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Día: 7 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

Las políticas ‘verdes’ estan en la raíz de las protestas populares en Chile y en otros países

Desde el inicio de las movilizaciones de los “chalecos amarillos” en Francia el año pasado, hasta la actual batalla campal en Chile, pasando por otras protestas parecidas, el hilo conductor es el mismo, el precio de los carburantes, la mayor parte del cual son impuestos y, por lo tanto, de eso que los economistas llaman “precios políticos”.

La situación actual del mercado mundial del petróleo se caracteriza por una bajada de los precios, mientras que el precio final de la gasolina sube en las estaciones de servicio porque los impuestos han aumentado para financiar las políticas verdes, ecologistas, de transición energética, de descarbonización, o como quiera que se llamen.

Los precios mundiales del petróleo son actualmente un 25 por ciento más bajos que hace un año y un 37 por ciento más bajos que hace cinco. Pero Chile quiere ser un país modélico en materia climática y ha sustituido el suministro de energía convencional del metro de la capital por fuentes de origen eólico y solar.

La bajada del precio del petróleo le podía haber permitido al gobierno bajar también el precio de los billetes del metro de Santiago, que están entre los más elevados del mundo, pero no ha sido posible a causa de los planes de transición energética.

Chile fue el primer país de América Latina en implementar impuestos verdes, uno de los cuales grava la compra de vehículos nuevos. “Como el precio de los coches eléctricos es muy elevado, elevamos también el de los convencionales para que no haya tanta diferencia y así se venderán más”, dicen los economistas.

Otros gravan a las calderas y turbinas para sustituir las viejas, aunque funcionen perfectamente, por otras que no sólo no pagan impuestos sino que tienen bonificaciones fiscales. No son otra cosa que ejemplos típicos de obsolescencia acelerada de los equipamientos industriales.

El gobierno de Piñera quería marcarse un punto porque Chile iba a ser el país anfitrión de la conferencia climática de la ONU prevista para diciembre, es decir, el gobierno no establece sus políticas en función de las necesidades de los habitantes de Santiago sino de las paranoias que orquesta la ONU en torno al clima.

Afortunadamente los levantamientos populares van a conseguir aclararnos mucho más que los debates científicos y seudocientíficos sobre los asuntos climáticos porque la población está tan esquilmada que no puede pagar ni un céntimo más de su bolsillo, por más que le guste reducir la concentración de CO2 en la atmósfera.

En Chile no sólo han pretendido subir el precio del billete de metro sino que hay un impuesto sobre el CO2, el gas maldito. La gente empieza a estar harta del saqueo por motivos verdes (o marrones) y el hartazgo se extiende a quienes figuran como patrocinadores: la ONU, el FMI, la OCDE, el Banco Mundial…

[Post data: desde que en 2014 se implementó el impuesto sobre el CO2, en Chile no ha habido ninguna reducción de las emisiones pero el Estado recauda más dinero que antes. ¿Qué se creían?]

Sánchez, el rey desnudo y la bellaquería

B.

Para una vez que el presidente Sánchez dice una verdad, esto es, que la Fiscalía General del Estado hace lo que le diga o dicte el Gobierno, el Ejecutivo, que para eso lo nombra, resulta que todo el gallinero parlamentario se pone de acuerdo en decir que ha «metido la pata». No se entra en el fondo de la frase y ver qué hay de cierto en ella, no, esto no: ha metido la gamba hasta el zancarrón. ¿Cómo se puede meter la pata diciendo una verdad? Ah. Y es que no puede ser que estemos todo el santo día, mass media, polítiquillos, tertulistos, tartufillos, etc., dando la brasa al personal con aquello de «vivimos en un Estado de Derecho», somos una «democracia avanzada» con que nos llenamos la boca para maquillar este engendro, para que venga este patán y en dos patadas se cargue el invento, la independencia judicial, la separación de poderes y la madre que nos parió.

Años, lustros, vistiendo el muñeco y va este rastacueros *parvenu* de Sánchez diciendo que el rey va desnudo. Le da la razón al independentismo catalán de los Puigdemont y cía y a los comunistas que lo vienen diciendo años ha y le llaman a esto fascismo. O neofascismo, para no parecer rijoso.

Moraleja: para mantener el andamiaje de esta democracia de cartón piedra lo que procede es mentir como bellacos una y mil veces hasta aturdir y lavar el cerebro a la plebe diciendo que disfrutamos de las bondades de un régimen democrático, constitucional, garantista, la Biblia en verso y el copón de la baraja. Hay que decir que el rey va vestido, y no desnudo como señaló el niño del cuento de Andersen. Hay que mentir compulsivamente, enfermizamente. El sistema se basa en una sarta de mentiras.

