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Día: 30 de diciembre de 2018 (página 1 de 1)

No se puede ‘limitar’ el poder de los monopolios sin reducirlo a cero

Fernando Luengo, que se presenta como “economista y miembro de la secretaría de Europa de Podemos” escribe un penoso artículo en “La Marea” (*) que resume muy bien el cúmulo de tópicos y absurdos de la posmodernidad, aprendidos en alguno de esos másters por correspondencia que imparte la Universidad Rey Juan Carlos.

Como era de esperar, el autor lleva la conclusión al terreno de las próximas elecciones europeas porque algunos grupos, como Podemos, carecen de actividad política fuera de los periodos electorales, una actividad que -por cierto- es sólo retórica ya que luego “donde dije digo…”

La retórica se vierte, como también es normal, en lenguaje anglosajón, que habla de “corporaciones” y no de monopolios. No hay más que leer el lenguaje que utiliza un autor, como Luengo en este caso, para saber la doctrina que se trata de inculcar.

Hay palabras que aparecen mucho y otras que no aparecen para nada, como centralización, concentración de capital o capitalismo monopolista de Estado, por lo que es posible afirmar que las “corporaciones” influyen sobre el mercado, dice Luengo, ya que son su “mano visible”, que es una manera de ocultar que en el capitalismo actual la competencia es de tipo de monopolista.

Por supuesto, las “corporaciones” son tan grandes que incluso “influyen” sobre el Estado, por lo que parece que ambos, Estado y monopolios, son cosas distintas y lo mismo cabe decir de la Unión Europea. A causa de ello la legislación laboral es “favorable a los intereses del capital”, lo mismo que la desregulación de los mercados, la tributación, los paraísos fiscales, las puertas giratorias y un rosario de cuestiones que podría alargarse hasta el infinito.

En un Estado monopolista, ¿qué regulación no es “favorable” a los intereses de los monopolios?, o mejor dicho aún, ¿qué regulación no viene impuesta por ellos?

La propuesta de Luengo es imponer resticciones en Bruselas para “limitar” el poder de esos monopolios o, como se suele decir también, de lo privado, para promover un potente “polo público” de manera que “la ciudadanía” recupere soberanía.

El lenguaje del artículo de Luengo está saturado de una posmodernidad rancia para disimular lo esencial: la Unión Europea la crearon los grandes monopolios y desde su surgimiento es una palanca cuya única tarea es promover sus intereses. Las elecciones europeas y los partidos que concurren a ellas, como Podemos, tampoco son nada distinto del monopolismo. Están para edulcorar y perfumar el hedor repugnante de los grandes monopolios europeos.

El señuelo de “limitar” el poder de los monopolios es un camelo, sobre todo si se pretende llevar a cabo en la guarida de los propios monopolios. La lucha contra la Unión Europea debe estar enfilada contra el capitalismo mismo, que en cada país reviste la forma de capitalismo monopolista de Estado, es decir, que es una batalla contra todos y cada uno de los Estados europeos; no contra uno u otro gobierno, no por unas u otras elecciones, sino por la creación de un Estado nuevo: socialista.

(*) https://www.lamarea.com/2018/12/28/soberania-y-poder-corporativo/

Rusia mantendrá a Turquía fuera de Siria

Rusia ha advertido a Turquía que se mantenga fuera de Siria y permita que el presidente sirio, Bashar Al-Assad, retome el país entero, según la agencia Associated Press. Aunque todavía no ha emitido una declaración oficial, Moscú asume la defensa tanto de los sirios como de los kurdos.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia ha reiterado que trabajan estrechamente con Turquía en Siria, y agregó que todas las actividades se discuten y coordinan con ambos países antes de llevarse a cabo.

El ejército turco no puede expandirse hacia la orilla oriental del río Éufrates sin el visto bueno de Rusia o Estados Unidos. No puede permitirse los enormes costos humanos y materiales de entrar en Siria.

En caso de ataque turco, los kurdos llevarían a cabo una resistencia total que buscaría implicar en el combate contra los turcos al ejército sirio, así como atentados suicidas por toda la península de Anatolia.

Por su parte, Erdogan no quiere provocar a los rusos o los iraníes en Siria debido a los vínculos políticos, económicos y militares con ambos países. No puede poner en peligro esas relaciones.

Lo más probable es que Erdogan busque asegurar el norte de Siria a través de acuerdos con los rusos y los iraníes, e indirectamente con el gobierno sirio, para impedir la influencia kurda, y en especial el establecimiento de cualquier entidad autónoma kurda. Otros objetivos de Erdogan son el facilitar el retorno de los refugiados sirios a Siria y la implicación de empresas turcas en la reconstrucción de Siria, aunque para lograrlo deberá establecer buenas relaciones con Damasco.

El gobierno de Bashar Al-Assad ya ha salido beneficiado de la situación actual al lograr obtener el control de las ciudades de Al-Almireh y Manbij de manos de los kurdos y la aproximación de las Fuerzas Democráticas Sirias a Damasco con el fin de buscar protección frente a una posible intervención turca.

http://spanish.almanar.com.lb/273363

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