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Día: 18 de julio de 2019 (página 1 de 1)

50 años del primer viaje a la Luna de un astronauta estadounidense

Los altavoces de la propaganda han vuelto a encenderse para festejar -como se merece- el primer viaje del “hombre” a la Luna, aunque en realidad no era exactamente “un hombre cualquiera” sino un estadounidense. Lo que ocurre es que el estadounidense se asimila a la humanidad entera y por eso habla en su nombre.

El estadounidense es capaz de hacer lo que los demás seres humanos no somos capaces.

También es capaz de cumplir el sueño por antonomasia de la humanidad, que no es el de comer todos los días, sino el de viajar al espacio exterior. No tienen Ustedes más que hacer una encuesta por la calle y verán que es así: desde los tiemos del Neolítico la humanidad ha soñado con ir a la Luna y Estados Unidos ha cumplido ese sueño por todos nosotros.

“America first” no es sólo el sueño de Trump sino el de todos: Estados Unidos fue el primer país en pisar nuestro satélite. Que quede bien claro: Estados Unidos es el primero porque es superior a los demás.

La terminología no engaña. Siempre se habló de la “conquista” del espacio y, en consecuencia, Estados Unidos “conquistó” la Luna.

Luego hay quien dice que la ciencia y la tecnología son neutrales, que no son ni calientes ni frías, ni carne ni pescado, pero desde hace medio siglo que la propaganda no descansa gracias a Armstrong, Aldrin y Collins.

Hay quien cree que la Guerra Fría no tuvo nada que ver, a pesar de que siempre se habló de la “carrera espacial” y de que el contrincante era nada menos que la URSS, que desde los años cincuenta había superado a Estados Unidos en todos los terrenos, pero especialmente en tecnología espacial.

El primer satélite artificial que orbitó alrededor de la Tierra en 1957 fue el Sputnik soviético, la primera imagen de la cara oculta de la Luna llegó de la URSS dos años después y en 1961 el primer cosmonauta que giró alrededor de la Tierra se llamaba Yuri Gagarin.

De alguna manera había que tapar aquella afrenta. Para demostrar su superioridad tecnológica, a Kennedy le propusieron varios proyectos importantes, incluido el viaje a la Luna, que fue elegido por su simbolismo.

El programa Apolo consumió el esfuerzo de 180.000 personas dedicadas durante casi una década a preparar el viaje. También consumió casi el 0,8 por ciento del Producto Nacional Bruto estadounidense. Sin embargo, no cambió la superioridad técnica de la URSS en materia espacial.

En 1970 los soviéticos llevaron a la Luna un vehículo teledirigido desde la Tierra que trajo muestras del suelo satelital. A partir de mediados de los años setenta, los cosmonautas soviéticos serán los únicos en girar alrededor de la Tierra a bordo de las estaciones Salyut y luego MIR, mientras que el transbordador espacial estadounidense no voló hasta 1981. La estación espacial internacional no fue tan “internacional” sino más bien soviética.

El doble juego de la guerra imperialista

Macron entre Sarraj y Haftar
Es tanto hipocresía como mentira. Consiste en decir una cosa y hacer la contraria. En Libia las potencias imperialistas reconocen oficialmente a un gobierno mientras ayudan militarmente al otro para derrocarlo.

La gran coartada es la “lucha contra el terrorismo”, mientras la única política del imperialismo consiste en promoverlo, armarlo y financiarlo.

En Mali ocurre lo mismo que en Libia. El gobierno francés, por ejemplo, apoya al gobierno de manera retórica al tiempo que presta asistencia a las fuerzas rivales para promover una guerra civil que perpetue su presencia en el Sahel.

El gobierno libio acusa a Francia de duplicidad, pero “París ha estado jugando un doble juego en Libia durante años”, reconoce Le Monde (*).

El 17 de julio de 2016 un helicóptero que transportaba a tres suboficiales franceses se estrelló en la región de Bengasi, el bastión de Haftar y el Ministerio de Defensa francés afirmó que estaban “de servicio”. Eran agentes de la DGSE, el servicio de inteligencia exterior francés.

Era sólo la parte secreta de la trama porque, al mismo tiempo, otros soldados de las fuerzas especiales colaboraban junto a las tropas de la parte contraria: el gobierno reconocido por la ONU y la mayor parte de los países del mundo.

Es posible que en más de una ocacasión unos soldados franceses se enfrentaran con otros en un tercer país africano. El Comando de Operaciones Especiales (COS) se vio entonces obligado a desmantelar urgentemente su despliegue.

La invasión de Libia desestabilizó Mali y en 2013 París justificó la Operación Serval por su deseo de ayudar al gobierno de Mali a recuperar la totalidad de su territorio, dos tercios de los cuales habían caído bajo el control de tuaregs, grupos separatistas y yihadistas.

Dicho y hecho: en pocos meses París cantó victoria y devolvió las llaves del país al gobierno, encabezado desde el verano de 2013 por Ibrahim Boubacar Keita.

Pero era mentira; las guerras imperialistas no se acaban nunca. Tras la Operación Serval, en 2014 llegó la Operación Barjan. Había que localizar a unos rehenes franceses que estaban secuestrados por los yihadistas y en el norte de Mali, el ejército francés depende de los tuaregs.

A su vez, desde 1960 los grupos tuaregs tratan de emanciparse del control del gobierno central de Bamako. A Mali le preocupan más ellos que los yihadistas, un problema de reciente creación. Los tuaregs no aceptan la creación del Mali como Estado desde su mismo surgimiento.

En toda África, pero en Bamako en particular, saben que el imperialismo ocupa el país con el pretexto de los yihadistas y que si alguna vez ese problema se acaba, seguirá el problema de los tuaregs, pero es necesario que siga habiendo problemas.

En otras palabras: el problema de Libia, el problema de Mali y el problema de África no son los yihadistas, ni los tuaregs sino los imperialistas. No hay nada más.

A principios de abril, pocos días después de una masacre de las milicias Dogon contra civiles Pel en la ciudad de Ogossagou, miles de personas se manifestaron en Bamako contra el gobierno, pero también contra Francia. Si Mali se ha llenado de tropas extranjeras para combatir el terrorismo, ¿cómo es posible que se produzcan esos atentados terroristas?

En África todos saben que el imperialismo no es la solución sino el problema.

(*) https://www.lemonde.fr/afrique/article/2019/05/07/en-libye-comme-au-mali-la-france-joue-un-double-jeu_5459262_3212.html

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