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Día: 7 de mayo de 2019 (página 1 de 1)

Los trabajadores de Uber y Lyft convocan una huelga para mañana

La “nueva economía digital” es como la otra, la vieja: los trabajadores de las empresas de vehículos compartidos Uber y Lyft acaban de convocar una huelga en Estados Unidos y el Reino Unido para el miércoles, dos días antes de que la primera salga a bolsa en una operación multimillonaria.

La Alianza de los Trabajadores del Taxi de Nueva York, de la que forman parte conductores de esos dos servicios, instaron a dejar de circular entre las 7 y las 9 de la mañana del miércoles (en plena hora punta) en esa ciudad y en Filadelfia, Chicago, Minneapolis, Boston, San Francisco y Los Ángeles.

Ese mismo día también están llamados a dejar sus coches aparcados los conductores de Uber (Lyft solo opera en Estados Unidos y Canadá) en las localidades británicas de Londres, Birmingham, Nottingham y Glasgow.

“En su documentación presentada para salir a bolsa, Uber ya dijo que aumentaría la insatisfacción entre los conductores porque planean reducir nuestro sueldo y eliminar incentivos”, denunció en un comunicado el conductor de Uber y portavoz de la Alianza, Sonam Lama.

“No queremos que nuestros sueldos se queden en el mínimo. Queremos que Uber responda ante nosotros, no ante los inversores. La economía compartida está explotando a los trabajadores al quitarnos nuestros derechos. Esto tiene que parar. Uber es el peor ejemplo de ello”, añadió Lama.

Tal y como indicó Lama, fue la propia empresa la que, al presentar la documentación requerida ante la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de Estados Unidos (SEC por su sigla en inglés) el mes pasado, ya alertó de que preveía que el descontento entre los trabajadores creciese a causa de la reducción de incentivos.

“Además, estamos invirtiendo en nuestra estrategia de vehículos autónomos, lo que podría aumentar la insatisfacción de los conductores en el futuro ya que reduciría la necesidad de sus servicios”, indicó Uber en los textos presentados ante la SEC.

El precandidato presidencial demócrata Bernie Sanders, que se autodefine como un “socialista democrático”, ha expresado en Twitter su apoyo a la protesta y aseguró que la “gente que está empleada en empresas multimillonarias no deberían trabajar 70 u 80 horas a la semana para poder salir adelante”.

Uber saldrá este viernes a la Bolsa de Nueva York con una operación en la que pretende valorarse en 100.000 millones de dólares, pero con el fantasma de su competidora Lyft, que se adelantó en marzo y que ha perdido el 20 por ciento de su valor desde su debut.

La empresa de San Francisco anunció a principios de abril su intención de debutar en la bolsa neoyorquina con la mayor operación pública de venta de los últimos años, con una horquilla de precio por acción de entre 44 y 55 dólares para los 200 millones de títulos con los que regará Wall Street.

Más información:
— La huelga de los conductores de Uber en Inglaterra

El Caso Palfreeman demuestra que en Europa el fascismo y el racismo campan a sus anchas

Jock Palfreeman
En 2009 los tribunales de Bulgaria condenaron a 20 años de prisión a Jock Palfreeman, un joven australiano por el asesinato de un fascista. Es un caso emblemático de lo que en la Unión Europea llaman “justicia”.

Su caso ha vuelto a salir a la luz al ponerse en huelga de hambre en la cárcel.

Palfreeman es un héroe: salió en defensa de dos gitanos que estaban siendo agredidos en pleno centro de Sofia por un grupo de matones descerebrados, hinchas del Levski, uno de los equipos de fútol de la capital búlgara.

Los hechos ocurrieron el 28 de diciembre de 2007. Palfreeman, que entonces tenía 23 años, vivía en Bulgaria y aquella noche fue testigo del asalto a dos gitanos por unos 15 fascistas cerca de la estación de Serdika.

Mientras apaleaban a los gitanos, los fascistas gritaban las conocidas consignas racistas de los seguidores del club de fútbol del Levski.

