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Día: 27 de enero de 2020 (página 1 de 1)

Juan Carlos I: la vida miserable de un soplón al servicio de sus amos de Washington

La CIA ha desclasificado más de 12 millones de páginas de información, de las que unas 12.500 tratan sobre España. Los informes de estrategia y cables diplomáticos secretos reflejan la visión e influencia de la inteligencia norteamericana sobre el devenir del país en un momento clave de su historia como fue la Transición. Según los documentos, Juan Carlos I se convirtió en uno de los informantes más valiosos de Estados Unidos, revelando información confidencial a su contacto en Madrid, el embajador norteamericano Wells Stabler. Además, Juan Carlos habría pactado la entrega del Sáhara Occidental a Marruecos. Todo a cambio del apoyo norteamericano para convertirse en Rey.

Mediados de la década de los 70. La Revolución de los Claveles triunfa en Portugal. En Italia, los comunistas están muy cerca de llegar a formar parte del Gobierno. En Grecia la dictadura militar se desmorona. Y en España, el dictador Francisco Franco está en las últimas. El panorama es muy preocupante para los intereses norteamericanos, que ven como sus aliados pierden fuerza. Además del propósito global de frenar al comunismo y al socialismo, para Estados Unidos esta zona es especialmente importante a nivel geoestratégico. En 1973 por ejemplo, los aviones norteamericanos que se dirigían a Oriente Medio para apoyar a Israel en la guerra del Yon Kippur solo consiguen autorización portuguesa para repostar, y es probable que a partir de ahora ya no sea así. Hay que hacer algo.

Esta necesidad de Estados Unidos de ganar influencia en la región encuentra un aliado muy oportuno: Juan Carlos I. El sucesor natural del dictador Francisco Franco no era del agrado norteamericano en un principio. La CIA veía poco capacitado al monarca para liderar una transición democrática en el país. Sus únicos puntos a favor eran su «encanto personal», su intención de no legalizar el partido comunista y no tener hemofilia (enfermedad hereditaria de los borbones). Todo lo demás estaba en su contra:

“Hay poco entusiasmo por Juan Carlos y la monarquía en España, pero una cierta disposición a apoyarle al no haber una alternativa mejor … Si logra preservar la Ley y el orden mientras consigue una apertura política ganará apoyo. El reto es enorme. Y es improbable que el nuevo rey reúna las cualidades necesarias para lograrlo” (informe secreto de la CIA).

Sin embargo, poco después la figura del Borbón como aliado internacional fue ganando peso en los informes de inteligencia, hasta el punto de referirse a Juan Carlos como «motor del cambio» ¿Qué sucedió para que se diera este cambio de parecer?

En 1975 se pone en marcha un proyecto secreto de la CIA que tiene como objetivo arrebatar la provincia número 53 de España: el Sáhara Occidental. Se trata no solo de un un territorio rico en fosfatos, hierro, petróleo y gas, sino que es muy valioso a nivel geoestratégico. La inestabilidad en España debido a la enfermedad del dictador Francisco Franco es clave para llevar a cabo esta operación, que consiste en invadir la provincia española mediante una marcha de unos 350.000 ciudadanos marroquíes que se harían pasar por antiguos habitantes de la zona. Se trata evidentemente de la famosa Marcha Verde.

El 6 de octubre de 1975 los servicios de inteligencia del ejército español informan al dictador Francisco Franco de estos planes de «invasión pacífica» del Sáhara Occidental y le piden que mueva ficha. Y aquí es donde entra en juego Juan Carlos I, que se convirtió en confidente de Estados Unidos, enviando información secreta de todos los movimientos que Franco realizaba en la provincia del Sáhara. Es decir, el entonces príncipe Juan Carlos reveló información confidencial sobre los planes de España en el conflicto del Sáhara a una potencia extranjera que estaba jugando un papel clave en dicho conflicto. Hay quien lo denominaría alta traición.

De este modo, Juan Carlos I se convirtió en aquel momento clave de la historia del país en informante de Estados Unidos, con la esperanza de lograr así el apoyo norteamericano tras la muerte de Franco. Lo consiguió, y probablemente la historia de España sería muy diferente de no haber tomado esa decisión.

El contacto del entonces Príncipe era el embajador norteamericano en España, Wells Stabler, que tenía contacto directo con la Casa Blanca y con el jefe del Departamento de Estado, Henry Kissinger, quien le comunicó a este respecto en uno de los documentos ahora desclasificados: “Tus contactos con el príncipe deben ser tratados con la mayor discreción. Estos informes tienen un grandísimo valor para Estados Unidos y haremos lo que esté en nuestra mano para asegurarnos de que en el futuro se manejen de manera apropiada” (Henry Kissinger).

