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Día: 8 de mayo de 2020 (página 1 de 1)

Las personas incapaces de alimentarse adecuadamente ascienden a 50 millones en Estados Unidos

El número de estadounidenses que padecen hambre ha aumentado considerablemente en el contexto de la crisis económica de los últimos años. Sin embargo, se siguen recortando los programas públicos de ayuda alimentaria.

Un informe de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York ha hecho sonar la alarma sobre la grave crisis alimentaria en Estados Unidos. El número de personas en hogares incapaces de alimentarse adecuadamente ha aumentado en 14 millones de 2007 a 2011, hasta alcanzar los 50 millones. Casi 20 millones de ellos son niños.

Según uno de los coautores del informe, la profesora Smita Narula, este aumento es un reflejo directo del aumento de la pobreza y de la devastación causada por la crisis económica. Alrededor de 17 millones de personas se ven afectadas por la extrema inseguridad alimentaria, lo que les obliga a reducir el tamaño de sus comidas o a prescindir de ellas, a veces durante días.

Según Narula, los medios de comunicación se centran en que muchos residentes tienen sobrepeso cuando se trata de alimentos. Generalmente ignoran que existe “una fuerte correlación entre la inseguridad alimentaria y la obesidad”. A falta de recursos adecuados, muchos hogares tienen que recurrir a alimentos de bajo costo y de baja calidad.

El informe de la Universidad de Nueva York señala que un billete de tres dólares proporciona 3.767 calorías de alimentos industriales, pero sólo 312 calorías de verduras y frutas frescas. Muchas personas desfavorecidas también viven en “desiertos alimentarios”, lejos de cualquier supermercado, lo que hace muy difícil comprar alimentos saludables.

Sólo el 28 por ciento de los estadounidenses que disponen de cupones de alimentos no participan en el programa de ayuda. La razón de esto es que los procedimientos para registrarse son engorrosos. El estigma que rodea a la obtención de asistencia gubernamental también explica por qué algunas personas son reacias a utilizarla. “Existe un mito, un discurso extremadamente problemático, de que estos programas benefician a una clase de personas que son perpetuamente dependientes” del Estado, dice la investigadora. En realidad, muchos de los hogares seleccionados tienen al menos un miembro que trabaja por un salario miserable.

El aumento del número de beneficiarios ha dado lugar a un fuerte incremento del gasto público en el programa de cupones para alimentos, que alcanzó los 74.600 millones de dólares en 2012.

Un comité de la Cámara de Representantes aprobó recientemente un proyecto de ley que reducirá el acceso al programa y recortará casi 20 mil millones de dólares en 10 años. La reducción privará a dos millones de personas de ayuda alimentaria.

La DEA: un organismo represivo que se dedica también al lucrativo negocio del narcotráfico

Rolando Prudencio Briancon

Podríamos limitarnos a identificar a la DEA como el cártel más grande que hay en el planeta -y que no deja de serlo- pero sería muy reduccionista reconocerle sólo ésa función represiva, sin referirnos a una otra «función» que furtivamente cumple, que es la que  en el plano político cumple, y que tal como identificaría Lenin: «siendo la política economía concentrada», que la DEA no deja de aprovechar que el narcotráfico sea negocio exitoso, que lo controla sin competidor alguno.

Vale decir que la logrera lógica con la que la DEA encara el manejo de la problemática de las drogas, debe reportarle; a parte del rédito político para los intereses hegemónicos norteamericanos; el económico no deja de estar presente también, y ya como una organización mafiosa como tal.

Y para ese cometido debe implementar un modelo de manejo mafioso del negocio. En síntesis, quiere decir que debe deshacerse de la competencia, o sea de los cárteles que son quienes le disputan el mercado.

Desde luego que la DEA debe mostrarse como el implacable organismo de represión, para ello debe armar todo un «know how», que haga que la opinión pública siga siendo tributaria de su credibilidad hacia ella.

