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Día: 28 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

Amnistía: el hilo conductor de las luchas contra la represión

Los Estados español y francés nos han dejado durante las últimas semanas claros ejemplos de su actitud, desde las condenas impuestas a cinco militantes de ETA por la Audiencia Nacional, hasta las cadenas perpetuas que la Sala de Aplicación de Penas de París mantiene contra Lorentxa Beyrie y Xixtor Haranburu; desde Altsasu hasta Catalunya; desde las cargas policiales contra los trabajadores del metal hasta la detención de dos jóvenes de Legutio; desde los detenidos en Euskal Herria por movilizarse a favor de Catalunya, hasta los 22 imputados de Maravillas Gaztetxea.

Nuestro movimiento denuncia sin paliativos la actividad represiva de los Estados y desea mostrar su solidaridad a todas las personas que la sufren. Igualmente, queremos denunciar otra vez el intento por robar el carácter político de determinados presos y presas, y debemos decir que de ninguna de las maneras aceptamos la definición del concepto de “preso político” que están haciendo desde los sectores progres y socialdemócratas. No aceptamos marginaciones según el modelo de lucha utilizado.

Son los complejos de quienes viven en lo políticamente correcto los que crean la necesidad de hacer diferencia entre presos políticos. Necesitan argumentos fáciles, no trabajados. Por eso las causas que son fáciles de asimilar socialmente según el status quo impuesto, tienen más éxito cuando este es medido en términos cuantitativos, que no cualitativos. La política 
convertida en marketing.

Si para denunciar las injusticias que sufren unos tenemos que afianzar las que sufren otros, entonces estaremos desarrollando una estrategia contraproducente y cortoplacista. 

Queremos recordar que lo que convierte en político a un preso no es el no haber utilizado la violencia, sino estar en la cárcel por su defensa activa de las libertades colectivas, sobre todo si no ha renegado de su carácter político y no perjudica con su recorrido a las condiciones de vida del resto de presos.

Entrando en los detalles sobre nuestra línea política, desde el primer día ha sido prioridad para nuestro movimiento defender el carácter político del conflicto por medio de la reivindicación de la existencia de represaliados y represaliadas políticas, y a la reivindicación de la amnistía le hemos querido sumar ahora la defensa de la legitimidad de la lucha. 

Somos conscientes de que el tiempo avanza y que, mientras se cierra el ciclo de lucha anterior, se están creando nuevos espacios de lucha. En cualquier caso, lo que vemos claro es que son esas ansias de lucha lo que las distintas generaciones tienen en común, y que la reivindicación de la amnistía es el hilo conductor que une a todas.

Todavía hay presos y presas a los que, como consecuencia del ciclo anterior, aún les quedan décadas de condena de prisión, y como consecuencia de las luchas de hoy y del futuro se  generarán, y ya se están produciendo, nuevos presos. La amnistía, por lo tanto, seguirá siendo una reivindicación imprescindible durante las próximas décadas. Es por ello que hemos decidido situar la lucha como eje a la hora de reivindicar la amnistía. En este instante en el que nos quieren convertir en un pueblo dócil, queremos impulsar un pueblo luchador en el camino de la consecución de la libertad nacional y social.

El 30 de noviembre  queremos marcar un punto de inflexión en esta actitud, y ese día llevaremos a cabo una manifestación nacional a partir de las 18:30, bajo el lema “Borrokatzea zilegi delako, amnistia osoa!”.

Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión

Ucrania es uno de los vertederos yihadistas que utiliza la OTAN para refugiar a sus sicarios

No descubrimos nada nuevo al decir que Ucrania es uno de los vertederos que utiliza la OTAN, junto a otros como Afganistán. Entre otras cosas, las guerras imperialistas y los golpes de estado sirven para destruir determinados países que sirven de retaguardia para el elenco de sicarios de la peor calaña, nazis y yihadistas, que no están tan lejos unos de otros como algunos suponen porque a ambos los une la OTAN.

Ni Afganistán es el paraíso sólo del yihadismo ni Ucrania el del nazismo exclusivamente. Tanto Rusia como las Repúblicas del Donbas han venido denunciando desde hace años que la OTAN utiliza a Ucrania como escondite de los yihadistas. La intervención de Rusia en la Guerra de Siria sólo se produce después de las lecciones aprendidas por el Kremlin en 2014 con el Golpe de Estado de Maidan.

Nadie hizo caso nunca a algo que estaba considerado como pura “propaganda rusa” (1), hasta que la semana pasada lo publicó The Independent en grandes titulares: “Cómo se ha convertido Ucrania en el hogar de los dirigentes del Califato Islámico que han huído de Irak y Siria” (2).

El detonante del artículo fue la detención en Ucrania el 15 de noviembre de Al-Bara Shishani, un dirigente yihadista que huyó de Siria tras fingir que había muerto en un bombardeo aéreo. En realidad llevaba varios años viviendo escondido en Ucrania y, naturalmente, no es el único.

Shishani, “ministro de la Guerra del Califato Islámico”, como lo llamó el Pentágono (3), salió de Siria a través de Turquía con documentación falsa, desde donde llegó a Ucrania. Hace tres años, uno de los que le reclutaron para el Califato Islámico, Shatayev, fue detenido en Uzhgorod, Ucrania occidental, y llevado ante un juez, por una petición de Rusia dirigida a la Interpol. Naturalmente, Shatayev nunca fue extraditado a Rusia y pudo volver a esconderse en Georgia.

