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Día: 20 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

La Nueva Iglesia de la Climatología

Georges Cuvier
Bianchi

Con, en su momento, Al Gore de «starring«, como Tom Cruise lo fue de la Iglesia de la Cienciología, sectas, charlatanes. Un derviche ofrece más credibilidad. Tengo para mí que la verbosidad parlanchina sobre el Cambio Climáticoclimate change«, que dicho en inglés le da más empaque al invento) en una variante -involuntaria- de añejas teorías que responden al label de «catastrofismo» al que sólo le falta el «sensorround» para darle realismo a la cosa (como experimentó quien suscribe en salas de cine londinenses años ha viendo «La aventura del Poseidón», film que inauguró el «género catastrófico» en el celuloide salvando, por cierto y dicho sea de paso, a Hollywood de la ruina).

En términos geológicos, el CATASTROFISMO fue propagado en las primeras décadas del siglo XIX por el paleontólogo francés Georges Cuvier (1769-1832). Su interpretación fue que en el pasado habían tenido lugar periódicas inundaciones de la tierra firme que exterminaban a las especies terrestres existentes, y que iban seguidas de la aparición de nuevas especies que sustituían a las extinguidas. En síntesis, el catastrofismo geológico de Cuvier venía a decir que del estudio del registro geológico se desprendía que en el transcurso de la historia de la Tierra habían tenido lugar súbitas catástrofes universales, que habían actuado sobre la superficie terrestre, asolando todo a su paso y exterminando a los seres vivos existentes en ese momento, como se dijo.

Estas revoluciones geológicas, o cambios de gran magnitud en la configuración de la Tierra sólo podían ser explicados apelando a la acción repentina  y violenta de fuerzas naturales y devastadoras (terremotos, volcanes, krakatoas, tsunamis, etc.). La última de estas catástrofes habría sido el diluvio universal descrito en la Biblia. El marco teórico catastrofista estaba en bastante buena armonía con los relatos bíblicos de la creación y otros milagros (como los actuales Big Bang, genes perdidos et alli).

El catastrofismo se suele oponer a la teoría uniformista del geólogo Charles Lyell (a quien leyera un joven Darwin) diciendo que los cambios eran procesos lentos y constantes producidos por causas pequeñas que actuaron a ritmo uniforme a lo largo de inmensos  periodos de tiempo. En 1870 la geología uniformista y la evolución «gradualista» se habían convertido en los principios rectores de la ciencia dejando atrás a Linneo (1707-1778), creador del llamado «fijismo» que postulaba que todas las cosas y animales eran creaciones inalteradas de Dios.

Hasta aquí la pequeña historia donde los cambios obedecen a causas naturales y no a la garra del hombre como ocurre con el nuevo milenarismo que llaman «cambio climático» que, mire usted,  haberlo, lo ha habido siempre -sería de necios negarlo-, pero no como lo pintan. Ahora se propone para arreglarlo nuevos impuestos y tasas sobre emisiones de CO2 para frenar el  desarrollo de los llamados países emergentes o BRICS. La cumbre de Copenhague (diciembre de 2009) y la catastrofista teoría del calentamiento (no hace ni cien años se hablaba de todo lo contrario: del enfriamiento) global, tenían como objetivo crear una suerte de consenso mundial necesario para que los países ricos puedan imponer a los países pobres y en vías de desarrollo modelos productivos que no supongan una amenaza para las economías de los primeros.

Una teoría que ha sido convertida en dogma por las potencias occidentales, al estar exenta del más elemental debate científico (al revés: ha habido «climagates»), y gracias a la estigmatización de todos aquellos que osaban contradecirla (o sea, nosotros los «conspiranoicos» cuyo lema es: «piensa mal (de estos hijoputas criminales) y acertarás», llamándoles «negacionistas» en clara referencia a los «negacionistas» del Holocausto. Los negacionistas como herejes y los conspiranoicos como zumbados. Y así…

Good evening.

Los trapos sucios de la Guerra de Siria salen a la luz pero los medios se callan como perros

Los trapos sucios de la Guerra de Siria van saliendo a la luz y los medios se callan como perros: ninguno se ha hecho eco de la falsificación de los informes sobre los bombardeos químicos a Duma para imputárselos al gobierno de Bashar Al-Assad.

El fraude alcanza a la ONU, de quien la OIAC (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas) depende. Por lo tanto, es otro de los engaños que vienen sembrando este tipo de tinglados internacionales, que aprovechan su apariencia de “neutralidad”.

