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Día: 30 de septiembre de 2019 (página 1 de 1)

El hielo del Ártico atrapa a un buque ‘ecologista’ que intentaba filmar el deshielo

Este verano un grupo de 17 seudoecologistas suecos alquilaron un buque para filmar uno de esos documentales sobre el fin del “santuario del planeta”.

Vieron todo lo contrario. Al llegar a las Islas Svalbard, a 1.400 kilómetros del polo norte, el buque quedó atrapado por las masas de hielo, en pleno verano, y tuvieron que ser rescatados por un helicóptero (1), como muestra la fotografía de portada.

Se quedaron sin su reportaje y su peripecia no aparecerá en ningún documental de la televisión. No veremos fundirse a los gigantescos icebergs y, por supuesto, a ellos tampoco los veremos atrapados por el hielo. Es una pena.

Pero los seudoecologistas no se han desmoralizado por ello. Un sitio web acaba de publicar uno de esos vídeos que muestran a un oso polar, supuestamente hambriento, en la isla de Baffin (2) para seguir inculcando el batiburrillo de tópicos sobre el calentamiento, el deshielo y la consiguiente catástrofe medioambiental.

Las profecías sobre el deshielo del Ártico comenzaron en 2007 y, como suele ocurrir, revisten la forma de grandes titulares sensacionalistas, que, sin embargo, en aquel momento no carecían de fundamento, porque desde los años noventa se venía observando una intensa pérdida de hielo.

Como suele ocurrir en todas las doctrinas metafísicas, las tendencias del pasado se proyectaron al futuro y por eso aquel año la BBC pronosticó que, como consecuencia del calentamiento del planeta, el Ártico quedaría libre de hielo en 2013 (3).

Han pasado ya seis años y los augurios de la BBC no se han cumplido.

En 2007 Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos, recibió el Premio Nobel de la Paz junto con el IPCC, el organismo de la ONU que vigila el calentamiento. No era un premio de ciencia sino por la contribución de ambos a la paz que, a fecha de hoy, desconocemos por completo, y lo mismo podemos decir de la contribución de Obama al mismo objetivo.

Si el mundo ya ni siquiera sabe lo que es la paz, ¿cómo es posible que sepa lo que es la ciencia?

Desde luego que tampoco lo sabe. En Oslo, durante el discurso que pronunció al recibir el galardón, Gore pronosticó que el hielo del Ártico se fundiría “completamente” en 2014.

Han transcurrido ya cinco años y los augurios de Gore tampoco se han cumplido.

En 2012 el periódico francés Le Monde afirmó que “la banquisa ártica podría desaparecer completamente en cuatro años”.

En noviembre del año pasado La Vanguardia volvía a la carga: “El Ártico, un paraíso que se despide del hielo”.

Los años siguen transcurriendo y todas y cada una de las profecías de los medios siguen sin cumplirse.

En 2008 el diario británico The Independent dedicó su portada a anunciar que todo el hielo del Ártico desaparecería en el mes de septiembre de aquel año. Ocurrió todo lo contrario: el hielo había comenzado a recuperar su masa.

Un profesor de la Universidad de Cambridge, Peter Wadhams, es el rey de las adivinazas sobre el momento exacto en el que el Ártido se va a derretir por completo y varias de ellas las ha publicado en los medios de comunicación generalistas.

En 2012 aseguró que todo el hielo habría desaparecido en 2016. Volvió a aparecer el mismo error. El hielo del Ártico aumentó en 2013 y en 2014 en un 33 por ciento y Rusia quedó sepultada casi por completo por grandes masas de hielo.

2014 fue el segundo año con más extensión de nieve y hielo en el hemisferio norte desde 1967. Sin embargo, el 22 de abril un editorial del diario vasco Gara sostenía todo lo contrario: “La imagen de la playa de la Concha de Donostia con el paseo anegado no es real, pero podría serlo a finales de este siglo debido a la amenaza, esta sí muy real, a la que está sometido el Ártico”.

