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Día: 28 de junio de 2019 (página 1 de 1)

Las calles arden nuevamente en Honduras 10 años después del Golpe de Estado

A una semana del décimo aniversario del golpe de Estado en Honduras, las calles de Tegucigalpa arden nuevamente. Como aquellos días de junio y julio de 2009, cuando centenares de personas salieron a defender el gobierno del depuesto presidente Manuel Zelaya, hoy se registran barricadas y represión en la mayor parte del país, gobernado por uno de los sectores más beneficiados por aquel golpe de hace una década.

La última crisis, a pesar de estar estrechamente ligada al derrotero que el país vive desde hace tiempo, es quizás de las más complejas. De ella participan sectores muy diferentes, con diversas reivindicaciones y múltiples objetivos, pero que expresan la degradación del sistema político hondureño.

La chispa de la nueva revuelta la prendieron los docentes y los médicos. En abril pasado, ambos gremios comenzaron las protestas contra las reformas promovidas por el gobierno de Juan Orlando Hernández (JOH), sosteniendo que promovían la reestructuración de los sistemas de salud y educación, y permitirían recortes y despidos masivos.

A las manifestaciones se unieron los estudiantes, y en pocas semanas sectores muy diversos confluyeron detrás de la consigna que aún encabeza las protestas: #FueraJOH. A principios de mayo se dieron las primeras represiones. Una de las marchas concluyó frente a la embajada de los Estados Unidos, y prendió fuego la entrada. El gobierno desató una represión feroz en las calles, al mismo tiempo que se vio obligado a derogar las reformas en salud y educación. Sin embargo, el movimiento en las calles no se extinguió.

Luego de los docentes y de los efectores de salud, entraron en huelga los mismos efectivos de la policía nacional lanzados a las calles de Honduras para reprimirlos. Según los representantes de las fuerzas de seguridad, los antidisturbios sufrieron todo tipo de presiones y abusos por parte de los directivos, que los obligaban a jornadas de trabajo sin descanso para reprimir las manifestaciones.

La inestabilidad generalizada del país provocó a fines de mayo el encarecimiento de los precios de combustible, frente al cual los transportistas también se lanzaron a la huelga. En fin, una sucesión de eventos que sumieron a Honduras en una inestabilidad constante desde hace un mes.

El 19 de junio las protestas alcanzaron su pico más alto. Durante las represiones se registraron tres muertos y decenas de heridos. El líder del partido Libertad y Refundación (Libre), Manuel Zelaya, llamó al pueblo a mantenerse en las calles hasta lograr la renuncia del presidente, sobre el cual pesa la responsabilidad de la represión y el caos en que se ha convertido el país.

Efectivamente, este segundo mandato de Hernández ha sido, cuanto menos, polémico desde su comienzo. Llegó al gobierno en 2014, sucediendo a su padrino político, Porfirio Lobo, primer presidente electo luego del golpe de 2009. Desde un comienzo, JOH mantuvo la estructura de poder implantada tras el golpe, que se basa en el trípode constituido por las Fuerzas Armadas, que controlan buena parte de la vida civil del país, incluyendo sectores energéticos y viales -particularmente aquellos privatizados luego del golpe-; las elites empresariales, ligadas en la mayoría de los casos a sectores de poder extranjeros; y las élites políticas locales, de las cuales Lobo y Hernández siguen siendo fieles representantes.

Buena parte de ese entramado quedó al descubierto durante las investigaciones por el asesinato de Berta Cáceres, la militante que se oponía a la construcción de la represa de la empresa Desarrollos Energéticos S.A. (DESA), y por cuyo asesinato han sido imputados un mayor del Ejército, el presidente de la empresa y su gerente ambiental, vinculado a la política local.

En 2015 la Sala Constitucional, en una bochornosa decisión, declaró inválido para JOH el artículo de la Constitución que prohíbe la reelección presidencial. Y en las elecciones del 26 de noviembre de 2017, el mandatario resultó vencedor por solo 50.000 votos frente a la coalición Alianza de Oposición contra la Dictadura, que reunía a casi todo el arco opositor, que denunció fraude. Las protestas que siguieron a esos eventos fueron brutalmente reprimidas, con un saldo de 22 muertos, y marcaron el comienzo de la enésima etapa de declino institucional que vive Honduras en la actualidad.

