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Día: 15 de abril de 2020 (página 1 de 1)

El lugar más cercano al infierno: Fort Detrick

Fort Detrick es una base del ejército estadounidense situada a menos de 100 kilómetros de Washington. Se creó en 1942, en plena guerra mundial, para ser el centro de la guerra biológica y desde entonces no ha hecho más que crecer, completando unos 600 edificios que ocupan 5.000 hectáreas de terreno.

El ejército puso a un bioquímico de la Universidad de Wisconsin, Ira Baldwin, al frente. Al principio Fort Detrick no fue gran cosa porque el imperialismo lo apostó todo a su monopolio del arma nuclear.

En la primavera de 1949 el ejército creó un pequeño equipo de químicos, al que llamó División de Operaciones Especiales. Su misión era encontrar usos militares para las bacterias tóxicas, un campo totalmente nuevo para la guerra.

Paralelamente, la CIA empezó a capturar espías del otro lado del Telón de Acero a los que trataba de interrogar bajo el efecto de drogas o, como se decía entonces, del “suero de la verdad”. Le ocurría lo mismo con los tránsfugas, de los que no tenía certeza de si realmente habían cambiado de bando o si se trataba de maniobras de intoxicación.

Allen Dulles, que dirigía las operaciones encubiertas de la CIA y que luego sería ascendido a jefe de la central de espionaje, aprobó los primeros planes MK (control mental), que inicialmente se llamaron Bluebird (Pájaro Azul), luego Artichoke (Alcachofa) y finalmente MK-ULTRA.

En 1951 Dulles puso al frente de la división al químico Sidney Gottlieb, del que ya hemos hablado en otra entrada.  Gottlieb era un tipo muy extraño que podría haber encabezado una película de terror. Era un inmigrante deforme que vivía en una cabaña aislada sin agua corriente y se levantaba antes del amanecer para ordeñar sus cabras.

Gottlieb le propuso a Dulles que negociara un acuerdo entre la CIA y el ejército, con un reparto de funciones: el ejército era la fábrica y la CIA el destinatario de las nuevas armas químicas y biológicas.

Así es como la CIA creó un laboratorios químico dentro de Fort Detrick para obligar a las cobayas y a los detenidos a “confesar la verdad”. El equipo de Gottlieb probó una asombrosa variedad de combinaciones de drogas, a menudo en conjunción con torturas como las descargas eléctricas o la privación sensorial.

Las cobayas las sacaban a la fuerza de prisiones y hospitales, incluida una prisión federal en Atlanta y un centro de investigación de adicciones en Lexington, Kentucky.

Al principio llevaban las cobayas a Fort Detrick, pero luego la CIA extendió Fort Detrick por Europa y Asia central, siguiendo un modelo que desde 2001 se haría famoso en Guantánamo y otros centros de tortura habilitados en bases militares del ejército estadounidense en todo el mundo.

Es posible que la primera prisión secreta de la CIA estuviera en el sótano de un chalet en la ciudad alemana de Kronberg, donde los científicos de la CIA trabajaban con antiguos verdugos nazis, también expertos en interrogatorios.

En uno de los experimentos administraron múltiples dosis de LSD a siete prisioneros en Lexington, Kentucky, durante 77 días seguidos. En otro, a los norcoreanos capturados les administraron drogas depresivas seguidas de potentes dosis de estimulantes. Luego les exponían a la privación de sueño, calor intenso y corrientes eléctricas.

Los experimentos causaron un número desconocido de muertes y muchas cobayas humanas acabaron recluidos en siquiátrico.

Una de las víctimas más conocidas de los experimentos fue Frank Olson, del que también hemos hablado aquí. Olson era uno de los espías de la CIA que siempre trabajó en Fort Detrick. Cuando abandonar la CIA, Gottlieb le convirtió en otra cobaya a la fuerza, drogándole con LSD. Una semana después, Olson murió tras caer de la ventana de un hotel en Nueva York, una muerte atribuida al suicidio por la CIA. La familia de Olson cree que lo tiraron por la ventana para mantener en secreto los experimentos que se llevaban a cabo en Fort Detrick.