Esa es la razón por la que la DEA arma toda una teatral parafernalia cuando se realizan operativos, que, aunque en muchos casos implica bajas de narcotraficantes, como hasta de los mismos efectivos de la lucha antidrogas en los países donde actúa la DEA; no deja de ser ese costo a sufragar.

Y es que son cientos de casos en los que los operativos antidrogas que se ejecutan, no son sino operativos armados, y si no son, sirve para que se aplique todo un programa; no sólo para lograr mayor efectividad en las incautaciones y detenciones, sino para controlar que el negocio siga reportando ganancias.

Esta sinuosa y siniestra forma de actuar de la DEA fue denunciada por el ex agente de la este organismo en su libro: «La Guerra Falsa»: Michael Levine, en una guerra en la que La DEA mantiene una doble función: Deshacerse de la competencia reprimiendo a los narcotraficantes, y por el otro lucrando del negocio.


http://barometrolatinoamericano.blogspot.com/2020/05/la-dea-un-organismo-represivo-que-se.html

Sobornan con 10 millones de dólares a los diputados nigerianos para imponer la vacunación obligatoria

El lunes la CUPP (Coalición de Partidos Políticos Unidos de Nigeria) afirmó que los dirigentes de la Cámara de Representantes del país africano estaban dispuestos a aprobar un proyecto de ley de vacunación obligatoria sin necesidad someterlo a los procedimientos legislativos habituales.

Una “fuente externa”, dice el comunicado en alusión a Bill Gates, ofreció 10 millones de dólares para aprobar por la vía rápida el proyecto de ley sin recurrir al debate público.

“Esta información se une a la de la supuesta recepción, de fuentes externas al país pero muy interesadas en el proyecto de ley, de la suma de 10 millones de dólares de Estados Unidos por parte de los patrocinadores y promotores del proyecto de ley para distribuirlos entre los diputados a fin de garantizar una aprobación sin problemas del proyecto de ley”.

El portavoz de la CUPP, el abogado Ikenga Imo Ugochinyere, envió un comunicado al Daily Post en Abuja instando a los diputados de la cámara baja a levantarse contra la arbitrariedad. La oposición dice que si eso se lleva a cabo, el presidente de la Cámara, Femi Gbajabiamila, debe ser destituido.

El Proyecto de Ley de Control de Enfermedades Infecciosas 2020, también conocido como el Proyecto de Ley de Vacunación Obligatoria, propone la vacunación obligatoria de todos los nigerianos, una auténtica carta blanca.

La CUPP asegura que es absurdo imponer a los nigerianos a la fuerza una vacuna que no existe. “¿Qué pasa si el mundo finalmente no encuentra una vacuna o una cura para el coronavirus como no ha encontrado una cura para el VIH SIDA? ¿Cuál es la prisa en aprobar un proyecto de ley basado en la especulación o hay algo más que los dirigentes de la Cámara de Representantes quieran decir a los nigerianos?”

https://dailypost.ng/2020/05/04/bill-gate-offered-house-of-reps-10m-bribe-for-speedy-passage-of-compulsory-vaccine-bill-cupp-alleges/

Por la derogación de todas las leyes represivas

Movimiento Antirrepresivo de Madrid

“Primero iremos a por los terroristas, después iremos a por los simpatizantes de los terroristas, después a por los familiares y amigos de los terroristas y, por último, a por los indiferentes”
Estas palabras fueron pronunciadas por el criminal Jorge Videla durante la dictadura argentina y corresponden a la lógica del fascismo: “o conmigo o contra mí”. Si esta misma lógica la exportamos al Estado español actualmente, y más concretamente a su legislación represiva, encontramos aspectos muy similares. Veamos.

