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Día: 26 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

Hasta el último aliento: informe sobre el caso Georges Ibrahim Abdallah

Georges Ibrahim Abdallah es un preso político libanés condenado en Francia a cadena perpetua por la ejecución en 1982 de dos diplomáticos, uno estadounidense y otro israelí. Encarcelado en 1984, es el preso político más antiguo que hay en Europa, un caso de laboratorio del funcionamiento de la represión en el Viejo Continente y del papel de los jueces como sicarios del Estado.

El caso muestra también el encarnizamiento para mantener a Abdallah encarcelado y ayuda a entender determinados aspectos del imperialismo que no se suelen tener en cuenta.

La ejecución de los dos diplomáticos fue obra de Jacqueline Esber, alias “Rima”, una militante comunista libanesa que vivió toda su vida en la clandestinidad y falleció en Beirut en 2016 como consecuencia de una larga enfermedad.

Su identidad se conoció 34 años después de la ejecución, pero la verdad no condujo a una revisión de la condena de Abdallah porque un Estado imperialista como Francia, “patria de los derechos humanos”, vive de la mentira y el fraude, a costa de lo que sea, incluso de mantener a una persona condenada de por vida en la cárcel.

Tras condenarle en 1987, uno de sus abogados, Jean Paul Mazurier, publicó un libro en el que confesaba que trabajaba por cuenta del espionaje francés, un argumento más que suficiente para anular el juicio y, naturalmente, tambien la condena. No ha sido así.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Libano (FARL) secuestraron a Sydney Peyrolles, un diplomático francés destinado en Líbano para canjearlo por Abdallah. En la negociación subsiguiente las FARL liberaron a Peyrolles, pero Francia no cumplió con su parte del trato: liberar a Abdallah.

Al mismo tiempo que ambas partes llegaban a un acuerdo, apareció la pistola con la que se había producido una de las ejecuciones, envuelta en un periódico árabe con una fecha posterior en dos años al encarcelamiento de Abdallah.

Los diplomáticos ejecutados fueron dos. Uno de ellos se llamaba Charles E. Ray y era miembro de la CIA. El otro, Yaacov Barsimentov, era israelí y miembro del Mosad. Sus muertes se producen a comienzos de los ochenta, en un contexto dramático para Líbano, Israel y Oriente Medio que podemos resumir de la siguiente manera:

  1. En diciembre de 1981 Israel se anexiona los altos del Golán, pertenecientes a Siria
  2. Israel proclama a Jerusalén como su capital
  3. En 1982 el jefe de las milicias cristianas libanesas, Bachir Gemayel, aliado de los israelíes, alcanza la presidencia y es ejecutado casi inmediatamente
  4. Beirut es ocupado militarmente por Israel y la OLP tiene que abandonar sus bases
  5. Matanza en los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, cometida por las milicias cristianas apoyadas por las tropas israelíes
  6. Primera Guerra del Golfo: Irak ataca a Irán con el apoyo de los imperialistas, incluida Francia

En los ochenta la situacion en Oriente Medio estaba cambiando tras el triunfo de la revolución en Irán. El protagonismo de la resistencia antimperalista cambia. Los palestinos han sido expulsados de sus tierras y ya ni siquiera pueden contar con apoyos efectivos en Líbano, ocupado militarmente por Israel.

En ese contexto, Abdallah era el chivo expiatorio perfecto: era comunista, era libanés, era de origen cristiano y formaba parte de la resistencia palestina. No sólo tenía que ser culpable sino que reunía todas las cualidades del culpable perfecto, que no ha perdido en absoluto porque 35 años después sigue manteniendo sus mismas convicciones políticas revolucionarias, es decir, es otro ejemplo más de coraje y resistencia en las condiciones más difíciles que cabe imaginar.

Su caso aparece en los correos electrónicos capturados a Hillary Clinton: cuando el gobierno francés deliberaba sobre la posibilidad de concederle la condena condicional, el padrino de Washington selló las puertas. Naturalmente, los israelies estaban detrás de esa negativa. Los imperialistas muestran mucho interés en que Abdallah no esté en la calle.

Los franceses juegan con fuego hasta el punto de que puede reproducirse la situación de Beirut en los ochenta. En 2014 el diario libanés Al-Ajbar, portavoz de la resistencia antimperialista, planteaba la posibilidad de que un francés pudiera ser secuestrado para canjearlo por Abdallah.

