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Día: 12 de junio de 2019 (página 1 de 1)

¿Un nuevo reparto de cartas en Oriente Medio? Encuentro tripartito en Jerusalén al más alto nivel

Nikolai Patrushev con John Bolton
Thierry Meyssan

En Jerusalén se anunció un importante encuentro entre los consejeros de seguridad de Estados Unidos, Israel y Rusia. Los participantes tendrían como objetivo desenredar la complicada madeja alrededor del Eje de la Resistencia, garantizar la seguridad de todos los Estados de Oriente Medio y establecer un control compartido entre Estados Unidos y Rusia sobre todos los demás actores, incluyendo a Israel.

Este acontecimiento inédito ya ha dado lugar a una setie de “revelaciones” y “desmentidos” sobre los temas que estarán sobre la mesa. Casi todos los comentaristas están disertando a partir de ideas falsas que todo el mundo repite a coro. Es necesario rectificar esas elucubraciones antes de tratar de evaluar lo que está en juego en este encuentro.

Durante la guerra fría, la estrategia estadounidense de “containement” o “contención” aplicada frente a la URSS logró, en efecto, rechazar la influencia soviética en Oriente Medio. Después del derrumbe de la URSS, Rusia abandonó esa región y no regresó a ella hasta el momento de la guerra de las potencias occidentales contra Siria.

Pero la presencia rusa en el Levante –exceptuando el paréntesis registrado desde 1991 hasta 2011– data de los tiempos de Catalina la Grande, o sea, la emperatriz Catalina II de Rusia, quien envió su flota a defender Beirut, a petición de la población de esa ciudad. La política de Catalina la Grande apuntaba primeramente a protegar la cuna del cristianismo –que no es Jerusalén sino Damasco, la capital siria–, por ser el cristianismo la base misma de la cultura rusa. Rusia extendió así su influencia en el Mediterráneo oriental y logró llegar hasta las aguas del Océano Índico.

En 2011 Rusia fue el único país del mundo capaz de diferenciar entre las revoluciones de colores del Magreb –las llamadas “primaveras árabes”– y las guerras desatadas contra Libia y Siria. Los países occidentales, que hacen su propia interpretación de aquellos acontecimientos, no se han esforzado nunca por tratar de entender cómo los ve Rusia.

No se trata en este trabajo de determinar quién tiene la razón y quién se equivoca –eso es un tema diferente– sino de admitir al menos que existen dos interpretaciones totalmente diferentes. Vale la pena destacar que los occidentales están de acuerdo en que Moscú nunca aceptó la manera como ellos violaron la resolución del Consejo de Seguridad supuestamente destinada a proteger a las poblaciones civiles en Libia. Implícitamente, los occidentales reconocen que no son los rusos sino el imperialismo occidental quien creó el problema que hoy enfrentamos.

Basándose en su propio análisis, Rusia comenzó a utilizar su derecho al veto contra los proyectos de resolución que los países occidentales trataban de imponer contra Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU. Simultáneamente, y a solicitud de Siria, Rusia negoció con el gobierno sirio el despliegue en suelo sirio de una fuerza de paz de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Sin embargo, Washington y Moscú pactaron en Ginebra –en presencia de las naciones occidentales y sin la participación de actores del Medio Oriente– un reparto de esa región. Eso sucedió en junio de 2012. Pero lo que parecía una luna de miel duró sólo unos días, antes de que Francia viniera a romperla, en contubernio con la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton.

Siete años después, Moscú está reclamando el respeto de los compromisos rotos de aquella época. No fue la OTSC sino Rusia la que desplegó fuerzas militares en Siria y, junto al Ejército Árabe Sirio y Hezbollah, derrotó a los yihadistas, armados por Washington y sus aliados. Y los reclamos rusos también van dirigidos a Israel, donde un millón de rusoparlantes ostentan la nacionalidad israelí y uno de ellos, Avigdor Lieberman, acaba de hacer caer, por segunda vez consecutiva, el gobierno de Benyamin Netanyahu.

Este giro de los acontecimiento resulta difícil de admitir para quienes se mantuvieron dentro de la alianza Estados Unidos / Israel que caracterizó la era de George Bush hijo. Sin embargo, el hecho es que desde que el Califato Islámico (Daesh) fue derrotado, los emisarios de las autoridades israelíes han viajado más frecuentemente a Moscú que a Washington.

El juego de las potencias regionales ante Israel

Existe una supuesta “verdad” comúnmente aceptada según la cual las fuerzas del “Eje de la Resistencia” (Palestina, Líbano, Siria, Irak, Irán) se plantean como objetivo acabar con los israelíes, como los nazis que trataron de exterminar a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Eso sólo una transposición de papeles simplemente grotesca.

En realidad, Hezbollah es originalmente una red chiita de resistencia contra la ocupación israelí del Líbano. Esa red comenzó recibiendo armas proporcionadas por Siria pero, a partir de 2005 y de la retirada de la fuerza siria de paz desplegada en Líbano, ha recibido su armamento de Irán. El objetivo de Hezbollah nunca fue “echar los judíos al mar” sino que siempre ha proclamado, por el contrario, su intención de lograr la igualdad de derechos para todos. La ocupación israelí en Líbano fue una realidad que sobrepasó incluso la voluntad del gobierno de Israel, que se vio desbordado por la iniciativa del general Ariel Sharon de lanzarse a la toma de Beirut, y fue también resultado de la colaboración de milicias cristianas y drusas, como las de Samir Geagea y Walid Joumblatt.

