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Día: 4 de febrero de 2019 (página 1 de 1)

La soga no negocia con el cuello

Dario Herchhoren

Hay varios autores clásicos que han escrito sobre la guerra. Uno de ellos es Clausewitz, muy citado que dice que la guerra es una continación de la política por otros medios; y hay otro llamado Von der Goltz, que dice que cuando ya tienes al enemigo acorralado, tienes que acabar con él, porque si no lo haces corres el riesgo de que se recomponga y vuelva.

La situación que se vive en Venezuela da mucho juego para que se opine de ella, y es así que estos días vemos y escuchamos a sesudos tertulianos opinando y mintiendo y retorciendo los acontecimientos. Los políticos españoles no les van en zaga, y vemos al inefable Alfonso Guerra que hace una separación entre dictaduras eficaces y otras que no lo son. Guerra nos viene a decir que la dictadura de Pinochet, fue eficaz (sic) (no se sabe para qué o para quienes, digo yo), y en cambio la dictadura de Maduro, está entre las ineficaces.

También vemos al vendedor de crecepelos Pablo Iglesias, que nos viene a decir que él ahora no está a favor de Venezuela. Justo cuando más hay que apoyarla. Sin duda Iglesias es un maestro del oportunismo político. En su momento hablaba de la «casta», y metía en ese saco al PP, al PSOE, a Ciudadanos, etc. Pero ahora ha sacado del saco al PSOE, y quiere pactar con Errejón porque no le salen las cuentas. Otra vez el oportunismo político.

Nos causa cierta hilaridad escuchar a la Unión Europea dando ultimátums a Venezuela para que convoque elecciones en ocho días. No hay precedentes en la política internacional sobre algo así. Y para que no falte de nada tenemos al senador Marco Rubio, un hispanocubanoamericano diciendo que Maduro debe elegir si quiere irse por las buenas o por las malas.

Toda una panoplia para optar.
                                                                                                                                                                                            
Pero lo que más me llama la atención es la pasividad del gobierno de Venezuela que pese a tener en su mano toda la legalidad y la legitimidad, que tiene el apoyo de las fuerzas armadas, no toma medidas ya mismo.

Esta situación nos trae a la memoria, sin forzarla, lo que se planteó en Chile en 1973 con la sublevación de Pinochet. Mientras Allende hablaba de la vía chilena al socialismo, Pinochet bombardeaba salvajemente el palacio de la Moneda. Esa vía chilena condujo a la tortura, a la muerte y a la desaparición a miles de chilenos. Debemos reflexionar sobre un hecho que es sin duda la piedra angular de todo este proceso: las instituciones burguesas, sus leyes y reglamentos, ¿son el medio para cambiar la sociedad?, ¿puede haber socialismo sin expropiar a la buguesía los medios de producción?

Esto nos debe servir de ejemplo, al igual que la respuesta del gobierno de Cuba presidido por Fidel Castro, cuando arreciaba la hostilidad del imperio contra la isla. Fue clara y rotunda: se declaró el carácter socialista de la revolución y se expropiaron las empresas yanquis sin indemnización.

¿Qué espera el gobierno de Venezuela para rodear el edificio de la Asamblea Nacional y detener al mamarracho Guaidó y a sus seguidores y someterlo a juicio por traición a la patria?, ¿Qué espera el gobieno de Venezuela para nacionalizar toda la propiedad enemiga? ¿Qué espera el gobierno de Venezuela para tomar como rehenes a los diplomáticos de los USA? Si quieren guerra tienen que tener guerra. No se negocia en esta situación cuando están intentando entregar el país a girones.

A los imperialistas jamás les importaron los derechos humanos de ningún pueblo. El único derecho que respetan es el de la propiedad (sobre todo la suya). Solo quieren apoderarse de las reservas de petróleo y gas más grandes del planeta, del oro y del coltan. No se negocia nada de esto.

