La web más censurada en internet

Día: 22 de marzo de 2020 (página 1 de 1)

Italia: la histeria del coronavirus no se sostiene con cifras oficiales

El 17 de marzo el Instituto Superior de Salud Pública de Italia publicó (1) un informe oficial muy esclarecedor sobre la paranoia del coronavirus. Siendo Italia hoy el ojo del huracán de la “pandemia”, las conclusiones no pueden ser más relevantes.

De 2003 casos fatales, la media de edad de los fallecidos está por encima de los 80 años. Las mujeres representan el 30 por ciento de los fallecimientos (601) con una edad media de 83,7 años. Los hombres fallecidos tenían una media de 79,5 años.

Edad             Número de muertes

30–39            5
40–49            12
50–59            56
60–69            173
70–79            707
80–89            852
90 +              198

La edad media de los fallecidos corresponde a la esperanza de vida italiana en un año: 84,8 años para las mujeres y 80,5 años para los hombres, con una esperanza de vida sana de 72,8 años, según el informe de la OMS de 2015.

En el informe se identifican las patologías preexistentes sobre la base de una muestra de 355 casos, el 18 por ciento de todas las víctimas, con el siguiente balance:

Muertos          Número de patologías

3                      0 (0,8 por ciento)
30–39              5
40–49              12
50–59              56
60–69              173
70–79              707
80–89              852
90 +                198

La edad media de los fallecidos corresponde a la esperanza de vida italiana en un año: 84,8 años para las mujeres y 80,5 años para los hombres, con una esperanza de vida sana de 72,8 años, según el referido informe de la OMS.

Los fallecidos con menos de 40 años son casos aislados. Uno, de 39 años con un tumor previo; otro, de 39 años, sufría diabetes, obesidad y otras dolencias. El 15 de marzo hubo también un fallecido de 38 años, hasta ahora el más joven de Italia, en la región de Puglia. El joven estaba en silla de ruedas y llevaba años de tratamiento de diálisis.

En el informe se identifican patologías preexistentes sobre la base de una muestra de 355 casos (el 18 por ciento de todas las víctimas):

Muertos     Número de patologías

3                 0 (0,8 por ciento)
89               1 (25,1 por ciento)
91               2 (25,6 por ciento)
172             3 (48,5 por ciento)
3                 0 (0,8 por ciento)

En la muestra analizada por el ISS sólo 3 personas (el 0,8 por ciento), no tenía ninguna patología. En promedio, las personas que murieron por el coronavirus sufrieron otras 2,7 patologías.

El informe del ISS afirma que sólo 17 víctimas eran menores de 50 años, 5 de ellas menores de 40 años. Todos ellos son hombres que padecen graves patologías preexistentes (cardiovasculares, renales, psiquiátricos, diabéticos, obesidad).

La microbióloga y directora del Hospital Sacco de Milán, Maria Rita Gismondo, uno de los hospitales en la zona cero, lo resumió muy claramente en una intervención en el canal de televisión Rete 4: “El efecto del coronavirus es similar al de una gripe estacional. Recordemos que en Italia, en 2019, han muerto 8.000 personas por gripe estacional. Las muertes por coronavirus no significa que han muerto por coronavirus, sino que al morir portaban el coronavirus” (2).

Lo mismo sostuvo Angelo Borrelli, director de Protección Civil Italia, el 10 de marzo: “Hay que precisar que no se trata de muertos por coronavirus, sino de personas que han fallecido y entre sus diversas patologías tienen el coronavirus” (2).

El año pasado en Italia murieron 647.000 personas por todo tipo de causas. Los muertos atribuidos al coronavirus son 3.400 por lo que, de momento, el aumento de mortalidad es insignificante: poco más de un 0,5 por ciento.

(1) https://www.epicentro.iss.it/coronavirus/bollettino/Report-COVID-2019_17_marzo-v2.pdf

(2) https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-03-18/sistema-salud-italia-coronavirus_2501467/

Ultimátum de Rusia a Turquía y a sus milicias yihadistas

En contra del acuerdo alcanzado por Rusia y Turquía, los yihadistas no han respetado el alto el fuego y Turquía y Ankara no ha podido (o no ha querido) obligarles a ello.

Como consecuencia de ello, Rusia ha emitido un ultimátum a ambos para imponerlo, según informó el viernes Al-Masdar News.

Moscú considera que Idlib y Aleppo deben quedar completamente liberadas de yihadistas.

“Las fuerzas armadas rusas dieron a los terroristas de Idlib hasta finales de marzo para abandonar todas las áreas alrededor de la autopista M4. Según los informes, todos los grupos terroristas, incluidas las fuerzas apoyadas por Turquía, deben abandonar la autopista M4 y sus alrededores”.

Si los yihadistas no abandonan la zona de la autopista M4, el ejército sirio, con el apoyo del ejército ruso, reanudará la ofensiva en la provincia de Idlib.