Idénticamente, Siria reaccionó ante el expansionismo israelí defendiéndose, en primer lugar, y luego prestando ayuda a las poblaciones palestinas. Eso es totalmente legítimo, sobre todo teniendo en cuenta que, antes de la Primera Guerra Mundial, Palestina y Siria fueron una sola entidad política. Nadie pone en tela de juicio –ni siquiera Estados Unidos– que durante 70 años Israel siempre ha seguido arrancando territorios a sus vecinos y que aún hoy sigue haciéndolo.

Desde el inicio de la guerra fría, Estados Unidos –inmerso en su política de “contención” contra la URSS– fue totalmente consciente del expansionismo israelí, que daba al traste con la estabilidad de la región. Teniendo en cuenta ese factor, Estados Unidos armó a Siria para que estuviese en condiciones de hacer frente a Israel –pero no de atacarlo– e hizo lo mismo con otras fuerzas regionales, como Irak. De hecho fue el entonces secretario de Estado, John Foster Dulles, quien creó el “Eje de la Resistencia”, garantizando así que Siria e Irak no recurrieran a la Unión Soviética para defenderse y obtener ayuda militar soviética.

La administración Eisenhower sabía que Israel había sido creado por voluntad del presidente estadounidense Woodrow Wilson y del primer ministro británico David Llyod George, pero considerabia al régimen israelí como un caballo loco al que tenía que proteger y domar.

Washington se unió por consiguiente a las iniciativas británicas: la firma del tratado de asistencia militar entre Damasco y Teherán y posteriormente, en 1958, la firma del Pacto de Bagdad, que permitía la creación de la CENTO (Central Treaty Organization, también conocida por las siglas METO, o sea Middle East Treaty Organization, que fue un equivalente regional de la OTAN). El contexto y los actores han cambiado, pero su móvil sigue siendo el mismo.

El caso de Irán es el principal problema de hoy. La mayoría de los dirigentes iraníes no aborda la cuestión de manera política sino desde un punto de vista religioso. Una profecía chiita afirma que los judíos volverán a formar un Estado en Palestina, pero también asegura que ese Estado será rápidamente destruido. El ayatolah Ali Khamenei, guía de la revolución islámica iraní, que ve esa profecía como algo fuera de discusión, la menciona periódicamente, como llevando un conteo regresivo, y muy recientemente afirmó que Israel habrá desaparecido en 6 años.

El endurecimiento de las posiciones –en Irán airededor de la mencionada profecía y en Israel en torno a la ley llamada “Israel, Estado-nación del pueblo judío” (2018), constituye la fuente de continuidad de un conflicto que podría desbloquearse con un poco de inteligencia. Eso es lo que han tratado de hacer el presidente estadounidense Donald Trump y su consejero especial Jared Kushner, pero han fracasado porque, si bien una garantía de desarrollo económico puede resolver la cuestión de las reparaciones o compensacioees a los palestinos, no será posible avanzar hacia una solución sin lograr una evolución en las formas muy diferentes de percibir el mundo que tienen los judíos, los árabes y los persas.

¿Qué es el “Eje de la Resistencia”?

Los responsables religiosos iraníes utilizan a menudo la expresión “Eje de la Resistencia” para referirse a la alianza formada frente a Israel. Pero no existe ningun tratado que de carácter formal a ese eje. Sus dirigentes nunca realizaron un encuentro cumbre para ponerse de acuerdo.

A partir del momento de la invasión de Irak, en 2003, las fuerzas del “Eje de la Resistencia” han venido dividiéndose poco a poco, tanto que hoy en día sus conflictos internos han cobrado más importancia que su lucha externa.

En 2003 fue asesinado el jefe religioso chiita irakí Mohamed Sadeq Al-Sadr. Con razón o sin ella, sus partidarios atribuyeron la responsabilidad del crimen al gran ayatolah Ali Al-Sistani. Este último es un religioso iraní residente en Irak, donde dirige los seminarios chiitas. Esta comunidad chiita se dividió poco a poco entre los proiraníes seguidores de Al-Sistani y los proárabes seguidores de Moqtada Al-Sadr, el hijo del ayatolah asesinado. Moqtada Al-Sadr cortó sucesivamente las relaciones con Damasco y con Teherán –en 2017– y viajó a Riad –la capital de Arabia Saudita– para reunirse con el príncipe heredero Mohamed Ben Salman.

En 2006, aprovechando su victoria local en las eleiciones legislativas organizadas en los territorios palestinos, Hamas dio un golpe de Estado contra Al-Fatah en la Franja de Gaza, donde se proclamó autónomo. En 2012 la dirección política de Hamas, hasta entonces exiliada en Damasco, se trasladó inesperadamerte a Doha, la capital de Qatar, país que financió a los yihadistas que trataban de derrocar el gobierno sirio. Hamas se declaró incluso “rama palestina de la Hermandad Musulmana”, partido político ilegalizado en Siria. Los hombres de Hamas introdujeron agentes del Mosad israelí en la localidad siria de Yarmuk (en los suburbios de la capital siria), donde trataron –actuando en conjunto– de liquidar a los militantes del movimiento palestino adversario FPLP-Comando General (marxista). En definitiva, el ejército sirio tuvo que cercar Yarmuk para evitar que Hamas avanzara hacia Damasco. Aquella decisión del ejército sirio contó con el respaldo, públicamente expresado, del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas.

