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Día: 1 de mayo de 2019 (página 1 de 1)

Túnez vende su suelo a Estados Unidos a cambio de material de guerra

El Pentágono está reforzando discretamente su presencia en Túnez, lo que explica los motivos por los cuales el país norteafricano inauguró en 2011 la etapa de Primavera Árabe.
A cambio, el ministro de Defensa Abdelkrim Zbidi, quiere que Estados Unidos le postule como candidato para las elecciones presidenciales de este año.
El acuerdo de Estados Unidos con el gobierno tunecino es una base americana a cambio de aviones de guerra. Al borde de la bancarrota económica, el gobierno magrebí ha obtenido un descuento por la compra de un avión AT-6 Wolferine, a cambio de autorizar la instalación de una base militar.
Además, los tunecinos se beneficiarían de un préstamo de 500 millones de dólares para financiar la adquisición de aviones de ataque ligeros. “Túnez es uno de nuestros socios más fiables y voluntariosos”, dijo el general Thomas Waldhauser, jefe de Africom.
La ofensiva norteamericana en Túnez está siendo promovida por el ministro de Defensa tunecino, Abdelkrim Zbidi, que entre bastidores está preparando su candidatura para las elecciones presidenciales.
Zbidi siempre fue un peón de confianza de Beji Caid Essebsi, quien, tan pronto como fue nombrado Primer Ministro tras la Primavera Árabe, lo llamó a su lado e incluso intentó, el pasado mes de junio, nombrarlo Primer Ministro en sustitución de Yussef Chahed.
Zbidi cuenta con el apoyo de hombres del Sahel, la región de Monastir y Sousse, de donde provienen la mayoría de los duirigentes políticos del país desde los tiempos de Bourguiba. El ministro también está apoyado por Kamel Eltaief, el temido hombre en la sombra que, desde que Ben Ali, del que era amigo íntimo, ha hecho y deshecho carreras en la policía y la política.
El apoyo de Washington sería, naturalmente, un activo esencial para el ambicioso ministro de Defensa. Siempre y cuando el patrocinio de Washington sea discreto.
La ayuda estadounidense a Túnez no es sólo financiera. El sitio web estadounidense Taskandpurpose reveló (*) que dos marines fueron recompensados por su heroísmo en un enfrentamiento directo con militantes de Al-Qaeda “en algún lugar del norte de África”. El choque tuvo lugar el 28 de febrero de 2017 en Túnez, en el noroeste del país, junto a soldados tunecinos. Uno de los marines resultó herido, el primero desde la Segunda Guerra Mundial en el norte de África.
En territorio tunecino hay permanentemente 150 militares estadounidenses y la cooperación entre ambas partes es cada vez más estrecha. El compromiso con el Pentágono es tanto más llamativo cuanto que están reduciendo su presencia en otros lugares del Continente Negro, en particular en África occidental.
Ni los tunecinos ni los estadounidenses informan mucho sobre su luna de miel para evitar que la cobertura de los medios de comunicación haga estallar los ánimos de la población, dentro y fuera de Túnez.
(*) http://taskandpurpose.com/

