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Día: 24 de julio de 2018 (página 1 de 1)

Irak es la válvula de escape para burlar el bloqueo impuesto contra Irán

Haidar Al-Abadi
En Irak los problemas no se han acabado ni con la salida de Estados Unidos, ni con la derrota del Califato Islámico. Han cambiado de formato y a ellos se suma el cerco impuesto a Irán por Estados Unidos, que está perjudicando seriamente al país mesopotámico.

Una parte de la batalla entre Estados Unidos e Irán se juega en Irak. El actual Primer Ministro, Haidar Al-Abadi, ha dejado de ser el candidato de Irán para ponerse al servicio de Estados Unidos y sus socios regionales en Oriente Medio.

La gran pregunta sigue siendo quién tendrá éxito en el ascenso de su candidato a dirigir el gobierno en Bagdad. ¿Será Irán o Estados Unidos?

Mientras tanto, las manifestaciones y protestas populares se multiplican. Los ataques terroristas contra instalaciones eléctricas han provocado un aumento considerable de los cortes de electricidad.

Es como para poner el grito en el cielo: un país que nada encima de un océano de petróleo, padece cortes de luz todos los días. Ha llegado a un punto en que los cortes duran más tiempo que el suministro.

Hasta ahora ha sido Irán quien ha suplido la carencia de electricidad en numerosas localidades irakíes, pero tuvo que dejar de hacerlo debido al impago, que superó los 1.000 millones de dólares.

Cuando el gobierno empieza a pagar una parte de esa deuda, Estados Unidos impone el bloqueo de Irán y Abadi se muestra dispuesto a convertirse en un cómplice de dicho bloqueo.

Para suplir a Irán, Estados Unidos negocia con los dos principales países vecinos, Arabia saudí y Kuwait, a fin de que ayuden a Irak a satisfacer sus necesidades básicas.

Moqtada Al-Sadr
A medida que Abadi claudica, la ayuda de Estados Unidos deja de ser sólo energética y se convierte en política. Ordena a los países del Golfo de que apoyen al Primer Ministro y, además, a Moqtada Al-Sadr, al que consideran como un baluarte contra Irán, a pesar de ser ambos chiítas.

Ahora mismo Estados Unidos quiere que sus viejos enemigos tomen las riendas en Bagdad para enfrentarse a Irán. Parece una opción a la desesperada, como si no tuvieran otra porque en Oriente Medio todos saben que -sobre todo- Moqtada Al-Sadr no es fiable. En absoluto.

Los sunitas se niegan a colaborar con Moqtada y Abadi, pero Estados Unidos les ha amenazado abiertamente. La decisión está tomada y no se puede discutir.

Los kurdos también se niegan y sólo el gran garrote les convence de que lo que deben hacer es seguir las instrucciones al pie de la letra. Donde manda el patrón, no manda el marinero…

Estados Unidos confía en los chiítas, especialmente en Sayyed Ammar Al-Hakim, que parece ser el más dócil de todos aquellos a los que se ha dirigido con su plena cooperación.

El bloqueo de Irán no es posible sin antes ganar la partida en Bagdad, donde la República Islámica tienen su mejor válvula de escape.

A pesar de sus esfuerzos, las posibilidades de renovar el mandato de Abadi por otros cuatro años al frente de gobierno disminuyen día a día. Las fuerzas que se oponen a los imperialistas son predominantes en todas las fuerzas políticas, nacionales y confesionales de Irak.

‘Dios bendiga al estado profundo’ (el golpismo sigue campando por Washington)

Hay muchos detalles significativos de las reacciones que se han producido en los más podridos ambientes de Washington por la entrevista entre Trump y Putin, seguida de una invitación para un segundo encuentro.

Esos ambientes son lo que antes se llamaban “poderes fácticos” y ahora “estado profundo”, una expresión importada de Turquía para poner de manifiesto la duplicidad con la que funciona el Estado monopolista contemporáneo o, en otras palabras, las cosas no son lo que parecen; los que parecen no llevan las riendas y los que son no aparecen ante las cámaras.

En Washington ese “estado profundo” está tan rabioso que el 21 de julio un comentarista del Post, Eugene Robinson, publica una columna con ese título, “Que dios bendiga al estado profundo”, en la que reclama un Golpe de Estado, porque “el estado profundo es lo que interpone entre nosotros y el abismo”.

Ni más ni menos. El Congreso es ineficaz, escribe Robinson, y Trump es un traidor; se ha vendido a Rusia. A los patriotas de verdad sólo les queda la segunda linea, esos funcionarios “competentes y experimentados”.

Esa segunda línea a la que invoca el columnista la forman los que no aparecen. Es la “burocracia pública” y el espionaje, que en Estados Unidos es tanto como aludir la maraña de organismos del tipo Agencia de Seguridad Nacional, CIA, inteligencia naval, servicio de información militar…

No importa nada que, a diferencia de Trump, a todos esos funcionarios no los haya elegido nadie y, en consecuencia, que no se deban a los intereses de sus electores porque, como en los tiempos del absolutismo del siglo XVIII hay un “deber superior” que, naturalmente, Robinson no define, seguramente porque el Estado está por encima de los electores.

Estos comentarios que circulan con la mayor naturalidad son típicos del fascismo, por más que procedan de los círculos del Partido Demócrata, el equivalente de los “progres” en otros lares, ese movimiento difuso que ha convertido a Trump en el paladín de la reacción por antonomasia, lo cual sería absolutamente exacto sino fuera porque a ellos les sirve para esconder sus inconfesables objetivos, que no son otros que los de la guerra imperialista.

Como en los años treinta del siglo pasado, los reformistas y los “progres” son un puntal del fascismo, de la reacción y del imperialismo. De ahí que la Tercera Internacional los calificara como socialfascistas y socialimperialistas.

Pero también en verdad que las múltiples torpezas de un patán como Trump se lo están poniendo en bandeja a los “progres”.

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