Son absurdas las acciones de las naciones occidentales destinadas a tratar de destruir el “Eje de la Resistencia”, cuya existencia desearon en otro momento y a cuya creación contribuyeron. Hoy quieren destruirlo sólo porque ya no pueden controlarlo, pero no vale la pena que traten de acabar con él. Bastaría con que tengan un poco de paciencia porque esta fuerza está diluyéndose por sí misma.

Los iraníes son amigos fieles pero, por razones culturales, tienen tendencia a arrastrar a sus amigos en sus propios problemas. Los sirios nunca expulsarán de su suelo a los iraníes que contribuyen a protegerlos del expansionismo israelí y que los ayudaron a resistir cuando comenzó la agresión externa (en 2011-2014). Pero, en la actual coyuntura, si los iraníes quisieran actuar como verdaderos amigos de los sirios, deberían retirarse de Siria en el plano militar y dejar ese tipo de ayuda en manos de Rusia, para que Estados Unidos se viera obligado a reconocer la legitimidad del gobierno del presidente Bashar Al-Assad. En vez de eso, los iraníes están utilizando la presencia de sus tropas en Siria para provocar a Israel con tiros de cohetes desde suelo sirio.

Los tres consejeros de seguridad nacional

El estadounidense John Bolton, el israelí Meir Ben-Shabbat (Israël) y el ruso Nikolai Patruchev, consejeros para la seguridad nacional en sus respectivos países, desempeñan las mismas funciones. Pero no tienen el mismo grado de experiencia.

Bolton está convencido de la superioridad ontológica de su país ante todos losidemás. Su experiencia en materia de relaciones internacionales la adquirió, en primer lugar, durante las negociaciones sobre el desarme y frundamentalmente, cuando fue embajador de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU (de 2005 a 2006). Bolton acostumbra a lanzar iniciativas espectaculares pero es capaz de retroceder cuando piensa que se ha equivocado. Es precisamente por su capacidad para cargar personalmente con los errores de otros que el presidente Trump lo ha mantenido en el cargo.

Meir Ben-Shabbat es un hombre de fe, convencido de que pertenece a un pueblo elegido de Dios, pero maldito. Meir Ben-Shabbat no es diplomático sino experto en contraespionaje. A pesar de eso, cuando dirigía el Shin Betn (la agencia israelí de suguridad general) dio muestras de gran sutileza, tanto para luchar contra Hamas como para manipularlo y negociar con él cuando era necesario. Su excelente conocimiento de las múltiples fuerzas que se mueven en Oriente Medio le permite comprender instantáneamente lo que tiene posibilidades de durar en el tiempo y lo que va a ser efímero.

Y Nikolai Patruchev es un personaje de la categoría de altos funcionarios rusos. De los tres, Nikolai Patruchev es indudablemente el que tiene la más alta visión del tablero mundial. Como sucesor de Vladimir Putin a la cabrza del FSB (el Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa), Patruchev tuvo que enfrentar los intentos estadounidenses e israelíes de comprar a los principales directores de ese órgano. Luego de varios años de turbulencias, logró garantizar plenamente el control del FSB. Luego tuvo que enfrentar la desestabilización de Ucrania por parte de Estados Unidos y de la Unión Europea, lo cual condujo al regreso de Crimea a la Federación Rusa. Este hombre no negociará sobre un expediente haciendo concesiones al otro sino que velará –por el concrario– por lograr que todas las decistones sean coherentes. 

Estos tres estrategas tendrán que definir los contornos de una redistribución de las cartas, que después será objeto de negociaciones entre los diplomáticos. El papel de los tres consejeros de seguridad nacional será compensar las pérdidas de los perdedores para que se logre llegar a acuerdos aceptables para todas las partes.

https://www.voltairenet.org/article206718.html

48 años desde la matanza de 120 estudiantes mexicanos por parte de los ‘Halcones’ entrenados por la CIA

Hoy se cumplen 48 años de aquel trágico jueves de Corpus Christi, el 10 de junio de 1971, cuando un grupo paramilitar entrenado por la CIA y conocido como “Los Halcones” reprimió violentamente una manifestación pacífica de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional en apoyo de la de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), la cual había sufrido un revés antidemocrático por parte de las autoridades de su estado.

El 30 de mayo de ese año, el gobernador de Nuevo León, Eduardo A. Elizondo Lozano, renunció como parte del programa de conciliación de la Secretaría de Educación Pública y el 5 de junio entró en vigor una nueva ley orgánica que resolvía el conflicto.

Los estudiantes capitalinos, pese a ello, decidieron manifestarse, aun cuando las demandas no eran claras.

Se pedían desde 500 millas de mar territorial hasta efectividad en la apertura democrática prometida por Echeverría. Era, además, una oportunidad para que el gobierno mostrara que no sería represor como el anterior. En los días previos a la manifestación, muchos agentes policiacos comenzaron a patrullar los alrededores del Casco de Santo Tomás

El 10 de junio de 1971 alrededor de las 17 horas salió la marcha estudiantil. Las calles que desembocan a la Avenida de los Maestros estaban bloqueadas por granaderos y agentes policiacos, los cuales impidieron el paso de los estudiantes. Asimismo, también había tanques antimotines a lo largo de Av. Melchor Ocampo (hoy Circuito Interior) junto con transportes del ejército, los cuales se ubicaban cerca del Colegio Militar y transportes de granaderos en un enorme contingente policíaco en el cruce de las avenidas Melchor Ocampo y San Cosme.