No estaría de más que quienes tanto recuerdan a Mumia Abu Jamal, dedicaran un poco de su tiempo a hacer lo propio con Abdallah y otros presos políticos que también merecen toda nuestra solidaridad y apoyo.

A nosotros cualquier otra actitud discriminatoria siempre nos ha parecido muy sospechosa…

El proceso de destitución iniciado contra Trump salpica el presente y el pasado de Ucrania

El Presidente ucraniano Volodymyr Zelensky
Con el procedimiento de destitución de Trump que ha iniciado el Congreso de Estados Unidos, el partido demócrata persigue dos objetivos. El primero es impedir la victoria de Trump en las próximas elecciones presidenciales. El segundo es mantener la desestabilización en las fronteras de Rusia, es decir, en Ucrania.

Hay otros objetivos que van íntimamente ligados a ambos, como tapar toda la basura que han acumulado en Ucrania desde el Golpe de Estado de 2014, de la que el hijo de Biden no es más que un ejemplo.

Es la segunda tentativa de destitución que comienzan contra Trump y es aún más fraudulenta que la anterior, aunque el asunto merece la pena porque el gobierno de Obama es el que apoyó a los nazis ucranianos, no sólo para destituir al anterior Presidente Yanukovich sino con vistas a lo mismo que 1941: una escalada militar contra Rusia (el segundo Plan Barbarroja).

En los tiempos de Maidan el Vicepresidente de Obama, Joe Biden, fue el encargado de antener los contactos con Ucrania, a través de Victoria Nuland, la jefa del Departamento de Estado para Asuntos Euroasiáticos.

Nuland admitió que el Departamento de Estado había gastado 5.000 millones de dólares para apoyar a los grupos antirusos en Maidan, aunque no concretó la participación de las hordas nazis, como Svoboda o Pravy Sektor, que acturon como fuerza de choque en la desestabilización.

Ahora se sabe que el Batallón Azov mantiene vínculos con los grupos racistas que operan en Estados Unidos y que han cometido graves matanzas, como las de Christchurch y El Paso, r lo que el asunto vuelve a tomar un cariz distinto. Los nazis ucranianos se vuelven contra sus patrocinadores y el partido demócrata pide que el Departamento de Estado incluya a los nazis en el listado de organizaciones terroristas, como ya hemos publicado aquí.

Una potencia mundial conducida hasta la ruina

Cuando en 1990 logró su independencia, Ucrania era la décima potencia mundial, pero lo ha ocurrido como a todos esos países en los que se descubre petróleo: se convierte en una maldición. En el caso de Ucrania la maldición es su vecindad con Rusia y los imperialistas necesitan que se convierta en una pesadilla para Moscú, lo mismo que Polonia o los países bálticos.

Ucrania tenía 52 millones de habitantes en 1990 y ha perdido 20 desde su independencia. Ocupa el último lugar entre los 42 países del continente europeo en términos de renta per cápita, con 1.830 euros, frente a una media europea de 14.739 euros.

En una recinte conferencia del Instituto Schiller celebrada los días 16 y 17 de noviembre en Bad Soden, Alemania, la economista ucraniana Natalia Vitrenko, Presidenta del Partido Socialista Progresista de Ucrania, afirmó que el gobierno de Obama y Biden había acelerado la destrucción económica del país.

En 2016 el equipo de Trump propició un cambio de política hacia Rusia que, naturalmente, está repercutiendo sobre Ucrania, donde hay mucha mierda que lavar. Sometido a una enorme presión, la nueva política de Trump se ha vuelto contra sus colaboradores una y otra vez y, finalmente, contra él mismo, lo que pone de manifiesto el tipo de fuerzas que prevalecen en Washington, por encima de unos u otros presidentes.

Pero si esas fuerzas prevalecen por encima de Trump, prevalecen mucho más sobre el nuevo Presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. El 25 de julio en la conversión telefónica entre ambos, Trump describió a los que rodeaban al antiguo Presidente ucraniano Poroshenko como “personas muy malas”. A Zelensky le han puesto una pistola en la cabeza, dice The Gray Zone, que no descarta que organicen un segundo Maidan en su contra, o incluso que le asesinen, si continúa negociando con Putin. Luego siempre pueden decir que fueron las milicias del Donbas…

A Zelensky le aprietan los nazis, pero también el FMI, es decir, el capital financiero internacional porque va tener que recortar los presupuestos en salud, educación y seguridad social.

