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Día: 25 de enero de 2019 (página 1 de 1)

La insurrección obrera provoca la bancarrota de los sindicatos ‘blancos’ en el norte de México

Fernando Acuña Piñeiro

¿Qué hay atrás de la insurrección obrera en Matamoros, donde los viejos mecanismos del charrismo (*) y los sindicatos blancos favorecedores del amasiato entre empresarios y las cúpulas cetemistas (**) está en plena crisis? Se ha roto el tradicional control. ¿Hay nuevas reglas del juego?

Una ley aprobada, en septiembre del 2018, por la Cámara Alta del senado, parece ser la guillotina que marca el final de la monarquía de la corrupción laboral. Mejor dicho, de los cochupos entre líderes sindicales y empresarios maquiladores, en la frontera tamaulipeca.

Lo que ocurre actualmente en el conflicto obrero-patronal de Matamoros, es apenas la punta del iceberg, de un proceso irreversible, generado desde la propia Organización Internacional del Trabajo, misma que mediante el llamado Convenio 98, abre la puerta a la formación de sindicatos independientes que luchen por mejores salarios, ante la sobre explotación de los trabajadores de la maquila, a nivel global.

La nueva ley que cambia las reglas del juego en el tablero del capitalismo mexicano, fue aprobada por la nueva mayoría morenista de la LXIV legislatura, el pasado 20 de septiembre, apenas poco más de dos semanas de haber iniciado sesiones, provocando de inmediato la airada reacción de los organismos patronales en el país. Especialmente del Consejo Coordinador Empresarial.

Sin embargo, la vuelta de tuerca, mediante la cual, se estaría cerrando la puerta a los arreglos a trasmano, o por abajo del agua entre los lideres sindicales, no es un asunto que surge del obradorismo. Es más bien un instrumento legal de la Organización Internacional del Trabajo, (OIT), que busca poner freno a la competencia económica de países como Vietnam, cuyo alto nivel de desarrollo se da a costa de pagarle, sueldos miserables a sus obreros.

El mencionado Convenio 98, respiraba desde hace casi siete décadas, en la categoría del ya merito, y se traduce como un Convenio de Sindicalización y Negociación colectiva, encaminada a dotar a los trabajadores de protección legal. Todo ello ante los actos injustos y discriminatorios, especialmente por parte de los gremios cetemistas acostumbrados a sacar buenas tajadas económicas, a cambio de defender a las empresas y arrumbar los intereses obreros.

Hablamos ni más ni menos que de un instrumento legal, que liquida a los sindicatos blancos, y prohíbe tajantemente los llamados contratos de protección, mediante los cuales, los liderazgos sindicales firmaban convenios con los empresarios, para favorecer sus intereses, a cambio de sobornos, o como se dice coloquialmente, jugosas “mordidas”.

Otro de los compromisos de los países firmantes del Convenio 98 de la OIT, es el que ordena a sus respectivos gobiernos a garantizar la efectiva aplicación de las leyes laborales. Pero sin intervenir en la vida interna de los sindicatos.

Tal vez por ello, en su conferencia mañanera de ayer miércoles, y ante pregunta expresa, (sobre el caso Matamoros), el Presidente de la república Andrés Manuel López Obrador dijo que no le compete a su administración, meterse en la vida sindical, pero informó que se buscará, en el caso concreto, llegar al acuerdo y a la conciliación.

Suceda lo que suceda en el desenlace del tema obrero patronal de Matamoros, las cosas ya no serán las mismas. El cacicazgo cetemista de Juan Villafuerte Morales, está en declive, y bastaría la más leve intervención de las autoridades federales competentes, para que se destapara la cloaca de los cientos de millones obtenidos por la dirigencia cetemista, en sus pactos de complicidad con las empresas. Las masas obreras han rebasado los viejos esquemas del control sindical, y se han lanzado contra el desgastado cacicazgo de Villafuerte.

Todo lo anterior, a cambio de dejar hacer y dejas pasar, los bajos salarios y demás abusos contra los obreros. El sindicalismo blanco, ha sido colocado en el cadalso, por el movimiento proletario en el norte de Tamaulipas. Habrá que ver como evoluciona y concluye el conflicto, y cuales serán sus repercusiones.

Para concluir, no es ocioso analizar el factor de la Secretaría del Trabajo del gobierno estatal panista, cuya titular María Estela Chavira, llegó a dicho puesto por la vía del amiguismo y de las cuotas de poder, pero sin tener la más mínima noción sobre las relaciones obrero-patronales y su marco normativo correspondiente. Es una improvisada, comentan especialistas en el tema.

