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Día: 17 de enero de 2020 (página 1 de 1)

El rompecabezas libio entra en una fase subterránea en la que cualquier susto es posible

El hilo más reciente que explica la Guerra de Libia empieza cuando Estados Unidos rompe el tratado nuclear con Irán que, a su vez, tenía un acuerdo con Turquía para el suministro de petróleo.

Las presiones de Estados Unidos obligan a Turquía a sumarse al embargo contra Irán y se queda sin el petróleo.

Turquía pone el ojo en el petróleo libio y consigue aprovisionarse gracias a un acuerdo con el gobierno de Sarraj y, sobre todo, con las milicias de Misrata y Fajr Libia que tienen sus propias terminales de producción y almacenamiento: Zawiya y Sirte. Italia se aprovisiona por esta misma vía.

La gestión del petróleo libio está, al menos nominalmente, en manos de la NOC (Compañía Nacional de Petróleo de Libia), que debe cumplir el embargo de armas de la ONU, desembolsando fondos sólo para el uso civil del gobierno de Sarraj.

Las tropas de Haftar capturan Sirte y bombardean la terminal de Zawiya, dando un golpe a las importaciones petrolíferas turcas.

Los ataques de Haftar están respaldados por Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Francia. En este grupo se puede situar también a Rusia.

Recientemente Argelia ha comenzado a apoyar al gobierno de Sarraj.

Tras la caída de Sirte, las fuerzas de Haftar se acercan a Trípoli y Sarraj se encuentra al borde del colapso, lo mismo que Turquía. Erdogan anuncia el envío de tropas a Libia y Argelia promete cerrar la frontera occidental.

Estados Unidos queda completamente fuera de juego. Alemania convence a Rusia de que gestione un alto el fuego porque, aunque está enfrentada a Turquía en Siria y en Libia, mantiene todos los canales abiertos con Erdogan, por un lado, y con Haftar por el otro.

En la reunión de Moscú no aparecen problemas con Turquía, pero Haftar se resiste porque ve una victoria inminente. Por presiones de Alemania y Rusia, acepta el alto el fuego, pero no lo firma y, finalmente, se marcha de Moscú dando un portazo.

A partir de aquí todo son conjeturas. Hay un alto el fuego de facto, pero el punto fundamental está en el petróleo, no sólo en el libio sino en los grandes yacimientos del Mediterráneo oriental.

Rusia reconoce -implícitamente- el acuerdo petrolífero entre Libia y Turquía, mientras que Egipto, Grecia, Israel, Chipre y Francia se consideran marginados.

El otro punto fundamental es que basta con que Rusia esté participando en Libia para que Estados Unidos juegue a la contra. Haga lo que haga Rusia, en Washington se van a oponer y pueden desatar provocaciones para arruinar cualquier acuerdo.

El capitalismo perjudica gravemente la salud de millones de personas

Más de 2.500 médicos recibieron en Estados Unidos al menos medio millón de dólares al año de las empresas farmacéuticas.
Más de 700 de esos médicos recibieron al menos un millón de dólares, unas cantidades que no incluyen el dinero para investigación y otro tipo de remuneraciones.

ProPublica ha analizado más de 56 millones de pagos realizados entre 2014 y 2018, los primeros cinco años completos de la iniciativa federal de pagos transparentes, que a las empresas que divulguen la remuneraciones en virtud de la Ley de Salud Asequible de 2010.

En 2013 un análisis previo encontró que un médico ganó un millón y 21 médicos ganaron más de medio millón de dólares por las mismas razones. Con el tiempo, este tipos de pagos se han vuelto mucho más comunes, hasta el punto de que casi todos los médicos cobran dos sueldos, pero no de sus patronos sino de las farmacéuticas, y no cobran por su trabajo sino por recetar. En otras palabras: quien receta es una multinacional; el médico no es más que un intermediario.

Desde que se abrieron los archivos, una gran cantidad de estudios han comparado los datos de pago con las opciones de prescripción de los médicos y han encontrado vínculos entre los pagos y las opciones de receta de los médicos.

