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Día: 2 de octubre de 2019 (página 1 de 1)

A causa de la huelga 10.000 trabajadores de General Motors han sido ya despedidos (temporalmente) en Estados Unidos y México

La huelga masiva en General Motors cumple su día decimoséptimo en un ambiente que dista de ser cordial. Con la cadena de proveedores afectada y sin un acuerdo a la vista, la cosa va a peor.

De momento, la multinacional ha detenido la producción en las plantas de ensamblaje y transmisión que tiene en Silao, México, donde se ensamblan el Chevrolet Silverado y el GMC Sierra. Alrededor de 6.000 trabajadores serán despedidos de forma temporal.

Contando con los trabajadores que se han suspendido de empleo en Canadá, México y Ohio, General Motors ya ha despedido casi a 10.000 obreros.

El rechazo de la UAW a dar por finalizada la huelga se produjo justo después de conocerse que la multinaiconal había inactivado sus plantas de ensamblaje en Silao, México. La escasez de piezas de recambio está afectando a aproximadamente 6.000 trabajadores solo en México.

Esta es la primera huelga de empleados de General Motors en 12 años y afecta a más de 30 fábricas en Estados Unidos. Las demandas de los trabajadores no solo pasan por mejoras salariales y cobertura médica: también piden que no se cierren las fábricas de Lordstown (Ohio), Detroit-Hamtramck (Michigan) y Osahawa (Canadá).

La multinacional ha jugado la baza del coche eléctrico como parte de un plan de inversión de 1.800 millones de dólares en diferentes plantas de producción de Estados Unidos que crearía cientos de nuevos puestos de trabajo.

Los analistas de Wall Street predicen que el fabricante no podrá recuperar la producción perdida este año debido a la huelga y durante las primeras dos semanas de huelga las pérdidas de General Motors podrían sumar más de 1.000 millones de dólares (*).

Además, el gigante de Detroit se enfrenta a la incertidumbre sobre la disminución de las ventas, una guerra comercial con China y la incógnita de cuándo recuperarán las inversiones en vehículos autónomos y eléctricos.

(*) https://eu.detroitnews.com/story/business/autos/general-motors/2019/10/01/united-auto-workers-strike-general-motors-day-16-negotiations-continue/3826476002/

Más información:

– Los piquetes de trabajadores de General Motors incrementan la presión sobre la multinacional
– General Motors despide a otro trabajador mexicano por sumarse a la huelga en una fábrica donde llevaba trabajando 24 años
– Los 46.000 trabajadores de General Motors mantienen la huelga por segundo día consecutivo en Estados Unidos en contra de la precariedad laboral

Los números son como los detenidos: si los torturas lo suficiente acabarán diciendo lo que tú quieres oir

El 31 de octubre del año pasado la revista Nature, que es el ágora mismo de la ciencia, publicó un artículo sobre el calentamiento del océano.

El artículo estaba firmado por media docena de investigadores pertenecientes a centros de renombre internacional de los que nadie -en su sano juicio- puede dudar: la Universidad de Princeton, la Universidad Fudan de Shangai y el Centro de Investigaciones Oceánicas de Kiel (1).

No se trataba, pues, de una revista de segunda división, ni el artículo estaba redactado por becarios precisamente.

La tesis que sostenían los autores es tópica y conocida: ya no tenemos más tiempo, los océanos se calientan mucho más rápido de lo que se pensaba hasta ahora y el planeta es una barbacoa en la que nos vamos a asar dentro de muy poco tiempo.

No es ninguna novedad decir que el artículo era falso y la propia revista Nature pidió a los autores que lo retiraran de la circulación. Así lo hicieron y hace poco Nature acaba de publicar una retractación firmada por los farsantes (2).

Tampoco es la primera vez que desde aquí advertimos (3) contra eso que los más cretinos califican como “hechos” o “datos” tomados de la observación de la realidad: no son tales, no son hechos sino mediciones estadísticas, cuya comprensión no está al alcance de cualquiera, ni siquiera de un científico, porque requiere el conocimiento de técnicas muy especializadas.