Un grupo de choque entrenado por la Dirección Federal de Seguridad y la C.I.A., conocido como “Los Halcones”, los cuales vinieron en camiones y camionetas grises y transportes de granaderos, atacó brutalmente a los estudiantes desde las calles aledañas a la Avenida de los Maestros después de que los granaderos abrieran sus filas.

Los paramilitares venían armados con varas de bambú, palos de kendo y porras, por lo que en un principio fueron fácilmente repelidos por los estudiantes. En un contraataque, los Halcones agredieron a los manifestantes una vez más, esta vez, no sólo con sus garrotes, sino con armas de fuego de alto calibre.

Los estudiantes, por su parte, intentaron inútilmente esconderse de los jóvenes armados. La policía no intervino porque no tenía órdenes de hacerlo y permaneció como espectadora permitiendo la masacre.

El tiroteo se prolongó por varios minutos, durante los cuales algunos transportes daban apoyo logístico al grupo paramilitar, dotándolo con armas y transportes improvisados, como lo fueron automóviles privados, camionetas, patrullas policíacas e incluso una ambulancia de la Cruz Verde.

Los heridos fueron llevados al Hospital Rubén Leñero, pero fue inútil, pues los Halcones llegaron al nosocomio y allí dieron remate a los jóvenes aún en el quirófano, además de intimidar a los internos y al personal médico. El número de muertos fue cercano a 120, entre ellos un muchacho de catorce años: Jorge Callejas Contreras.

Esa misma noche, elementos del ejército resguardaron el Palacio Nacional y el entonces presidente, Luis Echeverría, anunció una investigación sobre la matanza y afirmó que castigarían a los culpables.

Alfonso Martínez Domínguez, regente de la ciudad, y Julio Sánchez Vargas, procurador general, negaron que hubiera Halcones y los jefes policíacos culparon a los estudiantes de haber creado grupos extremistas dentro de su propio movimiento, quienes finalmente habrían atacado a sus compañeros.

Pasó una semana hasta que el coronel Manuel Díaz Escobar aceptara que los había, pero no los involucró en la masacre.

El alto número de periodistas agredidos y de evidencia gráfica de los sucesos logró que la prensa contradijera la versión oficial del gobierno y aceptara la existencia del grupo. Martínez Domínguez entregó su renuncia a Echeverría el 15 de junio pues estaba convencido de que los manifestantes habían sido provocados, entre otras cosas, para que el gobierno tuviera un pretexto y se deshiciera de él.

Así y todo, durante años, Martínez Domínguez recibió el apodo popular de “Don Halconazo” (ya que formalmente se le conocía como Don Alfonso), en alusión a la Matanza del Jueves de Corpus.

El terrible saldo de la manifestación desanimó a muchos estudiantes, pero también propició que se radicalizaran otros más, quienes más tarde formarían parte de las organizaciones guerrilleras urbanas.

Los estudiantes en 1971 demandaban especialmente: la democratización de la enseñanza, el control del presupuesto universitario por los alumnos y profesores y que éste representara un 12 por ciento del PIB, así como libertad política donde obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales gozaran de libertades democráticas reales y controlaran el régimen social; Educación de calidad para todos, en especial para campesinos y obreros, y mayor importancia y respeto a la diversidad cultural mexicana; estricta apertura democrática, apoyo a la vida política sindical de los obreros y fin de la represión por parte del gobierno.

Estas y otras expresiones de la oposición empezarían a canalizarse años después a través de la Reforma Política de 1977, impulsada por José López Portillo desde las entrañas del régimen.

¿Quiénes eran los Halcones?

En 1966 el entonces secretario de gobernación Luis Echeverría manda al Departamento del Distrito Federal al coronel Manuel Díaz Escobar. Éste crea al grupo paramilitar con el objetivo de “reprimir cualquier manifestación de todo movimiento que criticara al gobierno”. Estos eran pagados por el gobierno y encabezados por el regente capitalino.

El grupo estaba formado por militares, pandilleros, jóvenes provenientes de clubes deportivos y “porros” universitarios (*). Estos últimos vieron crecer sus filas tras el “halconazo”. La primera vez que entraron en acción fue el 2 de octubre de 1969, a un año de la matanza de Tlatelolco.

Algunos de los principales mandos de Los Halcones surgieron de la Brigada de Fusileros Paracaidistas del Ejército, entre ellos, Víctor Manuel Flores Reyes, Rafael Delgado Reyes, Sergio San Martín Arrieta, Mario Efraín Ponce Sibaja y Candelario Madera Paz, los cuales entrenaban sus hombres en los llanos de las colonias San Juan de Aragón y Cuchilla del Tesoro, en la delegación Gustavo A. Madero.

Los “halcones” fueron un grupo de más de ochocientos golpeadores y karatekas al mando del militar Manuel Díaz Escobar Figueroa, “El Maestro”, entonces Subdirector de Servicios Generales del DDF, que durante los dos años anteriores a la tragedia, recibió instrucción de box, judo, karate y bojun-su.

Antes del 10 de junio, los “halcones” habían reventado mítines en el IPN y la Preparatoria Popular, y tras la represión del jueves de Corpus Cristi, desmantelaron su campo de entrenamiento de San Juan de Aragón, se concentraron en el Palacio de los Deportes y fueron pagados y disueltos con la consigna de realizar acciones terroristas y asaltos para distraer a la opinión pública.