El relanzamiento de las negociaciones de paz en el Formato Normandía, que no se había reunido desde hace tres años, se produce en esa situación. Para que culminen no basta con saber lo que harán Alemania y Francia sino si eso estará en sintonía con lo que haga Washington, es decir, que tipo de políticas se impondrán en Washington, si triunfará la destitución, si Trump gana las siguientes elecciones (o si las gana alguien como Biden), si le permiten sacar adelante sus planes…

Bolivia: laboratorio de una nueva ‎estrategia que inicia un periodo de desestabilización en Latinoamérica

Thierry Meyssan

El 14 de octubre de 2019 el presidente Evo Morales anunciaba, en entrevista concedida a la ‎televisora GigaVisión, que tenía en su poder grabaciones que demostraban que personalidades de ‎la extrema derecha y ex militares estaban preparando un golpe de Estado en previsión de que ‎él volviera a ganar la elección presidencial (1).‎

Pero lo que sucedió no fue un golpe de Estado militar sino el derrocamiento del presidente ‎constitucional. Nada permite pensar que el nuevo régimen sea capaz de estabilizar el país. ‎Estamos viendo el inicio de un periodo de caos. ‎

Los motines iniciados el 21 de octubre, y que llevaron al presidente y al vicepresidente de la ‎República, a la presidente del Senado, al presidente de la Cámara de Diputados y al vicepresidente ‎del Senado a dimitir uno tras otro, no cesaron con la entronización de Jeanine Áñez, la segunda ‎vicepresidente del Senado, el 12 de noviembre. El partido político de la señora Áñez, el ‎Movimiento Demócrata Social, sólo cuenta con 4 diputados y senadores de un total de 130. Y ‎su decisión de instaurar un nuevo gobierno sin representantes de los pueblos originarios (pueblos ‎que los occidentales llamarían “indígenas”) llevó a los miembros de esos grupos étnicos a lanzarse ‎a las calles, en lugar de los grupos de matones que habían sacado del poder al gobierno del ‎presidente Evo Morales. ‎

Mientras la violencia interétnica se propaga por todo el país, la prensa boliviana publica relatos ‎sobre las humillaciones públicas, las violaciones y el diario conteo de manifestantes muertos ‎a manos de la policía y el ejército. ‎

Si bien es evidente que el ejército está respaldando a la nueva “presidenta” Áñez, nadie sabe ‎exactamente quién sacó del poder al presidente Evo Morales y se estima que pudo ser tanto una ‎facción local como una transnacional o ambas. La reciente anulación de un megacontrato para la ‎explotación del litio boliviano puede significar que algún competidor invirtió en el derrocamiento ‎del presidente Evo Morales. ‎

Lo único seguro es que Estados Unidos se alegra del giro que han tomado los acontecimientos, ‎pero es posible que Washington no haya intervenido para provocarlos, aunque ciudadanos y ‎funcionarios estadounidenses están probablemente implicados, como indicó el director del SVR ‎‎ (2) ‎ruso, Serguei Narichkin.‎

La publicación de una conversación entre la nueva ministra colombiana de Exteriores, Claudia ‎Blum, y el embajador de Colombia en Estados Unidos, Francisco Santos –conversación grabada ‎en un café de Washington– no deja lugar a dudas (3): el secretario de Estado ‎estadounidense, Mike Pompeo, se opone actualmente a toda intervención en Latinoamérica; ‎abandona al individuo que se autoproclamó presidente de Venezuela, Juan Guaidó, lo cual ‎inquieta al antivenezolano gobierno de Colombia, y rechaza todo contacto con los numerosos ‎aprendices golpistas latinoamericanos. ‎

Esto nos muestra que la nominación de Elliot Abrams como representante especial de ‎Estados Unidos en Latinoamérica no sólo fue una concesión a cambio del cierre de la ‎investigación del fiscal Robert Mueller sobre la supuesta “trama rusa” (4) sino también una astucia para acabar con la influencia de los neoconservadores en la ‎administración estadounidense. El “diplomático” Abrams se portó tan mal y cometió tantos ‎errores que destruyó en unos meses toda esperanza de intervención imperialista estadounidense ‎en Latinoamérica. ‎