Francia aprobará su propia ‘ley mordaza’ contra el derecho de manifestación

La semana que viene la Asamblea francesa discutirá el proyecto de “ley mordaza” que ha presentado Macron, que es mucho peor que la española porque no es una norma administrativa sino una norma penal que no castiga con multas sino con cárcel.

En el país galo la llaman ley “anticasseurs” que se puede traducir como ley contra los alborotadores por lo que ya sabemos: una cosa es quien se manifiesta (pacíficamente, que es lo suyo) y otra muy diferente son los alborotadores. Unos no tienen nada que ver con los otros, por más que la realidad demuestre lo contrario, a saber, que las manifestaciones no son procesiones.

El nombre es interesante porque en Francia ya hubo una ley “anticasseurs” que se promulgó con el adulado “mayo francés” de 1968.

La protesta de los “chalecos amarillos” es mucho más importante que el Mayo del 68 y la represión, en lugar de apagar el movimiento, como dicen los medios, lo ha ido extendiendo y radicalizando. Los manifestantes apenas se acuerdan ya de los motivos por los que empezaron a salir a la calle, pero tienen la más viva imagen de la salvaje represión policial de estas 12 semanas, con sus muertos, sus heridos, sus detenidos y sus juicios.

Este fin de semana los “chalecos amarillos” han salido a la calle, más que nada, a protestar contra el terror policial y, si cometen el error de  aprobar la nueva ley, la lucha no va a parar. El Ministerio del Interior empezó diciendo que este sábado se manifestaron en Francia 17.400 “chalecos amarillos”. Pero como hicieron el ridículo subieron la cifra a 58.600, mientras el sindicato France Police dice que fueron 290.000 (*).

El proyecto de ley impone una pena de hasta un año de cárcel a los manifestantes que escondan sus rostros con pañuelos, máscaras o capuchas. La intención confesada es facilitar el reconocimiento facial, llevar a los “alborotadores” a la cárcel, crear una lista negra de ellos e impedirles el derecho de manifestación.

Todo en nombre de la libertad y de los derechos. En Europa los gobiernos defienden la democracia acabando con ella.

Pero no podemos finalizar esta información sin dejar dos cosas apuntadas. La primera es que -como no podía ser de otra forma- Macron ve la mano negra del Kremlin detrás de los “chalecos amarillos” porque en lugar de leer la prensa francesa, prefieren Russia Today o Sputnik, y eso es intolerable.

La segunda se puede resumir de la siguiente manera: uno de los motivos que dieron inicio al movimiento fue la reducción del límite de velocidad en carretera de 90 a 80 kilómetros por hora, que sólo tiene un afán recaudatorio, según los “chalecos amarillos”: imponer multas.

Como consecuencia de ello, el ministro del Interior, Cristophe Castaner, asegura que los “vándalos” han destrozado el 60 por ciento de los radares que había instalados en las carreteras de Francia.

El hecho es cierto -en parte- pero posiblemente exagera en el porcentaje. Pero sigámosle la corriente como a cualquier otro tonto.

Cuando alguien trata de inutilizar un radar con pintura o tapando el cristal con un cartón, el radar sigue midiendo la velocidad porque funciona por microondas.

No obstante, al tapar el cristal, no puede obtener una foto de la matrícula del infractor, por lo que el Ministerio no puede imponerle una sanción.

Como el castigo no funciona, los conductores han rebasado los límites de velocidad en un 248 por ciento, añadió el ministro, que dejó ahí su argumentación, como si no hubiera más.

Lo que quería decir es que los conductores sólo respetan los límites de velocidad por miedo a las sanciones. Ya saben: la gente sólo respeta la ley con la amenaza del látigo. Al rebasar el límite de velocidad se pone en riesgo la vida de quienes circulan en la carretera y un Ministerio como el de Interior está para velar por nosotros, por nuestra salud, nuestro bienestar, etc.

