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Día: 3 de agosto de 2019 (página 1 de 1)

La militarización de la política exterior del imperialismo

Estados Unidos está construyendo una nueva base militar con una pista de aterrizaje cerca de Al-Darbasiyah, en el norte de Siria, cerca de la frontera con Turquía, según la agencia kurda de noticias ANF News.

Los vecinos de Al-Darbasiyah vienen observado un número cada vez mayor de camiones cargados con materiales de construcción que se dirigen hacia el lugar, donde se está construyendo una importante infraestructura.

“La creacion de la base militar de la coalición al sur de Al-Darbasiyah confirma el plan para un despliegue a largo plazo de fuerzas internacionales en el noreste de Siria”, dice ANF, citando fuentes militares de las Fuerzas Democráticas Sirias (FSD) al servicio del ejército de Estados Unidos.

Algunos usuarios de Twitter han publicado imágenes tomadas por satélite que muestran la construcción de la nueva base militar.

Una delegación de la coalición encabezada por Estados Unidos, acompañada por dirigentes de las FDS, inspeccionó la base de la Fuerza Aérea de Tabqa en Raqqqa el mes pasado. En ese momento, fuentes de la oposición dijeron que la coalición planeaba desplegar allí tropas y helicópteros.

A principios de este año Trump renunció a su decisión de retirar todas las tropas estadounidenses de Siria. Estos nuevos informes sugieren que Estados Unidos está trabajando actualmente para fortalecer su presencia militar en este país de Oriente Medio devastado por la guerra.

Estados Unidos cuenta con bases militares en Qatar, Arabia saudí, Bahrein, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Jordania y en septiembre de 2017 inauguró su primera base en Israel.

El Pentágono reconoce que mantiene 514 bases militares en 45 países diferentes del mundo, un número jamás alcanzado anteriormente, lo que indica una militarización de la política exterior o, en otras palabras, el recurso a la guerra como instrumento más relevante de su hegemonía.

Acabar con las personas para ‘salvar’ a la naturaleza

Paramilitares al servicio de la ecología de WWF
El primer cuarto del siglo XXI ha estado marcado por la revitalización de todo tipo de organizaciones “humanitarias”, algo comprensible porque la protección de las minorías se ha convertido en la fachada principal del capitalismo. La ayuda humanitaria, o más bien su apariencia, es uno de los fetiches de moda que muestra el imperalismo moderno, “multicultural” y cosmopolita.

El mundo está lleno de gente que actua por buena voluntad, desinteresadamente, al mismo tiempo que los “humanitarios” han comenzado a cometer crímenes y sus acciones se han vuelto cada vez más repulsivas. Esto ha chocado con las minorías que se suponía que debían proteger.

Algunas organizaciones humanitarias están siendo atacadas por otras organizaciones, no menos humanitarias. Las organizaciones humanitarias han concentrado sus energías unas en otras, sacando a la luz una serie de trapos sucios y escándalos.

Por ejemplo, “Survival International” (SI), anteriormente conocida como “Primitive People’s Fund”, ataca a WWF (1), al tiempo que sus actividades son más que dudosas. Quieren prohibir la circulación de personas desde pequeños pueblos y aldeas a grandes ciudades para “proteger” a las pequeñas poblaciones indígenas.

Están tratando de transformar por la fuerza las aldeas en reservas o incluso en zoológicos humanos. Es un manera como cualquier otra de financiar su propia organización.

Mientras WWF protege la flora y la fauna, “Survival International” protege a los indígenas. Al menos eso dicen cada uno de ellos. Da la impresión de que los indígenas son los enemigos de las reservas naturales, o que no forman parte de ellas.

Los monos de las reservas están más protegidos que los indígenas que tradicionalmente han vivido en ellas.

WWF ha desarrollado un programa para protegerlas con medidas interesantes como la posibilidad de esterilizar a la población indígena, una vez que alcance una determinada edad.

Otra medida: disparar a matar a los indígenas que no respeten las señales de advertencia que han impuesto en las reservas. Las poblaciones que viven en las cercanían no las cumplen por una razón muy simple: no saben leer.

En 2017 los ecologistas formaron las primeras milicias para impedir que los habitantes del Congo entraran en los cinturones forestales para cazar o pescar porque son “zonas de conservación”, es decir, que se trata de conservar la flora y la fauna pero no a los seres humanos.

En 2015 se publicó una investigación “El silencio de los pandas” (2) sobre los acuerdos comerciales de WWF con las grandes multinacionales. Unas 3.000 hectáreas de tierras en áreas de conservación habían sido transferidas a Shell, Monsanto y Bayer para usos industriales específicos. Gracias al acuerdo, WWF recibió aproximadamente unos 3.000 millones de dólares en “donaciones voluntarias”.

La investigación se publicó en forma de libro. La primera edición se agotó y luego se prohibió su venta en varios países de la Unión Europea, alegando que la investigación no incluía ninguna prueba. Sólo eran especulaciones.

Sin embargo, nadie presentó ninguna queja por difamación.

(1) https://www.survivalinternational.org/news/12142
(2) https://www.filmsforaction.org/watch/wwf-the-silence-of-the-pandas/ https://www.dailymotion.com/video/x105tsl https://vimeo.com/129958368

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