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Día: 3 de abril de 2020 (página 1 de 1)

China acumula gigantescas reservas de petróleo aprovechando el desplome de los precios

China está aumentando las compras de petróleo en los mercados mundiales aprovechando la caída de los precios, según la agencia Bloomberg (1).

El gobierno chino también ha dado instrucciones a las instalaciones de almacenamiento privadas para que aumenten las compras de crudo.

El objetivo es mantener existencias públicas equivalentes a 90 días de importaciones netas, que podrían ampliarse eventualmente a 180 días mediante la inclusión de reservas comerciales.

90 días de importaciones netas de petróleo crudo representan unos 900 millones de barriles, aunque se desconoce el tamaño actual de las reservas públicas de China.

Anteriormente, Reuters había informado de que China había aumentado sus compras a Rusia y Estados Unidos (2), aprovechando la reducción de los precios del petróleo después de que Arabia saudí y Rusia se negaran a prorrogar un acuerdo para reducir la producción de petróleo.

El acuerdo con la OPEP expiró el 31 de marzo y no fue posible renovarlo porque Rusia y Arabia saudí no pudieron acordar los términos de su prórroga.

Los saudíes afirman que sin una reducción de la producción, que Rusia no aceptó, el acuerdo no tiene sentido. Tras retirarse del acuerdo, los saudíes planean conquistar el mercado del petróleo tirando los precios.

La superproducción de crudo está alcanzado cotas nunca alcanzadas y la demanda mundial podría disminuir entre 26 y 30 millones de barriles, ya que el consumo de materias primas ha disminuido drásticamente debido a la crisis del capitalismo.

(1) https://www.bloomberg.com/middleeast
(2) https://www.reuters.com/%20

El Pentágono sabía desde hace tres años la ‘llegada’ de una pandemia de ‘gripe común’ por coronavirus

El coronavirus es relativamente conocido en los laboratorios desde al menos 50 años, de manera que no es exacto decir que haya “llegado” de algún sitio. Ya existía y, como hemos relatado en otras entradas, con anterioridad a la histeria se habían producido alertas e incluso ensayos de pandemia, aunque fueran de tipo circense.

Por lo tanto, no hay ningún “brote” o, por lo menos, no ha sido “imprevisto”. Mucho menos cabe decir, como Trump, que “surgió de la nada”. Ni siquiera de Wuhan.

El 6 de enero de 2017 el Pentágono elaboró un plan de 103 páginas en el que hablaba de la “amenaza” de una “nueva gripe”, e incluso de que podía producirse una escasez de camas en los hospitales, así como de material sanitario.

El plan está publicado en internet (1) y su filtración forma parte de la campaña del Partido Demócrata y sus aliados (prensa, espionaje) contra Trump, que no ha cesado desde que llegó a la Casa Blanca y que no ha sido capaz de atajar, como ya hemos explicado repetidas veces aquí.

“La amenaza más probable y significativa es una nueva enfermedad respiratoria, especialmente una nueva enfermedad de gripe”, advertía el Pentágono, que hace referencia expresa al coronavirus en varias ocasiones, por ejemplo al afirmar que “las infecciones por coronavirus [son] comunes en todo el mundo”.

Esos términos que los demás hemos aprendido hace un par de días, ya los utilizaba el Pentágono hace años, quien reconoce, además, que no había ningún “brote” porque las infecciones eran “comunes”, o sea, nada del otro mundo, nada que a ellos les haya podido sorprender en absoluto.

El plan era una actualización de otro anterior del mismo Pentágono para hacer frente a una “pandemia de gripe”, señalando que “incorpora las lecciones aprendidas de varios brotes recientes, entre ellos […] el coronavirus del Síndrome Respiratorio del Oriente Medio 2012”, es decir, el MERS.

El Pentágono ha filtrado un plan que, en principio, era confidencial, a través de The Nation (2), el típico órgano mediático de los progres made in USA. A su vez, el medio se ha dirigido a Denis Kaufman, que encabezó la División de Enfermedades Infecciosas y Contramedidas de la Agencia de Inteligencia de Defensa, quien admite que el espionaje militar era “consciente de los peligros del coronavirus desde hace años”.

La inteligencia militar sabía, pues, del coronavirus, de las “infecciones comunes” que podía causar, e incluso de la escasez de material sanitario que se iba a producir, lo que aumentaría el número de víctimas, con “un impacto significativo en la disponibilidad de la fuerza de trabajo mundial”.

Queda claro que el Pentágono no se refería sólo a Estados Unidos. “Incluso los países más industrializados no dispondrán de suficientes camas de hospital, equipo especializado como ventiladores mecánicos y productos farmacéuticos de fácil acceso para tratar adecuadamente a sus poblaciones durante una pandemia clínicamente grave”, dice el informe.

Otra predicción del Pentágono se concentra sobre las vacunas frente al coronavirus, su escasez y, por consiguiente, la “competencia mundial” para apoderarse de ella.