La química no cumplió las expectativas de Gottlieb y los fármacos pasaron a formar parte del arsenal de venenos de la CIA. Una parte los integraban agentes patógenos que podían causar enfermedades como la viruela, la tuberculosis y el ántrax, así como varias toxinas orgánicas, entre ellas el veneno de serpiente y una molécula paralizante extraída de los moluscos. También desarrolló un veneno para matar a Fidel Castro y al dirigente congoleño Patrice Lumumba. Otro tipo de sustancias y gases estaban dirigidas a destruir los cultivos agrícolas mediante la difusión de plagas.

Cuando en 1959 se empezaron a conocer los secretos que guardaba Fort Detrick, los manifestantes tomaron por costumbre reunirse allá una vez a la semana. En un manifiesto decían que “ninguna justificación racional de la ‘defensa’ puede justificar los estragos de la destrucción masiva de la agricultura y las enfermedades que resultan de ella”.

En 1970 Nixon ordenó la destrucción las reservas existentes de toxinas biológicas, lo que se llevó a cabo en buena parte. Se salvó un lote de un tóxico extraído de los moluscos, conocido por el nombre de saxitoxina, una cianotoxina de tipo alcaloide con efectos neurotóxicos.

Dos botes que contenían cerca de 11 gramos de saxitoxina, suficiente para matar a 55.000 personas, estaban en el depósito de Gottlieb en Fort Detrick. Antes de que los técnicos del ejército pudieran retirarlos, dos oficiales de la división de operaciones especiales los metieron en el maletero de un coche y los llevaron a la Oficina de Medicina y Cirugía de Washington, donde la CIA mantenía un pequeño almacén de productos químicos.

Uno de los asistentes de Gottlieb testificó más tarde que ordenó esta operación sin informar a su jefe. Cuando se descubrió y destruyó la saxitoxina en 1975, Gottlieb se había retirado.

https://www.politico.com/magazine/story/2019/09/15/cia-fort-detrick-stephen-kinzer-228109

Más información:
– El científico que puso las nuevas formas de tortura a disposición de la CIA: Sidney Gottlieb
– Ewen Cameron, la ciencia al servicio de la tortura
– Frank Olson: el caso del asesino asesinado por sus iguales
– Guía práctica del perfecto criminal
– Las secuelas psíquicas de los lavados de cerebro financiados por la CIA en Canadá
– 13 experimentos macabros con seres humanos perpetrados por Estados Unidos

La caída del IPC encubre un fraude organizado a las economías domésticas

El precio del consumo registra la caída más alta en CeutaDiego Herchhoren
El Índice de Precios al Consumo (IPC) es un indicador absurdo que economistas y sindicalistas asalariados utilizan de manera recurrente para justificar sus sueldos. 
Es un engaño organizado por el cuál se decide, sin excesiva transparencia, si los salarios o jubilaciones aumentan o disminuyen en función del llamado «coste de la vida«.
El ÍPC del mes de marzo, según el INE, ha caído en picado en su tasa interanual (0,7%), tras 43 meses de subidas. Es decir, según la Administración «vivir es más barato» porque, de acuerdo a su base estadística ya no nos vamos de viaje al Caribe, gastamos menos en joyas o menaje del hogar y tenemos gasolina más barata. 
Seguro que sus bolsillos lo han notado muchísimo. Por cierto, recuerde que su hipoteca y las posibles variaciones de precio que pueda tener, no afectan al IPC, porque ni siquiera se lo tiene en cuenta. 
El problema viene cuando vemos qué consecuencias puede tener esta «caída» estadística en nuestras vidas, que no son baladís. Gracias a esta medición fraudulenta del precio de las cosas, la burguesía está preparando su batería ideológica para que los salarios y las fuentes de ingresos de la «economía subalterna» sean revisados a la baja, ya que de ninguna manera esta medición ha contemplado las subidas de precios que se han podido detectar en los últimos días en frutas, verduras, conservas y carnes (porque la clase trabajadora no come joyas ni viajes combinados), que son los productos del día a día.
De hecho, incluso días antes de que se publicaran estos datos del IPC, ya el Ministerio de Trabajo publicaba datos por los cuáles las subidas salariales pactadas no se iban a cumplir en sus términos «a causa del coronavirus«, y con expectativas de nuevas bajadas. Vaya al banco a pedir que le rebajen la hipoteca «a causa del coronavirus«, a ver qué le dicen.