La popularidad de JOH cayó estrepitosamente tras la victoria manchada por las sospechas de fraude y, sobre todo, la violencia policial. A esto se le sumó, en octubre de 2018, una denuncia de la justicia norteamericana contra el hermano del presidente, Juan Antonio Hernández, acusado de traficar “toneladas de cocaína a través de Honduras” con destino a los Estados Unidos. El presidente también está bajo sospecha de la misma DEA, aunque la embajada norteamericana aún no le suelta la mano.

La situación actual, sin embargo, no solo es causada por los manejos oscuros de la clase política local y sus aliados foráneos. El país tiene serios déficits estructurales que se ponen de manifiesto en estas coyunturas. Honduras es el país con el índice de pobreza más alto de América. Según el último informe de la Cepal, el 53,2 por ciento de la población es pobre y el 18,8 por ciento no logra tener lo suficiente para garantizar su subsistencia diaria. Es el segundo país con el mayor índice de homicidios del mundo, detrás de El Salvador.

Desde el golpe de Estado hasta 2017, última fecha con datos consolidados, han sido registrados 120 asesinatos de activistas y defensores del medio ambiente, y casi 300 asesinatos de personas pertenecientes al colectivo LGTBI. Solamente en el bienio 2016-2017, Naciones Unidas denunció 1.200 ataques violentos contra defensores de derechos humanos. En los últimos cuatro años, han sido asesinados 32 periodistas en Honduras, la mayoría de ellos que se encontraban investigando las tramas que unen a sectores empresariales, políticos y militares. Y todo esto a pesar de la puesta en marcha del Mecanismo Nacional de Protección por parte del Congreso hondureño en 2015.

A pesar de haber llegado a un acuerdo con policías y transportistas, el gobierno sigue fuertemente hostigado por dentro y por fuera. Porfirio Lobo decidió soltarle la mano al presidente y lanzar su agrupación interna al Partido Nacional, para competir contra él en elecciones internas. En las calles siguen las protestas que prometen no culminar hasta la celebración de nuevas elecciones.

https://ombelico.com.ar/2019/06/21/honduras-en-crisis-diez-anos-despues/

El capitalismo monopolista de Estado en funcionamiento: el caso Boeing

Boeing es uno de los pesos pesados del capitalismo estadounidense. En sí mismo es casi el símbolo mismo del capitalismo monopolista de Estado. Emplea a unos 140.000 trabajadores en Estados Unidos, la mitad de ellos en el Estado de Washington. El año pasado, las ventas del centenario monopolio ascendieron a 101.000 millones de dólares, un 8 por ciento más que en 2017.

La mayor parte de esta cifra proviene de la aviación civil, pero durante décadas Boeing también ha ganado mucho dinero con los pedidos del gobierno. Con 23.000 millones de dólares el año pasado, Boeing es el segundo mayor subcontratista público, después de su rival Lockheed Martin. El vínculo con el Estado se construyó después de la Segunda Guerra Mundial, con la aparición de lo que el presidente Eisenhower llamó “complejo militar-industrial”.

Estas relaciones comerciales están lejos de ser las únicas que se mantienen con la esfera política. Como tantas otras empresas, Boeing gasta millones de dólares en cabildeo. Entre 1998 y 2018 gastó casi 275 millones de dólares para sobornar y presionar a parlamentarios y políticos. El senador demócrata de Connecticut, Richard Blumenthal, ha comparado a la empresa con un “gorila de 800 libras”, una expresión idiomática que es difícil de traducir del inglés, pero que se utiliza para dar una idea de su peso político.

Boeing tiene un Comité de Acción Política (PAC) que entrega millones de dólares para las campañas electorales, tanto a demócratas como a republicanos, según sople el viento. El dinero no es partidista, no tiene ese tipo de ideología, aunque durante las últimas elecciones presidenciales se inclinó hacia Clinton.

