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Día: 7 de abril de 2020 (página 1 de 1)

Estados Unidos y la Unión Europea planearon el secuestro de Maduro

La Casa Blanca y la Unión Europea planearon destituir a Maduro y Diosdado Cabello, y luego liquidar las instituciones constitucionales de Venezuela, excepto el ejército.

El 26 de marzo el Fiscal General William Barr emitió una orden de búsqueda y captura contra ambos, acusándoles de narcotráfico, y prometió una recompensa a quien ayudara a llevarlos ante los tribunales de Estados Unidos (1).

La Armada de Estados Unidos y la DEA debían secuestrar a los dos dirigentes venezolanos y encarcelarlos en Estados Unidos. Varios buques de guerra, incluyendo un destructor, ya estaban listos para ayudar al SouthCom, el mando operativo de Estados Unidos para el Cono Sur.

El 31 de marzo, el Secretario de Estado Mike Pompeo emitió un plan de “transición democrática” para Venezuela, una copia de la “Operación Causa Justa” que permitió a Washington recuperar el control de Panamá en 1989, según la Red Voltaire (2).

Inesperadamente, el Pentágono se opuso a la operación con el pretexto de que era “inapropiada”, por el avance del coronavirus en Estados Unidos.

En realidad, los altos jefes militares se han alineado con la oposición a Trump. El Mando Norte del Pentágono ha planeado destituirle con el pretexto de la gestión de la epidemia, según la Red Voltaire (3).

Un grupo de la inteligencia militar ha intentado bloquear el plan golpista, amenazando con detener a varios generales a los que acusaría de delitos sexuales.

El golpe de Estado en Estados Unidos ha salvado el golpe de Estado en Venezuela. Para llevar adelante sus planes, los golpistas necesitan que la epidemia se extienda por Estados Unidos para denunciar la incompetencia de Trump y apoderarse del poder “por motivos de salud pública”.

(1) https://www.justice.gov/opa/pr/nicol-s-maduro-moros-and-14-current-and-former-venezuelan-officials-charged-narco-terrorism
(2) https://www.voltairenet.org/article209609.html
(3) https://www.voltairenet.org/article209570.html

Más información:
– Fracasa un intento de secuestrar a Maduro por parte de antiguos boinas verdes y mercenarios
 

La falsificación de los certificados de defunción para inflar el alcance de la pandemia

Es algo nunca visto antes. Son muchos los gobiernos del mundo que están cambiando sobre la marcha, de manera apresurada incluso, los recuentos de mortalidad con el fin de inflar el alcance de la pandemia. Es una falsificación en toda regla de los registros oficiales.

En Estados Unidos, el 3 de abril una orden del Servicio de Estadística de los CDC dice: “Es importante señalar que la enfermedad del coronavirus 19, o Covid-19, debe notificarse para todas las muertes en las que la enfermedad haya causado o se sospeche que haya causado o contribuido a la muerte” (1).

Pero eso no es todo. La orden añade también que “en los casos en que no se pueda hacer un diagnóstico definitivo de Covid-19, pero se sospeche o sea probable (por ejemplo, porque las circunstancias sean convincentes con un grado razonable de certeza), es aceptable declarar Covid-19 en un certificado de defunción como ‘probable’ o ‘presunto’. En esos casos, los funcionarios certificantes deben utilizar su mejor juicio clínico para determinar si la infección por Covid-19 era probable”.

Más claro, agua: para inflar las cifras de pandemia, Estados Unidos ha incluido las sospechas de coronavirus como causas efectivas del fallecimiento de un enfermo.

La sanidad británica está haciendo lo mismo. El HSC de Irlanda del norte publica boletines semanales de vigilancia epidemiológica en los que define como “muerte por Covid-19” a los que mueran dentro de los 28 días siguientes al primer resultado positivo, independientemente de que haya sido o no la causa de la muerte (2).

La Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) del NHS de Inglaterra también publica semanalmente informes nacionales de mortalidad. El informe correspondiente a la semana 12 (del 14 al 20 de marzo) hace mención especial al cambio en la forma de contabilizar las cifras en el futuro (3).

El truco consiste en incluir cifras “provisionales” que se podrán ajustar en fechas futuras según las necesidades..

Hasta ahora la ONS ha informado de las estadísticas sobre el coronavirus recogidas por el Departamento de Salud y Bienestar Social, que sólo registraba como coronavirus las muertes de aquellos fallecidos en el hospital que dieron positivo en los tests.

Pero de ahora en adelante también incluirá en sus estadísticas las muertes por coronavirus “en la comunidad”, lo que incluye a las personas que no han sido diagnosticadas de coronavirus, pero sobre las cuales se sospecha que hayan podido tenerlo o que haya sido un “factor coadyuvante” en el fallecimiento.