La legislación represiva actual no se entiende si no realizamos un análisis, no de una ley u otra, sino en su conjunto y con cierta perspectiva histórica. Para ello no es necesario que nos remontemos a finales del siglo XIX, momento en el que apareció la primera ley antiterrorista. El precedente directo más inmediato lo encontramos en la Ley Antiterrorista de noviembre de 1971, aquella que modificó la “Ley de Orden Público” franquista de 1959. Esta “nueva” ley daba plena capacidad a la policía para dictar algo parecido a un Estado de Excepción permanente, ya que podía restringir o suspender los derechos y libertades por orden policial.

En 1973 el Código Penal condenaba a penas de prisión menor “al que integrado en una banda armada […] realizase cualquier hecho delictivo […] utilizando armas de fuego, bombas, granadas, sustancias o aparatos explosivos o medios incendiarios de cualquier clase, cualquiera que sea el resultado producido; y a los promotores y organizadores, y quienes hubieran dirigido su ejecución”. En agosto de 1975, ante el empuje de las masas y el incremento de la lucha armada, se endureció la Ley Antiterrorista con el objetivo de poder cerrar diversos periódicos y hacer extensiva la pena de muerte. Con ello llegamos al “Proceso de Burgos” en el que resultaron condenados a muerte los cinco antifascistas (tres miembros de ETA y dos del FRAP) que serían fusilados el 27 de septiembre de 1975.

En diciembre de 1979, y tras la aprobación de la fraudulenta Constitución, se prorrogó la Ley Antiterrorista. Esta se diferenciaba muy poco a las anteriores, ya que contemplaba: los registros domiciliarios sin previa orden judicial, la duración del periodo de incomunicación en comisaria de hasta diez días, la intervención de todas las comunicaciones del preso y el cierre e incautación de determinados medios de comunicación, entre otras.

Esto significaba que mientras se legalizaban progresivamente los partidos políticos que pasaban por el aro constitucional, hoy conocido como “Régimen del 78”, a los partidos que se negaron a legitimar dicha farsa y se disponían a combatirlo se les aplicaría la versión más brutal de la Ley Antiterrorista.

Corrían los años de plomo y del terrorismo de Estado, aquellos en los que el régimen actuaba de forma semiencubierta, asesinando bajo el paraguas de organizaciones como el Batallón Vasco Español y posteriormente los GAL, y de forma legal, aplicando la ley antiterrorista vigente. A pesar de que socialistas, comunistas y los partidos nacionalistas catalanes y vascos pidieron su derogación, estas medidas no serían “modificadas” por el Tribunal Constitucional (TC) hasta 1987. El PSOE, al llegar al gobierno, pasó de pedir la derogación de la Ley Antiterrorista, a ser el abanderado y el más firme defensor de dicha ley, aplicándola sin ningún tipo de escrúpulo contra militantes revolucionarios.

En 1996 llega al poder el PP, y con ello, el momento de darle una nueva vuelta de tuerca a la represión, esta vez extendiéndola a otros sectores. En junio de 2002 se aprueba la Ley de Partidos con los votos a favor de PP, PSOE, CIU, CC, el Partido Andalucista, y el voto de Gaspar Llamazares, según él por error. Esta ley reemplazaba a otra similar de 1978 que calificaba de asociación ilícita a las organizaciones políticas que no se integraron en el régimen. Hasta este momento, los condenados por este delito cumplían de tres a seis años de prisión, con la recién estrenada Ley de Partidos pasarán a cumplir de ocho a quince. Con esta ley el régimen pretende garantizar el orden constitucional y el funcionamiento democrático “impidiendo que un partido político pueda, de forma reiterada y grave, atentar contra ese régimen democrático de libertades, justificar el racismo y la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las actividades de las bandas terroristas”. Lógicamente, en esta definición queda excluida la violencia institucional y la de los partidos y organizaciones de ideología nazifascista que nunca han sido ilegalizados por sus incontables crímenes. Esta ley sirvió para que los partidos que tenían cierta presencia institucional fueran ilegalizados y sus miembros expulsados de los ayuntamientos y encarcelados.

