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Día: 31 de enero de 2020 (página 1 de 1)

Soldados entrenados por Estados Unidos cometieron la masacre de El Mozote en 1981 en la que mil campesinos salvadoreños fueron asesinados

Por primera vez el general salvadoreño Juan Rafael Bustillo ha reconocido que el batallón Atlácatl, una fuerza de élite entrenada por Estados Unidos, fue el responsable de la masacre de El Mozote, perpetrada en 1981, en la que fueron asesinados 985 campesinos desarmados.

La matanza El Mozote está considerada no solo el mayor acto de violencia contra población civil cometida por funcionarios del Estado durante la Guerra Civil de El Salvador, sino también la peor masacre del Hemisferio Occidental en los tiempos modernos.

La mayoría de las personas torturadas y asesinadas por las fuerzas apoyadas por Estados Unidos eran mujeres y niños.

La admisión tuvo lugar cuando el Departamento de Estado estadounidense impidió el ingreso a Estados Unidos a trece exoficiales del ejército salvadoreño acusados de organizar la ejecución extrajudicial de seis sacerdotes jesuitas, su empleada doméstica y la hija de esta en 1989.

Al igual que la masacre de El Mozote, el asesinato de los sacerdotes jesuitas fue llevado a cabo por soldados entrenados por Estados Unidos.

El batallón Atlácatl fue adiestrado por la CIA en la Escuela de las Américas.

El 10 de diciembre de 1981, unidades del batallón Atlácatl del ejército salvadoreño llegaron a El Mozote en busca de insurgentes del FMLN. El Mozote era una pequeña población rural con cerca de veinticinco casas situadas alrededor de una plaza.

A su llegada, los soldados ordenaron a los vecinos que salieran de sus casas y formaran en la plaza. Allí les pidieron información sobre las actividades de la guerrilla y luego les ordenaron que volvieran a sus casas y permanecieran encerrados hasta el día siguiente, advirtiendo que dispararían contra cualquier persona que saliera. Los soldados permanecieron en el aldea durante toda la noche.

A la madrugada del día siguiente, los soldados volvieron a reunir a la población entera en la plaza. Separaron a los hombres y ancianos de las mujeres y de los niños, y los encerraron en grupos separados: en la iglesia al primer grupo y en una casa al segundo. Durante toda la mañana procedieron a interrogar mediante torturas a los pobladores. Cada hombre, mujer y niño, al terminar la sesión de tortura, era ejecutado.

La CIA utilizó al espionaje argentino contra los países del ALBA para derrocar a Evo Morales en Bolivia

La estación de la CIA en La Paz instruyó al Jefe de la Agencia Federal de Inteligencia Argentina (AFI) en Bolivia, José Sánchez, para que apoyara la recopilación de información sobre Evo Morales y sus administraciones y a todos los funcionarios cubanos, venezolanos y nicaragüenses que residen en Bolivia, incluidos los diplomáticos.

Para cumplir con el encargo, José Sánchez no solo utilizó sus agentes en el país, sino que también solicitó el apoyo de representantes en Brasil, Colombia y Perú.

La estación de la CIA en Bolivia requirió la siguiente información de la AFI argentina:

1. La elaboración de perfiles psicológicos de los principales líderes del gobierno boliviano, especialmente de los ministros más influyentes. Esto incluye a Juan Ramón Quintana y Diego
Pari.

2. Recopilación de inteligencia que pueda vincular a los funcionarios del gobierno boliviano con el narcotráfico.

3. Recopilación de inteligencia sobre los negocios privados de los funcionarios del gobierno boliviano que pueden ser vinculados a los estafadores de la corrupción.

4. La identificación de ciudadanos cubanos, venezolanos y nicaragüenses que trabajan en Bolivia

5. La identificación de los diplomáticos de dichos países que trabajan en Bolivia.

Esta información sería utilizada por los Servicios Especiales de Estados Unidos para llevar a cabo campañas mediáticas contra Evo Morales, tanto antes como después de las elecciones como parte del esfuerzo para evitar su reelección.

