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Día: 3 de febrero de 2018 (página 1 de 1)

Hay dos Corea del norte: una está encima del suelo y otra debajo

Corea del norte ha excavado numerosas infraestructuras subterráneas que le dan una cierta ventaja en caso de guerra, según la revista estadounidense “The National Interest”. Las instalaciones preocupan mucho a los militares surcoreanos y estadounidenses. El subsuelo clandestino de Corea del norte puede convertirse en el arma secreta de Pyongyang en caso de guerra, estima “The National Interest”.

Se han descubierto varios túneles que permiten al ejército norcoreano desplazar miles de soldados bajo la zona desmilitarizada. Aunque se desconoce el número de vías subterráneas, algunos datos indican que el fundador de la República Popular Democrática de Corea, Kim Il-sung, ordenó a 10 divisiones de combate excavar dos túneles cada una.

Las infraestructuras subterráneas no se limitan a los túneles. Corea del Norte también ha creado tres bases aéreas subterráneas que se utilizarían si se destruyeran las bases aéreas terrestres durante la guerra.

Los desertores norcoreanos han informado que desde 2004 Corea del Norte ha estado creando fortines para cubrir su infantería. Habría unos 800 refugios. Además, ciertas estimaciones indican que Corea del norte ha construido alrededor de 8.000 fortines para los dirigentes del gobierno.

Más allá de los túneles, las bases aéreas subterráneas y los fortines, Pyongyang tendría piezas de artillería desplegadas en túneles de montaña, lo que les permitiría refugiarse para recargar. Es casi imposible detectar estas infraestructuras utilizando satélites. Los desertores son la única fuente de información sobre este tema.

Hay tres maneras de destruir estas instalaciones. La primera consiste en el bombardeo aéreo. Pero los militares advierten que es difícil evaluar la eficacia de este medio.

La segunda posibilidad es el despliegue de tropas en la entrada de la infraestructura subterránea. Pero esta variante también presenta inconvenientes, ya que los túneles pueden tener varias entradas.

El método más eficaz sería enviar tropas hasta ellas, aunque eso costaría la vida de muchos soldados estadounidenses y surcoreanos.

La rivalidad entre Italia y Francia por el control del Sahel africano

Francia se pone en evidencia. Asegura que tiene sus tropas en el Sahel para ayudar a los países de la región a luchar contra el terrorismo yihadista, pero la generosidad del imperialismo nunca acaba de convencer.

Cuando Italia anuncia que se dispone a hacer lo mismo con Níger, en París ponen muy mala cara y desatan una campaña de difamación en contra de los vecinos.

¿Por qué? Francia no quiere que otras potencias se establezcan en África occidental, que considera como su patio trasero. Las operaciones Serval y Barjan no tienen, pues, más que un único objetivo: velar por los intereses de Francia, no por los de África.

Los ejércitos de las grandes potencias tienen prisa por instalarse en el Continente Negro e Italia no es una excepción. Enviará un contingente de soldados para “entrenar a las unidades del ejército nigerino en técnicas antiterroristas”.

Entonces la Agencia France Press y Radio France Internationale lanzan una campaña de intoxicación contra Italia al más puro estilo Hollywood: inventando a unos supuestos funcionarios nigerinos que dicen que su país no está informado de la misión militar italiana.

Hasta la fecha, que sepamos, el gobierno nigerino no ha publicado ningún comunicado de prensa que ponga en tela de juicio los planes de Italia para entrenar a sus soldados. El Ministro de Asuntos Exteriores italiano, Angelino Alfano, visitó Niamey a principios de enero, con ocasión de la apertura de la primera embajada italiana en el país y no recibió ningún mensaje para hacerle entender que los italianos no eran bienvenidos en Níger.

Además, es imposible que el ministro italiano no discutiera la lucha contra el terrorismo con los políticos nigerinos.

Es evidente: en el Sahel ha estallado una guerra de influencias entre París y Roma, aunque ambas parte indican que no tienen ningún interés en la región, a la que le espera un futuro muy negro porque la rivalidad entre los europeos no les va a ayudar en nada a estabilizar su país.

Pero los únicos que actualmente extraen uranio en las minas de Níger son los franceses.

¿Comprenden ahora por qué a esa región le llaman “El Infierno en la Tierra”? No es por el sol del desierto…

Olimpiadas, deporte y ‘política’ de la más baja estofa

No hay nada más sospechoso que cuando alguien te dice que no debes mezclar el deporte con “la política”. Lo que quiere decir es que “la política” es como los gases “nobles” de la Tabla de Mendeleiev: no se pueden mezclar con nada. Son autosuficientes.

Además, “la política”, la de verdad, es como dios: no hay más que una única “política” (lo demás es terrorismo) y si nos referimos a “la política” del imperialismo, a la hegemónica, hay que concluir que, en efecto, no hay que mezclarla con el deporte: todo es “política”, sobre todo los Juegos Olímpicos, el Comité Olímpico Internacional (COI) y su brazo armado: la Agencia Mundial antidopaje (AMA).

