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Día: 27 de enero de 2019 (página 1 de 1)

Los hilos que van del Kremlin a Trump pasan por WikiLeaks pero no conducen a ninguna parte

Nancy Pelosi, rematadamente tonta
El viernes, Roger Stone, un asesor político que en 2016 apoyó públicamente la campaña presidencial de Trump, fue detenido y acusado por el fiscal especial Robert Mueller de los delitos de falso testimonio, de presionar a un testigo y de obstruir un procedimiento judicial (1).

Mueller, un antiguo director del FBI, lleva desde 2017 investigando el apoyo de los rusos a Trump en las elecciones de 2016, por lo que este fin de semana los titulares de los medios son contundentes: por fin empiezan a aparecer los hilos que conducen desde Trump hasta el Kremlin. Uno de esos hilos es Stone.

Sin embargo, leyendo la acusación de Mueller nada de eso aparece. O no sabemos inglés, o nos hemos equivocado de texto, o las dos cosas a la vez. Más bien, Mueller ha cogido de la oreja a Stone no para acercar la causa judicial al Kremlin sino a otro sitio bien diferente, WikiLeaks, aunque ¿qué mas da?, ¿acaso no es Assange un espía ruso? Si es así, Mueller lo tiene un poco más complicado. Primero deberá demostrar que quien influyó en la campaña fue WikiLeaks; luego deberá demostrar que quien está detrás de WikiLeaks es el Kremlin.

Deben Ustedes armarse de paciencia: si hasta ahora Muller no ha demostrado nada, esperen a ver su trabajo por duplicado.

Hasta ahora sabemos que Stone cometió una serie de delitos durante su comparecencia ante el HPSCI (Comité permanente de la Cámara de Representantes sobre Inteligencia Investigativa).

En las elecciones de 2016 Stone declaró públicamente que estaba en comunicación directa con WikiLeaks y con Assange. Steve Bannon, que entonces formaba parte de la campaña de Trump, le pidió que le preguntara a WikiLeaks a qué hora publicaría las filtraciones de los correos electrónicos que habían obtenido del Comité Nacional del Partido Demócrata.

Naturalmente Trump quería utilizar la publicación para atacar a Hillary Clinton, su oponente en las elecciones.

Por su parte, WikiLeaks y Assange negaron cualquier relación con Stone. Más tarde se supo que Stone tenía dos personas de contacto, el actor neoyorquino Randy Credico y el escritor Jerome Corsi, con los que podría haber tenido un contacto indirecto con WikiLeaks. Pero la acusación no dice nada sobre su relación con WikiLeaks.

Durante su comparecencia ante el HPSCI, Stone mintió sobre varios detalles relacionados con su tergiversación anterior y le pidió a Randy Credico que hiciera lo mismo. Estas son las únicas cuestiones de las que trata la acusación. Son las mentiras de un mentiroso que repiten a miles en cualquier campaña electoral. La diferencia es que se convierten en delito cuando se dicen durante una investigación judicial.

En ninguna parte de la acusación Mueller dice las mentiras de Stone supongan la existencia de un hilo con WikiLeaks o con el Kremlin. Stone dijo haber estado en contacto con WikiLeaks, Bannon le pidió que le hiciera algunas preguntas a WikiLeaks, Stone no tenía conexión con WikiLeaks, respondió con rumores de segunda mano e información disponible públicamente. Fin de la historia.

Hasta aquí la acusación; ahora veamos cómo vende la moto el New York Times: “Al acusar a Roger Stone, Mueller muestra el vínculo entre la campaña de Trump y WikiLeaks”, titula (2) incurriendo en un bulo manifiesto cuya persecución dejamos para los cazarecompensas.

Luego siguen veintiocho párrafos sobre el arresto y otras preguntas, cinco fotos y el gráfico de arriba, pero ninguna explicación de la supuesta relación que, según la acusación, Stone afirmaba tener pero que nunca existió.