Si eso fuera cierto, el número de víctimas debería haberse multiplicado desde que la mayor parte de los radares no generan multas. Quizá no deberían haber aumentado hasta un 248 por ciento, pero deberían haber subido bastante.

Pues bien, no es así: el número de víctimas en las carreteras francesas ha descendido un 3,4 por ciento, el número de heridos ha descendido un 27,1 por ciento y el número de muertos permanece igual en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Conclusión 1: como muy bien sabe el Ministerio de Interior, los límites de velocidad en carretera no tienen por objeto reducir el número de accidentes sino incrementar la recaudación de dinero a base de multas.

Conclusión 2: los “chalecos amarillos” tienen razón y el Ministerio del Interior miente. ¡Qué sorpresa! La gente se ha hartado de que les saquen hasta el último céntimo de los bolsillos.

(*) https://france-police.org/2019/02/02/estimation-de-la-participation-a-lacte-12-des-gilets-jaunes-a-16-h-290-000-manifestants-a-travers-toute-la-france-selon-le-syndicat-france-police-policiers-en-colere/

A través de Garzón, Estados Unidos y España presionan a Maduro para que se rinda al Golpe de Estado

A través del exjuez Garzón, Estados Unidos y España presionan a Maduro para que se rinda al Golpe de Estado del imperialismo en Venezuela, informa Público (*), lo cual pone de manifiesto la esencia de lo que Lenin calificó como “socialimperialismo”: el reformismo, eso que llaman “la izquierda”, no tiene una política propia; no es otra cosa que el perro de presa de su amo.

A cambio de arrojar la toalla, a Maduro le ofrecen lo que Público califica como “una salida digna”, que no es otra cosa que la traición pura y dura. Así cambia el lenguaje la posmodernidad: ahora lo digno es ser una traidor.

¿Por qué nadie le ofrece ninguna salida digna a Guaidó? Posiblemente porque la única salida del jefe golpista es la del imperialismo: llegar a la Presidencia sin pasar por la urnas.

La desestabilización está en la calle desde hace tiempo. Los bolivarianos la alentaron al no disolver la Asamblea Nacional y desde entonces cada paso que dan impulsa a la reacción. Cuando Guaidó esté a la altura de su colega Bolsonaro, los refomistas llorarán por el “auge de la ultraderecha” y dirán que es algo que cae del cielo, como si fuera un “accidente histórico” que nada tiene que ver con ellos.

Pues bien, señores reformistas del PSOE, Podemos e IU: Ustedes son tan responsables del auge del fascismo como el propio imperialismo, y esto que decimos de los “nuestros” lo hacemos extensivo a los reformistas venezolanos. Si el golpe triunfa, lo que llegue allá -que ya sabemos lo que es- no será sólo responsabilidad del imperialismo, del exterior, sino también del interior esto es, de los dirigentes bolivarianos de Caracas.

Pocas veces tendremos ocasión de ver en vivo y en directo un Golpe de Estado en el que la policía no va a buscar a los golpistas para encarcelarlos, sino al revés: les permiten convocar manifestaciones, llamar al ejército a la deserción, pronunciar arengas, confabularse con potencias extranjeras… Por muchísimo menos, en España hay varios políticos catalanes encarcelados que serán juzgados dentro de muy poco acusados de varios “delitos” por tratar de convocar una referéndum.

La intervención del antiguo juez en el golpe (a través de “un despacho de Estados Unidos”, según confiesa) pone de relieve, por si había dudas, que el reformismo juega el mismo papel en las dos orillas del Atlántico y que juega en el mismo bando. Si en 2002 fue el gobierno de Aznar quien impulsó (de la mano de Estados Unidos) el Golpe de Estado contra Chávez, ahora le toca el turno al PSOE, cuya posición es la misma: está con los golpistas y, por consiguiente, con Estados Unidos.