José Sánchez mantuvo estrechos lazos con los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos, que iban más allá de sus deberes como diplomático. Esto incluía a Rolf Olson y Annette Dorothy Blakeslee, ambos oficiales de la estación de la CIA en La Paz.

Asimismo, Annette Dorothy Blakeslee estuvo en Nicaragua como oficial médico de la USAID en la embajada de Estados Unidos en Managua. Es una de las tapaderas diplomáticas usadas por la CIA en sus operaciones secretas.


Sánchez tenía una cobertura diplomática, pero en realidad servía de enlace con los servicios secretos de varios países. Estaba a cargo de dos estaciones de la AFI en Bolivia: una en La Paz y la otra en el Consulado de Santa Cruz. Este último fue utilizado para repartir fondos para la oposición en esta ciudad. Los fondos, a su vez, eran proporcionados por la embajada de Estados Unidos.

A pesar de que estaba previsto que terminara su misión el 2 de diciembre, Sánchez fue misteriosamente relevado de su cargo sólo dos meses antes de que se produjera el golpe contra Evo.

https://bbackdoors.wordpress.com/2020/01/30/behind-the-coup-the-argentine-intelligence-agency-afi-in-bolivia/

La matanza franquista de ‘Los cien de Almonte’: lo que hacían es ‘matar y robar’

Juan Miguel Baquero

Manuel se acerca con un papel en la mano. Lo entrega al periodista, como carta de presentación. Tiene un título: Matarifes Almonte. Porque es un listado «con los asesinos de mi pueblo», dice. Alguno de esos nombres mató a su padre, Antonio, asesinado en septiembre del 36. Su hijo, 83 años después, sigue buscando sus huesos y denunciando a quienes lo ejecutaron. 83 años después, la matanza franquista de ‘los cien de Almonte’ sigue viva.

Las víctimas del franquismo en esta comarca de Huelva lindante con el Parque Nacional de Doñana ni siquiera han tenido la oportunidad de buscar las fosas donde yacen sus familiares. Hasta ahora. Tras décadas de espera, la tierra ha comenzado a dar respuestas sobre los posibles paraderos de quienes hoy, todavía, siguen siendo desaparecidos.

Las tareas de localización corresponden a un proyecto arqueológico financiado por el Ministerio de Justicia. Como otras en suelo andaluz, caso de Nerva, también en la provincia onubense, o Utrera (Sevilla). La comunidad es la más castigada por la violencia golpista, con al menos 45.566 víctimas en 708 fosas comunes.

Unas cifras globales que superan a la violencia de Estado en Argentina y Chile, juntas. Pero la Junta de Andalucía, mientras, cumple un primer año de Gobierno de PP y Ciudadanos, sostenido por la extrema derecha de Vox, sin aprobar la exhumación de ni una nueva tumba ilegal de la guerra civil o la dictadura de Francisco Franco.

«Llegaron cuatro golfos asesinos y se lo llevaron por ser de izquierdas, y ya está, por querer la democracia», arranca Manuel Rodríguez Castilla. Tiene «89 años bien cumplidos», remarca, y sigue buscando a su padre, Antonio Rodríguez Soltero. «Y tenían tan pocos cojones que los mataban amarrados», denuncia.

Manuel está sentado en una acera del cementerio de Hinojos. Por ahí dicen los testimonios orales que estaría enterrado su padre y una parte de los cien vecinos que el fascismo mató en Almonte, incluida una mujer, conocida como Francisca la Charamusca.

Las máquinas han descartado unas primeras posibles ubicaciones. Queda seguir trabajando documentación y testimonios, en una tarea asumida por un equipo científico encabezado por la arqueóloga Elena Vera.

El mundo de la Memoria Histórica espera que el nuevo Gobierno de coalición PSOE–Unidas Podemos dé un impulso a las exhumaciones de fosas del franquismo. Empezando por las propias familias de represaliados.