31 de octubre de 1975, Juan Carlos asume la jefatura en funciones del Estado debido a la enfermedad del dictador Francisco Franco. Uno de los temas más urgentes que debe tratar es respecto a la decisión del rey Hasan II de Marruecos de lanzar una ofensiva para reclamar una provincia española: el Sáhara Occidental.

El mismo día de la toma de posesión de su nuevo cargo, Juan Carlos preside su primer Consejo de Ministros, y muestra su intención de ponerse al cargo del asunto del Sáhara, pero no informa de que ya había enviado a Washington a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, con la finalidad de conseguir el apoyo norteamericano y evitar así un conflicto con Marruecos que le podría costar su añorada Corona. De este modo, Kissinger media con Hassan II y finalmente se firmaría el pacto secreto por el que Juan Carlos entregaría el Sáhara español a Marruecos, a cambio de que Estados Unidos se convierta en su aliado en el complejo futuro que tiene por delante.

El 2 de noviembre, Juan Carlos viaja a la capital del Sáhara Occidental , El Aiún, donde asegura ante las tropas españolas: «Se hará cuanto sea necesario para que nuestro Ejército conserve intacto su prestigio y su honor». Hasta se permite decirles a los oficiales de sus tropas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres”, y también: “No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo”. Sin embargo, sabía que estaba mintiendo. Ya había pactado con Hassan II los términos de la entrega del Sáhara.

En uno de los documentos desclasificados, el embajador de Estados Unidos en España comunica a Washington: «Madrid y Rabat han acordado que los manifestantes sólo entrarán unas pocas millas en el Sáhara español y que permanecerán un corto periodo de tiempo en la frontera, donde ya no hay tropas españolas (…) El príncipe [Juan Carlos] ha añadido que una delegación representativa de unos 50 marroquíes tendrán permitido entrar en la capital territorial de El Aiún».

En el documento también se puede apreciar el temor de la inteligencia nortemericana a que se descontrolara la situación: «La zona en la que no está prevista que caminen los manifestantes está claramente marcada como campos de minas. Juan Carlos dijo que las fuerzas españolas usarán cualquier medio a su disposición para evitar que los marroquíes crucen esta línea […] Una vez que los manifestantes crucen la frontera, la situación puede descontrolarse fácilmente». También se habla de los posibles movimientos del Frente Polisario: «Algunos de sus miembros están en el área que ya han abandonado las tropas españolas […] Casi con total seguridad intentarán atacar a los manifestantes».

Finalmente, el 6 de noviembre de 1975 la Marcha Verde invade la provincia española. Todo estaba preparado de antemano. Los campos de minas y los legionarios se retiraron de la frontera. La ONU, atónita ante los acontecimientos, urge a Hassan II a retirarse y a respetar la legalidad internacional. El Consejo de Seguridad se pronunció aprobando la resolución 380, en la que “deplora la realización de la marcha” e “insta a Marruecos a que retire inmediatamente del territorio del Sáhara Occidental a todos los participantes en la marcha”, así como volver a hacer un llamamiento al diálogo. Sin embargo, todo estaba pactado ya.

En plena Guerra Fría, Estados Unidos y Francia anhelaban la anexión marroquí del territorio, puesto que Argelia y el Frente Polisario eran cercanos a la Unión Soviética. Hassan II, que atravesaba una compleja situación política interna, marcaba un tanto por la escuadra. Y España perdía un territorio clave, pero Juan Carlos I ganaba un reinado. Todos contentos. Excepto claro está, los habitantes del territorio en cuestión, que fueron las víctimas colaterales de este pacto/traición, y cuyo sufrimiento generado se ha alargado hasta nuestros días.

Los movimientos ocultos, las mentiras y la deslealtad de Juan Carlos con el tema del Sáhara podrían ser considerados sin duda alta traición. Sin embargo, son un juego de niños comparado con lo sucedido unas semanas antes. El 16 de octubre, el dictador Francisco Franco sufría una crisis cardíaca que le dejó al borde de la muerte. La embajada norteamericana en Madrid incluso lo llegó a dar por muerto. En estos días, Juan Carlos se convirtió en el mejor informador de Estados Unidos de todo lo que estaba sucediendo en Madrid, e incluso pidió ayuda al embajador Stabler para que intercediera por él ante el presidente Carlos Arias Navarro con la finalidad de convencerlo de que Franco le traspasara sus poderes antes de morir. Kissinger se negó en rotundo por miedo a que relacionaran a Estados Unidos:  «No estás -repito- no estás autorizado a mediar con Arias en este momento». Así que Juan Carlos tuvo que esperar para ver colmadas sus ansias de poder.