El distanciamiento social se convertirá en la ‘nueva normalidad’ en Estados Unidos gracias a la ciencia basura

Marc Lipsitch: la ciencia basura no descansa
En Estados Unidos han comenzado a deslizar que las normas de “distanciamiento social” se prolongarán hasta 2022 y la CNN asegura se pueden convertir en “la nueva normalidad” (*), es decir, que intentan hacer pasar lo anormal como normal y lo ilógico como lógico, como ya hemos repetido en otras entradas.

Eso que llaman “distanciamiento social” no solo consiste en separar físicamente a las personas unas de otras de otras, sino en el confinamiento y el cierre de escuelas “a menos que una vacuna esté disponible rápidamente”.

Sólo una vacuna milagrosa nos puede salvar de esta pesadilla.

Naturalmente la imbecilidad llega de la mano de los expertos científicos que escriben artículos imbéciles en revistas del mismo jaez. Ciencia pura. En este caso se trata de investigadores de la Facultad de Salud Pública de Harvard, publicada el martes en la sacrosanta revista Science.

El artículo es otro ejemplo de esa acumulación de tonterías que hoy hacen pasar por ciencia, que consiste en inventarse los “escenarios posibles” de la actual pandemia. Es una cábala detrás de otra, una conjetura seguida de una hipótesis que acaba en un pronóstico parecido al de quien sustituye el laboratorio por un salón de bingo.

“Es posible que se requiera un distanciamiento intermitente hasta el 2022 a menos que se aumente sustancialmente la capacidad de los cuidados intensivos o se disponga de un tratamiento o una vacuna”, escriben estos tarados de Harvard. “Incluso en el caso de una aparente eliminación, la vigilancia del Sars-CoV-2 debe mantenerse, ya que un resurgimiento del contagio podría ser posible ya en 2024”.

Si se levanta la ley marcial “el virus volvería a rugir con bastante rapidez”, por lo que ya saben lo que debería hacer el mundo entero: mantenerla “durante varios años”, dijo a los periodistas el degenerado Marc Lipsitch, autor del estudio y profesor de epidemiología de Harvard.

Como los tarados no tienen suficiente con una infección, intimidan con otra, la reinfección, lo que se puede producir aunque tengas anticuerpos, hayas superado el contagio o te hayas vacunado.

Lo que quieren decir es que nunca te vas a poder librar de la pesadilla del coronavirus y, por lo tanto, nunca te vas a librar de la ley marcial.

Por eso va a ser importante extender los “certificados de inmunidad”, cuyas consecuencias la CNN pone entre interrogantes: “¿Crearían una especie de sociedad de dos niveles, donde aquellos que los tienen pueden volver a una vida más normal, mientras que otros permanecen encerrados?

Aunque los casos de coronavirus en Estados Unidos se han disparado, dice la CNN, el distanciamiento social “parece ser eficaz”. Robert Redfield, director de los CDC, asegura que es “una de las armas más poderosas” en esta guerra que han emprendido contra el coronavirus.

El distanciamiento social debe ser lo más grande posible, dice Redfield. Cuanto más nos alejemos unos de otros, mejor.

Todos los estados de Estados Unidos han impuesto el confinamiento, con castigos que pueden llegar hasta los seis meses de cárcel y una multa de hasta 1.000 dólares. En Florida, un pastor fue arrestado el mes pasado por continuar celebrando grandes servicios y se le acusa de reunión ilegal y violación de las reglas de emergencia de salud pública.

(*) https://edition.cnn.com/2020/04/14/health/social-distancing-research-coronavirus-2022-trnd/index.html

Más información:
– La histeria ha llegado para quedarse

¡Bienvenidos al socialismo!

Darío Herchhoren

La excusa de la pandemia de coronavirus, sirve para muchas cosas. Entre otras, para cargar sobre las clases menos privilegiadas el pago de esta macabra fiesta.

El imperialismo ha producido una de sus cíclicas catástrofes, que consiste en producir una enorme cantidad de mercancías que no tienen colocación en lo que se llama «el mercado». Pero ¿qué es el mercado? Se trata de una expresión ambigua, que tanto sirve para ofrecer trabajo a bajo precio, y entonces se trata del «mercado de trabajo», donde los trabajadores que solo tienen su capacidad de trabajo la cual venden a quien la compre, y el pago por esa venta depende de si hay demanda de trabajadores o no la hay. Si hay demanda de trabajo, los salarios suben y si no hay demanda o hay poca demanda, entonces los salarios bajan.