En Estados Unidos hay 1,1 millones de médicos que, cada vez más claramente, se alejan del paciente y se acercan a la industria. La multinacionales pagan a los médicos para que hagan presentaciones de sus mercancías en cenas y discursos. Cada año las empresas gastaron entre 2.100 y 2.200 millones de dólares para pagar a los médicos por conferencias y consultas, así como comidas, viajes y regalos para ellos.

En cinco años, un millón de médicos, dentistas, optometristas, quiroprácticos y podólogos han recibido al menos un pago, generalmente una comida, de una empresa. De estos profesionales, más de 323.000 recibieron al menos un pago cada año. Aproximadamente 240.000 recibieron un pago en un solo año. Y el resto recibió pagos en más de un año, pero en menos de cinco años.

El artículo señala que a la industria no le importa si a los médicos les gustan o aprueban sus productos. Eso es lo de menos. No pagan a los médicos para que opinen sobre sus pócimas sino para que recomienden un determinado consumo, a veces de manera claramente ilegal. Las empresas farmacéuticas han pagado decenas, si no cientos, de millones de dólares para resolver las acusaciones de mercadeo ilegal con fármacos.

Los denunciantes de las farmacéuticas y los fiscales han denunciado explícitamente que en algunos casos los pagos eran auténticos sobornos.

https://www.propublica.org/article/we-found-over-700-doctors-who-were-paid-more-than-a-million-dollars-by-drug-and-medical-device-companies
https://www.collective-evolution.com/2020/01/12/700-american-doctors-given-over-1m-each-from-pharma-to-push-drugs-medical-devices/

Más información:

– Los monopolios famacéuticos provocan una grave epidemia de opio en Estados Unidos

Las guerras 2.0 ya están en marcha: el ataque iraní a las bases militares estadounidenses en Irak

Los detalles del ataque con misiles balísticos iraníes del 8 de enero contra la base estadounidense de Ain al Asad comienzan a filtrarse no de fuentes militares oficiales sino a través de los supervivientes, es decir, aquellos soldados estadounidenses y de la OTAN que estaban en el lugar cuando 13 misiles iraníes balísticos, de alta precisión y supersónicos aterrizaron, como un trueno, en 20 puntos sensibles de la base estadounidense, la más grande de Oriente Medio y que cuenta con un despliegue de entre 3.000 a 3.500 soldados estadounidenses.

El miércoles, un militar estadounidense reveló nuevos detalles sobre el asalto contra los drones estadounidenses que provocó que “estos perdieran contacto con el centro de control en el momento del ataque”. Siete drones norteamericanos estaban monitoreando desde el cielo de Al Anbar la situación. Los que manejaban los drones no se habían retirado a los búnkers, pero tan pronto como comenzó el ataque, se perdió todo contacto con los aparatos. Los misiles se acercaron uno por uno al centro de mando de operaciones de drones, dijo uno de los militares, que agregó: “Los misiles golpearon nuestras conexiones de fibra que se quemaron y esto nos hizo perder el contacto con los drones. Fue un gran problema ya que los drones cuestan millones de dólares y contienen datos altamente clasificados”.

¿Pero qué pasó exactamente? De hecho, lo que el Ejército estadounidense no dice es el sutil e increíble ataque cibernético que precedió al ataque con misiles balísticos del 8 de enero. El comandante en jefe de la Fuerza Aeroespacial del CGRI, general de brigada Amir Ali Hajizadeh, habló muy vagamente sobre esto en su reciente conferencia de prensa. El general dijo que el ataque provocó que los comandantes norteamericanos perdieran “imágenes del ambiente que rodea la base, privándolos de la posibilidad de transmitir estas mismas imágenes al centro de procesamiento de datos en Estados Unidos”.