Mueller rebusca y no encuentra nada. Ha acusado a los rusos de lavado de dinero y piratería informática, dos delitos que no tienen nada que ver con la campaña de Trump, que los ha metido con calzador y que nunca llevará ante un tribunal porque no quiere hacer el ridículo ante el mundo entero. Pero hay que seguir con la campaña adelante porque todo esto se hace para las primeras planas de los medios.

Desesperada, la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, hace la guerra por su cuenta: “La acusación de Roger Stone muestra claramente que hubo un intento deliberado y coordinado por parte de altos funcionarios de la campaña Trump de influir en las elecciones de 2016 y derrocar la voluntad del pueblo estadounidense” (3).

¿Han leído bien? Por favor vuelvan a hacerlo despacio. Lo que dice Pelosi es de cajón: los miembros de la campaña de Trump intentaron influir en las elecciones de 2016. ¡Querían que ganara Trump y lo lograron! Los partidarios de Trump lograron que fuera elegido, en contra de la voluntad del pueblos estadounidense, que quería que garana Clinton.

Si, en efecto, la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos es rematadamente imbécil.

(1) https://int.nyt.com/data/documenthelper/586-roger-stone-indictment/d34c762c3e142f844c2b/optimized/full.pdf
(2) https://www.nytimes.com/2019/01/25/us/politics/roger-stone-trump-mueller.html
(3) https://www.speaker.gov/newsroom/12519-4/

La descolonización de Egipto

Abbas II, kediva de Egipto
Yara El Khoury

A diferencia de sus vecinos del Levante (Líbano, Siria, Palestina, Irak), Egipto es un país perfectamente consciente de su singularidad, y lo ha sido desde los tiempos inmemoriales de los faraones. Está inscrita dentro de unos límites geográficos muy claros trazados por el río Nilo, un río nutriente que vierte su lodo beneficioso cada primavera en un valle verde que corta en medio desierto cuyas relajadas zonas arenosas y rocosas sirven de frontera. Nacido en las misteriosas profundidades de África, el Nilo desemboca en el Mediterráneo después de haber sido dividido en varias ramas que forman el Delta. Los egipcios que viven en sus costas saben que tienen una identidad propia y, a nivel religioso, aparte de la comunidad copta, son de un monolitismo sunita que ni siquiera el largo interludio de los shia fatimíes (969-1171) pudo sacudir.

La campaña egipcia emprendida por el general Bonaparte a finales del siglo XVIII sacó al país de un atropello que lo había mantenido desde que perdió su preeminencia en la época de los mamelucos. En 1517, el sultán otomano Selim I puso fin a esta dinastía de esclavos turcomanos y luego circasianos que habían gobernado el Oriente desde El Cairo desde el final de las Cruzadas. También tomó el título de califa del último descendiente de los abásidas que, cuando los mongoles saquearon Bagdad en 1258, se habían refugiado en El Cairo, elevó entonces a la doble dignidad de sultanato y califato. Desde que fue suplantada por Constantinopla, la capital egipcia ha sido degradada a una ciudad provincial. En 1798, el ejército revolucionario francés trajo a su estela ideas de libertad que imperceptiblemente se deslizarían en los corazones de la población. Un oficial albanés del Imperio Otomano, llamado Mohammed Ali, contribuyó al esfuerzo imperial de expulsar a los franceses de suelo egipcio. En 1805 se elevó a la posición de gobernador al distanciarse del Imperio Otomano. Su política de modernización reintegra definitivamente a Egipto en el curso de la historia. En 1869 la inauguración del Canal de Suez, construido por el francés Ferdinand de Lesseps, hizo del país una parte esencial de la ruta del comercio internacional.

Pero los gastos de los kedivas (*), sucesores de Mohammed Alí, para continuar la obra de modernización, pero también para la ostentación, terminaron endeudando al país que en 1882 quedó bajo control inglés, ya que Londres se había convertido en el propietario del Canal de Suez, una arteria vital para sus intereses porque traza el camino más corto hacia la India, joya de la corona de la Reina Victoria. Los soldados británicos desembarcaron en Alejandría y tomaron El Cairo, donde impidieron el nombramiento del coronel Ahmed Orabi, la primera figura del nacionalismo egipcio, para ocupar el Ministerio de Guerra. El ejército egipcio, caldo de cultivo de este naciente nacionalismo, fue puesto bajo el mando británico.