En todo caso, el Departamento de Estado es actualmente una zona de desastre: los altos ‎diplomáticos desfilan uno tras otro por el Capitolio para prestar testimonio contra el presidente ‎Donald Trump ante la comisión de la Cámara de Representantes encargada de destituirlo. ‎

Pero, si la administración Trump no está orquestando lo que sucede en Latinoamérica, ¿quién ‎está haciéndolo? Todo indica que aún no han desaparecido las redes que la CIA instauró en ese ‎continente en los años 1950-1970. Cuarenta años después, esas redes siguen existiendo en ‎numerosos países latinoamericanos y logran actuar por sí mismas con un mínimo de respaldo ‎externo. ‎

Las sombras del pasado

Cuando Estados Unidos decidió iniciar contra la URSS su estrategia de “containment”, el primer ‎director de la CIA, Allen Dulles, y su hermano, el secretario de Estado John Foster Dulles, ‎reciclaron numerosos líderes de las milicias ultranacionalistas creadas por las potencias del Eje ‎utilizándolos en la lucha contra los partidos comunistas. Esos elementos, previamente evacuados por Estados Unidos de los países donde habían perpetrado numerosos crímenes durante la ‎Segunda Guerra Mundial, fueron agrupados en el seno de la Liga Anticomunista Mundial (WACL, ‎siglas en inglés) (5), la cual ‎organizó en Latinoamérica el “Plan Cóndor” (6), una estructura de cooperación entre los regímenes proestadounidenses ‎de Latinoamérica para secuestrar y asesinar líderes revolucionarios en cualquier país donde ‎buscaran refugio. ‎

Fue así como, después de haber participado en el golpe militar que instaló en la presidencia ‎de Bolivia al general René Barrientos, en 1964, el general Alfredo Ovando puso la búsqueda del ‎Che Guevara, en 1966, en manos del nazi Klaus Barbie, quien había sido jefe de la Gestapo en la ‎ciudad francesa de Lyon. Después de ser capturado por el ejército boliviano, Guevara fue ‎asesinado a sangre fría, por orden del dictador Barrientos, en 1967. ‎

Bajo las dictaduras de los generales bolivianos Hugo Banzer (1971-1978) y Luis García Meza ‎‎(1980-1981), el nazi fugitivo Klaus Barbie –conocido en Francia como “el Carnicero de Lyon”– y ‎el neofascista italiano Stefano Delle Chiaie –miembro del Gladio italiano que había organizado ‎en 1970 el fallido golpe de Estado del príncipe Borghese en Italia– trabajaron juntos en la ‎restructuración de la policía y de los servicios secretos bolivianos. ‎

Sin embargo, después de la dimisión del presidente estadounidense Richard Nixon, en 1974, ya ‎se había iniciado en Estados Unidos la ola de revelaciones de las comisiones Church, Pike ‎y Rockefeller sobre las actividades secretas de la CIA. El público vio solamente la espuma de ‎esa ola, pero hasta eso era demasiado. En 1977 el presidente James Carter nombraba director ‎de la CIA al almirante Stansfield Turner, ordenándole sacar de la agencia a los colaboradores que ‎habían trabajado para el Eje nazi-fascista y convertir las dictaduras proestadounidenses en ‎‎“democracias”. Así que cabe preguntarse, ¿cómo pudieron entonces el nazi alemán Klaus ‎Barbie y el neofascista italiano Stefano Delle Chiaie convertirse en supervisores de la represión ‎en Bolivia hasta agosto de 1981? ‎

Es evidente que habían logrado organizar la sociedad boliviana de una manera que les permitía ‎no depender del apoyo de Washington y de la CIA. Les bastaban el discreto respaldo de algunos ‎funcionarios estadounidenses y el dinero de un grupo de transnacionales. Los golpistas de 2019 ‎han actuado probablemente de la misma manera. ‎

Durante el periodo de la lucha anticomunista, Klaus Barbie había facilitado la instalación ‎en Bolivia de numerosos fugitivos croatas ustachis que antes lo habían ayudado a él a huir ‎de Europa (7). ‎Creada en 1929, la organización de los ustachis reivindicaba ante todo una identidad católica ‎croata y contó con el apoyo del Vaticano para luchar contra la URSS. Después de la Primera ‎Guerra Mundial y antes del inicio de la Segunda, los ustachis perpetraron numerosos asesinatos ‎políticos, como el atentado que costó la vida al rey ortodoxo Alejandro I de Yugoslavia durante ‎una visita en Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial, los ustachis se aliaron a los ‎fascistas y a los nazis y perpetraron masacres contra los cristianos ortodoxos pero enrolaron a musulmanes.