Así se ha vuelto a demostrar con ese tipo de noticias que no aparecen por ningún lado: el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) acaba de desautorizar a ambos, el COI y su brazo armado AMA, anulando todas y cada una de las decisiones adoptadas contra los deportistas rusos por dopaje.

42 deportistas rusos recurrieron al TAS contra las descalificaciones emitidas por el COI en base al informe McLaren. El TAS se refiere a 39 de ellos, rehabilitando a 28 por completo y revocando el acuerdo sobre otros 11, condenados de por vida, cuya sanción queda sustituida por la de no poder participar en los próximos Juegos Olímpicos.

Lo más significativo es que en todos los casos -absolutamente todos- el TAS no ha encontrado motivos suficientes para las sanciones emitidas, por lo que la pregunta es obvia: ¿en qué han podido fundamentarlas?

Ítem plus: dado que las acusaciones no se han probado, los deportistas deberían participar en la competición, pero como eso no es posible, el COI sigue el dictado que le ordenan e inventa que los deportistas no tienen un “derecho” de participación, sino un “privilegio” que les concede el COI. En palabras mucho menos elegantes: en los Juegos Olímpicos participa a quien el COI le sale de los cojones.

A los de la AMA les ocurre lo mismo: en lugar de asumir responsabilidades por haber metido la pata, critican la decisión y destapa bastante claramente la naturaleza política de la decisión: la prohibición no iba dirigida contra ningún atleta sino contra Rusia, que es tanto como sostener que quienes se dopaban no eran unos u otros atletas rusos sino Rusia como país, es decir, todos los atletas rusos se dopan porque son rusos.

El AMA ha pillado tal rebote que amenaza claramente con llevar el litigio al Tribunal Federal suizo en apelación.

Pero la primera consecuencia ya está ahí: Rusia ha recuperado la primera posición en el medallero de Sochi al sumar a 9 deportistas más que fueron descalificados injustamente.

Más datos: recientemente Putin lamentó ante sus atletas en un discurso no haber actuado con suficiente contundencia frente a los manejos de las mafias deportivas internacionales. En el futuro deberá tomarse las asuntos deportivos como lo que son: manejos “políticos”. Posiblemente tenga que empezar a pensar en fundar unos juegos olímpicos paralelos, lo mismo que va a crear un internet paralelo.

3 antifascistas condenados a cárcel y a no asistir a las manifestaciones durante un periodo de 9 años

El Juzgado Penal 19 de Barcelona ha condenado a tres antifascistas por agredir a neonazis por motivos ideológicos el 12 de octubre de 2013 cuando, tras la habitual manifestación en Montjuic de Democracia Nacional, Falange y similares, un grupo de 15 miembros de la Plataforma Antifeixista de Barcelona les atacó con ladrillos, piedras, palos y cadenas.

Tres de los atacantes han sido identificados y condenados a una pena de un año y medio de cárcel por causar lesiones. Además de la condena de prisión, el juez prohíbe a los tres condenados asistir a manifestaciones y concentraciones públicas convocadas por la Plataforma Antifeixista de Barcelona durante un periodo de 9 años.

El juez considera que concurre la agravante de motivación ideológica, algo con lo que habitualmente se castigan los ataques fascistas.

Tras manifestarse los fascistas se fueron a un bar de Sants ataviados con camisetas de la selección española de fútbol y banderas fascistas, que es donde tuvo lugar el ataque.

El juez cree que el único motivo del mismo es el rechazo al fascismo (al que califica como “ultraderecha”) porque los antifascistas les gritaron “fachas de mierda”, “nazis”, “hijos de puta”, “fachas de mierda” y “os vamos a matar”.

El fotoperiodista Jordi Borràs, usuario de Twitter, publicó en su perfil que una docena de nazis se habían trasladado a Sants y que los vecinos debían tener precaución con ellos.

Inmediatamente, un grupo de unos 15 antifascistas salieron del edificio de Can Vies, considerado como el centro del movimiento okupa en el barrio de Sants, con cadenas, palos y piedras.

En vídeos captados por la policía también se observa que los antifascistas iban encapuchados, con la cara parcialmente cubierta y alguno de ellos vestido de negro.

El juez le da la vuelta al mensaje de Borràs en Twitter. Lo incorpora a la sentencia como prueba de la presencia de los tres antifascistas condenados en el lugar de los hechos.

http://www.lavanguardia.com/politica/20180202/44471639144/condenados-18-meses-carcel-tres-antifascistas-gredir-seis-ultras-12-o-2013.html

Una crónica de la agresión imperialista contra Yugoeslavia: ‘El peso de las cadenas’

El documental canadiense sobre la Guerra de Yugoeslavia, “El peso de las cadenas”, realizado en 2010 por el director Boris Malagurski (*), narra la destrucción de Yugoslavia, el papel central que jugaron los imperialistas, la Unión Europea y la OTAN, así como el secuestro de la verdad por los medios de intoxicación.

A diferencia de su primer documental, “Kosovo: Can You Imagine?” (Kosovo, ¿Puedes imaginar?), se centra en todo el espacio de la antigua Yugoslavia y no sólo en la guerra serbio-kosovar.

La historia oficial, relatada por los medios, describe la Guerra de Yugoslavia de mediados de los noventa como el resultado de conflictos étnicos, religiosos e independentistas de larga data.

Por el contrario, Malagurski demuestra que la guerra fue alentada por las potencias imperialistas para imponer un capitalismo a la medida de sus propios intereses en la región. Con testimonios de testigos, especialistas y un gran material de archivo, Malagurski revela que el Banco Mundial ya tenía un informe de las posibles consecuencias que una injerencia militar generaría, mucho antes de desatarse la guerra. Entre esas consecuencias, el capital financiero había diseñado las coordenadas económicas que iban a intentar llevar adelante en función de colonizar el territorio.

“¿Quién querría ser realmente una colonia?”, es el disparador con el que abre el documental. De inmediato, vuelve al interrogante: “¿Era tan terrible la vieja Yugoslavia comunista?”. “Un mes de vacaciones, escuela, vivienda y salud garantizadas”, se responde a sí mismo. Malagurski pinta a la ya desaparecida Yugoslavia como un sistema con una relación especial entre Estado, empresas privadas y cooperativas de trabajadores. Luego hace un largo recorrido histórico que muestra las idas y vueltas de un país unido, desunido y vuelto a juntar una vez más. Entre esas desavenencias y atravesando la Primera y Segunda Guerra Mundiales, se repite un patrón común: la intención de las grandes potencias de apoderarse de una porción del pastel.

En 1943, con Yugoslavia unida, emerge la figura del mariscal Tito. Bajo su égida, la de un dirigente no alineado que trata de edificar un “tercera vía” entre “el este y el oeste”, el capitalismo y el socialismo.

A su muerte en 1984, Estados Unidos comienza a operar sobre Yugoslavia. Caído el bloque socialista, era el momento de alinear a Yugoeslavia dentro de la férula de OTAN e instalar un capitalismo a la medida.

Los documentos desclasificados de la CIA que demuestran que Estados Unidos estaba esperando su oportunidad de hacer el abordaje. Unos pocos se quedaron a la fuerza o mediante trampas, con el esfuerzo de muchos. Así es como financiaron a los opositores y compraron a los periodistas.

El operativo colonizador estaba en marcha. El objetivo: disciplinar a todos los países emergentes. El Banco Mundial y el FMI imponen sus decisiones en el nuevo gobierno: retirar la protección social o destruir la industria local para luego comprarla a precios de ganga.

De este modo, la fábrica de cigarrillos serbia Niz, es comprada por Philip Morris a precio de ganga, o la fábrica de autos Yugo, bombardeada por resultar peligrosa su entrada en el mercado americano.

Como resultado de estas políticas, sube el desempleo y bajan los salarios. Al mismo tiempo, estos protagonistas promueven las internas religiosas o étnicas. Se va cocinando la guerra, primero entre Serbia y Croacia, luego el resto de los países. Al tiempo y como efecto dominó, todos reclaman la independencia. La guerra de Yugoslavia estaba oficialmente declarada y, con ella, la “limpieza étnica”. La OTAN es el instrumento utilizado por Estados Unidos y Alemania para la invasión militar. Crear el caos y luego “intervenir para salvarlos”. De eso se trata, como siempre.

Una vez llevada adelante la destrucción y entre imágenes de violencia lacerante, el documental nos sumerge en el conmovedor momento de ver a familias, amigos y vecinos separarse a la fuerza, luego de pasar toda una vida juntos. “Queremos volver a la vieja Yugoslavia”, proclaman. Ayuda a comprender este penoso e incomprensible desarraigo, echarle un vistazo a otro documental, “Hermanos y enemigos”, donde dos ex jugadores, compañeros y amigos de una gran selección de básquet yugoslava, enfrentan la insólita situación de tener que finalizar su vínculo afectivo por decisión de otros. Otros, desconocidos.

A Malagurski se le puede reprochar la ausencia de un análisis más profundo y riguroso sobre el funcionamiento de lo que él considera como “socialismo” en Yugoeslavia. Pero logra desenmascarar las tretas del imperialismo para imponer sus intereses a la fuerza y utilizando todos los instrumentos que tienen a mano para esconder y tergiversar sus verdaderas intenciones. El respeto por la libertad y la soberanía de los pueblos, nunca estuvo en el diccionario de las grandes potencias.

Los piratas nunca pasan de moda.


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