Pero no solo eso, también permitió que se extendiera la persecución e ilegalización de otras organizaciones como las dedicadas al apoyo y la solidaridad con los presos políticos, a las que se paso a calificar como “los entornos de las organizaciones armadas”. A partir de ahora correrían la misma suerte las organizaciones que, de un modo u otro, legitimaran, apoyaran o, simplemente, no condenaran de forma explícita la violencia –revolucionaria, por supuesto- , y no colaboraran con la “justicia”.

Es útil recordar aquí que a los partidos como la antigua Convergencia, hoy JXCat, una buena parte de los llamados partidos “constitucionalistas” pidieron su ilegalización por dirigir el referéndum del 1 de octubre de 2017 y por declarar unilateralmente la independencia (DUI) de forma simbólica. Recientemente se ha presentado en el Congreso una ley para ilegalizar a ERC, JXCat, Bildu y la CUP por “atentar contra la unidad de España”. Que estén pidiendo que se les aplique la misma Ley de Partidos que con sus votos hicieron posible nos recuerda dos cosas: que “Roma no paga traidores” y que si apoyas o dejas en pie una ley represiva es probable que algún día te la puedan aplicar a ti o a tu partido.

Siguiendo la lógica del gerifalte argentino: después de los “terroristas”, de los simpatizantes de los “terroristas” y de los solidarios; llegó el momento de ir a por el resto de luchadores. Y así fue. El 1 de julio de 2015 el régimen necesitó extender aún más la represión. Tras un periodo de numerosas y masivas protestas en las calles de las principales ciudades entra en vigor la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, también conocida como Ley Mordaza. Esta ley tampoco es nueva, es una reforma de la anterior, conocida también como Ley Corcuera o de Ley de “patada en la puerta”. Supone otra vuelta de tuerca más a la represión, esta vez dirigida contra numerosos sectores populares que desde diversos frentes vienen ejerciendo sus derechos y libertades; ya sea de manifestación, de expresión, de información, etc. Esta ley castiga severamente y de forma económica desde una opinión crítica en redes sociales hasta la protesta más inofensiva. El objetivo fundamental es disuadir las movilizaciones y amedrentar y amordazar a los activistas más críticos. Era el turno de ir a por los twiteros, a por los raperos, a por los artistas satíricos, a por los actores críticos y comprometidos, etc.

En definitiva, quienes muestren su indignación contra el régimen, denuncien a la monarquía, los abusos policiales o se atrevan a solidarizarse con los “terroristas” y a denunciar su situación en prisión, serán objeto de detención e incluso condenados a penas de cárcel. Era el turno de todo aquel que se mueva.

Ahora, cinco años después de su entrada en vigor, el nuevo gobierno habla de “derogar los aspectos más lesivos de la ley mordaza” y sustituirlos por “una nueva norma que garantice el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y reunión pacífica”. Esto nos recuerda a la modificación de la Ley Antiterrorista del año 87; cuando el TC rebajó, de diez a siete, los días de tormentos que pasarían los detenidos en manos de la policía y de la Guardia Civil. Es decir, una vez que han logrado meter el miedo en el cuerpo a miles de luchadores y luchadoras toca retocar la legislación dejando intacto el grueso de la misma. Estas formas son muy propias del Estado español, consiste en cambiar algo para que todo siga igual.

A nosotros esto nos parece un insulto. Con esta “nueva” medida nos están diciendo: “no te aplicaremos la ley mientras no te resistas”. Pero entonces ¿Qué ha cambiado? ¿Qué va a pasar cuando vuelvan a enviar a la policía, armada hasta los dientes, a desahuciar a las familias y se encuentren con un muro de activistas dispuesto a evitarlo? ¿Se retirarán sin más a sus comisarias o apalearán a los activistas que se resistan? Si sucede esto último, ¿cómo debemos actuar nosotros? ¿Aguantamos estoicamente los palos o nos defendemos? Si nos defendemos, ¿seremos condenados a prisión? ¿Van a enviarla igualmente a cargar contra los piquetes de una huelga? En fin, se nos plantean muchas dudas que la nueva “coalición progresista” no nos ha aclarado. Lo único cierto es que en los dos últimos años cerca de 70 personas han sido condenadas por los diferentes delitos de “enaltecimiento del terrorismo”, “amenazas terroristas” o por el de “humillación de las víctimas del terrorismo y de sus familiares”. Se ha condenado y enviado a prisión a raperos y a twiteros, han aplicado la ley antiterrorista a titiriteros por realizar una función satírica, el actor Willy Toledo fue detenido “por cagarse en Dios”… y no le permitieron hablar con su abogado hasta que declaró ante un juez. Es decir, a día de hoy están aplicando la Ley Antiterrorista por el simple hecho de ejercer la libertad de expresión y para reprimir la protesta social.