Esta es una de las causas, por las cuales la actual Secretaria del Trabajo, no ha intervenido, y se empeña en alegar que dicho conflicto no le corresponde. Se dice que, ella y sus funcionarios, muchos de ellos recomendados reynosenses, que solo llegaron a la Secretaría del Trabajo, para holgazanear, no saben que hacer, pues carecen de preparación en la materia.

Actualmente, la combinación de la inexperiencia e incapacidad de la Secretaría del Trabajo que preside María Estela Chavira, con la soberbia y oídos sordos de la dirigencia cetemista en Matamoros, a cargo de Juan Villafuerte, mantiene en vilo la industria maquiladora matamorense.

Desde ayer circularon versiones en el sentido de que, se le habría caído la candidatura a la diputación local a Arturo Soto, después de que, presuntamente trae un abultado expediente que lo volvería vulnerable ante el gobierno federal y sus adversarios  de MORENA. El plan B de Palacio, se dijo, podría ser el empresario que trabaja en la COMAPA, Miguel Mansur, aunque esto aun no se ha confirmado.

De ser ciertos los rumores, el Subsecretario de Finanzas tendría el hombro de su antigua protectora Margarita Zavala para llorar, y al mismo tiempo alejarse del PAN, para reagruparse en el nuevo partido LIBRE, franquicia política del matrimonio calderonista. A propósito, habrá que ver, si Soto reconoce que fue el matrimonio ex presidencial, quien lo sacó de su pobreza económica, para ponerlo en las aduanas, de donde emergió ya como un nuevo rico.

http://www.hoytamaulipas.net/notas/369780/Matamoros-y-el-derrumbe-de-los-sindicatos-blancos.html
(*) El
charrismo es un término que apareció en México a finales de los años
cuarenta del siglo pasado para aludir a una especie de corporativismo o
connivencia entre el gobierno, las empresas y los sindicatos.

El 21 de julio de 1948 el Secretario de Hacienda, Ramón Beteta canceló la paridad del peso con respecto al dólar, lo que provocó una fuerte devaluación del peso mexicano. Los dirigentes sindicales más importantes convocaron una huelga general, además de movilizaciones y una manifestación de protesta, en el Distrito Federal contra la política económica del gobierno.

Nunca se llevó a cabo. El 28 de septiembre Jesús Díaz de León, alias “El Charro”, con el apoyo del gobierno presentó ante la fiscalía una denuncia contra los dirigentes sindicales acusándolos de desfalco. Fueron inmediatamente detenidos y sometidos a un “juicio” plagado de irregularidades.

Los sindicatos relataron lo que había ocurrido y destituyeron al “Charro”. A su vez, éste asalta con cientos de policías los locales sindicales y el gobierno ordena la detención de los dirigentes sindcales. Así se inició la subordinación de los sindicatos mexicanos al gobierno y al capital.

(**) En
México se llama “cetemista” a lo relativo al sindicato CTM
(Confederación de Trabajadores de México), una mafia sindical podrida hasta la
médula.

Más información:
– Rebelión obrera en las maquildoras de la frontera de México con Estados Unidos
– La mayor mina subterránea de México ha permanecido cerrada 11 años a causa de una huelga

Venezuela: ¿cuándo empezarán los bolivarianos a dar golpes de Estado en lugar de recibirlos?

Juan Manuel Olarieta

Después de 1945 en todo el mundo el imperialismo (Estados Unidos, sus universidades, su prensa) ha reducido el lenguaje político al mínimo: si hay o no hay democracia. Un lenguaje mínimo es expresión de un pensamiento mínimo, es decir, muy fácil de inculcar en amplias masas de la población. Pero además de fácil, también se aprende rápido; no requiere matices engorrosos.

Su efecto es reduccionista: un lenguaje mínimo empobrece absolutamente la capacidad de argumentar y de discutir políticamente.

El minimalismo político es aún mucho más contundente, alcanzando lo cutre, cuando el discurso se polariza en torno al dilema de democracia o dictadura. A partir de que un país o gobierno no es una democracia, como Corea del norte, se producen varios daños colaterales.

El primero es que una dictadura se convierte en un país que no interesa nada a nadie. Aunque todo lo demás lo haga bien, el mundo le desprecia porque no es democrático. En la actualidad eso es lo único fundamental e importante, mucho más que alimentar a la población, que tenga vivienda, educación, sanidad… Es más, muchos de los gobiernos etiquetados como dictaduras se caracterizan por preocuparse de asuntos que no tienen que ver con la democracia.