Esta sencilla ecuación tiene sin embargo sus riesgos, y no el menor de ellos, consiste en que si hay muchos trabajadores sin empleo, o con empleos precarios, y con salarios de mera subsistencia, se corre el peligro de que los trabajadores se organicen, hagan huelgas, protestas, y que al final se forme una bola de nieve que tenga tal volumen que sea imparable. Eso es lo que sucedió en los casos de las grandes revoluciones de la historia. Así sucedió en Rusia, en China y en Cuba.

Pero el capitalismo tiene también su «mercado de capitales», y ello consiste en que los bancos han acumulado tal cantidad de dinero que deben prestarlo, y a veces no hay quien pida dinero prestado, porque el dinero prestado por los bancos tiene el inconveniente de que hay que devolverlo. En ese caso, los bancos no pueden recibir dinero en depósitos, porque ya no encuentran a quien prestar ese dinero. No olvidemos que los bancos manejan dinero de los depositantes, y que al prestarlo corren el riesgo de que los que pidieron un crédito no puedan devolverlo, y si eso ocurre, el banco se encuentra con la dificultad de que no puede devolver lo que recibió, y a su vez no puede recuperar lo prestado, y si la situación se agrava entonces nos encontramos ante una bancarrota.

Esto suele tener un efecto dominó, es decir que las piezas del dominó están de pie una detrás de otra, y si una de esas piezas cae, empuja a la que stá delante, y entonces cae toda la fila.

Esto que parece un juego, no es ningún jolgorio. Se han juntado la crisis de superproducción, la enorme liquidez que tienen los bancos, y ello lleva a que se acumulan enormes stocks que no se pueden vender. Y esta cadena termina por romperse, y aquello de que el hilo se corta por lo más delgado tiene una aplicación en la práctica. Lo más delgado del hilo son los trabajadores, que solo tienen sus manos como único capital, y si la cadena se corta como parece que está ocurriendo ahora, nos encontramos ante una situación de quiebra generalizada. Y esto produce pánico entre los grandes capitales, que entonces se acuerdan de que existe el estado. Las ideas liberales y neoliberales, pregonan un estado flaco, delgado, y que no intervenga en la economía. Es el famoso «dejar hacer, dejar pasar».

El socialismo, preconiza justamente lo contrario de lo que acabamos de explicar. Los bancos están en manos del estado, que aplica políticas de fomento de las actividades económicas. La economía se planifica, y no existen las crisis de superproducción ya que las industrias en manos del propio estado fabrican solo aquello que está planificado para que no sobre ni falte nada. Los salarios están garantizados, no hay paro entre los trabajadores, ni tampoco hay inflación.

Parece que vivimos en el país de las maravillas de Alicia. Pero no hablamos de fantasías sino de hechos reales. En el socialismo las cosas funcionan así. Basta ver como vive el pueblo de la República Popular y Democrática de Corea y el pueblo cubano.

La crisis que el capitalismo venía anunciando para el año 2020, al fin se ha mostrado tal cual es, con su cara fea, horrible, con sus parados por millones, con trabajadores con salarios bajísimos, y el capitalismo ofrece como solución a estos males el fascismo, con pleno empleo, con salarios muy bajos, sin derecho a huelga, con una enorme represión y con supresión drástica de derechos. El estado se pone al servicio del gran capital que vuelve a amasar grandes fortunas, y la rueda no se para. ¿Es esto lo que queremos? Seguro que no.

En este momento, la burguesía se prepara para un largo invierno, y para sortearlo pide al denostado estado que le ayude. ¡Socialicemos las pérdidas y privaticemos las ganancias! En este momento vemos con claridad que el coronavirus, no es más que una excusa, y ya se está poniendo en marcha el control de la población mediante la prohibición de circular por las calles, encerrándonos en casa. Es solo un ensayo de lo que la burguesía pretende. Hay que organizarse para no permitirlo. La burguesía quiere al estado solo cuando este se pone a su servicio.

Impidámoslo.

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