Esto sucede por un motivo muy sencillo. Hoy, a cualquiera de nosotros nos pueden aplicar la misma Ley Antiterrorista, más o menos atenuada, porque para este régimen todos somos potencialmente “terroristas”.

Por este motivo, todo trabajador, todo antifascista y todo verdadero demócrata debe oponerse a todas las leyes represivas y actuar en consecuencia, no solo porque mañana podríamos ser cualquiera de nosotros quienes las suframos, sino porque no deberíamos permitir que multen, apaleen o encarcelen, a ningún miembro de nuestra clase por luchar contra el terrorismo de Estado y por nuestros derechos y libertades; del mismo modo que no deberíamos haber permitido que se suspendieran los derechos fundamentales de ningún detenido quedando completamente a merced de sus torturadores.

Cuando normalizamos la represión, en cualquiera de sus formas, damos un paso atrás en nuestros derechos conquistados y permitimos que el régimen conquiste nuevas y mejores posiciones de fuerza para seguir machacándonos.

Como hemos visto, el Estado limita o elimina determinados derechos empleando su legislación represiva, en particular su Código Penal, que endurece en función del nivel de resistencia que opongamos las clases populares. Persigue el derecho a la resistencia con la Ley Antiterrorista, elimina el derecho de organización con la Ley de Partidos y penaliza duramente las libertades de expresión, reunión, manifestación, etc. con la Ley Mordaza. Como dicen tanto políticos como supuestos asesores en derecho laboral “todo derecho fundamental no es absoluto o ilimitado, y admite y precisa una regulación legal”. En este sentido el derecho a la libertad de huelga también es vulnerado sistemáticamente, sobre todo en sectores estratégicos. Resulta paradójico que para limitar el derecho de huelga de estos sectores se utilice como arma el artículo 28.2 de la propia Constitución. De esta forma, a lo largo de las últimas décadas, se ha llegado a la militarización de aeropuertos y otros medios de transporte, así como a los trabajadores del aeropuerto del Prat se les acusó del delito de sedición por ejercer su derecho a la huelga.

Pero no solo los sectores estratégicos se ven afectados por la Ley de Huelga, y más concretamente por el Código Penal, la lucha de los trabajadores de otros sectores también es represaliada, especialmente las huelgas generales pero también numerosos conflictos “ordinarios” que terminan enconándose por la intransigencia de la Patronal. ¿De qué manera se limita la libertad de huelga? Para no hacer más engorroso este apartado resumiremos diciendo que, en el artículo 315 del C.P. se vuelve a dar la paradoja que antes señalábamos. Mientras que en el primer párrafo (315.1) se defienden los derechos sindicales de los trabajadores diciendo: “Serán castigados con penas de prisión de seis meses a tres años y multa de seis a doce meses los que […] impidieren o limitaren el ejercicio de la libertad sindical o el derecho de huelga”; y en el segundo párrafo (315.2) se añade: “si las anteriores conductas se llevaren acabo con la fuerza, violencia o intimidación, se impondrán penas superiores”; en el tercer párrafo (315.3) del mismo artículo se dice lo siguiente: “Las mismas penas del apartado segundo se impondrán a los que, actuando en grupo o individualmente […] coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga”. Igualmente paradójico resulta que para limitar el derecho de huelga de unos trabajadores se utilice “el derecho al trabajo de los trabajadores”. Este es precisamente el argumento de Tribunales y Fiscalía para justificar la Ley revientahuelgas, tratar de conciliar el legítimo derecho a la huelga de quienes hacen huelga para exigir un aumento salarial o la readmisión de trabajadores despedidos, haciendo prevalecer el derecho al trabajo de los esquiroles. Así es como enfrentan a unos trabajadores contra otros y, en definitiva, consiguen romper su unidad y debilitan los efectos de la huelga.