Desde entonces ha tenido que recorrer el camino de regreso para reanudar vínculos con el actual gobierno, una proximidad necesaria desde que empezó la guerra comercial con Pekín. Para Boeing, el mercado chino es crucial: representa el 20 por ciento de su cartera de pedidos. El año pasado el fabricante de aviones incluso instaló su primer centro de acabado fuera de Estados Unidos en Zhoushan, en el este de China.

El 10 de marzo, el accidente del Boeing 737 Max 8 en Etiopía a causa de un fallo mecánico, puso en dificultades al fabricante estadounidense. No le ayudaron los mensajes de Trump en Twitter, en los que deploraba el hecho de que el avión se hubiera vuelto “demasiado complejo” para volar. La Oficina de Aviación Civil china fue la primera en solicitar la suspensión de vuelos del prototipo.

Detrás de China fueron la Unión Europea, India, Canadá…

Como cualquier otro monopolio, Boeing comparte a sus jerifaltes con la alta política. El recién dimitido jefe del Pentágono, Patrick Shanahan, trabajó en la empres durante más de treinta años. Nikki Haley, la estrafalaria embajadora de Estados Unidos ante la ONU en tiempos de Obama, es ahora miembro de la junta directiva de Boeing…

El accidente de Etiopía ha salpicado a la FAA, la institución pública que supervisa la aviación civil en Estados Unidos, precisamente por sus estrechos vínculos con Boeing. Han quedado con el culo al aire: los recortes presupuestarios les obligaron a subcontratar una parte de su proceso de certificación de aeronaves a la propia Boeing. En Renton, Washington, o Charleston, Carolina del Sur, la FAA tiene sus oficinas ubicadas en edificios de Boeing.

Ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Como en todas partes, aquí no hay ninguna diferencia entre lo público y lo privado.

La universidad al servicio del imperialismo y la guerra: el caso de Suiza

Varias universidades suizas participan en proyectos financiados por el ejército estadounidense, desde cámaras de vigilancia aérea hasta aviones teledirigidos de reconocimiento autónomos.

Suiza es así: quiere el dinero pero también quiere seguridad porque cuando una universidad se pone al servicio de la guerra, se convierte en un objetivo militar, algo que quizá no sean conscientes de que va incluido en el precio.

A su primer proyecto de videovigilancia de mil millones de píxeles Darpa, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada del Pentágono, lo llamó ARGUS-IS (Autonomous Real Time Ground Ubiquitous Surveillance Imaging System). En la mitología griega Argus Panoptes es un gigante de cien ojos. La diosa Hera le confió la tarea de proteger a su sacerdotisa Lo de la seducción de Zeus. Argus está equipado para perseguir a Lo.

Las cámaras se diseñaron para ser montadas en drones y son capaces de rastrear vehículos en movimiento y personas en un área del tamaño de Manhattan. El sistema fue probado por primera vez en 2010 y está operativo desde 2014.

Casi al mismo tiempo, la Escuela Politécnica de Lausana trabajaba en un proyecto, también financiado por Darpa, llamado Keep (Knowledge Enhanced Exapixel Imaging) con el objetivo de proponer nuevas técnicas para la compresión de imágenes de alta resolución. En aquel momento (2010-2011), la compresión de imágenes de gran tamaño requería una enorme capacidad de cálculo. El proyecto Keep se centró en el uso de las matemáticas y el aprendizaje de máquinas autónomas para encontrar nuevos métodos de compresión de imágenes que requieren menos potencia de cálculo.

La investigación realizada en la Escuela de Lausana no tenía una aplicación directa en un campo de acción específico, porque se trataba de un trabajo muy básico. La misión del equipo de investigación trataba de demostrar teóricamente que con imágenes de gigapíxeles ses podía lograr un índice de compresión de 100x.

Las cámaras gigapíxel ARGUS-IS fueron diseñadas para drones y se cree que se han integrado en la nueva versión de las Gorgon Stars observadas en los drones MQ9 Reaper. Se trata de los primeros drones “asesinos de cazas” desplegados por la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Están equipados con bombas de 500 libras y misiles Hellfire.