En junio de 2016 Wadhams estaba a punto de publicar un libro titulado “Adiós al hielo”. Las noticias le mencionaban con titulares como “El Ártico estará sin hielo por primera vez en 100.000 años”, pronosticando -una vez más- que para septiembre de aquel año el hielo se habría reducido hasta “un área de menos de un millón de kilómetros cuadrados” y que para 2017 habría desaparecido totalmente (4).

Lo malo de las profecías es que el tiempo pasa y el 10 de septiembre la masa de hielo era 4 veces más grande de lo anunciado por Wadhams.

Lo que ha sucedido con el hielo del Ártico, que es una parte muy pequeña del hielo total que hay en el planeta, es sorprendente porque después del año del mayor deshielo, comenzó a recuperarse. El Instituto Danés de Meteorología, que mide diariamente desde 1987 la cantidad de hielo en el Ártico, informó en 2017 de que la masa de hielo aumentaba a una velocidad nunca registrada (5).

Las informaciones de este año del Instituto danés van en la misma línea: la masa de hielo del Ártico se sigue recuperando (6).

Junto con los daneses, el Centro de datos sobre la nieve y el hielo ártico de la Universidad de Colorado abrieron una página en internet para mostrar la evolución del hielo del Ártico (y del Antártico) en tiempo real.

El gráfico es muy interesante porque ilustra a primera vista la naturaleza oscilatoria que las masas de hielo comparten con otros fenómenos meteorólógicos y climáticos, siguiendo ciclos de signo contrario.

Que un fenómeno de la naturaleza sea oscilante no significa que sea repetitivo y en el caso del Ártico se suporponen varios ciclos diferentes, tanto de pérdida de hielo, como de adquisición.

Para que se produzca un fenómeno oscilatorio, la causa debe ser igualmente oscilatoria. Si cada día hay un poco más de CO2 en la atmósfera y cada día las temperaturas suben un poco, no tiene sentido que la masa de hielo del Ártico crezca en determinados momentos y decrezca en otros.

Que hacia 2007 se frenara la tendencia al deshielo de los años noventa, no significa que -a fecha de hoy- se hayan recuperado los niveles previos, ni tampoco que no se pueda producir un nuevo deshielo en el futuro.

Tanto en un caso (deshielo) como en el otro (congelación), los fenómenos relativos al hielo son locales, lo cual significa que en unas zonas se produce un fenómeno (deshielo) y en otros el contrario (congelación).

En el Ártico hay, pues, menos masa de hielo que en los años noventa, pero hay una mayor superficie congelada que en 2012: un millón de kilómetros cuadrados más.

(1) https://visserij.nl/2019/09/04/schip-met-klimaatstrijders-vast-in-het-ijs-strijders-geevacueerd/
(2) https://thepetition.co/defend-starving-polar-bears/
(3) http://news.bbc.co.uk/1/hi/sci/tech/7139797.stm
(4) http://www.independent.co.uk/environment/climate-change/arctic-could-become-ice-free-for-first-time-in-more-than-100000-years-claims-leading-scientist-a7065781.html
(5) http://sciencenordic.com/how-greenland-ice-sheet-fared-2016
(6) https://notrickszone.com/2019/05/31/10-of-10-coastal-antarctic-stations-show-no-warming-over-past-decades-failed-scientists-need-to-resign/

La inminente crisis económica ya tiene nombre y se llevará hasta el último céntimo de los bolsillos

Los economistas ya le han puesto nombre a la inminente crisis financiera. La llamarán “crisis de derivados”, que no son otra cosa que pura especulación bursátil con los “activos tóxicos”, o sea, papeles que no valen nada pero que en las bolsas parece que valen algo.

Como en tantas otras facetas, el lenguaje siempre es engañoso. La crisis en ciernes tampoco es financiera; no es otra cosa que una crisis capitalista de superproducción como las de “toda la vida”.