Del otro lado del relato están las páginas casi en blanco que vienen sumando las derechas en Andalucía. Sin nuevas fosas aprobadas, más allá de las intervenidas este año que provienen de la legislatura anterior, como la del terror en Villaverde o la del Cojillo y las financiadas por el Estado, caso de la tumba que ejemplifica los asesinatos de madres «por sustitución».

O como el convenio a tres de Pico Reja en Sevilla, junto a la Diputación y adjudicado ya por el Ayuntamiento, y el inicio del Plan de Memoria 2020 sin aclarar cuánto ha gastado del presupuesto 2019.

Y, mientras, una parte de los más de 100.000 desaparecidos ya nunca podrán ser localizados. Como certificó el informe encargado por la Dirección General de Memoria Histórica del Ministerio de Justicia, “el tiempo sigue corriendo contra las víctimas del franquismo”.

«Es lo que hacían, matar y robar», continúa Manuel. Y «estos son los asesinos», reafirma señalando un listado con más de medio centenar de nombres, apellidos y apodos como el Caballero, el Tuerto, el Espartero o el Cojo Pataslargas. Todos de Almonte, «donde mismo vivo hoy», apunta el hijo de Antonio.

«Hemos convivido toda la vida con quienes mataron a nuestros padres». Porque eran «voluntarios matando gente» que nunca «han dicho nada en un juzgado», sostiene con firmeza. «Ya han pasado 83 años, ¿no voy a poder decir yo quiénes eran?», plantea.

La madre de Manuel, Isabel Castilla, quedó viuda en una madrugada a inicios de septiembre de 1936. «La dejan sola con un montón de criaturas». En su casa, aquel niño ya solo oiría «nada más que suspiros». Porque la represión fascista contra ellas tenía una saña especial. Los golpistas, en Almonte, mataron a 99 hombres y una mujer.

«Me llamo Mercedes Isabel Gómez Cabrera y soy familia de Francisca Cabrera Rodríguez, alias Frasquita la Charamusca». Ella es la única mujer asesinada entre ‘los cien de Almonte’. No estaba casada, no tenía hijos, no militaba en partidos o sindicatos. A la Charamusca «la matan como venganza a la familia».

Tras seis días detenida “la suben a un maldito carro, ya purgada y pelada”, camino al cementerio de Hinojos. “También nos dijeron que fue violada”, añade Mercedes. “Sufrió bastantes humillaciones”. Ahora su familia busca “que aparezcan y darles digna sepultura”.

Hacer Memoria. Como intentó en los años 80 el documental ‘Rocío’ de Fernando Ruiz Vergara. Una cinta “que fue bastante impactante para muchísima gente” porque un anciano aporta los nombres de algunos asesinos. “La persona mayor que sale es mi tío, Pedro la Cana”, confirma Mercedes Gómez. La película, censurada en plena democracia, sigue en la misma situación oficial y su autor acabó exiliado en Portugal, donde falleció. “Fue todo contra Fernando”, dice.

Porque España sigue remando contra la desmemoria. Y en esta zona de Huelva, acariciada por las brumas selváticas de la amenazada Doñana y las travesías marismeñas de las romerías rocieras, el olvido y la impunidad no son menos que en otros sitios.

Porque todo episodio tiene su rastro en el recuerdo, en las páginas pasadas. Y la matanza de ‘los cien de Almonte’ tiene germen y explicación en un caso ocurrido pocos años antes, como cuenta el libro Contra la República. Los «sucesos de Almonte» de 1932. Laicismo, integrismo católico y reforma agraria (Aconcagua Libros), de Francisco Espinosa Maestre. Dicen que fue un motín popular. «Es posible que muchos de los que gritaban ‘¡Viva la Virgen del Rocío!’ en lo que en realidad estuviesen pensando es en ‘¡Muera la República!’, como firma el historiador.

https://www.eldiario.es/andalucia/huelva/franquista-Almonte-Frasquita-Charamusca-asesinados_0_976052619.html

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