuales a campos de concentración en algunos países.

https://en.yna.co.kr/view/AEN20200507010500315

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