Es coherente con la trayectoria de Garzón desde los tiempos en que dirigía las mazmorras de la Audiencia Nacional, pasando al escaño parlamentario del PSOE y luego a los diferentes gazpachos de “la izquierda” que da muestras patentes de la más absoluta falta de dignidad.

El antiguo mamporrero de la Audiencia Nacional  no es abogado de PDVSA, como asegura Público, sino de una filial de la petrolera creada por dos
prófugos de la justicia venezolana que intentaron esconder su botín en
Andorra.

Garzón no es otra cosa que un “lobbysta” de los intereses imperialistas de España en Latinoamérica y todos los gobiernos “seudoprogres” del Cono Sur lo han aceptado como invitado de honor porque, a pesar de su verborrea antiyanqui, también ellos les abren los brazos a los imperialistas.

Los bolivarianos siempre han tratado de nadar y guardar la ropa. Sometido al bloqueo económico del imperialismo, el gobierno  de Venezuela (y sobre todo PDVSA) se ha enredado en la madeja de hilos de la clandestinidad internacional, que es donde le estaban esperando pacientemente con el cuchillo entre los dientes. Han jugado con dos barajas, pero quien reparte las cartas es el imperialismo y sus secuaces; y las tienen bien marcadas.

A partir de entonces, las policías del mundo entero, siempre siguiendo las instrucciones del imperialismo, como es natural, empezaron a perseguir a los directivos de PDVSA, no tanto a los corruptos como a los limpios precisamente, lo cual ha dado magníficos titulares a la prensa del mundo entero: los chavistas se están metiendo el dinero del petróleo en su bolsillo.

A partir de la cárcel y de las extradiciones a Estados Unidos, una vez que los doberman de la fiscalía estadounidense tienen el hueso en la mandíbula, todo es muy sencillo: empieza el chantaje mafioso típico de la fiscalía estadounidense. Si el preso no colabora con ellos, no inventa cualquier delito de los chavistas, pasará el resto de su vida encerrado.

La siempre servicial España ha jugado ese juego hasta el hartazgo. Ha detenido a directivos de PDVSA que han tenido la ingenuidad de viajar a nuestro país, les han acusado de lo divino y de lo humano, pero en lugar de enviarlos a Venezuela, los han entregado a Estados Unidos. Pregunten ahora por los motivos: si han robado a Venezuela, si son enemigos del chavismo, ¿no sería “más lógico” entregarlos a Venezuela?, ¿qué tiene que ver Estados Unidos con la corrupción de PDVSA?

Ni Venezuela, ni PDVSA, ni ningún chavista han blanqueado nada, o mejor dicho, lo han blanqueado todo porque los imperialistas tienen sometido a su país está a un bloqueo económico. El dinero de Venezuela dejará de ser negro cuando ese bloqueo se levante.

(*) https://www.publico.es/politica/eeuu-espana-utilizan-exjuez-garzon-militares-petrolera-venezuela-abandonen-maduro.html

La huelga de ‘La Canadiense’ cumple 100 años y con ella la conquista de la jornada laboral de 8 horas

José Cobos Ruiz de Adana

La jornada laboral de ocho horas es una de las conquistas sociales más consolidadas. Desde que en 1866 la AIT fijara en su agenda dicha reivindicación, la lucha por la misma costó la vida a cientos de trabajadores; entre ellos, a los cinco mártires de Chicago a quienes honramos en la festividad del primero de mayo. En España el conflicto laboral de febrero de 1919, desatado en un primer momento en la compañía eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro, perteneciente a la empresa conocida como La Canadiense (cuyo capital procedía sobre todo de Canadá y Reino Unido), fue reprimido también con dureza. Se inició el día 2 tras el despido de ocho trabajadores, renuentes a aceptar una bajada de sueldo a cambio de transformar sus contratos temporales en indefinidos. Tres días después acaeció lo mismo a otros 117 empleados de la citada compañía, siendo asumida la dirección del conflicto por los comités de la anarquista CNT.