En los días previos al ataque iraní, hasta 12 drones de reconocimiento sobrevolaron el cielo de Irak y las bases estadounidenses existentes allí. Su misión era prever “un golpe iraní”. Drones MQ-9 y MQ-1C (Gray Eagel) ambos equipados con misiles aire-tierra fueron incluidos en esta vigilancia. Además, estos drones tenían la misión de atacar a la resistencia iraquí en caso de una operación de esta con misiles de superficie-superficie contra bases norteamericanas.

De hecho y simultáneamente a su ataque con misiles balísticos, el CGRI asaltó los siete drones que vigilaban a Ain al Asad con su ataque cibernético. El hecho es que los drones ya no podían identificar el tipo de misiles iraníes o la dirección a la que se dirigían. Además, también fueron privados de la capacidad de efectuar una evaluación rápida del alcance del daño causado. El ciberataque del CGRI, por lo tanto, literalmente “cegó” al Pentágono en Iraq. Todo esto no pasa desapercibido para el régimen israelí que se encuentra cara a cara con una resistencia más que nunca combativa.

El periódico israelí Times of Israel enumera las hazañas del CGRI en términos de drones y muestra una profunda preocupación por ellas: “La interceptación del dron sigiloso RQ-170, la captura de al menos un MQ-1A, la interceptación y captura de un MQ-9 Reaper y la destrucción de un MQ-4C Triton con una multitud de dispositivos de defensa cibernética… A esta lista se añade el ataque cibernético del 8 de enero que cegó por completo a los siete drones que llevaban a cabo una misión de vigilancia simultánea en una gran parte del cielo iraquí, por no decir en su totalidad. Este es el quinto éxito franco del CGRI”, dijo el periódico.

El reportaje agrega: “Este grupo de drones incluyó, entre otros, el MQ-1C Grey Eagle, drones de vigilancia avanzados que pueden volar hasta 27 horas y llevar una carga útil de hasta cuatro misiles Hellfire. El ejército de Estados Unidos, listo para hacer frente a una respuesta, creía que esta podría consistir en un asalto terrestre, por lo que mantuvo los drones en su lugar”, escribió el periódico, refiriéndose a los comentarios de los que manejaban los drones, incluyendo al sargento Costin Herwig, de 26 años: “Los otros 1.500 soldados estadounidenses habían estado escondidos en búnkers, pero no los 14 militares que manejaban los drones, que permanecieron en contenedores oscuros transformados en cabinas para controlar a distancia los aparatos y controlar los flujos esenciales de sus cámaras de alta potencia”.

El primer misil arrojó polvo a su refugio, pero los militares se quedaron en su lugar, dijo Herwig. “Los siguientes se acercaban cada vez más… No más de un minuto después del último misil, caminé hacia los búnkers de la parte de atrás y vi que el fuego quemaba todas nuestras líneas de fibra”, declaró, por su parte, el primer sargento Wesley Kilpatrick quien afirma que “estas líneas conectan las cabinas virtuales con las antenas y luego con los satélites que envían señales a los drones Gray Eagle y retransmiten las imágenes de sus cámaras a las pantallas de Ain al Asad. Con las líneas de fibra quemadas, no había control”.

El texto continúa: “Los soldados ya no podían localizar los drones y habían sido cegados con respecto a los eventos en el aire y el suelo. Si un dron hubiera sido derribado, por ejemplo, los equipos sitiados en Ain al Asad no habrían podido saberlo. Imagínese: un solo Gray Eagle cuesta alrededor de 7 millones de dólares, según las estimaciones del Presupuesto de 2019 del ejército de Estados Unidos. Han sido utilizados en Iraq desde 2017 por la coalición estadounidense. Los soldados se apresuraron a reemplazar 500 metros de cables de fibra fundida y reprogramar los satélites para que pudieran volver a conectarse a los drones”.

Lo que el sargento estadounidense y el diario israelí no admiten es que el impacto de los misiles tuvo lugar en paralelo con el ataque cibernético que cegó al Pentágono en casi todo el cielo de Iraq y no solo en lo que respecta al contingente estadounidense desplegado allí, sino también al centro de mando de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. En cuanto al régimen israelí, todavía está sin aliento.

http://spanish.almanar.com.lb/392383

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