Dada la reciente acumulación de fuerzas del ejército sirio en el sur de Idlib, parece que se concentrarán en las dos ciudades estratégicas de Jisr Al-Shoghur y Ariha, que están situadas a lo largo de la autopista M4, según Avia.pro, cercano al Ministerio de Defensa ruso.

Algunos yihadistas ya han rechazado el acuerdo con Moscú, por lo que es probable que no se retiren de la autopista M4 a finales de este mes.

En el contexto del ultimátum ruso, Turquía ha comenzado a retirar sus armas pesadas de la provincia de Idlib, en particular, los tanques, la artillería y las lanzadoras múltiples.

Hace dos días, grupos armados cercanos a Turquía, que se han negado a respetar el alto el fuego en la provincia de Idlib, desplegaron fuerzas adicionales en el frente.

Los yihadistas se están preparando para una contraofensiva e intensifican las amenazas contra la policía militar rusa que patrulla a lo largo de la autopista M4 cerca de sus posiciones.

El 7 de marzo el contraalmirante Oleg Zhuravlev, jefe del Centro Ruso para la Reconciliación de las Partes en Conflicto en Siria, informó de que los yihadistas con base en la zona de distensión de Idlib habían violado el alto el fuego establecido el 6 de marzo en 19 ocasiones en un solo día.

El capitalismo es incompatible con la salud pública

I El capitalismo es un modo de producción guiado por el lucro individual. Unos se hacen ricos no sólo a costa de otros sino a costa de cualquier cosa. Todo lo que no sea lucro no importa nada. Nadie presta ninguna atención a algo no da dinero.

La salud no es rentable y, por lo tanto, no es un negocio; el negocio está en la enfermedad. Luego, donde hay un negocio tiene que haber enfermos, cuantos más mejor.

La enfermedad es el reverso de la salud. Mientras la primera es un negocio real, basado en el lucro, la salud es la ideología que lo encubre. El negocio se monta en torno a la enfermedad pero se justifica en torno a la salud.

Además, tampoco se defiende con argumentos egoístas sino altruistas; por el bien de los demás. Es uno de esos pocos momentos en los que el capitalismo aparenta que se preocupa “por el bien común”.

Hay dos maneras de ampliar el mercado de la enfermedad: o bien lograr que los sanos enfermen, o bien convencerles de que no están sanos sino enfermos.

Uno de los lemas de la medicina moderna es: “No hay personas sanas sino mal diagnosticadas”. Si un médico busca a fondo, siempre encuentra una enfermedad, real o ficticia. Desde hace un siglo el mercado de la enfermedad se ha ampliado con las epidemias y las pandemias.

Cualquier análisis clínico de una persona sana encuentra bacterias y virus porque en el cuerpo humano hay muchas más bacterias y virus que células. Permanecemos vivos gracias a nuestras bacterias y virus, que no sólo vienen “de fuera” sino que los llevamos dentro desde el mismo momento de la gestación.

Una manera de conseguir más enfermos es diagnosticar más enfermedades, cuantas más mejor. Desde el descubrimiento del litio medicinal hace 50 años, cada vez hay más enfermedades síquicas, más enfermos, más personas medicalizadas y más personas encerradas que no han cometido ningún delito.

Algunos de los monopolios más grandes del mundo se han organizado en torno a la enfermedad y, sobre todo, a enfermedades masivas. Son las empresas aseguradoras, las mutuas y las farmacéuticas. Ellas dictan la política sanitaria mundial, y no lo hacen por ninguna razón médica, sino para ganar más dinero (única y exclusivamente).

Con el pretexto de la salud, las industrias del gremio se han convertido en una gigantesca lavadora de dinero. Además de sus beneficios propios, obtienen subvenciones, exenciones fiscales y donaciones privadas. Para ello cuentan con redes de fundaciones benéficas y ONG.

II Las enfermedades encubren la explotación. Una de las mayores plagas del capitalismo son los mal llamados “accidentes de trabajo”, las mutilaciones y gravísimas lesiones de los obreros para toda la vida, así como las enfermedades que tienen su origen en el trabajo. Pero ningún gobierno ha declarado una epidemia por ese motivo.

La reforma laboral impuso el despido de los enfermos. El sistema sanitario no admite que las bajas laborales se prolonguen porque pueden dar lugar a una pensión por incapacidad, es decir, alguien que estaba generando dinero, deja de ser rentable y se convierte en una carga.

La actividad o inactividad de un trabajador (baja, invalidez, incapacidad) no se determina por razones médicas, sino económicas, por lo que depende de una burocracia integrada por distintos tipos de tribunales.

Las pensiones que paga el sistema público son tan sumamente miserables que los trabajadores no se lo pueden permitir y tienen que seguir en activo a pesar de su enfermedad. Por el mismo motivo, también obligan a los pensionistas a seguir trabajando de manera encubierta.

Por lo tanto, a efectos de la explotación, el capitalismo funciona a la inversa: convierte a los (trabajadores) enfermos en sanos para que la maquinaria del lucro no se detenga.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies