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Día: 21 de julio de 2018 (página 1 de 1)

Lo nuevo, lo viejo y lo de siempre en la formación del gobierno irakí

Manifestación comunista en Bagdad
Los imperialistas invadieron Irak en 2003 y tras masacrar el país dejaron, entre otras cosas, un reguero de babas, como los caracoles, entre ellas una Constitución que, como la española de 1978, tiene sus propias cicatrices, que le dan un sello muy personal.

Se aprobó en 2005. Se trata de una Constitución que impone un modelo a la vez confesional y -precisamente por ello- federal, es decir, un paso atrás en la historia de Irak.

No permite mayorías absolutas para dividir y mantener la inestabilidad política, es decir, para debilitar al país. Obliga a dirigentes de minorías que no se pueden ver ni en pintura a aliarse unos con otros para elegir al Primer Ministro.

Es una de las causas del caos actual. En mayo más del 55 por ciento de los 25,5 millones de votantes boicotearon las elecciones legislativas, aunque Moqtada Al-Sadr ganó con un programa nacionalista y de lucha contra la anticorrupción.

El dirigente chiíta Al-Sadr tiene 54 diputados de 329, por lo que ha sumado sus fuerzas a Hadi Al-Amiri, dirigente de la Alianza Fatah, que logró 47 diputados, Hashd Al-Shaabi y el Partido Comunista, al que ya le han colocado dos explosivos en su sede de Bagdad en lo que va de año.

Para que la gran limpieza que esperan los irakíes sea cualquier cosa menos simbólica, sería necesario empezar juzgando al antiguo  Primer Ministro Nuri Al-Maliki por abandonar Mosul en manos del Califato islámico, y embargar sus propiedades.

En agosto de 2015 una comisión parlamentaria de investigación nombró a Maliki, junto con otras 35 personas, responsable de la caída de la ciudad, y Salim Al-Jabouri, Presidente del Parlamento, declaró que remitiría el informe al fiscal para su enjuiciamiento. Los irakíes todavía están esperando el juicio.

El acuerdo al que han llegado Al-Sadr y Al-Amiri pone en segundo plano la guerra civil entre los chiítas, al menos de momento. Pero sería un desprecio para los irakíes -de todas las religiones y etnias- creer que asistirían sin reaccionar ante la desviación de la agenda anticorrupción por la que votaron. Monstruosas y violentas manifestaciones contra la clase política estallarían por todas partes. Moqtada al-Sadr podría derrocar al gobierno. El caos sería tal que un golpe militar sería posible. No hay duda de que entonces respondería a los deseos de la mayoría del pueblo irakí.

En Yemen los oficiales saudíes ejecutan implacablemente a los soldados sudaneses que se retiran

El general sudanés Omar Al-Bashir
El general Sissi, presidente de Egipto, gira una visita oficial de dos días a Sudán. Las relaciones entre los dos países se deterioraron tras el alineamiento de Sudán con Etiopía en el litigio sobre la presa de Nahda.

Es otro ejemplo del reajuste en el Cuerno de África, que ya hemos expuesto, consecuencia del reasentamiento de los imperialistas e Israel en la región de África oriental. La alianza entre Etiopía y Eritrea conduce a otra alianza entre El Cairo y Jartum.

Ambos países están enredados en una trama que supera sus propias capacidades. Los recientes acontecimientos en Gaza han demostrado que Egipto es incapaz de desempeñar con éxito el papel que durante mucho tiempo le asignaron los mismos que le ayudaron a llegar al poder en 2011 con la Primavera Árabe.

En cuanto al sudanés Omar Al-Bashir, lleva ya más de 20 años al frente de Sudán y ya no sabe cómo seguir suministrando carne de cañón para alimentar la aventura militar en Yemen, a cambio de un puñado de dólares.

Lo mismo que Emiratos, Sudán creyó que la agresión contra Yemen era “pan comido” y su prolongación multiplica exponencialmente un número de muertes tan elevado que la población sudanesa no está dispuesta a soportar más tiempo, ni siquiera por un puñado de dólares.

También en Jartum, la leña no para de llegar al fuego. Se ha filtrado la noticia de que los soldados sudaneses que se negaron a entrar en combate o se estaban retirando de Yemen fueron ejecutados implacablemente por oficiales saudíes.

Ansarolah ha echado sal en las heridas de Bashir pidiéndole que haga público el número de muertes de soldados sudanesas en la guerra de agresión contra Yemen.

Más información:
– La Guerra de Yemen provoca un conato de revuelta palaciega en Emiratos Árabes Unidos
 

12 espías rusos acusados de piratería informática en Estados Unidos

Robert Mueller
El asesor especial Robert Mueller ha redactado una acusación de 29 páginas (*) contra 12 espías rusos del GRU, el servicio de inteligencia militar.

Un gran jurado de Washington ha emitido 11 acusaciones contra ellos.

La primera es que los piratas rusos accedieron a las cuentas de correo de John Podesta y otros miembros de la campaña electoral de Hillary Clinton, revelando el contenido de sus correos electrónicos.

También les acusan de instalar programas para espiar los servidores del Partido Demócrata y extraer los correos electrónicos y otros datos de dicho Partido.

Los correos electrónicos fueron luego entregados a DCLeaks y Guccifer II, dos piratas anónimos, y más tarde a Wikileaks. Mueller asegura que DCLeaks y Guccifer II trabajaban para el GRU, mientras que Wikileaks, a la que llama “Organización 1”, aún no ha sido acusada formalmente, aunque aparece claramente involucrada.

Hay otro Gran Jurado diferente para las interminables demandas contra Julian Assange y Wikileaks. Assange siempre ha negado que los correos electrónicos que publicó procedieran de fuentes rusas. Por su parte, Craig Murray, un antiguo embajador británico, ha confesado que recibió los correos electrónicos en un viaje a Washington y fue quien se los entregó a Wikileaks.

Según Mueller, para acceder a los ordenadores del Partido Demócrata, contrataron varios servidores y nombres de dominio, aunque en la acusación hay poca o ninguna evidencia de ello. Se trata de la forma habitual de proceder en el mundo de la piratería informática.

Las acusaciones 2 a 9 de Mueller se refieren a la suplantación de identidad, ya que los intrusos utilizaron los nombres de usuario y claves de cuentas personales pertenecientes a terceros.

La acusación 10 es por lavar dinero anónimamente por medio de criptodivisas, como bitcoin. Los espías rusos hicieron circular bitcoins a través de docenas de cuentas y transacciones y luego los utilizaron para contratar servidores, acceder a una red privada virtual (VPN) y a los nombres de dominio utilizados en la operación.

La acusación número 11 afirma que algunos de los acusados piratearon los colegios electorales y las empresas estadounidenses que proporcionan los programas de las campañas electorales.

Como se ve, las acusaciones son muy amplias, lo que denota una vasta operación, tan grande que hubiera resultado bastante fácil encontrar alguna prueba de ella; pero no hay ni indicios de nada de lo que Mueller alega.

Hay que tener en cuenta que, como han reconocido varios informes, el ataque informático, no causó ninguna modificación en los resultados de las elecciones. Quien quiera que fuera su autor, fracasó por completo (si realmente es cierto que el objetivo hubiera sido modificar los resultados electorales, lo cual sería discutible).

Vayamos a las coincidencias conspiranoicas: la acusación se publica precisamente poco antes del final del campeonato mundial de fútbol en Rusia y de la primera cumbre entre Trump y Putin. Conclusión: su propósito es sabotear las conversaciones entre ambos.

El otro propósito es más de lo mismo: seguir sosteniendo la campaña de intoxicación contra Rusia.

Casi todo el mundo sabe (y Mueller también) que su acusación nunca llegará ante ningún tribunal, por varias razones. No sólo porque no tiene pruebas, ni tampoco porque los acusados son rusos y Moscú no va a admitir su extradición, sino porque el abogado más inepto le va a hacer una pregunta muy sencilla que no quiere contestar: ¿de dónde ha obtenido Usted toda esa información?

Estados Unidos no es como España, donde la más mínima referencia al CNI paraliza cualquier investigación.

La cuestión es la siguiente: no es que Mueller se haya inventado una historieta de la nada o que no tenga pruebas de una parte -al menos- de lo que asegura con tanta rotundidad. El verdadero problema es que lo que tiene no lo puede mostrar sin descubrir su única baza: su acusación se apoya en el espionaje de la NSA, que es ilegal.

Pero nos podemos equivocar y entonces nos encontraremos, como en febrero, con una gran y grata sorpresa cuando Mueller acusó a la Agencia Rusa de Búsqueda en Internet, una empresa de piratería informática con objetivos comerciales, de influir en las elecciones estadounidenses. También entonces esperamos que no hubiera juicio y, para nuestra sorpresa, Concord Management, una de las empresas rusas acusadas, aceptó el desafío y exigió que se le comunicaran los documentos del expediente.

Pero Mueller se sorprendió más todavía e intentó retrasar la divulgación de los documentos. El asunto todavía está bajo debate.

No podemos cerrar esta entrada sin contar algo más que las grandes cadenas de comunicación no van a contar: en la rueda de prensa en la que presentó la acusación, el sicario de Mueller, Rosenstein, agregó que la acusación no significa que los estadounidenses cuya identidad fue suplantada en el operativo fueran conscientes o cómplices de los rusos, por lo que no han cometido ningún delito.

También reconoció que dicho operativo no cambió los resultados electorales. “Para ese viaje no es menester alforjas”, dice uno de los más castizos refranes castellanos.

(*) https://www.justice.gov/file/1080281/download

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