La medición de cualquier temperatura es un proceso complejo que requiere manejar infinidad de datos, lo cual sólo se puede llevar a cabo en potentes ordenadores con determinados programas informáticos.

Por lo demás, es algo característico de la ciencia moderna. En un observatorio los astrónomos apenas miran por el telescopio; lo que “leen” son números y, como decía el demógrafo francés Alfred Sauvy, “los números son como los detenidos: si los torturas lo suficiente acabarán diciendo lo que tú quieres oir”.

Las falsificaciones también son características de la ciencia moderna, mucho más abundantes que en el arte, sobre todo si consideramos que revistas, como Nature, forman parte de ella. A las revistas científicas la ciencia les importa un bledo porque son empresas privadas que persiguen el lucro, como cualquier otra.

Si quien presume de ser el ágora de la ciencia publica artículos fraudulentos, ¿qué no ocurrirá con las revistas de segunda división que luego circulan por ahí como una plaga de langostas?

Lo que favorece la publicación de falsedades en las revistas científicas es obvio: determinados artículos se miran con lupa porque van contra la corriente, mientras que los demás, como los seudoecologistas, son capaces de colar cualquier idiotez.

Lo mismo ocurre con las universidades. ¿Acaso ya nadie se acuerda del Plan Bolonia?, ¿y de las puertas giratorias? Cada vez es más difícil diferenciar a una universidad de una empresa capitalista. La Universidad de Barcelona ha creado una cátedra de “sostenibilidad energética” que no es lo que parece. Se trata de un tinglado oculto detrás de una maraña de fundaciones de los grandes monopolios como Repsol, Enagás, ACS, CEPSA, CLH, Endesa o Gas Natural Fenosa (4).

La catedrática es María Teresa Costa Campi, un personaje “todo en una”: doctora cum laude en economía a la vez que consejera de Red Eléctrica y diputada por el PSOE entre 2000 y 2004…

Cuando los incautos leen algo procedente de ese tipo de “cátedras” son propensos a pensar que la ciencia es eso: un puré entre la beneficencia, la seudoecología y la política económica del capital monopolista.
 
(1) https://www.nature.com/articles/s41586-018-0651-8
(2) https://www.nature.com/articles/s41586-019-1585-5
(3)
Mentiras, medias verdades y estadísticas,

https://mpr21.info/2015/05/mentiras-medias-verdades-y-estadisticas.html
(4) https://www.funseam.com/es/sobre-la-fundacion/catedra-de-sostenibilidad-energetica-de-la-ub

‘Prohibida la entrada a los perros y a los chinos’ (70 años de la fundación de la República Popular de China)

El general nacionalista Chiang Kai-skek
Manlio Dinucci

Hace 70 años, el 1 de octubre de 1949, Mao Zedong proclamó el nacimiento de la República Popular de China desde la puerta de Tien An Men. El aniversario se celebrará hoy [ayer] con un desfile militar frente a la histórica puerta de Beijing. Desde Europa hasta Japón y Estados Unidos, los principales medios de comunicación lo presentan como una ostentación de fuerza de un poder amenazante. Prácticamente nadie recuerda los dramáticos episodios históricos que llevaron al nacimiento de la Nueva China.

Desaparece así China reducida a un Estado colonial y semicolonial, sometido, explotado y desmembrado, desde mediados del siglo XIX, por las potencias europeas (Gran Bretaña, Alemania, Francia, Bélgica, Austria e Italia), por la Rusia zarista, por Japón y por los Estados Unidos. Así, el sangriento golpe de Estado llevado a cabo en 1927 por Chiang Kai Shek -apoyado por Estados Unidos- que exterminó a gran parte del Partido Comunista (nacido en 1921) y masacró a cientos de miles de obreros y campesinos fue eliminado.

No se menciona la Larga Marcha del Ejército Rojo, que, iniciada en 1934 como una desastrosa retirada, fue transformada por Mao Zedong en uno de los mayores logros políticos y militares de la historia.

Se olvida la guerra de agresión contra China desencadenada por Japón en 1937: las tropas japonesas ocupan Beijing, Shanghai y Nanjing, matando a más de 300.000 civiles en esta última, mientras que más de diez ciudades son atacadas con armas biológicas.