Segundo, de una dictadura es posible decir cualquier imbecilidad y no quedar mal. Un tertuliano, por ejemplo, no parece gilipollas, sino todo lo contrario, cuado habla mal de dictaduras, como Corea del norte, Siria, Irán o Venezuela. Los que parecen imbéciles son los demás que defienden a países o gobiernos indefendibles.

Tercero, las imbecilidades sobre las dictaduras y los dictadores proliferan, incluso se hacen chistes (“¿Por qué no te callas”) y el país y el gobierno se convierte en un tópico del que todos pueden hablar sin saber nada.

Cuarto, desde 1945 todos presumimos de demócratas, casi nadie propone ni defiende a ninguna dictadura. “¿Dictadura? ¡Ni la del proletariado!”, decía el PCE en la transición.

A partir del simplismo, hay que seguir simplificando todavía más. Para dar o quitar la etiqueta democrática a un país o gobierno es suficiente con un único motivo: tiene que haber más de un partido, los partidos tienen que alternar entre ellos y el alterne depende de elecciones.

La falta de alternancia es sospechosa. Si los que están duran mucho en el cargo lo más probable es que no sea porque lo hagan bien sino porque no hay democracia.

Lo que haga tal o cual partido una vez que ha ganado las elecciones no es culpa del partido sino de que la gente es gilipollas, elige mal, toma decisiones equivocadas. Si en 1982 el PSOE sacó diez millones de votos prometiendo no meter a España en la OTAN, la culpa del ingreso no es del PSOE sino de esos diez millones que les votaron. ¿Acaso no sabían que les iban a engañar?

Pero el PSOE lo hizo todo bien, limpiamente, impecable, con elecciones y reféréndum. Tampoco importa que luego nadie respetara las condiciones del referéndum, es decir, que el PSOE se burlara de los millones de votantes que aceptaron el ingreso (y ya no digamos los que votaron en contra).

Por lo tanto, para evitar engaños, no basta con las elecciones sino que, además, deben ser “limpias”. Por ejemplo, si el gobierno mete a sus oponentes políticos en la cárcel, como hace España, por ejemplo, las elecciones no son “limpias”.

Por lo tanto, ¿por qué España pasa la prueba del algodón y otros países no son democráticos, aunque tengan elecciones? Porque son los demás los que te aprueban o te suspenden, como en el instituto. De ahí que, cuando un gobierno está bajo sospecha, los imperialistas mandan “observadores internacionales”, lo cual es otra diferencia importante: en una dictadura uno se avala a sí mismo; en una democracia quienes te avalan son los demás.

La “comunidad internacional” no envía observadores a España, por ejemplo, para calibrar la calidad de unas elecciones y comprobar si los candidatos pueden hacer campaña libremente (si hay libertad de expresion) o, por el contrario, si los han metido en la cárcel. Cuando en unas elecciones hay observadores hablamos de la segunda división de la democracia; tenemos sospechas, dudas…

Por eso los miran con lupa y no les permiten cosas que son corrientes en la primera división. Eso permite discriminar y normalizar lo anormal: exactamente lo mismo que convierte a España en una democracia, a cualquier otro país sospechoso lo convierte en dictadura.

La gente cutre y gregaria no va más allá; no se preocupa de exquisiteces del tipo: veamos quiénes son esos observadores, ¿serán neutrales?, ¿quién los envía?, ¿con qué propósito?, ¿quién les paga sus gastos?, ¿qué manual de limpieza electoral manejan?

Si alguien observa a los observadores pone en tela de juicio a la “comunidad internacional”, a organismos y personas de los que nadie puede dudar porque son la quintaesencia, la primera división de la democracia, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, la OEA, la OSCE, Zapatero, Jimmy Carter…

Ahora bien, con Venezuela se puede hacer una excepción que los cutres pasan por alto. El gobierno bolivariano ha ganado más elecciones que muchos otros del mundo y de la historia reciente pero, además, también ha superado más golpes de Estado que ninguno, por lo que yo me pregunto lo siguiente: ¿cuándo veré un golpe de Estado de los bolivarianos?, ¿cuándo meterán a la cárcel a esa chusma de criminales golpistas con una cadena perpetua no revisable?

Los bolivarianos están acomplejados por algo que “los otros”, que son sus enemigos precisamente, no van a hacer nunca, como lo vienen demostrando desde siempre: no les van a conceder la etiqueta de la democracia, como tampoco se la van a conceder a Corea del norte. En este mundo el que reparte las medallas es el general, no la tropa de línea. Los jefes dicen lo que es y lo que no es, y los demás a callarse la boca.

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