En total contradicción con el cristianismo original, los ustachis promovieron una visión ‎racialista del mundo, según la cual los eslavos y los judíos no pueden ser considerados ‎enteramente humanos (8). ‎

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, los ustachis huyeron de Europa hacia Argentina, ‎donde fueron acogidos por el general Juan Domingo Perón. Pero algunos rechazaron ‎el peronismo y prefirieron volver a emigrar. Fueron por consiguiente los más recalcitrantes ‎los que emigraron a Bolivia (9).‎

Según el neoustachi boliviano Luis Fernando Camacho, “Bolivia pertenece ‎a Cristo”, algo que nadie discute en ese país, donde el 98 por ciento de la población es ‎de confesión cristiana. ¿De qué habla entonces este individuo?

Los ustachis en Bolivia

‎Ya se sabe que las razones éticas no son motivo suficiente para que la CIA acepte renunciar a un ‎arma. Así que no hay que sorprenderse de que los colaboradores que la administración Carter había ‎expulsado de esa agencia estadounidense hayan colaborado después con el vicepresidente de ‎Ronald Reagan y ex director de la CIA‎, George Bush padre. Algunos de ellos formaron el ‎“Antibolchevik Bloc of Nations” (10). Esos elementos eran principalmente ucranianos (11) e individuos ‎provenientes de los países bálticos (12) y ‎de Croacia. Todos esos criminales de guerra están hoy en el poder.‎

Los ustachis bolivianos se han mantenido vinculados a sus correligionarios en Croacia, ‎principalmente durante la guerra de 1991-1995, donde apoyaron al partido cristiano-demócrata ‎‎(HDZ) de Franjo Tudman. ‎

En Bolivia, esos elementos crearon la “Unión Juvenil Cruceñista”, una milicia conocida por sus ‎incursiones violentas y asesinatos de miembros del pueblo originario aymara. Uno de los antiguos ‎jefes de la Unión Juvenil Cruceñista, el abogado y hombre de negocios Luis Fernando Camacho, ‎preside actualmente el Comité Cívico Pro Santa Cruz y dirige abiertamente a los matones que ‎expulsaron del país al presidente Evo Morales, miembro de la etnia aymara. ‎

Al mismo tiempo, parece que el nuevo comandante de las fuerzas terrestres de Bolivia, el general ‎Iván Patricio Inchausti Rioja, es de origen croata. En todo caso, es ese general quien dirige ‎actualmente la represión contra la resistencia de los pueblos originarios, luego de haber recibido ‎lo que se ha denunciado como una “licencia para matar”, concedida públicamente por la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez.‎

La fuerza de los ustachis bolivianos no reside en su número, ya que son sólo un grupúsculo. ‎Si lograron derrocar al presidente Evo Morales es porque utilizan la religión para justificar sus ‎crímenes y, en un país eminentemente católico, pocos se atreven a oponerse abiertamente a ‎quien dice hablar en nombre de Dios. ‎

Los cristianos racionales que leyeron u oyeron las declaraciones de la presidente autoproclamada ‎cuando anunciaba el regreso de la Biblia al palacio de gobierno –en realidad eran los ‎‎Cuatro Evangelios pero la señora Añez no parece conocer la diferencia entre esos dos libros– y ‎que recordaron las denuncias de la nueva jefa de Estado sobre los “ritos satánicos” que ella atribuye a los pueblos originarios quedaron estupefactos y creyeron, con desagrado, que esta ‎señora proviene de alguna secta. No, es una ferviente católica. ‎

Hace años que venimos denunciando a los responsables del Pentágono partidarios de la estrategia ‎Rumsfeld / Cebrowski. Hemos advertido repetidamente que esos militares estadounidenses ‎pretenden repetir en la Cuenca del Caribe lo que ya hicieron en el Medio Oriente ampliado. ‎