Se ignora la historia del Frente Unido Antijaponés, que el Partido Comunista forma con el Kuomintang: las tropas del Kuomintang, armadas por Estados Unidos, por una parte luchan contra los invasores japoneses y, por la otra, imponen un embargo en las zonas liberadas por el Ejército Rojo y concentran la ofensiva japonesa contra ellos; el Partido Comunista, que pasó de 40.000 a 1,2 millones de miembros, guía a las fuerzas populares de 1937 a 1945 en una guerra a la que el ejército japonés recurre cada vez más.

No se reconoce que, con su resistencia, que costó más de 35 millones de vidas, China contribuyó decisivamente a la derrota del Japón que, derrotado en el Pacífico por Estados Unidos y en Manchuria por la URSS, se rindió en 1945 tras el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki.

Se oculta lo que sucede inmediatamente después de la derrota de Japón: según un plan decidido en Washington, Chiang Kai-skek intenta repetir lo que hizo en 1927, pero sus ejército, armado y apoyado por Estados Unidos, encuentran ante ellos al Ejército de Liberación Popular de alrededor de un millón de hombres y una milicia de 2,5 millones, respaldados por un amplio apoyo popular. Alrededor de 8 millones de soldados del Kuomintang fueron ejecutados o capturados y Chiang Kai-shek huyó a Taiwán bajo la protección de Estados Unidos.

Este es, en una síntesis extrema, el camino que llevó al nacimiento de la República Popular China hace 70 años. Una historia que raramente o no se explica en absoluto en nuestros libros de texto escolares, que están marcados por una visión eurocéntrica restringida del mundo, cada vez más anacrónica. Una historia borrada a sabiendas por políticos y formadores de opinión porque expone los crímenes del imperialismo, poniendo en el banquillo de los acusados a las potencias europeas, Japón y Estados Unidos: las “grandes democracias” de Occidente que se proclaman jueces supremos con derecho a establecer, sobre la base de sus cánones, qué países son democráticos y cuáles no.

Pero ya no estamos en el momento de las “concesiones” (áreas urbanas bajo administración extranjera) que estos poderes habían impuesto a China, cuando el Parque de Huangpu en Shanghai tenía prohibida la entrada “a los perros y a los chinos”.

https://ilmanifesto.it/70-della-rpc-la-cancellazione-della-storia/

Cuando Estados Unidos deportaba a los revolucionarios a la Unión Soviética

Peter Bianki, deportado a la URSS
Tras la Revolución de Octubre de 1917 Estados Unidos padeció una ola de pánico. “¡Que vienen los bolcheviques!” Era la demostración de que aquellla revolución no era “rusa” sino de que había alcanzado a todo el mundo, incluido Estados Unidos naturalmente.

En una ola así la prensa burguesa desempeñó un papel fundamental, como no podía ser de otra forma. Con sus mentiras, sus engaños y sus fraudes trataton de volver a la población en contra del movimiento obrero local.

Los anarquistas ayudaron lo suyo a la campaña de propaganda. En junio de 1919 un grupo dirigido por el italiano Luigi Galleani detonó bombas en ocho ciudades a lo largo de Estados Unidos contra jueces, funcionarios de inmigración y abogados.

Nadie resultó herido pero estimuló el clima de “guerra social”. Estados Unidos parecía estar en vísperas de una guerra civil o, lo que es peor, de una revolución bolchevique. Una de las víctimas los ataques, el abogado Alexander Mitchell Palmer, dijo en el Congreso que los revolucionarios estaban dispuestos a “levantarse y destruir al gobierno de inmediato”.

El asistente de Palmer era el futuro fundador del FBI, John Edgar Hoover, quien organizó las redadas, una ofensiva de detenciones de anarquistas y sindicalistas. Dado que la mayoría de ellos eran inmigrantes de Europa occidental y oriental, el gobierno decidió expulsarlos de suelo estadounidense.