Buenos días

Holanda dispone de un sistema de vigilancia permanente sobre los pobres e inmigrantes

“Holanda edifica un estado de vigilancia permanente contra los pobres”, resumió recientemente el abogado Merel Hendrickx, un experto de la ONU. “Es un proyecto digital equivalente a la intervención de un escuadrón de fuerzas de seguridad que llegara a tu casa y comenzara a rebuscarlo todo”, añade Hendrickx, cuya organización The Public Interest Litigation Project (PILP) se opone en los tribunales al panóptico.

Lo llaman Syri (System Risk Indication o Sistema de Alarma por Riesgo) y comenzó hace cinco años, pero entonces casi todos miraron hacia otro lado. Fue aprobado por el parlamento sin ningún debate.

En este tipo de iniciativas siempre hay un pretexto, que en este caso consiste en perseguir más eficazmente el fraude contra el “estado del bienestar”. Se trata de combinar toda una serie de datos digitales que son fácilmente accesibles pero que, hasta ahora, estaban dispersos. Son innumerables y proceden de numerosas fuentes: de los ayuntamientos, hacienda, bancos, aseguradoras u oficinas del paro e inmigración. Un algoritmo se encarga de cruzarlos, haciendo que suene la alarma si aparecen anomalías, es decir, posibles contradicciones que pondrían sobre aviso a los vigilantes.

La semana pasada los jueces de un tribunal de La Haya se enfrentaron a una coalición de organizaciones sociales que llevaron a juicio al Estado holandés. Según los demandantes, el SyRI representa una grave violación de las libertades individuales.

El abogado del Estado no opinaba igual: imagínese a una persona que recibe subsidios porque vive en un cierto tipo de infravivienda, dijo. El SyRI alerta porque el consumo de agua en dicha vivienda es pequeño. Entonces los vigilantes tienen que llevar a cabo una investigación a fondo para verificar que, en efecto, esa persona que recibe ayudas vive realmente en dicha infravivienda.

Los contadores “inteligentes”, ya sean de agua o de electricidad, miden el consumo cada 15 minutos. En total, hacen 96 mediciones al día, suficiente para dar una visión muy detallada de la vida de una persona.

Pero el panóptico no se detiene ahí. Está muy lejos de buscar simples anomalías y abre la puerta a un estado de vigilancia generalizado. El SyRI puede acceder a una gama increíblemente amplia de datos.

Lo realmente inteligente no son los panópticos sino personas como Tijmen Wisman, que los ha investigado en la Universidad Libre de Amsterdam. Dedicó su doctorado al derecho europeo sobre los objetos relacionados entre sí, lo que le llevó a deshacerse de su “teléfono inteligente”. Es consciente del rastro digital que deja cada vez que introduce su abono (también “inteligente”) para entrar en el metro que le lleva a la universidad.

El colmo ha sido que el Estado holandés se niega a revelar los detalles de SyRI, alegando que permitiría a los defraudadores contrarrestar las alertas. “Dejarían el grifo abierto”, dijo el abogado del Estado en el juicio. Ante la falta de transparencia los cargos electos del Ayuntamieto de Rotterdam se enfadaron, lo que llevó a la suspensión del programa en varios barrios de la ciudad.

“Esta insistencia en el secreto por parte del Estado siempre ha sido prerrogativa de los servicios secretos o de la policía, o de la lucha contra los delincuentes. Sin embargo, en el caso del SyRI, nadie se sintió ofendido por esa misma opacidad”, dice Wisman.

Tuvieron que presionar mucho para obtener una lista con media docena de barrios en los que el proyecto estaba empezando a ser implementado. Todos ellos tienen una particularidad: están habitados por pobres e inmigrantes.

Si hay sospechas contra alguien un Estado moderno tiene medios suficientes para investigarle. Lo que Holanda ha hecho ahora es convertir a decenas de miles de personas en potenciales defraudadores, es decir, a todos los que viven en esos barrios convertidos en “conflictivos”. Es sobre esas personas, sobre los más pobres sobre las que se está llevando a cabo una política represiva que busca aumentar todos los mecanismos de control y vigilancia.

Hasta ahora en Europa las políticas sociales alardeaban ante el mundo de ayudar a la población necesitada de la mejor manera posible. Ahora se trata de reducir las ayudas con el pretexto de perseguir a los defraudadores.

Christiaan van Veen, asesor en materia de nuevas tecnologías del Relator Especial de la ONU sobre la pobreza extrema, advierte contra los panópticos. “El principal peligro al que se enfrentan los estados de bienestar digitalizados es que sólo sirven a los intereses de una élite de funcionarios y empresas de tecnología. Al mismo tiempo, una desafortunada subclase, sometida a vigilancia constante, experimentará una distopía digital en la que la más mínima desviación será detectada y castigada”.

https://www.letemps.ch/monde/paysbas-batissent-un-surveillance-pauvres

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