Pero en Latinoamérica, su plan encontraba una importante dificultad: la ausencia de una fuerza ‎regional comparable a la Hermandad Musulmana y Al-Qaeda. En Latinoamérica, todas las ‎manipulaciones terminaban volviendo a la tradicional oposición entre “capitalistas liberales” y ‎‎“socialistas del siglo XXI”. Ya no es así. Ahora existe dentro del catolicismo una corriente ‎política que predica la violencia en nombre de Dios. Esa corriente hace posible el caos. ‎Los católicos latinoamericanos se ven ahora ante la misma situación que los sunnitas árabes: ‎tendrán que condenar urgentemente a esos fundamentalistas o serán arrastrados por la violencia ‎que estos predican.

(1) Bolivie: Morales redoute un coup d’Etat s’il gagne ‎les élections (en español, “Bolivia: Morales teme un golpe de Estado si gana las elecciones”), ‎AFP, 15 de noviembre de 2019.
(2) El SVR es el servicio de inteligencia exterior de la Federación Rusa (nota de la Red Voltaire).
(3) Exclusivo: audios de polémica charla entre ‎el embajador Francisco Santos y la nueva canciller Claudia Blum, Publimetro, Colombia, 20 de noviembre de 2019.
(4) Venezuela, Irán, Trump y el ‎Estado Profundo, por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 21 de mayo ‎de 2019.
(5) La Liga Anticomunista Mundial, internacional del crimen, por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 20 de enero de 2005.
(6) Operación Cóndor, 40 años después, Stella ‎Calloni, Infojus, 2015.
(7) Los ustachis eran miembros de una organización terrorista –la Ustacha– creada ‎sobre la base del racismo religioso y del ultranacionalismo croata (nota de la Red Voltaire).
(8) En 1823 el poeta Antun Mihanovic, fuertemente influenciado por el romanticismo alemán, se interrogaba sobre un hipotético origen no eslavo de los croatas. ‎Partiendo de esa hipótesis romántica, Ante Starcevic teorizó la justificación de la independencia ‎croata de los demás pueblos de los Balcanes. En eso se basaron los ustachis para construir ‎su propia ideología racialista, independientemente del nazismo. Los nazis, que deberían haber ‎visto a los croatas como subhumanos destinados a servir como esclavos, encontraron más conveniente y cómodo utilizarlos como fuerza de combate fingiendo creer el mito inventado por ‎los ustachis. Cf. The Racial Idea in the Independent State of Croatia. Origins and Theory, ‎Nevenko ‎Bartulin, Brill, 2014.‎
(9) Nationalism and Terror. Ante Pavelic and Ustasha Terrorism from ‎Fascism to the ‎Cold War, Pino Adriano y Giorgio Cingolani, Central European University Press, ‎‎2018.
(10) Old Nazis, the new right and the Republican party, Russ Bellant, ‎South End Press, 1988.
(11) ¿Quiénes son los nazis en el gobierno ucraniano?, por Thierry Meyssan, 3 de marzo ‎de 2014; Organizaciones nazis irrumpen en el escenario europeo, por Andrey Fomin, Oriental Review, Rusia, 6 de marzo de 2014; Entrenamiento estadounidense para neonazis ucranianos, por Manlio Dinucci, ‎‎Il Manifesto, Italia, 11 de febrero de 2015; Manifestación nazi en Kiev, ‎‎16 de octubre de 2017; Ucrania, vivero de neonazis de la OTAN, por ‎Manlio Dinucci, Il Manifesto, Italia, Red Voltaire, 24 de julio de 2019.
(12) La presidente de Letonia rehabilita el nazismo, por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 20 de marzo de 2005; Derecho de respuesta del gobierno letón, embajadora Solvita Aboltina y ‎comentarios de Manlio Dinucci y Thierry Meyssan, Red Voltaire, 13 de octubre de 2018.

El Golpe de Estado en Bolivia es ‘un refrescante paso adelante para la democracia’, según Human Rights Watch

El apoyo de Human Rights Watch al Golpe de Estado en Bolivia y la subsiguiente represión de las protestas populares no obedece a ningún error. Human Rights Watch no defiende los derechos humanos sino el imperalismo. Tampoco es una ONG, aunque lo parezca; es uno de los brazos que utiliza el imperialismo para mantener su hegemonía en el mundo.