(1) https://www.scribd.com/document/454422848/Pentagon-Influenza-Response
(2) https://www.thenation.com/article/politics/covid-military-shortage-pandemic/

Teoría y práctica del contagio y la vacunación a lo largo de la historia de la medicina

El conocimiento es un hacer o, en expresión de Sócrates, lo que mejor conoce el hombre es aquello que sabe hacer. El “Homo sapiens” empieza y acaba en el “Homo faber”. Hoy los marxistas expresan el mismo principio cuando hablan de la “unidad de la teoría y la práctica”.La medicina siempre fue una práctica o, si se quiere llamar de otra manera, un “arte”, algo que se hace con las manos. Palabras como “cirujano” o “quirófano” proceden del griego “khir” que significa mano.

Hasta hace muy pocos años en España aún existían “practicantes” que eran trabajadores sanitarios que ponían las inyecciones a domicilio. A los médicos se les llamaba “prácticos” e incluso “empíricos” porque eran personas que se movían sobre el terreno, en medios muy concretos, especialmente rurales.

Un enfermo no es un laboratorio; los seres humanos no somos iguales, ni cuando estamos sanos ni cuando estamos enfermos. No hay dos enfermos iguales. El remedio que vale para uno quizá valga para otro; pero quizá no.

Las crónicas del colonialismo cuentan las epidemias de “fiebre amarilla” que surgían en los barcos cargados de esclavos africanos y cómo afectaban a unos, los negreros, mientras los otros permanecían inmunes. Unos no contagiaban a otros a pesar de compartir durante la travesía un mismo espacio, muy reducido por lo demás.

Naturalmente que la medicina también tiene una teoría, e incluso varias y diferentes, algunas de las cuales son antiquísimas. Los tratados de medicina se cuentan entre los libros más antiguos, lo mismo que las facultades que enseñan la disciplina.

La medicina se apoya en la “experiencia” y las epidemias forman parte de ella, lo mismo que la inmunización y, lógicamente, la vacunación. Esa experiencia no ha surgido hoy sino que es secular y concierne a todo el mundo.

Los hechiceros de las tribus africanas, especialmente las mujeres, y los curanderos chinos e hindúes inmunizaban a la población hace ya muchísimos siglos, sobre todo a los pastores, los ganaderos y otras profesiones que tenían relación con la cría de animales.

Cuando los pueblos de África padecían viruela, envolvían las pústulas del brazo enfermo con un ligamento hasta que se quedaba adherida. Con él aplicaban una cataplasma en el brazo de los niños sanos para inmunizarles.

Los ganaderos ingleses también practicaban medios tradicionales de inmunización que en 1796 Edward Jenner puso por escrito, dando a conocer en occidente lo que en oriente ya sabían desde muchos siglos antes.

Pero ya saben lo que les ocurre a los occidentales; se creen el ombligo del mundo y han convertido a Jenner en el “padre de la inmunología”, como dice la Wikipedia (1) en una de sus tantas estupideces.

National Geographic tampoco se queda atrás al atribuir a Jenner la invención de las vacunas, calificándole como “el científico que más vidas ha salvado” (2).

Así podriamos seguir hasta aburrir a los lectores con miles de declaraciones absurdas del mismo estilo, o peores incluso. Algunos dicen que Jenner fue médico, pero vean un detalle: Jenner no pudo conseguir su título de medicina, que a finales del siglo XVIII sólo expedían las Universidades de Oxford y Cambridge en toda Inglaterra a cambio de una importante cantidad de dinero. En los Colegios de Médicos nunca le admitieron. Jenner era un “empírico” al que la medicina oficial no admitió en sus filas. Hoy le despreciarían, le calificarían de “curandero” o cosas peores, sobre todo esa banda de cretinos que despotrican contra los “magufos”.

Jenner ha subido a los altares de la ciencia después de ser un proscrito. En su época hizo algo que hoy los médicos no se atreven: experimentó por sí mismo, en su propio cuerpo, algo que echamos de menos en esos que están empeñados en hacer con los demás experimentos que jamás harían consigo mismos.

En los documentos más antiguos, a la vacunación la llamaban “variolización”. Los primeros aparecen en el siglo XVI en China. Sin embargo, la mención más antigua de esta práctica en los círculos intelectuales europeos no aparece hasta 1671, cuando el médico alemán Heinrich Voolgnad menciona el tratamiento con “viruelas de buena especie” que llevaba a cabo un “empírico” chino en las zonas rurales de Europa central.

Los médicos turcos aprendieron en India las prácticas populares de vacunación y tendieron un puente para que las terapias orientales se conocieran en occidente.

Hay, pues, una ingente experiencia práctica y teórica, tanto sobre epidemias como sobre vacunación, tanto sobre seres humanos como sobre ganado, que los manuales de medicina y veterinaria casi tienen olvidada porque están enfrascados en los laboratorios y los microscopios.