Díaz Escobar, su jefe, renunció a su cargo de subdirector en el DDF después de la matanza, fue comisionado a la embajada mexicana en Santiago de Chile y el 1 de junio de 1979, fue ascendido por el presidente José López Portillo a general de brigada diplomado del estado mayor.

Jack B. Kubisch, jefe de misión adjunto de la embajada de Estados Unidos en México, señaló en un cable diplomático el 17 de junio de 1971 que los Halcones “son un grupo represivo oficialmente financiado, organizado, entrenado y armado, cuyo propósito principal desde su fundación en septiembre de 1968 ha sido el control de los estudiantes de izquierda y antigobierno”. Kubisch también aclara que la existencia y funciones de los Halcones era bien conocida entre los principales oficiales políticos y de justicia en el gobierno mexicano.

El 18 de junio de 1971, 11 días después de la Masacre de Corpus Christi, Díaz Escobar negó la existencia del grupo durante una declaración ministerial con personal de la Procuraduría General de la República. En dicha comparecencia, Díaz Escobar mencionó que en julio de 1970 se creó “un personal de vigilancia para el cuidado y mantenimiento de instalaciones especiales, como el Metro que se iba a inaugurar, numerosas bombas de agua [y] plantas de tratamiento de aguas negras”, pero que con el cambio de administración (ocurrido el 1 de diciembre de 1970), ese grupo fue dado de baja. Sin embargo, la existencia de los Halcones fue confirmada en años posteriores por confesión de sus antiguos integrantes; muchos de ellos, aprehendidos por delinquir.

Reclutados entre el lumpen

De acuerdo con un informe del Buró de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado de Estados Unidos, los Halcones era reclutados entre estudiantes en edad universitaria por personas relacionadas con oficiales del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quienes gozaban de la confianza personal del presidente Luis Echeverría. A los reclutas se les otorgaba educación universitaria, pago en dinero y la promesa de un futuro brillante en el PRI. Eran entrenados por personal del Ejército y se les proporcionaban armas y equipamiento por un valor cercano a los 200.000 dólares, incluyendo carabinas 100 M-1. Se seleccionaban jóvenes de escasos recursos, “gente resentida, sujetos que pudieran realizar acciones violentas, incurriendo en el asesinato sin remordimientos, ni cuestionamientos de ninguna especie”:

Ser lumpen era otro elemento común entre ellos y, probablemente, considerado para su reclutamiento ya que el sueldo ofrecido resultaba una excelente opción laboral para jóvenes desarraigados, sin instrucción, pobres y resentidos, cuya preparación militar era la única forma de insertarse dentro de la economía formal, por lo que las gratificaciones eran bien recibidas entre ellos y una manera de comprar el silencio de estos sujetos respecto de los actos.

Haber formado parte de la Brigada de Fusileros Paracaidistas era visto como un buen antecedente para pertenecer a los Halcones. Según la declaración de Rafael Delgado a la DFS, ex integrante de la Brigada de Fusileros Paracaidistas y miembro de los Halcones, la convocatoria para ingresar al grupo se hacía de boca a boca. El grupo se nutría de personas que había formado parte del Ejército, pero habían solicitado su baja o habían sido expulsados por mala conducta. A nivel de tropa, no se aceptaban miembros en activo.

Entre los criterios de selección, se valoraba “el entrenamiento físico que tuvieran, la disciplina castrense, el manejo de artes marciales, la edad, la obediencia ciega, la carencia de principios éticos.” Se pedía que los integrantes del grupo gozaran de buena salud; aptitudes para el entrenamiento intensivo en técnicas marciales como karate, judo, kendo y boxeo; debían ser capaces de realizar acrobacias y carreras de resistencia, así como ser aptos en tiro con armas automáticas, manejo de armas blancas y prácticas de sabotaje.

En algunos casos, sus integrantes eran contratados como parte de oficinas ajenas a las actividades que desempeñaban. Tal fue el caso de Mario Romero Ramirez, alias “El Fish”, quien fue empleado del secretario particular del coronel Corona del Rosa a principios de 1967. Romero Ramírez ayudó al gobierno mexicano durante las movilizaciones de estudiantes de 1968 con labores de infiltración y como golpeador. Durante su existencia, los Halcones formaron parte de la nómina del Departamento del Distrito Federal a través del Departamento de Limpia.

Entrenamiento en el extranjero

A inicios de la administración de Echeverría, el secretario de Relaciones Exteriores, Emilio Óscar Rabasa, se reunión con el embajador de Estados Unidos, Robert McBride, para hacerle llegar una petición del mandatario mexicano. Echeverría solicitaba a Washington si estaría dispuesto a preparar un programa de entrenamiento policial para un grupo de fuerzas de seguridad mexicano. De acuerdo con un cable diplomático fechado al 6 de enero de 1971, el subsecretario de Relaciones Exteriores, José S. Gallastegui, y el coronel Manuel Díaz Escobar dijeron que los integrantes de este grupo estaban particularmente interesados en aprender “control de multitudes, lidiar con manifestaciones estudiantiles y disturbios, [así como] entrenar en tácticas de defensa física y combate cuerpo a cuerpo.”