Con un cuchillo en la mano, Palfreeman corrió a interponerse entre los matones y uno de los dos gitanos que yacía inconsciente en el suelo. Asustados por una reacción a la que no estaban acostumbrados, los fascistas se retiraron unos metros y luego contraatacaron con piedras y adoquines de hormigón.

Cuando llegó la policía, Palfreeman estaba semi-inconsciente por la paliza recibida. Uno de los atacantes, Anton Zahariev, de 19 años, había quedado herido y había un cuerpo sin vida tendido sobre el asfalto: el de Andrei Monov, un estudiante de 20 años.

Mientras tanto, los gitanos habían desaparecido porque no querían escapar de las garras de los fascistas para caer en las de la policía, cuyo racismo no tiene nada que envidiar al de los otros.

La postura de los medios de comunicación búlgaros fue la conocida: iniciaron un linchamiento del joven “de origen extranjero” que había “asesinado” a un joven búlgaro, hijo de un psicólogo Hristo Monov, Viceministro de Salud.

Es el mismo tríptico de siempre: fascistas, policías y medios, a cada cual más racista, porque lo importante del asunto era que los búlgaros eran las víctimas (tanto de los gitanos como del australiano).

Tras los fascistas, los policías y los medios llegaron los tribunales. Durante el juicio, el ataque a los dos gitanos lo sacaron del escenario. La mayoría de los testigos ni siquiera fueron llamados a declarar, ni durante la investigación ni durante el juicio.

El aparato policial-judicial le dio una vuelta de 180 grados a la cuestión. Los agresores eran las víctimas y las víctimas agresores. La típica magia que sólo aparece en una farsa. Por ejemplo, el fascista herido pasó de ser testigo a ser denunciante, pero nunca agresor.

Los testigos fueron los propios fascistas, colegas del fallecido, el portero de un hotel cercano y los policías que llegaron al lugar y realizaron las primeras entrevistas. Las versiones cambiaron radicalmente entre la investigación y el juicio, dando finalmente un testimonio confuso, truncado e inutilizable para la defensa, incluso negando la presencia de los gitanos.

Una cámara de videovigilancia había grabado la escena en su totallidad, tanto la agresión a los gitanos como el contraataque de Palfreeman. Pero, ¡qué casualidad! La mala suerte se cebó con Palfreeman: cuando un policía fue a ver la cinta al día siguiente, un cortocircuito destruyó la grabación.

¿Quién fue dicho policía? No se sabe… “No importa”, dijo la fiscal Parvoleta Nikova. De todos modos “no habríamos visto nada en la película”.

En la Unión Europea los antifascistas son los malos de la película. Durante el juicio, la fiscal describió a Palfreeman como un “vándalo peligroso” que había provocado una pelea con quienes no comparten su punto de vista.

Los gitanos y los extranjeros van a Bulgaria a moletar, a robar y a matar. “Bulgaria para los búlgaros” y nada de gitanos ni judíos ni emigrantes.

En una Europa racista no hay que defender a los gitanos porque, de lo contrario, te metes en problemas. Hay que dejarlos que los maltraten, los insulten y los escupan. Eso es lo que Europa promueve ahora lo mismo que antes de 1945.

Podemos seguir hablando de Bulgaria o de cualquier otro país de la Unión Europea. Es lo mismo. A los lectores, el Caso Palfreeman les sonará muy conocido. Su huelga de hambre también resulta familiar. Casi parece España. Otros empezarán a hablar de fascismo, un término que cada vez se escucha más asiduamente (por fortuna).

Hasta ya sólo queda que se enteren de una vez de que en Europa hay presos políticos, como Palfreeman, de lo que es el fascismo y de que con este tipo de batallas no se juega. Para eso ya está la Play Station.

Escribe a los presos políticos:
Jock Palfreeman
Sofia Central Prison – 21 Gen. N. Stoletov Bul.
Sofia 1309 – Bulgaria
http://jockpalfreemancase.com

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