No olvidemos que ha sido este apartado el empleado en la represión de trabajadores que integraban piquetes de huelga y por el que algunos huelguistas han dado con sus huesos en prisión.

Por último, otra de las leyes represivas es la Ley de Extranjería. Esta persigue y reprime a un elemento concreto de la sociedad, al inmigrante pobre, al que llega en patera y no en yate, al que huye del hambre, de la guerra en su país o, simplemente, en busca de una vida mejor y es deportado sin importar lo que pueda sucederle a su regreso. Lógicamente, este es un problema muy complejo que requiere de medidas igualmente complejas. Soluciones que empiezan por el respeto de la soberanía de sus países, el cese del expolio de sus riquezas y, en definitiva, medidas por parte de los Estados desarrollados destinadas a mejorar las condiciones de trabajo y de vida para que millones de trabajadores no se vean obligados a abandonar sus hogares, sus familias, incluso a riesgo de perder la vida. Nativa o extrajera, somos la misma clase obrera.

Por todo lo expuesto, exigimos la derogación completa de toda la legislación represiva: de la Ley Antiterrorista, de la Ley de Partidos, de la Ley Mordaza, de la Ley de Huelga, de la Ley de Extranjería y una reforma profunda del Código Penal. ¿En qué sentido? En el que las únicas leyes que existan sean las que garanticen el trabajo, la vivienda, la educación y la sanidad pública, en definitiva, leyes que garanticen una vida digna para el pueblo trabajador y no leyes que nos machaquen, tanto física como económicamente, para que no luchemos por ella. Exigimos un Código Penal que, en lugar de enviarnos a la cárcel por luchar por nuestros derechos, persiga y encarcele a estafadores, explotadores, torturadores y corruptos, sean del color político que sean.

Articulo extraído de la revista “Amnistía”, del Movimiento Antirrepresivo de Madrid

España será intervenida por la Unión Europea a finales de este verano

Rescate a EspañaDiego Herchhoren 
 

Antes del 30 de septiembre, el Gobierno deberá tener listo para su debate el borrador de Presupuestos Generales del Estado y el llamado «techo de gasto», es decir, el objetivo de «déficit» asumible por las arcas públicas.

Serán unos presupuestos marcados por una estimación de caída del PIB de entre el 9 y el 14%. Si bien el PIB es un indicador útil para medir la acumulación de capital y por tanto no es indicador de bienestar, si lo ponemos al lado de otros parámetros (por ejemplo parámetros históricos) puede sernos útil para hacer un análisis de previsibilidad de determinados acontecimientos.

En esta línea, y para hacernos una idea de la magnitud de esta quiebra estructural que va a tener España en los próximos meses, hay que recordar que en el año 2009, año de la quiebra de millones de personas y aumento del desempleo, la pobreza y los desahucios, la caída del PIB fue del 3,6%. Repasemos: 2009, 3,6%; 2020, entre el 9% y 14%.

Siendo prácticos, estamos ante una «tragedia griega» pero agrandada, no por el género teatral, sino por su equivalencia a la quiebra del país heleno entre 2010 y 2015, de la que no se ha recuperado. La consultora Phoenix Capital Rearch, una agencia con notable experiencia en cabildeo en el mercado de deuda de EEUU, publicaba en el año 2012 un análisis premonitorio sobre España que parece haberse cumplido punto por punto:

«Expresado en términos sencillos, España es como Grecia, solo que más grande y peor. Según el Banco de Pagos Internacionales, España tiene créditos pendientes en todo el mundo por valor de más de un billón de dólares: debe a Gran Bretaña 51.000 millones, a Estados Unidos 187.000 millones, a Francia 224.000 millones y a Alemania nada menos que 244.000 millones.»