Sin embargo, nació un embrión de vida política. En 1883, Egipto tuvo una asamblea consultiva elegida por sufragio universal indirecto. En 1907 el país experimentó un sistema multipartidista. El partido Umma (nación) de Saad Zaghlul reivindica la independencia de Egipto del Imperio Otomano y de Gran Bretaña; el partido Watan (patria) de Mustafá Kamel se presenta como una formación tradicionalista y panislámica vinculada a los lazos de Egipto con Estambul; también aparecen liberales-constitucionales muy cercanos al liberalismo europeo.

El país también disfruta de una prensa relativamente libre que beneficia a otras partes del mundo árabe que siguen viviendo bajo el yugo directo de los otomanos. En esta época de Nahda, el renacimiento literario y nacional árabe, la prensa egipcia permite que se expresen las diferentes corrientes de pensamiento.

Tres meses después del comienzo de la Gran Guerra, Inglaterra y el Imperio Otomano se encontraron en campos antagónicos debido a la entrada de este último en la guerra junto a Alemania, los ingleses proclamaron la ley marcial en Egipto y rompieron los últimos vínculos que existían entre El Cairo y Constantinopla. Como señal de esta ruptura, a partir de entonces los kedivas (*) ostentarán el título de sultanes. Egipto se convirtió en un protectorado británico y el Cónsul General británico tomó el título de Alto Comisionado. La Oficina Árabe en El Cairo alentó la revuelta árabe que comenzó en Hijaz y envió al coronel Lawrence a los hijos de Cherif Hussein.

El fin de la guerra en Europa alimentó los sueños de independencia. Fue la principal alegación que una delegación egipcia (wafd) encabezada por el juez Saad Zaghloul del partido Umma presentó al Alto Comisionado Wingate el 13 de noviembre de 1918, dos días después del armisticio de Rethondes. Declarándose incompetente para decidir el asunto, Wingate le aconsejó que se pusiera en contacto directamente con Londres, pero la capital británica se negó a recibirla. Desconsolada, la delegación se convirtió en un partido político y le dio el nombre de Wafd. Su actividad condujo a su dirigente Saad Zaghloul a ser deportado varias veces por los ingleses, pero la fiebre de la independencia se convirtió en una realidad con la que los ingleses y el sultán Fuad, que ascendió al trono en 1917, tuvieron que lidiar. El avance de Wafd fue tal que en 1919 lo tuvieron que autorizar para expresar sus quejas en la apertura de la Conferencia de Paz de París. Saad Zaghloul quedó decepcionado por la aceptación por parte del presidente estadounidense Wilson de un protectorado inglés sobre su país.

Pero la creciente oposición a la que tuvieron que enfrentarse obligó a los británicos a negociar. El 28 de febrero de 1922 el gobierno británico proclamó unilateralmente el fin del protectorado sobre Egipto, pero se reservó cuatro áreas de competencia: la seguridad de las comunicaciones imperiales, la defensa del país contra la agresión extranjera, la protección de los intereses de los extranjeros y las minorías y la administración de Sudán. Estas cuatro cuestiones siguiron pendientes hasta que El Cairo y Londres llegaron a un acuerdo al respecto.

Formulado en 1922, el tratado no se firmó hasta 1936, pero la independencia de Egipto era un hecho real. El descendiente de Muhammad Ali cambia su título una vez más; el sultán Fuad se convierte en rey de Egipto. Se crea una vida política: Constitución, Parlamento bicameral, gobierno nombrado por el rey y responsable ante la Cámara. En las elecciones parlamentarias de enero de 1924, el partido Wafd obtuvo 176 de los 214 escaños. De vuelta del exilio, Saad Zaghlul se convirtió en Primer Ministro. En 1927 surgió una nueva formación en el paisaje político egipcio: la Hermandad Musulmana, fundada por Hassan Al-Banna sobre el rígido modelo de los Ikhwan, la formidable fuerza utilizada por Abdel Aziz Ben Saud para unificar las regiones de la Península Arábiga que iban a convertirse en Arabia saudí.