Quienes han denunciado el engaño no son los conspiranoicos sino dos miembros del propio organismo y, lo mismo que las “armas de destrucción masiva” de Irak, conducen siempre al punto de partida de las guerras imperialistas y sus falsos pretextos que, en el caso de Siria, condujeron a bombardear varias instalaciones.

Pero si en el caso de Irak, las “armas de destrucción masiva” no aparecieron nunca, en Siria no va a ocurrir lo mismo porque el gobierno de Damasco no ha sido domesticado, así que las grandes cadenas de intoxicación se callan como lo que son: como perros.

Los inspectores de la OIAC denuncian que sufrieron presiones por parte de funcionarios de Estados Unidos para emitir un informe condenatorio contra el gobierno de Siria.

Excepto uno, todos los miembros de la OIAC se apercibieron de que las bombas de cloro que encontraron en el lugar de los hechos no habían sido lanzadas desde una altura sino que las dejaron allá “a mano”, formando parte de un escenario preparado.

El 4 de julio el director de la OIAC, Bob Fairweather, llamó a los inspectores a su despacho, donde se encontraron con tres funcionarios de Estados Unidos, que se presentaron con su nombre, pero sin decir en qué organismo trabajaban.

Los gringos llevaron la voz cantante y empezaron asegurando que se había producido un ataque químico en Duma con gases y que el mismo había sido ordenado por el gobierno sirio. La suerte estaba echada de antemano. No había nada que investigar.

La OIAC no pintaba nada. Su informe es falso y quienes lo han reproducido en grandes titulares mediáticos son otros tantos defraudadores y no cabe considerarlos de otra forma mientras no rectifiquen su “error”.

Ahora veremos qué hacen los cazafantasmas que buscan mentirijillas por internet, los que se dedican a contrastar la información, los medios prestigiosos, los independientes, los objetivos y los neutrales.

Más información:

– No hubo ningún ataque químico del ejército sirio contra Duma en abril
– Nuevos hallazgos sobre el montaje del ‘ataque químico’ al barrio de Duma, en la capital siria
– El gran montaje de las armas químicas de Duma sale al descubierto
– La ONU manipuló las pruebas del ataque químico a Duma para culpar al gobierno de Damasco
– La prensa española: los perritos falderos de los imperialistas

Irán: bloqueo económico + revolución de colores + desestabilización en la calle

Como muchos otros países, Irán vive jornadas de protestas en la calle e incluso de levantamientos populares masivos. La situación es intercambiable con lo que está pasando en Líbano o en Irak. La población tiene motivos sobrados para quejarse porque la situación económica es realmente muy complicada.

El gobierno de Teherán, cabe añadir, tampoco ha mostrado mucho tacto a la hora de tomar decisiones difíciles, como el aumento del precio de los combustibles, sobre todo porque buena parte de las potestas que han estallado en el mundo son consecuencia de ese mismo problema, lo cual es algo a tener muy en cuenta.

Tampoco es casualidad que el levantamiento se produzco en un momento de máxima tensión con el imperialismo y tiene razón el gobierno cuando dice que las protestas sirven a intereses extranjeros (Estados Unidos, Israel, Arabia saudí), cuando el recuerda el sabotaje económico internacional y la inmejorable plataforma que los “extranjeros” tienen en algunos foros, asociaciones y redes sociales, es decir, a los tentáculos internos de los imperialistas y sus secuaces.

El precio de la gasolina en Irán es el más bajo del mundo y después de la subida lo sigue siendo. Es diez veces más barata que en España. Un bidón de 20 litros costaba menos de dos dólares y después de la subida el precio es de tres dólares si consumes menos de 60 litros al mes y seis dólares si consumes más.

Claro que los salarios también son muy bajos, pero el precio de la gasolina en Irán también es “política”, aunque una “política” del revés. En España la gasolina recauda impuestos, en Irán redistribuye la riqueza.

Así podríamos seguir explicando lo que son el petróleo o el gas en Irán, una de las mercancías que pasa por las fronteras de contrabando y, por lo tanto, consecuencia del embargo económico impuesto por el imperialismo.

Al aumentar el precio, el consumo se ha reducido un 20 por ciento y el contrabando a la mitad, impidiendo la fuga de divisas que, en una situción de bloqueo, son un tesoro más valioso que el oro negro.