Las directrices oficiales del NHS dirigidas a los médicos que cumplimentan los certificados de defunción son deliberadamente imprecisas: “Si antes de la muerte el paciente tenía síntomas típicos de la infección por Covid-19, pero no se recibió el resultado de la prueba, es correcto indicar ‘Covid-19’ como causa de la muerte, y luego informar del resultado de la prueba cuando esté disponible. En ausencia de muestras, basta con aplicar el juicio clínico”.

Son las consecuencias de la burocratización de la sanidad: una decisión política habilita a los médicos para indicar al coronavirus como causa de la muerte cuando no hay literalmente ningún indicio de que el fallecido tuviera siquiera el coronavirus.

Por lo tanto, en Inglaterra hay un buen número de muertes imputadas al coronavirus sin coronavirus.

Si todo eso conduce a cometer “errores”, no se podrán corregir jamás porque así lo imponen órdenes políticas que nada tienen que ver ni con la sanidad ni con la ciencia.

Veamos algo sobre lo que en España llamamos “enfermedades de declaración obligatoria”, en la que se incluye el coronavirus. En Inglaterra cuando una muerte se atribuye a una de esas enfermedades, el médico forense debe hacer la autopsia para confirmar que el diagnóstico es correcto (4).

Pues bien, también esa norma se va a modificar para sostener la patraña. El nuevo proyecto de ley sobre coronavirus modifica específicamente una ley de 2009 (5) para sacar a las muertes por coronavirus de una investigación con jurado (6). Es más, dicho proyecto de ley eximirá a las muertes por coronavirus de ser sometidas a una revisión médico forense.

Por si no fuera bastante este chanchullo, los médicos pueden certificar la causa de la muerte de un cadáver que nunca han analizado: “Todo médico autorizado puede firmar un CMCD [certificado de defunción] aunque el fallecido no haya sido tratado durante su última enfermedad y no haya sido visto después de la muerte, siempre que pueda establecer la causa de la muerte según su leal saber y entender” (7).

En la jerga jurídica, el “leal saber y entender” es sinónimo de “a ojo de buen cubero”, que es lo más opuesto que uno puede encontrar a la ciencia.

El truco ha causado sorpresa incluso en medio como la BBC, que la semana pasada le dedicó un artículo:

“Las cifras de mortalidad que se comunican diariamente son casos de hospitalización en los que una persona muere a causa de una infección de coronavirus en su cuerpo porque es una enfermedad de declaración obligatoria.


“Pero lo que los números no nos dicen es hasta qué punto el virus causó la muerte.


“Puede ser la causa principal, un factor contribuyente, o simplemente presente cuando la persona muere de otra cosa”.

La falsificación no es una hipótesis sino que ya ha ocurrido con un caso muy mencionado en la prensa británica porque se trataba de la “víctima más joven del coronavirus”, un adolescente de 18 años de Coventry que dio positivo el día antes de morir. No obstante, el hospital emitió una declaración diciendo que su muerte se debió a un problema de salud “significativo” que no tenía nada que ver con el virus (9).

Como el morbo estaba servido, todos se olvidaron de la declaración del hospital. Según la nueva normativa jurídica, aunque el hospital declare oficialmente que el coronavirus no fue la causa de su muerte, el joven está incluido en las estadísticas de muertes por dicho motivo.

El fraude está legalizado y las nuevas normas jurídicas han puesto a la ciencia de rodillas.

(1) https://www.cdc.gov/nchs/data/nvss/coronavirus/Alert-1-Guidance-for-Certifying-COVID-19-Deaths.pdf
(2) https://www.hiddensyria.com/wp-content/uploads/2020/04/COVID-19-Survellance-Bulletin-02.04.20.pdf
(3) https://www.ons.gov.uk/peoplepopulationandcommunity/birthsdeathsandmarriages/deaths/bulletins/deathsregisteredweeklyinenglandandwalesprovisional/weekending20march2020
(4) https://en.wikipedia.org/wiki/Notifiable_diseases_in_the_United_Kingdom
(5) http://www.legislation.gov.uk/ukpga/2009/25/section/7
(6) http://www.legislation.gov.uk/ukpga/2020/7/section/30#section-30-1
(7) https://www.judiciary.uk/wp-content/uploads/2020/03/Chief-Coroners-Office-Summary-of-the-Coronavirus-Act-2020-30.03.20.pdf
(8) https://www.bbc.co.uk/news/health-51979654
(9) https://www.dailymail.co.uk/news/article-8171223/Britains-young-coronavirus-victims-Teen-18-youngest-casualty-RSPCA-worker-26-dies.html

Durante décadas el coronavirus se ha propagado entre los seres humanos y nadie cayó enfermo nunca

Típica imagen falsa de un virus de colorines
La pregunta sobre “origen” del coronavirus carece de significado científico y conduce, además, a emprender tareas igualmente absurdas, como el “paciente cero”, el “foco” y el “contagio” o expansión del mismo.