En abril de 1936, cuando murió el rey Fuad, le sucedió su hijo Faruk, un joven príncipe aclamado por el pueblo. En agosto de ese mismo año, el Primer Ministro Moustapha Nahas, sucesor de Saad Zaghlul, que murió a la cabeza del Wafd, firmó el tratado angloegipcio en Londres. Este acuerdo de 20 años confirma la independencia de Egipto, pero da a Gran Bretaña el derecho a mantener tropas en la zona del Canal de Suez y el Sinaí, a utilizar el espacio aéreo egipcio y el puerto de Alejandría y a reocupar el país en caso de guerra. En 1937, Egipto se unió a la Sociedad de Naciones. Al año siguiente, Nasser cumple 20 años. Está a punto de alistarse en el ejército.

https://www.lesclesdumoyenorient.com/Gamal-Abdel-Nasser-1918-1970-l-homme-le-dirigeant-la-legende-1-3.html

(*) En los tiempos del Imperio Otomano, el kediva era una especie de virrey o pachá que gobernaba en Egipto

El desastre estratégico del imperialismo en Afganistán

Estados Unidos y los talibanes han alcanzado un principio de acuerdo para que el Pentágono retire sus tropas y las de la OTAN en un plazo de 18 meses. El acuerdo está pendiente de la ratificación del gobierno afgano.

Las negociaciones se están celebrando en Doha, Qatar, y los imperialistas se han roto los dientes, mientras los talibanes negocian desde posiciones de fuerza, sin ceder a ninguna de las demandas de Estados Unidos, cuya delegación encabeza Zalmay Khalilzad.

Ni la gigantesca maquinaria bélica estadounidense, ni el ejército que han creado en Kabul, ni las docenas de empresas mercenarias, ni 18 años de sangrienta guerra, ni los presupuestos militares gigantescos, ni las armas de última generación. Todo ha sido inútil. Los talibanes los crearon ellos, el invento se les volvió en su contra y ahora los necesitan para hacer frente a otros dos inventos: Al-Qaeda y el Califato Islámico.

La situación en Afganistán está completamente fuera de control y ha sido el representante de los talibanes en Doha quien puso los dos asuntos encima de la mesa desde el primer minuto. Primero, para empezar a hablar Estados Unidos tiene que sacar sus tropas del país. Segundo, la llegada de los yihadistas procedentes de Irak y Siria a bordo de aviones de carga y helicópteros de transporte estadounidenses y extranjeros que operan bajo la bandera de la ISAF, es decir, de la ONU, es decir fraudulentamente.

La chatarrería de Pentágono y la OTAN no sirve absolutamente para nada porque su invasión militar se basó en uno de los mayores fraudes políticos internacionales, las voladuras del 11 de setiembre de 2001, del que hicieron partícipe a la ONU.

La Guerra de Afganistán no ha ido a menos sino a más con el paso del tiempo. El mayor número de víctimas se produjo en 2017, con más de 10.000 muertos y heridos civiles. El total de víctimas en los 18 años de guerra supera los 100.000.

En el siglo XXI las guerra siguen siendo lo mismo de siempre: la continuación de la política por otros medios y a quien no tiene política, o no tiene más que engaños, no le pueden salvar las armas, ni los drones, ni los aviones, ni los misiles.

El fracaso no es sólo de Estados Unidos, ni de la OTAN, porque en la Guerra de Afganistán han participado nada menos que los 29 ejércitos más poderosos del mundo, entre ellos el español.

Afganistán no ha sido una guerra que “nadie ha podido ganar”, como titulaba El País; es una guerra que ha ganado Afganistán.

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