El 21 de diciembre de 1919, 249 luchadores detenidos fueron llevados a bordo del barco Buford en el puerto de Nueva York y enviados secretamente a Rusia como si fueran un “regalo de Navidad de Estados Unidos para Lenin”. Las familias de los deportados sólo fueron informadas de la expulsión cuando el barco ya había partido.

La prensa lo celebró por todo lo alto y dio al barco un apodo bíblico: “Así como la partida del Arca que construyó Noé fue una promesa para la preservación de la raza humana, así también la partida del Arca Soviética es una promesa para la preservación de América”, tituló el New York Evening Journal.

El Saturday Evening Post compartía los mismos sentimientos: “El Mayflower trajo los primeros constructores a este país, el Buford se llevó los primeros destructores con él”.

Como Estados Unidos y la Rusia soviética no tenían relaciones diplomáticas en aquel momento, el barco fue enviado a través de Finlandia, aunque el gobierno soviético fue informado de su viaje y esperaban dar la bienvenida a tan ilustres invitados, incluyendo a los conocidos dirigentes anarquistas Alexander Berkman y Emma Goldman.

Goldman, conocida como “Emma La Roja”, relató el viaje: “Durante 28 días fuimos prisioneros. Centinelas a las puertas de nuestra cabina día y noche, centinelas en cubierta durante la hora en que se nos permitía respirar aire fresco todos los días. Nuestros semejantes estaban encerrados en barrios oscuros y húmedos, miserablemente alimentados, todos nosotros en total ignorancia de la dirección en la que íbamos. Sin embargo, nuestro espíritu era igual al de Rusia, libre, la nueva Rusia estaba delante de nosotros”.

El barco llegó finalmente a Finlandia, donde los pasajeros del “arca” fueron escoltados por el ejército finlandés hasta la frontera soviética. La mayoría de ellos habían nacido bajo el Imperio zarista, había luchado contra la autocracia y se vieron obligados a exiliarse. Ahora, esperaban quedarse en tierras soviéticas para siempre.

Acogidos calurosamente por el gobierno soviético, los pasajeros del “arca” comenzaron a encontrar su lugar en aquella situación convulsa. El destino de la mayoría de ellos sigue siendo desconocido, pero se han documentado los caminos tomados por algunas figuras clave.

Goldman y Berkman viajaron por todo el país, encontrándose con Lenin, dirigentes bolcheviques y ciudadanos comunes en su camino. Sin embargo, la realidad nunca coincide con las utopías ni con los sueños y la Revolución estaba asediada por una terrorífica guerra civil.

Las guerras siempre han desbordado a los anarquistas, sobre todo si son intelectuales, como Goldman y Berkman. El fusil pesa más que la pluma. Ocurrió en 1919, ocurrió en la guerra civil española y se ha repetido en la Guerra de Siria. Se desencantaron tan pronto como se habían encantado.

Cualquier obrero sabe algo que la intelectualidad radical ignora: las conquistas no sirven de nada si no se defienden. Una revolución proletaria no se acaba con la toma del poder político; más bien es entonces cuando empieza de verdad. Quien no esté dispuesto a defender una revolución es mejor que se quede en su casa.

En 1921, poco después del aplastamiento de la revuelta de los marineros de Kronstadt, Goldman y Berkman abandonaron el país, para no volver nunca más. Desde entonces se dedicaron a lo que mejor sabían hacer: escribir, sobre todo en contra de la URSS.

Sin embargo, Goldman y Berkman no eran la norma sino la excepción. Un obrero como Peter Bianki, dirigente del poderoso Sindicato de Trabajadores Rusos en Estados Unidos, entendió la Revolución cabalmente.

A diferencia de los intelectuales, se puso “manos a la obra”. Ayudó a restaurar el sistema de transporte en Siberia, que había sido dañado durante la guerra civil y sirvió como funcionario del gobierno municipal en Petrogrado e incluso como comisionado adjunto a bordo de un barco hospital en el Mar Báltico.

El 10 de marzo de 1930 Bianki y otros diez militantes y funcionarios del Partido Comunista fueron asesinados durante uno de los levantamientos antisoviéticos en la región de Altai. Todos ellos fueron proclamados héroes de la revolución socialista.

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