La crisis, pues, ya no se disimula; lo único que se disimula es el mensaje, la palabrería.

Todos saben que el desplome es inminente, pero han confesado que no pueden hacer nada. De ahí que la política económica siga siendo exactamente la misma.

Las continuas emisiones de papel moneda por parte de los bancos centrales ya no sorprenden a nadie. Los bajos tipos de interés tampoco, por lo que las consecuencias son obvias: el dinero es barato y la burbuja se multiplica.

El precio del oro también se multiplica porque ante la anunciada tempestad, todos buscan su paraguas: el valor refugio o, como decía Marx, la única moneda de reserva.

Sólo los más incautos guardan su dinero en la cuenta corriente, de donde -poco a poco- el banco les va robando pequeñas cantidades a cada una de sus víctimas. En la jerga financiera los llaman “tipo de interés negativos”.

Los listillos tienen mucho dinero, pero no lo tienen en un banco porque, como ya hemos informado aquí (y no nos cansaremos de insistir), los propios bancos han anunciado a sus clientes al menos tres veces por carta (esas que nadie lee nunca) que en caso de quiebra no reembolsarán los depósitos superiores a 100.000 euros.

Desde el año pasado, en caso de quiebra, el plazo para reclamar los 100.000 euros se ha reducido de tres meses a 7 días.

Con la crisis comenzará el corralito: los bancos van a saquear el dinero que los clientes tienen depositado para casos imprevistos, como enfermedad, jubilación, estudios universitarios de los hijos, bodas, compra de un nuevo coche eléctrico que no contamine, vacaciones, turismo…

Cuando lleguen las quiebras bancarias, las sumas inferiores a 100.000 euros no serán reembolsadas por el banco, sino por un fondo de garantía cuya reserva de 2.000 millones cubre matemáticamente sólo una pequeña parte de las futuras víctimas, es decir, a los 20.000 incautos que hayan reaccionado más rápido.

Los privilegiados hoy, esos que han conseguido guardar algún ahorro porque han cobrado la herencia de una tía soltera que falleció hace un par de años, serán los parias de la crisis. Se quedarán a cero y se pondrán a cortar la circulación de las calles para exigir que les devuelvan el dinero que les han robado.

Los jubilados verán reducidas sus pensiones a niveles de hambre, como ha explicado claramente Macron: “Nada sería peor para nosotros que refugiarnos y detener las reformas [de las pensiones]. Los franceses entienden perfectamente que no tienen que pagar impuestos por un sistema arcaico de mantenimiento de privilegios. Por eso la CGT puede bloquear el transporte durante un año si así lo desea, pero eso no impedirá la reforma de las pensiones”.

¿Comprenden Ustedes el significado de eso a lo que Macron llama “reforma”? Los pensionistas vascos sí lo han entendido y llevan varios días de marcha hacia Madrid. Hoy han llegado a Briviesca, en Burgos, y pronto los verán en las calles de la capital sujetando las pancartas.

Pero aquí los sindicatos no van a cortar las carreteras, como en Francia. Se callan como buenos perros que son. Los partidos “de izquierda” tampoco hablarán de ello en las próximas elecciones, no vaya a ser que los votantes vean las orejas al lobo.

Las protestas y las luchas ya no son patrimonio de los obreros en activo.


Los obreros en activo no se podrán jubilar nunca. Para poder sobrevivir tendrán que trabajar hasta que se mueran y se morirán jóvenes de puro agotamiento.


Los afortunados que cobren algún tipo de pensión tampoco se podrán dormir en los laureles: están condenados a seguir luchando hasta que se mueran para que no les quiten sus miserables pensiones.

Más información:


– El Banco Central holandés reconoce el derrumbe del sistema monetario internacional

– 1,3 billones de papel moneda para evitar el hundimiento de la bolsa de Wall Street 

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