Lo que va de un ‘trifachito’ a otro

Algún graciosillo ha inventado la expresión “trifachito” para denominar a la troika de partidos de la reacción Vox, Ciudadanos y PP. Ha sido una manera de intimidar a los electores y llevarlos a las urnas el 28 de abril cogidos de la oreja para votar por el otro costado, o sea, para recaudar votos en favor de quienes alardean de no ser “fachas”: la “izquierda domesticada”. No parece importar -en absoluto- que ese aumento de votos se haya producido “con la pinza en la nariz”. Lo importante es que han votado para “librarnos del fascismo”.
Es la doctrina cristiana del “mal menor”: los unos apestan pero los otros son peores. Es también la opción de aquellos cuyo compromiso contra el fascismo no va más allá de votar cada cierto tiempo, hasta el siguiente desengaño.
En el voto del miedo por el “auge de la ultraderecha” está pesando la impresión de que ahora parece que hay tres partidos “fachas” donde antes sólo había uno, lo cual es otra quiebra de la memoria histórica: esta troika hereda a la de Fuerza Nueva, Alianza Popular y UCD de los tiempos de la transición. En consecuencia, no hay ahora más grupos “fachas” que antes y lo que queda es averiguar es si hay más votantes fachas que antes, con lo cual corremos el riesgo de confundir a los electores con los elegidos o, en otras palabras, a los “fachas” con quienes les votan.
Pues bien, al analizar las elecciones lo más corriente es incurrir en dos reduccionismos sucesivos, propios de la consideración de un aspecto puramente cuantitativo del fenómeno, esto, es, de equiparar la política a las elecciones.
El primero es medir el auge de uno u otro partido político en votos, lo que significar creer que quienes votan al PSOE, por ejemplo, “son” del PSOE. Del mismo modo, quienes votan al trifachito “son” fachas. Este tipo de concepciones son erróneas por muchas razones, sobre todo porque la mayor parte de los votantes lo hacen “con la pinza en la nariz”. No se identifican con su voto sino todo lo contrario.
El segundo reduccionismo es confundir las elecciones con los escaños, la causa con el efecto, hasta el punto de que en tal caso la “fuerza” de un partido la miden por el número de escaños obtenidos. Desde este punto de vista engañoso, lo realmente importante en unas elecciones no es el voto sino dos factores distintos. El primero y más importante es siempre la abstención. El segundo es el reparto de los votos y, en el caso del “trifachito”, el reparto de los votos entre Vox, Ciudadanos y PP.
Si tenemos en cuenta todos esos matices, las conclusiones son harto evidentes: el auge de la ultraderecha es un mito. Ni el PP ni ningún partido de las diferentes troikas han alcanzado nunca los resultados electorales del PSOE. Ni siquiera en sus mejores momentos han llegado a recaudar 11 millones de votos, como logró el PSOE en tiempos de Zapatero. Ni en solitario ni en coalición.
La explicación es que el PSOE es pura mercadotecnia electoral, una fábrica de pucherazos. Su gran salto electoral ocurrió en 1982, cuando dobló el número de votos con la consigna “OTAN de entrada no”, lo que abrió su gran época de gobierno, que se prolongó durante 14 años.
El PP nunca ha sido capaz de alcanzar las cotas del PSOE, por más coaliciones que ha intentado y por más que ha logrado fagocitar a los partidos que le rodeaban, hasta convertirse en único. Pues bien, en 1982 obtuvo la mitad de votos que el PSOE, a pesar de que presentó un frente unido de la reacción. En aquellas elecciones, la desaparición del “trifachito” no sumó más votos en favor del PP (Alianza Popular entonces) sino que lo redujo en más de un millón. 
La época gloriosa del PSOE coincidió con la travesía del desierto el PP y ocurrió lo mismo que en Andalucía. Lo que empezó a nutrir electoralmente al PP fue el gobierno de Felipe González y durante 14 años la letanía fue siempre misma: el “viaje al centro”. El PP debía dejar de “ser” un partido ultra, moderar su discurso y parecerse al PSOE.
En 14 años el PSOE duplicó los votos del PP, que pasó de 5 a 10 millones en 1996. Desde entonces han transcurrido 23 años y el PP ha vuelto a sus peores niveles de votos, es decir, a la mitad que tenía en 1982 porque con la vuelta de la troika el reparto de los votos ha sido diferente.
La etapa de gobierno entre 1982 y 1996 demostró que la verdadera columna vertebral sobre la que sustenta este Estado es el PSOE y todos los demás son satélites menores, parásitos de sus chapuzas.
Lo verdaderamente importante de las elecciones del 28 abril no es el número de votos sino la quiebra del PP porque ha vuelto a dejar al PSOE sin alternativa, ya que ni Vox ni Ciudadanos son -a fecha de hoy- capaces de dirigir nada, ni siquiera a sí mismos.
Por lo demás, hasta el propio Pedro J.Ramírez se aburre de repetir que Vox no es nada diferente del PP, a la que califica como su “matriz”. Cabe añadir que el engaño se reproduce y vuelve a demostrar su eficacia: en la transición, lo mismo que ahora, la UCD eran los “demócratas” mientras que AP/PP eran los “ultras” y los neofranquistas. El PP necesitó durante 14 años al PSOE para que dejaran de calificarle de “ultraderecha”. El surgimiento de Vox acabó por lavar su imagen y, al mismo tiempo, ha acabado de ser una alternativa de gobierno.

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