Díaz Escobar describió al grupo que asistiría al entrenamiento como “cuatro o cinco” jóvenes oficiales del Ejército, de veintitantos años; tres serían estudiantes universitarios entre 18-19 años (posibles fuentes del gobierno mexicano en las organizaciones estudiantiles, según apuntes de la embajada); y 8-10 serían jóvenes de veinte años entrenados para “puestos importantes (posibles reclutas para la policía o futuros subjefes de los Halcones). De acuerdo a la Embajada, el grupo operaría completamente fuera del departamento de Policía del Distrito Federal y, por sus edades, estos individuos serían usados para liderar y entrenar a los Halcones.

La conexión entre Díaz Escobar y los Halcones preocupó a la embajada, que creía que los oficiales entrenados podrían regresar a México para “desempeñar algún rol en los Halcones, lidiando duramente y quizá incluso fuera de la ley con líderes estudiantiles y protestas.” En un telegrama fechado al 8 de enero de 1971, el Departamento de Estado de EE.UU., expresó sus dudas por las tácticas “políticamente impopulares” que los entrenados podrían usar en México.

Pese a los señalamientos de la embajada, se acordó el entrenamiento. El 8 de marzo de 1971, un grupo de cinco hombres –incluido el hijo del coronel Díaz Escobar, Manuel Díaz Escobar Celorio– partieron rumbo a Washington, con una fecha de regreso programada al 9 de julio.

El 14 de enero de 1972, un integrante de la organización declaró a la Dirección Federal de Seguridad (DFS) que Díaz Escobar había seleccionado a 40 mandos para ser capacitados en Francia, Estados Unidos, Inglaterra y Japón. Las personas elegidas eran exmilitares, especialmente antiguos integrantes de la Brigada de Fusileros Paracaidistas como Víctor Manuel Flores Reyes, Rafael Delgado Reyes, Sergio San Martín Arrieta, Mario Efraín Ponce Sibaja y Candelario Madera Paz. Leopoldo Muñiz, ex integrante de los Halcones, confirmó que fue enviado, junto con otros 40 elementos, a ser capacitado en el extranjero. El 5 de febrero de 1971 salieron grupos de 10 elementos a recibir entrenamiento en Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Japón.

Infiltración de grupos estudiantiles

Los miembros de los Halcones eran seleccionados por su edad. Debían tener entre 18 y 25 años, de modo que pudieran mezclarse con los estudiantes universitarios.

En los pasillos universitarios, en las agrupaciones, en las movilizaciones, en los comités de huelga, su presencia debía pasar inadvertida. Debían poder informarse e informar de las actividades y formas de lucha de las diferentes escuelas y poder identificar a los estudiantes.

Sus técnicas de infiltración les permitían contar con credenciales de alumnos regulares para poder circular libremente en los planteles, marchas y reuniones de los estudiantes. Durante finales de los años 1960 y principios de los 1970, los Halcones se hicieron pasar por estudiantes de educación media, media superior y superior.

Los Halcones se infiltraban en el movimiento estudiantil, presentándose como activistas que incitaban a la violencia y los actos vandálicos, con lo que hacían parecer a todos los estudiantes como delincuentes potenciales. Nutrían el clima de incertidumbre y miedo al interior de las instituciones educativas y provocaban la fractura entre las escuelas. Al promover el vandalismo, se buscaba la aprobación social para la represión por parte de la fuerza policial y el Ejército.

Muchas versiones concuerdan en que durante la noche llegaron hasta el hospital Rubén Leñero para ejecutar a los universitarios y politécnicos heridos. No se tienen cifras exactas del número de muertos que provocaron los Halcones en la Masacre del Jueves de Corpus, pero las estimaciones dicen que son de más de 120 estudiantes.

Cobijado por la protección del ejército que hacia guardia a los alrededores de Palacio Nacional, Luis Echeverría anunció una investigación sobre la matanza y afirmó que castigarían a los culpables. Cosa que nunca pasó. No hubo un solo consignado ante las autoridades por los asesinatos.

Alfonso Martínez Domínguez, regente de la ciudad y que renunciaría más tarde, y Julio Sánchez Vargas, Procurador General, negaron la existencia de los Halcones y aseguraron que el ataque fue producido por “grupos extremistas de estudiantes” que atacaron a sus compañeros.

https://almomento.mx/a-48-anos-del-halconazo/

(*) En México llaman “porros” a los matones que proliferan en las universidades, organizados por los rectores para atacar e intimidar a los estudiantes progresistas.

La multinacional Orange va a juicio por la presión a la que sometió a sus trabajadores

Con la sala llena comenzó en el tribunal correccional de París el juicio contra la empresa Orange (antes conocida como France Telecom) y siete de sus antiguos directivos por “acoso moral” de los trabajadores.

En los años 2000 France Telecom fue un símbolo del sufrimiento en el trabajo en Francia. Solo en un año, de 2008 a 2009, 35 trabajadores se quitaron la vida, varios de ellos en su lugar de trabajo.

Se trata de un caso de “acoso moral organizado a escala de una empresa por sus dirigentes”, resumieron los jueces al abrir el proceso. Es la primera vez que una empresa que cotiza en la bolsa de París (CAC 40) es juzgada por “acoso moral”.

La empresa, pública hasta 2004 y que desde 2013 se llama Orange, es juzgada como persona moral por “acoso moral institucional”. Según el Código Penal francés el “acoso moral” está definido por “acciones repetidas que tienen como objeto o efecto la degradación de las condiciones de trabajo”.