El imperialismo estadounidense creó Human Rights Watch en 1978 con el nombre de Helsinki Watch inmediatamente después de la firma de los Tratados de Helsinki. Entonces su objetivo era denunciar que en los países del bloque oriental no se respetaban los derechos humanos.

Desde su nacimiento ha sido denunciado como lo que es realmente: un protagonista de la política exterior estadounidense. De ahí que sus miembros sean antiguos funcionarios del gobierno de Washington, es decir, las “puertas giratorias” al estilo gringo.

Si desde el principio Human Rights Watch quedó al descubierto con sus informes sobre los países del otro lado del Telón de Acero, con el “patio trasero” latinoamericano es aún más descarado.

Un informe suyo de 2008 sobre las violaciones de los derechos humanos en Venezuela fue denunciado por cientos de académicos latinoamericanos porque no cumplía con los más mínimos estándares de investigación, imparcialidad, precisión y credibilidad. Su autor, José Miguel Vivanco, había expresado abiertamente sus prejuicios, revelando que escribió el informe “porque queríamos mostrar al mundo que Venezuela no es un modelo para nadie”.

En un tinglado como Human Rights Watch tan importante como lo que dice es lo que calla, como en el caso del Golpe de Estado que derrocó al Presidente hondureño Manuel Zelaya y la represión que le siguió que, como en Bolivia, fueron apoyados por Estados Unidos.

Para conocer con quién está el imperialismo en cada momento y en cada país no hay más que leer las declaraciones de los defensores de los derechos humanos, que se mueven como un resorte en cuanto el Departamento de Estado levanta la mano.

Los golpistas bolivianos han obligado a exiliarse a los gobernantes anteriores, han asesinado a 30 personas en las calles, han detenido a funcionarios y periodistas y han aprobado un decreto para eximir de responsabilidad por adelantado a la policía por los crímenes que cometa en la consolidación de su régimen.

En una situación tan obvia, Human Rights Watch no está con los manifestantes, ni con sus derechos, sino con los golpistas. En su declaración oficial, se abstuvo de utilizar el término “Golpe de Estado”, diciendo que Morales “había dimitido” tras varias semanas de “disturbios civiles y enfrentamientos violentos”, según dijo Vivanco.

La organización oculta que Morales fue amenazado de muerte por los militares y, por lo tanto, oculta el papel de los militares en el mismo. Morales no escapó de la muerte ni de un encarcelamiento, según Human Rights Watch; se fue a México sin ninguna razón aparente.

Además, el tinglado aprueba tácitamente al gobierno golpista, al que se dirige a fin de que otorgue prioridad a los derechos, quizá refiriendose a los vivos porque los muertos ya no tienen ninguno.

Kenneth Roth, el cabecilla del tinglado, fue aún más lejos en su perfil de Twitter al describir el exilio de Morales como “un refrescante paso adelante para la democracia”. Roth también carga contra el dimitido Presidente y no contra los golpistas, asegurando que el fugado había cometido un fraude electoral, que su candidatura era ilegal y que el ejército obró de manera impecable porque Morales les ordenó disparar contra los manifestantes, pero ellos se negaron.

Roth reconvierte el golpe en una insurrección y en un “momento de transición” para Bolivia, mientras se convocan nuevas elecciones, es decir, mientras los golpistas blanquean su dominación terrorista. Desde los tiempos de la Guerra de Vietnam a ese tipo de maniobras los imperialistas las llaman “pacificación”.

La autócrata Jeanine Añez, cuyo partido obtuvo el 4 por ciento de los votos en las elecciones de octubre, ha retirado a Bolivia de muchas organizaciones y tratados internacionales e intercontinentales. Describe a la mayoría de los indígenas bolivianos como “satánicos” e insiste en que no se les debe permitir vivir en las ciudades, sino que se les debe enviar al desierto o a las montañas despobladas de los Andes.

La represión también desaparece de las declaraciones de Human Rights Watch, camuflada en medio de eufemismos como una “escalada de la violencia” en la que no hay crímenes sino una especie de fenómenos de la naturaleza: no hay responsables, no hay instigadores, no hay cómplices… Nada de nada.

http://www.informationclearinghouse.info/52590.htm, https://www.mintpressnews.com/human-rights-watch-right-wing-massacre-bolivia/262887/

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