Estados Unidos no se ha limitado al guión típico de bloqueo económico + revolución de colores + desestabilización en la calle. Está echando el resto y por eso ha dejado su cartas al descubierto. Los peones han salido a la luz y el gobierno de Teherán esperará pacientemente para capturar a todos los que pueda.

Es un pulso y “el que ríe el último ríe dos veces”.

Suiza: un país por encima de cualquier sospecha de blanquear dinero negro

El suizo Rudolf Elmer es un ingenuo como Hervé Falciani, Antoine Deltour, Stéphanie Gibault y tantos otros de esos que creen que las cosas se pueden cambiar desde dentro. Las personas que trabajan en los bancos no sólo manejan mucho dinero, sino mucha información, sobre todo en la Gran Lavadora Suiza, un país que guarda las apariencias: pintado por fuera y negro por dentro.

Hervé Falciani denunció al HSBC, Stéphanie Gibault al UBS, Antoine Deltour destapó Luxleaks y Elmer también tenía serios problemas de conciencia y quiso poner en nuestro conocimiento informaciones que ya sabemos, que nos suenan a viejunas: los bancos suizos ayudan a las multinacionales a evadir el pago de sus impuestos.

Desde los años ochenta Elmer trabajaba para Julius Bär, un banquero discreto, de esos a los que nunca se les arruga el traje. En 1994 le trasladaron a las Islas Caimán, un notorio paraíso fiscal, como jefe contable y luego como director de operaciones, antes de ser despedido en 2002.

Entonces proporcionó a la fiscalía de Zurich y a una revista un CD con los datos de los clientes del banco. En 2008 comenzó a pasar información a Wikileaks. En 2011 se entrevistó en Londres con Julian Assange. Le entregó dos CD con más datos confidenciales de clientes del banco.

El sitio web publicó una primera ronda de datos del banco y, a partir de entonces la denuncia se volvió contra el denunciante. No le dieron medallas sino un calvario de juicios. El suizo creía que él era el denunciante y Europa le ha demostrado que no: él es el denunciado, el perseguido. El banco Julius Bär recurrió a los tribunales estadounidenses para cerrar Wikileaks. En 2005 Suiza inició un primer juicio en su contra. Le condenaron a más de seis meses de prisión y, naturalmente, a la inhabilitación para ejercer su profesión.

A pesar de la persecución, no se arrepiente de nada, sino todo lo contrario: grita más alto. La realidad le ha abofeteado en el rostro y le ha abierto los ojos. El creía en el sistema pero el sistema no creyó en él. El sistema no era el remedio sino la enfermedad.

El 26 de agosto el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó, por cuarta vez, una de sus denuncias por el trato que le habían dado los tribunales suizos. El 13 del mes pasado le envió una carta abierta al Presidente del Tribunal Europeo.

Para lavarse la cara, Francia aprobó una ley para proteger a los denunciantes en 2016, llamada Ley Sapin 2, pero no hay nada parecido en Suiza, ni cuando Elmer comenzó a denunciar las prácticas de su banco, ni hoy en día.

La corrupción no existe. Eso que llaman “sistema” ni siquiera es un sistema; no es más que el capitalismo. Los incautos que luchan contra la corrupción se han equivocado de enemigo y acabarán en la carcel, como Assange o Elmer. Por eso han creado la Fundación Coraje, no tanto para denunciar sino para defenderse de las denuncias. Su lema es “el mundo necesita gente que cuente la verdad”.

Sin embargo, la verdad está detrás de una cortina de humo: el año pasado Suiza anunció que levantaba el secreto bancario, que está vigente desde 1934. Los bancos suizos tienen que intercambiar automáticamente los datos de sus cuentas en Suiza con las autoridades fiscales de otros países. A cambio, el mes pasado la Unión Europea le retiró a Suiza de su lista de paraísos fiscales.

El que hace la ley hace la trampa. El intercambio automático de información sólo funciona si el cliente tiene una cuenta a su nombre en Suiza. Pero si se trata de un fideicomiso, entonces el secreto sigue funcionando y lo mismo ocurre en los casos de extraterritorialidad (“offshore”), es decir, cuado el dinero no está exactamente en Suiza sino en sitios como las Islas Caimán.

“Tardé mucho tiempo en comprender que no podía cambiar a Suiza desde dentro”, dice ahora Elmer, casi convertido en uno de esos “antisistema”.

Más información:

– La impunidad cuesta muy barata
– Al servicio de dios, del capital y del Estado (tres personas distintas pero sólo un dios verdadero)
 

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