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Día: 2 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

Ecofascismo: la naturaleza reaccionaria de los movimientos verdes

Svástica descubierta en 2001 en Berlín
Mientras la ecología es una ciencia, lo que habitualmente se hace pasar como tal es algo bien diferente y sus raíces son reaccionarias. El ecologismo no es moderno; es posmoderno, es decir, un desafío a la modernidad y al progreso. El origen de las ideologías verdes es el mismo que el del nazismo porque ambos comparten una misma identidad política, filosófica, cultural e ideológica.

Hace ya un cuarto de siglo un estudio de Peter Staudenmaier se extendió sobre ello, con un título definitorio: “Ecofascismo: lecciones de la experiencia alemana”. En 2011 tuvo una segunda reimpresión, recientemente traducida y publicada por la Editorial Virus (*).

La obra de Staudenmaier va acopañada de un artículo de Janet Biehl sobre el mismo asunto titulado “Ecología y modernización del fascismo en la extrema derecha en Alemania”, que lleva el asunto a la actualidad: la presencia de los neonazis en los movimientos ecologistas en Alemania.

Es, pues, un asunto conocido, por más que los ecologistas crean lo contrario de sí mismos: que son progresistas, de izquierdas, o incluso revolucionarios.

Staudenmaier sostiene que el ecofascismo surge en Alemania en la primera mitad del siglo XIX por obra de dos intelectuales herederos del romanticismo. El primero fue Ernst Moritz Arndt, cuya obra combina el nacionalismo xenófobo con el amor al terruño (la “patria chica”). El segundo fue Wilhelm Heinrich Riehl, un autor caracterizado por el repudio al mundo urbano y una visión mística del campo.

En la segunda mitad del siglo XIX el movimiento Völkisch impulsó las teorías de Arndt y Riehl, abogando por un retorno a la vida sencilla de los campesinos y atacando a la Ilustración, el progreso, la ciencia y la industria.

Precisamente fue un científico alemán, Ernst Haeckel, pionero de la ecología, quien más contribuyó a disolverla entre sus concepciones reaccionarias y protofascistas. En los escritos de Haekel la defensa del imperialismo alemán convive con el darwinismo social, el racismo y el antisemitismo. En esta ideología el núcleo, lo realmente importante, no son los seres humanos sino la naturaleza.

Haeckel introduce la palabra “ecología” del griego “oikos” que tanto puede significar “habitat” como “hogar”, aunque lo más importante es que cada pueblo tiene el suyo, que no puede ser invadido por otros.

En torno a Haeckel, al seudoecologismo y al misticismo se forma el movimiento Wandervögels (“aves migratorias”) que, con el tiempo, acaba nutriendo las filas nazis, cuyos dirigentes más conocidos, como Hitler, Himmler o Rudolf Hess, eran lo que hoy calificaríamos como animalistas: “Im neuen Reich darf es keine Tierquëlerei mehr geben”, dijo Hitler (“En el nuevo Reich no hay cabida para la crueldad hacia los animales”).

El III Reich aprobó las primeras leyes para preservar el medio ambiente, creó la primera reserva natural de Europa y mantuvo una política de desarrollo de la agricultura ecológica.

El fascismo ha llegado al siglo XXI sosteniendo esas mismas concepciones seudoecologistas, como se comprueba leyendo el manifiesto redactado por Brenton Tarrant, autor del atentado contra dos mezquitas en Nueva Zelanda en marzo de este mismo año, que se definió a sí mismo como “ecofascista”.

Para los fascistas el medio ambiente está sometido a una presión demográfica creciente de la población que solo se puede resolver mediante los conocidos mcanismos de la “ingeniería social”, a saber, el exterminio de las razas inferiores, la pena de muerte o la esterilización. Es la doctrina del bote salvavidas: cuando el transatlántico se hunde, sólo unos pocos pueden subirse al salvavidas porque si todos quisieran entrar, también se hundiría y morirían todos. Sólo los elegidos se pueden salvar…

(*) https://www.viruseditorial.net/ca/libreria/libros/492/ecofascismo

El control imperialista sobre el petróleo de Siria es un mecanismo de presión en las negociaciones de Ginebra

La ayuda de Rusia a Siria no se ciñe a los campos de batalla porque la economía es parte de la guerra moderna y la situación financiera del gobierno de Damasco es dramática, sobre todo mientras no consiga controlar los yacimientos de petróleo y gas del nordeste.

La decisión de Estados Unidos de mantener fuerzas en el noreste de Siria para proteger los campos petroleros impide que Assad tenga acceso a los fondos que necesita desesperadamente para reconstruir un país devastado después de ocho años de guerra civil.

A ello se suma las conversaciones entre el gobierno sirio y los grupos de la oposición en Ginebra, que comenzaron el miércoles que, según Rusia, podrían ser decisivas para finalizar la guerra.

La ocupación militar de los pozos de petróleo y gas por el ejercito de Estads Unidos es mecanismo de presión para que el gobierno de Damasco ceda en las negociaciones de Ginebra, es decir, gane en los despachos lo que no logrado en el campo de batalla.

Si el gobierno de Bashar Al-Assad claudica en Ginebra, Estados Unidos desbloquearía sus fondos y los de sus satélites en el Golfo y Europa. Mientras, Rusia (y posiblemente China) deberá sostener al gobierno de Damasco también en el terreno financiero.

“Si vemos un progreso político, puede haber más interés en apoyar la reconstrucción”, dice a la agencia Bloomberg el consultor Yury Barmin, experto en Oriente Medio del Grupo de Políticas de Moscú (*).

La ONU estima que los costes de reconstrucción en Siria ascienden a 250.000 millones de dólares y los dirigentes sirios no pueden contar con ninguno de sus dos principales donantes, Irán y Rusia, para obtener una financiación significativa.

La intervención militar rusa en Siria desde 2015 sostuvo a Al-Assad en un momento en el que sus fuerzas habían tenido que retroceder ante las huestes de Estados Unidos y sus cóplices.

Arabia saudí ha claudicado. Ya no pide la salida inmediata de Al-Assad, ya que la corrlación fuerzas en Oriente Medio ha cambiado significativamente. El papel de Rusia se ha vuelto cada vez más decisivo y la presencia de Estados Unidos ha disminuido.

La situación se aceleró cuando el presidente Donald Trump ordenó el mes pasado la retirada de las tropas estadounidenses que protegían a las fuerzas kurdas en el noreste de Siria, lo que llevó a una ofensiva turca que obligó a los kurdos a acudir a Damasco en busca de protección.

(*) https://news.yahoo.com/putin-faces-syria-money-crunch-040000435.html

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