La vacunación es una parte consolidada de la ciencia y, ciertamente, ha salvado muchas vidas, tanto de seres humanos como de ganado, lo cual no puede hacer olvidar a nadie que, en definitiva, una vacuna es una intervención artificial sobre un cuerpo que está sano y que, en consecuencia, no necesita que le curen de nada.

Queda por contar la otra parte de la historia, que concierne a las vidas que han costado determinadas vacunas y los negocios organizados en torno a ellas. Esa parte negra de la medicina y la veterinaria forma parte de la ciencia exactamente igual que la otra.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Jenner
(2) https://historia.nationalgeographic.com.es/a/edward-jenner-probablemente-cientifico-que-mas-vidas-ha-salvado-historia_14242

Un tribunal pakistaní ordena la liberación del yihadista condenado por la decapitación de Daniel Pearl

El yihadista británico Omar Sheikh
Esta es la tercera entrada que dedicamos a la decapitación del periodista estadounidense Daniel Pearl y a su asesino, el espía y yihadista británico Omar Sheikh. En cuanto no sea imprescindible, no vamos a repetir lo que ya hemos narrado con anterioridad.

El motivo de volver sobre el asunto es que un tribunal de Pakistán acaba anular su condena, lo cual pone de manifiesto las presiones de los imperialistas británicos para conseguir la liberación de uno de sus peones de brega.

Tampoco repetiremos por enésima vez que el imperialismo y el yihadismo son las dos caras de la misma moneda y que los últimos instigadores de que hayan rodado tantas cabezas en el mundo durante décadas son principalmente los gobiernos de Washington, Londres y París.

Sheikh, también conocido como Ahmed Saeed Sheikh, fue condenado a muerte en 2002 por el secuestro y asesinato de Pearl ese mismo año, una pena que le fue conmutada por 7 años de prisión incondicional.

El fiscal del caso, Saleem Akhtar, confirmó la liberación del matarife, añadiendo que tenía intención de apelar la decisión del tribunal, que aún no se ha ejecutado.

Otros tres cómplices, Salman Saquib, Fahad Nasim y el jeque Adil, también fueron condenados en 2002 a cadena perpetua, entre otras cosas, por enviar correos electrónicos a Estados Unidos reivindicando el secuestro y asesinato atroz del periodista. También están en la calle.

Pearl era corresponsal del diario Wall Street Journal y desapareció el 23 de enero de 2002 en Karachi cuando iba a entrevistar a un dirigente yihadista de Al-Qaeda.

El periodista Daniel Pearl
El periodista realizaba un trabajo realmente arriesgado en aquel momento: destapar las redes islamistas, entonces muy consolidadas en Karachi, poco después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas.

Aquellas redes no podían salir a la luz, por lo que le secuestraron, una acción reivindicada por una organización poco conocida, que pidió la liberación de los pakistaníes que habían sido capturados por el ejército de Estados Unidos en Afganistán y trasladados al campo de concentración de Guantánamo.

Tras un mes de secuestro, su muerte se anunció mediante un vídeo al consulado de Estados Unidos en Karachi, en el que aparecía Pearl con la garganta seccionada.

Sheikh, de 29 años de edad, hijo de una familia burguesa adinerada, nació, creció y vivió en Gran Bretaña. Desde el primer momento confesó ser el instigador del secuestro, aunque durante el juicio negó los hechos.

El día que los tribunales dictaron su condena amenazó a Pakistán con tomar represalias, lo cual es extraño en alguien que ha sido condenado a muerte. “Veremos quién muere primero, yo o las autoridades que arreglaron mi sentencia de muerte”, escribió en un mensaje que fue leído por uno de sus abogados.

Luego apeló y la revisión del juicio se aplazó docenas de veces. La condena había aplacado el primer golpe de efecto y era necesario ganar tiempo para apañar una segunda resolución, cuando las aguas se calmaran, las presiones surtieran su efecto y todo quedara en gua de borrajas.

En 2016 el ejército pakistaní dijo que había frustrado un ataque planeado en el que participaron varias organizaciones yihadistas y dos coches bomba para liberar a Sheikh de la Prisión Central de Hyderabad, donde cumplía condena.

Tras la muerte del periodista, se creó el Proyecto Pearl con el fin de investigar los hechos. En 2011 concluyó que los tribunales pakistaníes habían cometido un error, ya que los cuatro condenados por su asesinato ni siquiera estuvieron presentes en su ejecución.

Según Asra Nomani, una antiguo colega y amiga del periodista que dirigió la investigación, quien lo ejecutó fue Jaled Sheikh Mohammed, el autoproclamado “cerebro de los ataques del 11 de septiembre de 2001”.

Mohammed fue detenido en 2003 y está encarcelado en Guantánamo. Un psicólogo que lo interrogó dijo que el detenido le había confesado que fue quien decapitó a Pearl.

Más información:
– Crónica de la decapitación brutal de un periodista
– Los gobiernos ‘de izquierda’ condujeron a la OTAN con metiras a una guerra de agresion en los Balcanes

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