Además Didier Lombard, que estuvo a la cabeza de la empresa entre el 2005 hasta el 2010, así como su exnúmero dos Louis-Pierre Wenes, y el exdirector de Recursos Humanos de la época, Olivier Barberot, son juzgados por complicidad junto a otros cuatro directivos. Todos se exponen a un año de cárcel y 15.000 euros de multa.

Estos directivos pusieron en marcha un complejo programa de reestructuración que tenía como objetivo el despido de 22.000 de sus 120.000 trabajadores y 10.000 cambios de puestos de trabajo.

En esta causa los magistrados retuvieron los casos de 39 trabajadores: 19 se suicidaron, 12 intentaron hacerlo y 8 sufrieron un episodio de depresión o baja laboral.

En esta causa, sin embargo, estos capataces no son juzgados por su estrategia sino por sus métodos. Desde que se interpuso la primera demanda en su contra en el 2009, el sindicato SUD denunció una “gestión de una extraordinaria brutalidad”.

Aún resuena en la memoria colectiva la frase empleada en el 2006 por Didier Lombard durante un discurso frente a los ejecutivos: “Haré los despidos que tenga que hacer, por la puerta o por la ventana”.

Según los jueces de instrucción, este grupo de dirigentes empleaba “dispositivos de desestabilización del personal” como “controles excesivos”, “marginalización de ciertos trabajadores” y “múltiples reorganizaciones”.

“Esperamos que se condene a los exlíderes de France Telecom”, dijo Patrick Ackermann, representante del sindicato SUD. “Estoy esperando que los viejos cabecillas digan que se arrepienten, que reconozcan que han ido más allá de los límites”.

Otros miembros de los sindicatos, extrabajadores de la empresa, así como asociaciones de víctimas, se reunieron frente al tribunal para hacer presión ante este histórico proceso.

Entre ellos estaba Béatrice Pannier, 56 años, operadora desde 1982 y en baja laboral desde que en el 2011 intentó suicidarse en su lugar de trabajo. Ella dijo esperar “excusas públicas” de los acusados. “Mi vida está rota”, dijo la trabajadora. “Pero la hora de la verdad ha llegado”, añadió.

https://www.france24.com/es/20190506-france-telecom-juicio-acoso-moral-suicidios

El neocolonialismo se reinventa en el nuevo Tratado México-EEUU-Canadá

AMLO: la ‘izquierda’ al servicio del imperialismo
El nuevo Tratado México-EEUU-Canadá, T-MEC, que reemplazará al TLCAN, tendrá un impacto positivo en el PIB real y el empleo de EEUU. Para defender su mercado interno y lograr sus metas de exportación, Trump aprobó la Ley de mejora de la agricultura, que prevé 867.000 millones de dólares en subsidios.

A decir de Trump, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) fue un pésimo acuerdo para EEUU, pues ocasionó la pérdida de 4 millones de empleos en el sector manufacturero, un déficit de más de 2 billones de dólares. Además, el sector automovilístico habría perdido un 25 por ciento de puestos de trabajo.

Por su parte, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, remitió el T-MEC al Congreso para su aprobación. “Consideramos que nos conviene, que es benéfico para que haya más inversión extranjera, que se estimule la participación de las empresas, para la creación de empleos bien pagados en el país”, afirmó.

Durante los 20 años de vigencia del TLCAN, las exportaciones totales de México han crecido un 525 por ciento, siendo el sector de maquila el más dinámico. No obstante, el Senado mexicano reconoce que el bajo costo de la mano de obra sigue siendo un factor fundamental para la instalación de empresas manufactureras norteamericanas en México.

En el periodo de vigencia del TLCAN, las maquiladoras han creado apenas 700.000 empleos, en un país con una población económicamente activa de 54 millones de personas, de las cuales 30,5 millones tienen trabajos informales y las subocupadas suman 3,8 millones.

Un informe gubernamental afirma que México exporta a sus socios del TLCAN por un valor de 36 millones de dólares cada hora. Pero más allá de los millones, es más que curioso que casi la mitad de los mexicanos aún continúan viviendo en la pobreza.

Según el Gobierno de EEUU, con la firma del T-MEC han logrado “un acuerdo del siglo XXI de alto estándar” que les permitirá eliminar el déficit de 71.000 millones de dólares en comercio de bienes y mejorar el superávit de casi 7.000 millones de dólares en servicios.

La Comisión de Comercio Internacional de los EEUU (USITC, por sus siglas en inglés), hizo una evaluación del posible impacto del T-MEC que arrojó como resultado que las exportaciones estadounidenses a Canadá y México aumentarán en 19.000 y 14.000 millones de dólares, respectivamente.

En cuanto a las importaciones estadounidenses desde Canadá y México, aumentarán en un 5 por ciento y un 3,8 por ciento, respectivamente. El modelo usado por la USITC estima que el acuerdo tendrá un impacto positivo en todos sus sectores industriales.

Estados Unidos entiende que debe preparar a sus empresas para defender su mercado interno y conquistar nuevos. Para ello, el presidente Trump promulgó la Ley de mejora de la agricultura 2018, que dispone 867.000 millones dólares en ayuda al sector para los próximos cinco años.

Uno de los pilares del T-MEC es el referido a la propiedad intelectual, que, entre otros aspectos, define procedimientos judiciales para “evitar la divulgación de secretos comerciales” de las compañías transnacionales en casos de litigio.