Es decir, la parasitaria economía española no resiste un vendaval de mes y medio de duración. Esto tiene que ver además con la caída de ingresos públicos padecida en los últimos trimestres, que lejos de enfermedades y pandemias, venían en caída desde hace tiempo. Y volvamos a recordar la regla de oro del capitalismo europeo (incorporada a la norma española mediante la Ley de Estabilidad Presupuestaria): gasto por encima del 3%, equivale a intervención del gobierno por parte de las autoridades monetarias de la UE.

Esto tiene una consecuencia inmediata: la caída de los ingresos públicos. Si nos damos cuenta, las medidas adoptadas por el gobierno PSOE-UP para limitar la quiebra han sido la de profundizar la economía de las finanzas y los bienes raíces; la economía real -industria, medidas anticíclicas para reanimar el consumo o destinar al consumo interno los productos afectados por las restricciones arancelarias de EEUU- no ha sido reanimada, y los subsidios estatales se han convertido en transferencias de renta con dos ejes: líneas de avales a la banca, para evitar su caída ante el previsible aumento de la morosidad, y subsidios del hambre -mal llamados «renta básica»- para las capas más bajas, con evidentes tintes de política de seguridad nacional de cara a evitar posibles revueltas.

Si España solicita el rescate, la conclusión inevitable es la fractura de la Unión Europea y su reducción a un pequeño club selecto de países industrializados, ya que la incapacidad de la economía nacional de hacer frente a los pagos de los bonos de deuda soberana será una caída del mercado de deuda por falta de confianza. Una recomendación para las clases medias y para quien dependa de los ingresos públicos: retiren su dinero del banco y garanticen sus sueldos de inmediato. España no puede ya asegurar que pueda hacer frente en el corto plazo ni sus salarios públicos (funcionariado y jubilaciones) ni sus depósitos bancarios.

Artículo relacionado:
España se prepara para su expulsión de la Unión Europea (2017)

Gracias al ‘virus chino’ el choque de civilizaciones tiene cuerda para rato

Imagen de una travesía de Wuhan
En el futuro y mientras dure la dominación ideológica imperialista, el mensaje agobiante será que China difundió un virus por todo el mundo y que, en consecuencia, China es responsable del paro y la crisis económica.

Es una tonteoría muy simple, mucho menos elaborada que la islamofobia, propagada por la CIA y el MI6 y distribuida luego a ciertos equipos de descerebrados, como el Instituto Gatestone, que ha comparado a China con el yihadismo sin ningún miedo al ridículo. Dice que la pandemia de coronavirus está siendo “otro 11 de setiembre para occidente” (1).

En Gran Bretaña la Henry Jackson Society siempre ha destacado por sus constantes ataques al islam y a los países árabes. Uno de sus estúpidos directores es Matthew Henderson, que está difundiendo vídeos antichinos en asociación con el periódico The Sun. El primero de ellos plantea la pregunta: “¿La epidemia de coronavirus es el Chernobil en China?” (2).

The Sun es el periódico británico que en 2003 más se esforzó por propagar el bulo de las armas de destrucción masiva. Ahora se dedica a publicar informes afirmando que el coronavirus ha sido creado deliberadamente por China para demostrar al mundo que su sistema sanitario es más eficaz que el de Estados Unidos en la contención de las enfermedades mortales (3).

Como hemos explicado, el origen de ambas teorías conspiranoicas no está en The Sun sino en el espionaje. El Primer Ministro británico en funciones por la ausencia de Boris Johnson, Dominic Raab, dice que después del coronavirus, “no hay dudas” de que las relaciones con China no volverán a ser las mismas que antes (4).