Si un virus se expande, como dicen, reeditamos el mito bíblico de Adán y Eva, el Génesis, y vamos a otro mito, el del “paciente cero” que no se pudo “contagiar” de nadie, por lo que hay que empezar a partir de un animal, lo cual es un fenómeno médico extraordinario que a lo largo de las últimas pandemias se esfuerzan en presentarnos como “normal”.

Esta mañana el periódico South China Morning Post ha vuelto a abordar este asunto en un reportaje, que a pesar de sus muchas limitaciones, es interesante reproducir porque rompe el mito que han difundido durante esta pandemia, a saber, que el coronavirus es nuevo y nos ha pillado por sorpresa, por lo que carecemos de “defensas” frente a él (a diferencia del virus de la gripe).

Apoyándose en un artículo publicado en la revista científica “Nature Medicine” el 17 de marzo, el periódico afirma que el virus “saltó” de los animales a los humanos mucho antes de que se detectara el primer caso en Wuhan. Además, un artículo de Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, les permite añadir que el virus no se ha creado en un laboratorio.

Claro que Collins, un funcionario de la Casa Blanca, no es un fuente fiable para hacer una afirmación de esa naturaleza.

Si el coronavirus se ha estado propagado entre los seres humanos durante décadas, la pregunta es por qué entonces no causó ningún tipo de enfermedad, sino tampoco ningún síntoma médico, es decir, por qué se propagó “silenciosamente”, como dice el periódico.

La explicación de los científicos que acoge el periódico es otro tópico: porque contiene una mutación única que no se encontró en los animales anfitriones sospechosos, pero que “probablemente apareció durante infecciones repetidas en pequeños grupos en los seres humanos”.

Esta explicación es un circunloquio que conduce de un mito (“pacientes asintomáticos”, o sea, sanos a los que se pretende hacer pasar por enfermos), a otro: el de las mutaciones virales, las famosas “cepas” o variedades diferentes de un mismo virus.

Pero si un virus es capaz de mutar, entonces nos vamos a la madre del cordero de la virología: ¿son seres vivos los virus?, ¿cómo mutan y por qué?

Cuando a falta de hechos probados, se sustituye una hipótesis por otra, la cadena argumental se transforma en magia, como le ocurre a Collins, para quien el coronavirus pasó de los animales a los humanos “antes de que pudiera enfermar a la gente”. Con el transcurso del tiempo, un virus que no causaba ninguna enfermedad, se convirtió en mortífero, aunque sepamos ni cómo ni por qué.

Según Collins los virus “evolucionan” exactamente igual que cualquier otro ser vivo. “A través de cambios evolutivos graduales a lo largo de años o quizás décadas, el virus finalmente adquirió la capacidad de propagarse de un humano a otro causando una enfermedad grave, a menudo mortal”, dijo en un artículo publicado el jueves pasado en la página oficial de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

https://www.scmp.com/news/china/science/article/3077442/coronavirus-pathogen-could-have-been-spreading-humans-decades

El ‘escudo social’ del gobierno es en realidad un plan de rescate de las grandes empresas

Otro engaño más del gobierno PSOE-UP. El Ministerio de Economía ha anunciado que permitirá a las empresas que cotizan en el IBEX 35 que reciban parte de los 10.000 millones repartidos por el ICO entre la banca para aminorar el impacto de coronavirus en su negocio podrán repartir dividendos.

El Consejo de Ministros ha aprobado desde el 24 de marzo las condiciones para acceder al primer tramo de avales otorgado por Economía, que asciende en su primera parte a 20.000 millones de euros (de un total de 100.000 millones).

El tramo de los 20.000 millones se divide en uno de 10.000 millones para renovaciones y nuevos préstamos concedidos a autónomos y pymes, y en otro por la misma cantidad pero para grandes empresas.

De acuerdo a la información proporcionada en la web del ICO, se desprende que no se han impuesto restricciones a las grandes empresas que reciban este tipo de préstamos, algo que en otras circunstancias sería lo normal y que en el argot financiero se llaman “covenants” (condiciones que el prestamista impone al deudor: imposibilidad de repartir dividendos hasta el pago de un porcentaje del préstamo, reservas de ganancias, etc).

En el caso de la línea de avales ICO a estas grandes empresas, las imposiciones son 0, y prácticamente se delega en las entidades financieras la absoluta y completa gestión de los mismos. Este mecanismo fue el que en los años dorados de las Cajas de Ahorro resultó un completo desastre, ya que las entidades -que tenían obligación de evaluar la solvencia de sus futuros deudores- terminaron dando crédito a los amigos.

Si bien las circunstancias no son las mismas, esta metodología de “rescate” permite a los bancos otorgar crédito sin que sea necesario evaluar solvencia, porque en caso de impago «paga la casa» (es decir, el Estado).

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