Esto le vendrá muy bien a los contaminadores, pues estarán protegidos de no difundir información de los químicos que utilizan. También podrá favorecer a los productores de transgénicos que no estarán obligados a informar, amparándose en el “secreto comercial”.

Según el Gobierno de EEUU, el capítulo de propiedad intelectual “moderniza y proporciona una protección sólida y efectiva” a sus innovadores y creadores.

La oficina para el comercio de EEUU informó que, por primera vez, un acuerdo comercial establece que, de oficio, las autoridades deberán impedir la circulación de las mercancías falsificadas o pirateadas en cada fase de entrada, salida y tránsito por el territorio de cualquiera de los países parte del T-MEC.

El Estado mexicano deberá crear una gran infraestructura legal y policiaca para proteger las inversiones de sus socios. De este modo, el Estado se convierte en gendarme defensor de los intereses de empresas transnacionales, pues de no hacerlo sufrirá sanciones y demandas por no proteger la inversión.

Es sabido que la piratería es una plaga internacional y para combatirla no bastan leyes o policías, pues es también un problema de pobreza, que por lo visto en el TLCAN no solucionará tampoco el T-MEC.

El T-MEC establece que los países deberán ratificar varios tratados internacionales sobre propiedad intelectual, entre ellos UPOV 1991, que es el tratado de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales.

UPOV 1991 ha sido foco de críticas y resistencia en el mundo porque establece derechos de monopolio muy amplios a favor de los obtentores de variedades vegetales, a quienes define como “aquella persona que haya creado o descubierto y puesto a punto una variedad vegetal”.

Esos nuevos derechos abarcan toda la cadena productiva y reproductiva del vegetal en cuestión, incluyendo la producción, reproducción, venta, exportación e importación, que deberá ser autorizada por el obtentor. Dicha “autorización” implica el pago por el uso.

Este nuevo acuerdo constituye una amenaza para la propiedad colectiva del conocimiento tradicional y abre las puertas de par en par a la biopiratería, pues equipara el concepto de “descubrimiento” con el de “invención”, que no son lo mismo.

Es aún más preocupante que el artículo 20 del T-MEC establece que cada país “dispondrá que las patentes puedan obtenerse para cualquier invención, ya sea un producto o un procedimiento, en todos los campos de la tecnología”.

Se podrá patentar vegetales, genes, microorganismos, etc., etc., de la misma forma que se patentan las invenciones industriales.

Es la típica visión colonialista, donde el descubridor, por el mero hecho de haber encontrado algo, se lo apropia, lo patenta y se lucra sin límites. Se trata incluso de una imposición de paradigma, que elimina el conocimiento colectivo de libre acceso y promueve la apropiación y lucro privado.

Según el Instituto de Política Agrícola y Comercial, con el TLCAN los agricultores mexicanos fueron devastados por el maíz barato de los EEUU y casi dos millones de ellos fueron expulsados de la agricultura, muchos se convirtieron en subcontratados y otros se vieron obligados a emigrar.

Los textos del T-MEC y sus anexos conforman cientos de páginas, donde el capítulo de propiedad intelectual es apenas una parte, pero suficiente para constatar que EEUU ha logrado imponer sus reglas neocoloniales, constituyéndose esto en un peligroso antecedente.

La reciente Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que trabajan en las zonas rurales instituye que los Estados respetarán, protegerán y harán efectivos los derechos de los campesinos.

El artículo 19 establece el derecho a proteger los conocimientos tradicionales relativos a los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura; el derecho a conservar, utilizar, intercambiar y vender las semillas o el material de multiplicación que hayan conservado después de la cosecha.

Para el año 2050 se prevé que la población mundial alcance los 10.000 millones. Eso conlleva que la demanda mundial de alimentos aumente en un 70 por ciento.

La creciente demanda de granos, aceites y vegetales es un motor importante para el mercado mundial de semillas, que está valuado en 59.000 millones de dólares y se prevé que llegue a 90.000 millones de dólares en 2024. Este es precisamente el negocio que ahora EEUU y sus transnacionales pretenden monopolizar.

Ocho empresas representan alrededor del 50 por ciento del mercado mundial de semillas, entre ellas Monsanto, Vilmorin & Cie., Syngenta (ahora china, ChemChina-Syngenta), DowDupont Inc., Bayer y DLF Seeds.

Paradójicamente, son los campesinos los principales proveedores de alimentos para más del 70 por ciento de la población mundial, que producen con reducidos recursos.

Durante la campaña electoral, AMLO [Andrés Manuel López Obrador, el Presidente de México] comprometió con su firma incorporar en su plan de Gobierno el Plan de Ayala Siglo XXI 2.0, que tuvo el respaldo de más de 100 organizaciones agrícolas mexicanas.

Dicho documento definió prohibir la siembra de transgénicos y suspender el uso de pesticidas prohibidos.

El plan precisa que “es necesario renegociar el TLCAN y sustituirlo por un Acuerdo Trinacional de Cooperación para el Desarrollo que, a diferencia de aquel no sacrifique nuestra soberanía alimentaria, además de que incluya la legalización de los indocumentados y el derecho a la movilidad transfronteriza”.

¿Tan pronto se habrá olvidado AMLO del Plan Ayala siglo XXI?

https://mundo.sputniknews.com/firmas/201906101087575369-alerta-mexico-neocolonialismo-comercio-tmec-mexico-eeuu-canada/

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