No es el único proyecto financiado por el Pentágono en la Escuela de Lausana. Los investigadores del Laboratorio de Fotónica Aplicada han desarrollado un prototipo de lente de contacto que proporciona una visión ampliada al usuario. Se presenta como una ayuda prometedora para las personas con pérdida de la visión relacionada con la edad. Sin embargo, no está claro por qué Darpa está interesada en financiar un proyecto de este tipo.

El instituto de investigación Idiap de Martigny, asociado a la Escuela de Lausana, también ha trabajado en un proyecto militar estadounidense llamado “Media Forensics” para la detección de manipulaciones de fuentes de audio y vídeo. Tuvo que dejar de colaborar con Darpa por miedo a las polémicas pero puso encima de la mesa que quien está detrás de la detección automática de las “noticias falsas” es el imperialismo estadounidense, ya que es una manera de conquistar el monopolio de la desinformación.

El laboratorio de Fotónica y Mediciones Cuánticas de la EPFL (K-lab) también ha trabajado en un proyecto del Pentágono para desarrollar un procesador microfónico en miniatura de muy alta eficiencia energética, que puede ser utilizado en centros de datos especializados en el campo de las telecomunicaciones.

La Escuela Politécnica de Lausana no es el único socio del Pentágono en Suiza. El Grupo Quantum Optoelectrics de la Escuela Politécnica de Zurich (ETH Zurich) trabaja para el programa Scout de Darpa estudiando técnicas para identificar rápidamente agentes químicos y biológicos en condiciones reales.

Otro proyecto financiado por Darpa es el Instituto de Neuroinformática de la Universidad de Zurich. La financiación llegó a través del programa FLA (Fast Lightweight Autonomy) de Darpa para ayudar a fabricar drones pequeños destinados al rescate, pero también a posibles operaciones militares, como “la exploración rápida y segura de las amenazas dentro de un edificio antes de que entren los equipos militares”.

La relación entre las universidades suizas y el Darpa no se limita a proyectos aislados en áreas sensibles. También animan a los investigadores a participar en concursos financiados por el Pentágono e invitan a los capataces de Darpa a dar conferencias en las universidades y, en ocasiones, a participar en talleres para ayudar a promover los intereses del imperialismo en todo el mundo.

En 2014, por ejemplo, invitaron a los capataces de Darpa a impartir un taller de cuatro días organizado por la Escuela Politécnica de Lausana en Ascona, cerca de Locarno. En el acto participaron tanto dirigentes de Darpa como de la ESA, la Agencia Espacial Europea. El evento fue una oportunidad para presentar la investigación en este campo a los directores de los programas científicos.

La colaboración con Darpa ha dado alas a la idea de militarizar la universidad suiza. Uno de los tres talleres interactivos organizados como parte del Día Suizo de la Ciberseguridad en 2017 se tituló “Hacia una Darpa suiza”.

Los participantes en aquel acto, entre los que se encontraba Curtis Dukes, antiguo miembro de la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, debatieron la necesidad de canalizar “la superpotencia académica suiza” con un sector privado fuerte y el ejército miliciano dentro de una estrategia de seguridad cibernética.

La legislación suiza exige a los investigadores que trabajan en este tipo de proyectos que obtengan la autorización de la Secretaría de Estado de Economía. La Ley Federal sobre el Control de las bienes utilizables para fines civiles y militares y bienes militares y estratégicos abarca también la exportación de tecnologías, programas informáticos e información que puede ser usado potencialmente para propósitos militares.

Sin embargo, existe una laguna que permite a las universidades suizas burlar la exigencia de autorización para colaborar con el Pentágono: los controles no se aplican a la “investigación científica básica”, un término que se aplica a casi todos los proyectos financiados por Darpa, lo que permite a los investigadores saltarse las regulaciones sobre de exportación de tecnología.

https://www.swissinfo.ch/fre/recherche-militaire_l-arm%C3%A9e-us-et-les-universit%C3%A9s-suisses-main-dans-la-main/44600260

Más información:

– El Pentágono financia a las universidades alemanas para que investiguen en sus proyectos militares
 

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