La editorialista del Times, modelo a seguir de prensa seria y rigurosa, Melanie Phillips, que ya destacó por flagelar el “islam radical”, escribió recientemente una columna para advertir que occidente ya no puede hacer “la vista gorda” con China (5).

El problema del imperialismo es que Xi Jing-ping no es Saddam Hussein. La Revolución de 1949 mantuvo unida a China, mientras los musulmanes (e incluso los árabes) están divididos en una constelación de Estados divididos y enfrentados porque los propios imperialistas así los diseñaron hace un siglo.

El gigante asiático es caza mayor y no pueden meter a sus ejércitos para instalar bases militares permanentemente. Apenas pueden poner sus cañoneras en el Estrecho de Taiwan y el Mar de China Meridional.

Por su parte, el gobierno de Pekín no necesita recurrir a ninguna explicación alternativa. Todo lo contrario: compite con las grandes potencias occidentales y les demuestra que es capaz de ganarles en su propio terreno. Hacen lo mismo y lo hacen mejor. Les pagan con la misma moneda: se meten a la OMS en el bolsillo y alimentan la misma teoría de la conspiración: el coronavirus es un arma de destrucción masiva creada en los laboratorios de guerra biológica del Pentágono y difundido deliberadamente en Wuhan.

A diferencia de la conspiración china, la estadounidense tiene una falla estúpida que explota la ignorancia ajena, como suelen hacer los espías que dosifican la información y la desinformación: ni el coronavirus ni la pandemia pudieron sorprender a (casi) ningún gobierno del mundo porque era algo previsto e incluso ensayado de antemano.

Los que se escudan en la “sorpresa” y la “improvisación” para justificar el desastre sanitario y administrativo, o bien mienten, o bien no saben de lo que hablan. El caos formaba parte del plan, lo mismo que la histeria. Pero para eso hay que tener en cuenta que la sanidad es una industria que en España, por ejemplo, ocupa casi dos millones de trabajadores y que la política económica va a empezar a cambiar, en ese sector y en todos los demás.

Una parte de ese cambio concierne a China, frente a la cual las sanciones económicas no han sido suficientes. Si la OMS sigue en los bolsillos de China, dentro de poco las críticas a la OMS dejarán de ser conspiranoia y se convertirán en moneda corriente dentro de la prensa seria y rigurosa. Recientemente el doctor John Hemmings publicaba un artículo en The Telegraph destacando el aumento de la influencia “maligna” de China y apoyando que Trump retirara la subvención del organismo internacional.

El doctor Hemmings no es sólo un mequetrefe de bata blanca que ha pasado de la clínica a la política sino otro miembro de la Henry Jackson Society, que articula las explicaciones ideológicas con las que el imperialismo comete sus crímenes.

El domingo un informe de dicha Sociedad sirvió de base para un artículo del Daily Mail (6) en el que proponía lo que ya se está haciendo en Estados Unidos: llevar a China a los tribunales internacionales para buscar una compensación de 351.000 millones de libras por los estragos de la pandemia.

Los pleitos dan mucho juego y estiran la intoxicación durante años: pruebas, víctimas, declaraciones… ¿Estamos preparados para soportarlo?
(1) https://www.gatestoneinstitute.org/15915/coronavirus-west-911-moment
(2) https://www.youtube.com/watch?time_continue=2&v=bi8L3Jvt2w0
(3) https://www.thesun.co.uk/news/11407987/coronavirus-developed-wuhan-lab-china-greater-us-disease/
(4) https://news.sky.com/story/coronavirus-no-more-business-as-usual-with-china-after-covid-19-crisis-warns-dominic-raab-11974398
(5) https://www.thetimes.co.uk/article/west-can-no-longer-turn-a-blind-eye-to-china-ss6t0zp9d
(6) https://www.dailymail.co.uk/news/article-8188185/Britain-pursue-Beijing-courts-coronavirus-compensation-study-claims.html

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