Durante los siguientes meses, el contacto de Juan Carlos con el embajador norteamericano fue habitual. Además de las conversaciones telefónicas documentadas en los archivos desclasificados, cualquier ocasión era buena para verse en persona: en la base militar de Torrejón, en un encuentro con estudiantes del National War College o en Palma de Mallorca. Cualquier excusa era buena para que Juan Carlos informara de todo lo que estaba sucediendo en las altas esferas españolas y acercarse así a Estados Unidos, su mejor baza para llegar al ansiado reinado. Sin embargo, este presente en forma de información confidencial era un esfuerzo eran prescindible, puesto que Estados Unidos ya tenía claro que Juan Carlos era el mejor candidato para sus intereses en España (y no eran pocos).

El 4 de noviembre de 1975 Wells Stabler envió a la Casa Blanca un informe general de la situación en España y de su incierto futuro tras la muerte del dictador, redactado en gran parte con la información obtenida a través de Juan Carlos I. Las respuestas sobre las líneas generales a seguir que Henry Kissinger le envía de vuelta a Madrid no tienen desperdicio:

«El interés de Estados Unidos reside en empujar a Juan Carlos a que dé un giro gradual, pero de manera decidida y no demasiado lenta, hacia la democratización. Debemos darle el apoyo que él claramente está pidiendo a Estados Unidos»
– «No favoreceremos a ningún partido político en concreto más allá de las decisiones democráticas, pero anticipamos que la transición estará en manos básicamente del bloque conservador»
– «Veríamos la participación del partido comunista en un futuro gobierno español como algo muy negativo que dañaría irremediablemente los lazos con nosotros y con las instituciones de Europa occidental»
– «Los países de la Europa occidental deberían participar en la toma de poder de Juan Carlos y el funeral de Franco en una base positiva para el futuro, no en términos de recriminaciones sobre el pasado»

Obviamente la prioridad de Estados Unidos no era la democratización del país, sino principalmente lograr un acuerdo ventajoso para la instalación de las bases militares estadounidenses en España. El acuerdo anterior vencía precisamente en 1975, y Franco se había dedicado a torpedear la renovación al no poder formar parte de la OTAN. De este modo, Juan Carlos se convirtió en la mejor baza norteamericana para lograr el ingreso de España en la Alianza Atlántica y lograr la instalación de varias bases militares en suelo español. Y Estados Unidos se convirtió en la mejor baza de Juan Carlos para llegar al poder. Una historia de amor y traición con drásticas consecuencias para el desarrollo de la historia reciente del estado español.

Finalmente, el 21 de septiembre de 1976 se firmó el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Estados Unidos, ya con Juan Carlos como rey, siendo el paso previo para el ingreso en la OTAN, que no llegó hasta 1982.

https://www.eulixe.com/articulo/reportajes/juan-carlos-i-regalo-sahara-marruecos-cambio-corona/20200121170108018210.html

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Assange abandona el módulo de aislamiento de la cárcel de máxima seguridad de Londres

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, actualmente preso en la cárcel de Belmarsh, en Londres, salió el viernes del módulo de aislamiento tras una serie de peticiones de sus abogados y compañeros de prisión.

El australiano ha permanecido incomunicado, con severas restricciones de acceso a los visitantes, desde abril, mientras espera su juicio de extradición por parte de Estados Unidos, que comenzará el 24 de febrero.

El portavoz de Wikileaks, Joseph Farrell, dice que Assange fue transferido del ala médica a otra ala el viernes junto con otros 40 presos. El traslado se produjo después de que sus abogados y los demás reclusos denunciaran al gobernador de la prisión que el trato era injusto.

Tras las reuniones entre los carceleros, los abogados y los presos, se produjo el traslado. “Es una gran victoria para el equipo legal de Assange y para los luchadores que llevan semanas insistiendo en que las autoridades carcelarias dejen de castigar a Assange”, dijo Farrell.

Assange deberá ser juzgado el próximo mes de febrero para determinar si debe ser extraditado a Estados Unidos, donde se le imputan 17 cargos de espionaje y un cargo de conspiración para cometer intrusión informática.

Los cargos se relacionan con las alegaciones de que Assange intentó ayudar a la analista de inteligencia del ejército de Estados Unidos, Chelsea Manning, a proteger su identidad digital mientras accedía a los archivos clasificados del Pentágono sobre las guerras de Irak y Afganistán.

WikiLeaks contribuyó a la publicación de miles de esos archivos, algunos de los cuales revelaron los crímenes de guerra de Estados Unidos en ambos países. Su caso se considera una prueba de fuego para la protección de las fuentes de los periodistas.

Farrell dijo que el traslado de Assange fuera del módulo de aislamiento después de nueve meses es una pequeña victoria ya que todavía no tiene acceso pleno a sus abogados.

En una reciente audiencia, el abogado Gareth Pierce dijo que al equipo de la defensa sólo le han dado tres horas de visita con Assange para coordinar el juicio.