A nadie le puede extrañar que este tipo de cosas ocurran cuando Rusia está por medio. El responsable del juicio de Shatayev fue Yuri Lutsenko, a quien luego ascendieron a Fiscal General del Estado por presiones de Joe Biden sobre Poroshenko y el gobierno ucraniano. Para presionarle, a Lutsenko le acusaron de corrupción y liberó al dirigente yihadista buscado por la Interpol.

Una periodista de Kiev, Katerina Sergatskova, investigó el caso y la presencia de Shatayev en Ucrania pero no hizo ningún caso a las informaciones que procedían de Rusia de que en su país, Ucrania, hay campos de entrenamiento para yihadistas dirigidos por la OTAN.

Ni siquiera The Independent es capaz de llegar ahora hasta el fondo de los hechos. Más bien los encubre recurriendo a los tópicos: la falsificación de los pasaportes y la estancia de los yihadistas en Ucrania está favorecida por la corrupción y la incompetencia de la policía y los tribunales ucranianos. Sin embargo, uno de los entrevistados en el reportaje reconoce que el gobierno de Kiev no quiere acabar con la corrupción y la incompetencia de los policías a su servicio. No le interesa.

A pesar del cambio a los pasaportes biométricos, los yihadstas los obtienen sin problemas por unos 5.000 dólares en el mercado negro, dice The Independent. Pero ese mercado negrono existe, no es nada diferente del SBU y la propia policía ucraniana, que se los entregan a los yihadistas de manera encubierta, lo cual explica que los pasaportes biométricos de los yihadistas son auténticos y no pasaportes falsos comunes, fácilmente detectables.

Pero eso no es todo: los yihadistas están luchando en el Donbas, como viene denunciando la “propaganda rusa”, y por eso disfrutan de la tutela del servico secreto ucraniano. Lo mismo que los nazis, los yihadistas son carne de cañón a los que la OTAN puede recurrir en cualquier guerra, sea sagrada o no. Son el Gladio del siglo XXI.

Ya que hablamos de los pasaportes auténticamente falsos del SBU, hay que advertir que la Unión Europea ha eximido a Ucrania de visados, por lo que los yihadistas pueden llegar muy fácilmente a Europa occidental, que es de lo que se trata. Por lo tanto, cuando se cometa un atentado yihadista en Bruselas, o en Madrid, o en Viena, no se sorprendan al leer que los autores habían llegado en un avión procedente de Kiev o que tenían pasaporte ucraniano; no digan que no sabían nada, no se encojan de hombros como hará el ministro de Interior en la rueda de prensa.

Al-Bara Shishani no sólo estaba escondido en Ucrania sino que desde Ucrania continuaba dirigiendo las acciones del Califato Islámico en Siria, y no es el único. Como bien dice The Independent, en Ucrania hay cientos de veteranos experimentados del Califato Islámico que siguen en activo bajo la tutela de la OTAN, el servicio secreto de Kiev y, naturalmente, las organizaciones nazis.

(1) http://euromaidanpress.com/2018/12/06/ukraine-related-narratives-dominate-russian-propaganda/
(2) https://www.independent.co.uk/news/world/europe/isis-leaders-ukraine-tukey-syria-caliphate-al-bara-shishani-a9211676.html
(3) https://www.nst.com.my/world/world/2019/11/539108/ukraine-says-detains-deputy-slain-islamic-state-minister-war

Más presagios de la victoria de las fuerzas populares en la Guerra de Yemen

El martes la coalición que Arabia saudí encabezada en la Guerra de Yemen anunció la liberación de 200 prisioneros huthíes.

En una declaración oficial el portavoz de la coalición, Turki Al-Maliki, dijo que la decisión tenía por objeto fortalecer la aplicación del Acuerdo de Estocolmo, que incluye el intercambio de prisioneros entre ambas partes.

Añadió que las personas que necesiten atención médica podrán recibirla, avalada por la Organización Mundial de la Salud.

La decisión se llevó a cabo tras la celebración del Acuerdo de Riad firmado a principios de este mes entre el gobierno yemení y el Consejo de Transición del Sur.

Los puntos principales del acuerdo incluyen el regreso del gobierno electo exiliado a Adén en un plazo de siete días, la unificación de todas las fuerzas armadas bajo la autoridad de los Ministerios del Interior y de Defensa y la formación de un gobierno eficaz.

La Guerra de Yemen comenzó en 2011 por la desestabilización causada por la Primavera Árabe. Un levantamiento forzó al presidente del país, Alí Abdullah Saleh, a dejar el poder en manos de su vicepresidente, Abdrabbuh Mansour Hadi.

El movimiento huthí, que defiende a la minoría zaidí y llevaba diez años enfrentado a Saleh, se apoderó de la provincia de Saada y zonas cercanas del norte del país.

Muchos yemeníes, sunitas incluidos, apoyaron a los hutíes y, a finales de 2014 y principios de 2015, los rebeldes tomaron Saná, la capital, forzando a Hadi a irse al exilio.

Lo que hasta marzo de 2015 era una guerra civil, se transformó en algo bien diferente cuando Arabia saudí y otros ocho países árabes, apoyados por los de siempre (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia), lanzaron ataques aéreos contra los huthíes para restaurar el gobierno de Hadi.

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