El 7 de febrero fueron ya 2.000 los trabajadores despedidos, en una huelga que se extendió a los encargados de la lectura de contadores, lo que dejaba a la empresa sin ingresos. Tan solo un operador siguió trabajando: fue muerto a tiros, sin que llegaran a ser descubiertos sus autores. La huelga se extendió a otras empresas, y al textil el 17 de febrero; el paro llegó al sector de los transportes, lo que colapsó la ciudad, así como al servicio de gas y aguas. Al Gobierno del conde de Romanones no le quedó otra salida que militarizar el conflicto: el capitán general Milans del Bosch sacó el ejército a la calle para que los soldados suplieran en sus puestos a los trabajadores, suspendiendo igualmente las garantías constitucionales en Lleida, a donde se había extendido la huelga, y deteniendo a los líderes de la revuelta mientras mandaba cerrar el periódico Solidaridad Obrera. Las movilizaciones se ampliaron a otros lugares y sectores, y los militares, a pesar de la declaración del estado de guerra el 12 de marzo, se toparon, al igual que la patronal, con la obstinada disciplina de los sindicalistas. En el castillo de Montjuic llegaron a internarse a casi tres millares de huelguistas. Además, La Canadiense despidió a todos los trabajadores que seguían apoyando la huelga.

En esta situación insostenible, el Gobierno, temiendo que el conflicto se extendiera aún más a otras zonas de España con el sostén de la CNT y la amenaza de la central socialista UGT de sumarse a ella, no tuvo otra salida que convencer a la patronal para que negociara en la sede del Instituto de Reformas Sociales, liberar a los presos, sustituir al gobernador civil por otro más moderado y comprometerse ante la clase trabajadora a instaurar por decreto las ocho horas de trabajo para todos los oficios, medida por la que se llevaba luchando cerca de seis lustros. En la plaza de toros una multitudinaria asamblea de huelguistas aceptaba el acuerdo. El día 3 de abril de 1919 el Boletín del Consejo de Ministros estableció la jornada máxima de ocho horas al día o cuarenta y ocho horas a la semana en todos los trabajos a partir del primero de octubre, decreto firmado por Romanones justo antes de su dimisión. Nuestro país se convertía así en uno de los pocos que daba soporte legal a tan legendaria reivindicación de los trabajadores de todo el mundo, tras una huelga de cuarenta y cuatro días que paralizó Barcelona y pasó a ser considerada como histórica. La huelga fue todo un éxito para la clase obrera y, sobre todo, para la CNT, que con su movilización consiguió ser reconocida por la patronal, convirtiéndose de este modo en una de las fuerzas sociales más importantes del territorio nacional.

La huelga, con pocos actos violentos de la filial de Barcelona de Traction, Light and Power Company limited, había concluido con éxito para los sindicatos, ya que fueron muchos los trabajadores de diferentes sectores que, gracias a ese esfuerzo, consiguieron mejoras en sus trabajos. A los pocos días de finalizar el conflicto de La Canadiense se declaró una huelga general en toda Cataluña, debido a que no habían salido todos los presos a la calle. En este caso el Gobierno reaccionó con mayor dureza, sacando el ejército a la calle y organizándose un somatén para abrir negocios cerrados y abastecer a la ciudad, con lo que la huelga fue decayendo en intensidad, y más aún a raíz de que se publicara, el 3 de abril, el decreto acordado. La huelga finalizaría el 14 de abril. La dura represión condujo a una espiral de radicalización, permitiendo que el pistolerismo renaciese en la ciudad de Barcelona, hasta llegar a hacerse endémico. Hoy, cien años después, las ocho horas de trabajo dependen de las negociaciones concretas en cada sector o empresa, superándose en algunos casos el citado límite hasta alcanzar jornadas laborales interminables.

https://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/100-anos-huelga-la-canadiense_1280460.html

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