“Se le sigue negando un acceso adecuado a sus abogados, como reconoció el juez en una audiencia de gestión de casos en el Tribunal de Westminster”, dijo Farrell.

“Los militantes siguen insistiendo en que Assange no debe estar en la cárcel, y mucho menos en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh”, añadió.

Sardinas: el movimiento antifascista se pone en pie en Italia pero se tambalea como un flan

Manifestación antifascista en Bolonia
El movimiento italiano de la sardina planea celebrar un congreso en marzo. La iniciativa comenzó a mediados de noviembre, cuando el viceprimer ministro Matteo Salvini, capataz del partido fascista Liga Norte organizó un espectáculo en Bolonia para lanzar su candidatura a las elecciones regionales que se celebraron ayer.

En Europa el tratamiento mediático del fascismo sólo los pone en primer plano por sus triunfos electorales, no cuando fracasan, como ocurrió ayer. Tampoco narran el movimiento de resistencia que desencadenan en su contra.

El espectáculo fascista de Bolonia tuvo su réplica popular la semana pasada cuando 40.000 personas se manifestaron en paralelo para impedir la victoria electoral del candidato de la Liga fascista.

El movimiento de la Sardina surgió cuando cuatro jóvenes (Mattia Santori, Roberto Morotti, Giulia Trappoloni y Andrea Garreffa) crearon una página en Facebook llamada “6000 sardinas contra Salvini”. El anuncio pedía que cada cual creara su propia sardina para “participar en la primera revolución del pescado de la historia”. El nombre promueve que los antifascistas llenarán las calles como sardinas y avanzarán juntos como un gran banco de pescado.

El manifiesto que publicaron al día siguiente de su primera manifestación organizada es insípido y está lleno de vaguedades, al estilo del 11-M en España. El movimiento “no está contra nadie, hemos tratado de despertar a un pueblo cansado de ver sus valores pisoteados”. En los últimos días, en un mensaje de amplia difusión, Santori habló de una “reafirmación de la democracia: somos antifascistas, por la igualdad, contra la intolerancia, contra la homofobia”.

El 14 de diciembre otras 100.000 personas protestaron en Roma contra el fascismo y la discriminación. Carla Nespolo, presidenta de la Asociación Nacional de Partisanos Italianos, dijo: “La Constitución Italiana no es neutral contra el fascismo, es antifascista”.

Buena prueba de la ambugüedad son los apoyos que vienen recibiendo, como el que procede del Movimiento Cinco Estrellas (M5S), que es uno de los partidos en el gobierno. El PD, otro de los partidos de la coalición gobernante, también habla abiertamente de cooptar a las Sardinas.

También han recibido la bendición de personalidades como los antiguos Primeros Ministros Romano Prodi y Mario Monti, que representan mejor los intereses de la oligarquía financiera europea, y el Cardenal Pietro Parolin del Vaticano.

Como ven, las Sardinas se han lanzado al charco, pero les falta romper amarras. Están en proceso de discusión con varios grupos de esos “alternativos” que se introducen en todos los guisos. Rifondazione Comunista ha llamado a participar en el movimiento. Las Sardinas no se oponen a casi nadie, por lo que se ganan el aprecio de casi todos.

Sin embargo, es imposible luchar contra el fascismo sin enfrentarse, simultáneamente, al socialfascismo y el reformismo, que son los socios “de izquierda” de los anteriores.
Cuando en una parte del movimiento penetra la gangrena, es mejor cortar por lo sano. No se puede ser siempre tan simpático.

El Ejército oculta un brote de gripe A en su centro de formación de tropa de Cáceres

El colectivo clandestino Ciudadanos de Uniforme ha difundido a través de sus canales de Telegram que el Centro de Formación de Tropa (CEFOT) de Cáceres, está afectado desde el sábado por un brote de Gripe A que hasta el momento afecta a 11 militares.

Sin embargo, no han activado ningún protocolo de emergencia que evite su propagación, ya que han enviado a sus domicilios a los afectados, cancelando incluso los arrestos. También habría 25 infectados por gripe común.
Historial de malos tratos
El colectivo denuncia que en este CEFOT es habitual el maltrato a la tropa por parte de superiores. «Hemos caído de camareta en camareta y no han cambiado a nadie de cama, ni puesto en cuarentena, ni nada para evitar que se extendiera más«, según nos ha explicado uno de los filtradores.

«Lo de maricones, flojuchos y débiles también es verdad, un rebajado es una escoria aquí dentro«.

El CEFOT de Cáceres se hizo conocido días atrás, tras difundirse un vídeo de un ejercicio en el que un brigada se burla de varios militares de tropa que están haciendo un ejercicio sobre una piscina artificial con agua podrida. En el vídeo se vé a uno de los soldados vomitando durante la maniobra, provocando las risas del responsable a cargo.

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